Para algo sirve la desgracia

Incluso las cualidades no reprochables que hay en mí, hállelas inútiles para este siglo. La facilidad de mis costumbres hubiera sido llamada, cobardía y debilidad; la fe y la inocencia, habrían sido tratadas de escrupulosas y supersticiosas; la franqueza y la libertad, de inoportunas, inconsideradas y temerarias. Para algo sirve la desgracia. Es bueno nacer en un siglo harto depravado; pues, en comparación con los demás, se os estima virtuoso por poca cosa. Quien no es en nuestros días ni parricida ni sacrílego, es hombre de bien y de honor.

Montaigne en su afán de retratarse con todos sus vicios y virtudes, llega a describir su época de forma indirecta pero de un modo descarnado y casi impúdico.  Incide una vez más en su libertad de ser como individuo aunque no vaya con los tiempos que le toca vivir. Hoy le sería más difícil, estamos más mediatizados, las desgracias no sirven para que seamos mejores  aunque lo imaginemos  como nos pedía John Lennon al principio de la década de los setenta.



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