EL ESTUDIO DEL CEREBRO HUMANO y LAS CÉLULAS SPLINDLES

 La neurología se ha concentrado en el estudio de las estructuras cerebrales, y su relación con las funciones del cuerpo y la mente.  Los avances aportados con las posibilidades de la resonancia magnética, han logrado avanzar en los estudios cerebrales y han orientado a los neurólogos para lograr descubrimientos en la materia gris cerebral.  Los estudios han encontrado regiones cerebrales donde se originan los sentimientos sociales, la conciencia y emociones humanas como la vergüenza y hasta el reconocimiento de expresiones faciales en otras personas. Los neurocientíficos aseguran que han encontrado el lugar donde se produce el sentimiento de moral en el individuo.  Un área cerebral (llamada cingulante anterior) toma la información de los circuitos cerebrales humanos y los envía a todas las partes de la corteza cerebral para que el cerebro decida que acciones debe tomar.

Las nuevas protagonistas en la neurología son las células spindles en la corteza fronto insular que diferencian nuestros cerebros de materia gris de otros mamiferos.  Estas células de gran tamaño que posee el cerebro humano no son monopolio de los humanos sino que algunos escasos mamíferos las poseen son los primates y grandes simios.  Sin embargo el número que presenta el cerebro humano nos diferencia de otras especies, así el hombre adulto tiene en su cerebro 82.855 de estas células, el gorila 16.710 el bonobo 2.159, y un chimpancé 1.853.

Los investigadores han descubierto que estás células están involucradas en la producción organización y manipulación de los sentimientos, de las emociones y  la moral y tienen relación con la cognición el aprendizaje, memoria y reconocimiento de nuestra área de mundo.  Es en la ínsula derecha frontal, donde los científicos han encontrado la mayor actividad emocional;  aunque las regiones cerebrales están conectadas a través de las enormes células splindes, y otros circuitos que se ocupan de reproducir y de percatarse de todo tipo de sentimientos y emociones.  Estás células y el área insular derecha controlan y ordenan las emociones, esta región se activa cuando miramos al ser que amamos, cuando percibimos injusticias, y decepción cuando sentimos incertidumbre. También cuando nos avergonzamos o cuando una madre escucha a su bebe llorar. La conciencia y la moral se aloja en este lugar.

Al mismo tiempo el Departamento de Neurociencia, de la Escuela de Medicina del Monte Sinaí en Nueva York, que estudiaban los cerebros de las ballenas jorobadas, descubrieron en los cerebros de las ballenas jorobadas, unas células llamadas neuronas motoras en la corteza cerebral, comparables a los seres humanos y los grandes simios, el estudio sugiere que algunos cetáceos y los homínidos evolucionamos juntos (no se han encontrado en monos pequeños).  Estas neuronas aparecieron presuntamente entre 10 a  15 millones de años, y dieron un salto evolutivo hace unos 100,000 años,  y que han desarrollado mapas emocionales para el sentimiento  

Este descubrimiento ayudaría a explicar los comportamientos de homínidos, respecto a la comunicación transmisión cultural, uso de herramientas y de la orientación de las ballenas.

FUENTE: Antonio Damasio,  y Glenis Álvarez.

COMENTARIOS DEL CENTRO PRA LA BIOÉTICA Y LA DIGNIDAD HUMANA. .

Una tarea primaria de la ética es la de reconocer distinciones válidas frente a la incertidumbre con relación a las obligaciones morales , los enfoques teóricos disponibles con frecuencia aportan soluciones contrapuestas, cuando los confrontamos con los dilemas de los cuidados de la salud, en particular las personas difieren en como priorizan sus valores personales para llegar a decisiones que implican consecuencias transcendentales para la vida.

Estas con las materias grises de la bioética. Sus contornos difusos delinean lo que es conocido, lo que puede hacerse y lo que debería hacerse. En algún punto entre evidencia y brillante e insondable desconocido, entre lúcido correcto y sombrío erróneo, entre determinación decidida y sombrío erróneo, entre determinación decidida y apatía distante, yace una vasta extensión de gris ético.

La materia  gris es lo que los bioeticistas aplican a la materia gris,  aquella parte del cerebro que cuando es diseccionada aparece como gris, en contraste con la materia blanca, en general la materia gris, cerebral es la responsable de la transmisión de la información. Por lo tanto tiene connotaciones tanto anatómicas como filosóficas.

La neurótica es el mundo donde las materias grises cerebrales y éticas interpretan. Las neurociencias están generando capacidades apasionantes, para medir la función cerebral sana y alterada. Así como entender la naturaleza de los procesos neurales que corresponden a la mente humana. Las implicaciones para la ética son profundas, ya que el objeto de del estudio neurocientífico es el mismo órgano que participa en la contemplación ética.

Con las técnicas de resonancia magnéticas para obtener imágenes poco invasivos, y las estimulaciones externas, la neurociencia puede ofrecer descripciones cada vez más sofisticadas de la base neural de las funcione cognitivas superiores. Estas incluyen aspectos de razonamiento moral, la intención, la conciencia, la empátia, la creencia y la experiencia espiritual.

Las vías neurales que sirven para los juicios morales y el razonamiento ético están apareciendo a la vista científica con detalles sin precedentes. Su  interpretación corresponde a la materia gris, de cómo la sociedad asigna significado a los fenómenos cerebrales que corresponden a interacciones sociales, creencias personales, conciencia moral, análisis filosófico así como el impulso para realizar investigaciones científicas tiene implicaciones intrigantes, para la autocomprensión humana  y su traducción a la cultura.

La neurociencia importa, más debe recodarse que las descripciones físicas no pueden brindar una explicación completa de la mente humana. Los grandes pensamientos no consisten en racimos de neuronas accionado de forma refleja, si bien las neuronas pueden representarlas. Sorprendentemente, son las neuronas las que dan expresión a los anhelos humanos que inspiran la imaginación moral. Estas aspiraciones ensombrecen brillantemente el gris más gris.  Celebremos los avances de la neurociencia, para conocer la plenitud de la neuroética.

Narcisismo y el MITO DE NARCISO

El mito griego de Narciso se basa en la fantasía de un joven llamado Narciso, de gran hermosura que se enamora de su imagen reflejada en el agua.  Sigmund Freud  publicó su obra Introducción al Narcisismo introdujo este concepto en el área de psicoanálisis en alusión a Narciso.

El relato del mito de Narciso lo escribió Ovidio en el año 43 a.C. en su libro Las Metamorfosis, fue engendrado por la violencia del dios del río Cefiso quien tras raptar y violar a la náyade Liriope, que alumbro a un joven de extraordinaria belleza, a quien llamaron Narciso que provocaba grandes pasiones a hombres y mujeres, mortales y dioses, a las cuales no responde por su incapacidad para amar y para reconocer al otro.

Según el relato de Ovidio, entre las jóvenes heridas por su amor estaba la ninfa Eco que estaba condenada a repetir las últimas palabras de todo cuanto se le dijera. Un día, Narciso se apartó de sus compañeros en el bosque y grito «¿Hay alguien aquí?», Eco contenta respondió: «Aquí, aquí», él  gritó: «¡Ven!». Después de responder: «Ven, ven», Eco salió de entre los árboles con los brazos abiertos. Narciso cruelmente se negó a aceptar su amor.

Narciso al contemplar su imagen en la superficie del agua, sintió una fascinación por su propia imagen de la que no pudo sustraerse. No podía tocar ni abrazar al ser que veía reflejado en el agua, pero tampoco podía apartar su vista de él. Narciso, subyugado por la bella imagen de sí mismo que le devolvía el río, se retrajo de toda posible relación amorosa con otros seres, e incluso de atender sus propias necesidades básicas, y su cuerpo se fue consumiendo para terminar convertido una flor tan hermosa como maloliente: el narciso

El narcisismo puede manifestarse en algunos trastornos de personalidad, en que el paciente sobreestima sus habilidades y tiene una necesidad excesiva de admiración y afirmación, que puede manifestarse en forma de egoísmo agudo y desconsideración hacia los sentimientos ajenos, contiene vanidad, y baja autoestima.

Andrew P. Morrison, profesor de la Facultad de Medicina de Harvard, defiende que una razonable cantidad de narcisismo en adultos es sano y permite la percepción individual de las propias necesidades en relación con los otros. Un narcisismo avanzado, es de connotaciones negativas, caracteriza un rasgo de la personalidad, con baja autoestima acompañada de una exagerada sobrevaloración de la importancia propia y de un gran deseo de admiración por los demás.

El narcisista suele exhibir una aparente autoestima formidable, y socialmente aparece como una persona muy segura, sabedora de lo que quiere y completamente resuelta. En realidad con ello el narcisista está camuflando su carencia real de autoestima. En la infancia temprana de estos individuos se encuentra a menudo una actitud indiferente por parte de sus progenitores, lo cual les deja una inseguridad que tratan de compensar por medio de una autoevaluación exagerada, irreal e inflada.

La consecuencia es que los narcisistas necesitan mirarse continuamente en el espejo de los demás para saber quiénes son, y al descubrir una pésima imagen de ellos mismos se ven en la necesidad de ocultarla y esconderla. Desarrollan entonces en compensación una imagen artificialmente sobrevalorada hasta lo patológico.

Las personas inteligentes, valiosas se convierten para el narcisista en una amenaza para la imagen artificial con la que el narcisista sustenta su autoestima, por lo que su comportamiento con ellos es manipular, y cuando la manipulación no surte efecto, perseguidor.

Los sujetos narcisistas poseen una autoestima muy vulnerable, siendo por esto muy sensibles a la crítica, por su necesidad constante de admiración. En el ámbito social los narcisistas  necesitan a las personas como fuente de gratificación. Por ello suelen elegir profesiones que les proporcionen notoriedad social, reconocimiento o incluso fama.

Para los narcisistas el mundo debe obedecer a sus propios puntos de vista, los cuales considera irrebatibles, infalibles, auto-generados. Las cosas más obvias y corrientes, si se le ocurren a él, deben ser vistas con admiración y se emborracha en la expresión de las mismas. Tienen una inagotable sed de admiración y adulación. Vive más preocupado por su actuación, en cuanto al efecto teatral y reconocimiento externo de sus acciones, que en la eficacia real y utilidad de las mismas. En resumen, las personas narcisistas, aún cuando pueden poseer una aguda inteligencia, esta se halla obnubilada por esa visión grandiosa de sí mismas y por su hambre de reconocimiento.

Cuando los narcisistas ejercen posiciones de poder, se rodean de personas, que por su propia condición, son inferiores a él o ella, y de otras, que le harán la corte solo en función de un interés mezquino.

El narcisista es una persona que puede ser muy exitosa, en cuanto al brillo externo se refiere. Él no se plantea dudas en cuanto a la realidad de sus ideas, sean estas brillantes o no. Aún las más insulsas ideas son expresadas con un espíritu mesiánico, se enamoran de las ideas de otros y las hacen propias sin la más mínima consideración moral ni ética.

Wyatt y Hare, establecen:

Clínicamente hablando, cualquier persona socialmente disfuncional que se siente autorizada a usar su poder para controlar a otras personas por las que se siente amenazada, o que vive una fantasía pretenciosa, en lugar de en la realidad, y que se ve a sí misma consistentemente como superior a sus compañeros y anhela ser reconocido como tal, reúne los requisitos del denominado trastorno narcisista de la personalidad

Erich Fromm,  en “Anatomía de la destructividad humana” dice:

El narcisismo colectivo es una de las fuentes más importantes de agresión humana y sin embargo, como todas las demás formas de agresión defensiva, es reacción a un ataque contra intereses vitales. Difiere de otras formas de agresión defensiva en que el narcisismo intenso en sí es un fenómeno semipatológico. Considerando las causas y la función de sangrientas y crueles matanzas en masa como las ocurridas entre hindúes y musulmanes en el momento de la partición de la India o recientemente entre los musulmanes bengalíes y sus gobernantes paquistaníes, vemos que el narcisismo colectivo desempeña ciertamente un papel considerable, cosa nada sorprendente si tomamos en cuenta que nos las habemos con las poblaciones virtualmente más pobres y miserables del mundo entero.”

Florián 

La mirada comunica y actua con el lenguaje de los OJOS

En muchas culturas diferentes existen leyendas sobre el “mal de ojo”, mirada que ocasiona perjuicios a la persona que la recibe. En tabletas de arcilla atribuidas al tercer milenio a. C. hay referencias sobre una deidad que poseía el “mal de ojo”.

El sabio judío Rab, en el tercer siglo d. C. sostenía que el noventa y nueve por ciento de las muertes se producían por el “mal de ojo”. La gente creía que algunas veces estos extraños poderes oculares se adquirían en un pacto con el diablo, y en otras oportunidades que era una maldición que caía sobre un inocente. Se decía que el Papa Pío IX, electo en 1846, era el poseedor inocente de dicha condición maligna. Se consideraba que su bendición era indefectiblemente fatal.

También ha existido la creencia paralela de que usar una larga mirada fija servía de magia protectora, y hasta 1947 los barcos que navegaban por el Mediterráneo solían llevar pintados ojos protectores.

En 1957 se presentó ante la comisión del Congreso el caso de un empresario norteamericano que había contratado los servicios de una persona para que cada tanto mirara de cierta manera a sus empleados, una muda amenaza que los impulsaba a trabajar más intensamente.

¿Por qué existe el tabú sobre la mirada fija? Por supuesto puede explicarse como parte de la herencia biológica que compartimos con otros primates. Otra explicación posible: El lugar hacia donde mira una persona nos indicará cuál es el objeto de su atención. Cuando un hombre  (o un mono)  mira fijamente a otro,  indica que su atención está concentrada en él pero no proporciona señales de cuáles son sus intenciones, lo que ya de por sí es suficiente para hacer que nos sintamos nerviosos.

A pesar de que todas las culturas desaprueban a la persona que mira fijo, exceso varía de una cultura a otra, algunas son más estrictas, aunque la mayoría de las sociedades consideran tabú el exceso de intimidad, o de libre expresión en las emociones.

  • Los norteamericanos interpretan el contacto ocular prolongado como un signo de atracción sexual que debe ser escrupulosamente evitado, excepto en las circunstancias íntimas apropiadas.
  • El antropólogo Edward Hall ha observado que los árabes se paran muy cerca para conversar y se miran intensamente a los ojos mientras hablan. Por otra parte, existen sociedades en el Lejano Oriente donde se considera de mala educación mirar a la otra persona mientras se conversa.
  • Para los norteamericanos, la mirada prolongada de los árabes resulta irritante; pero evitar los ojos totalmente como lo hacen en el Lejano Oriente, representa un síntoma de enfermedad.
  • Los ingleses, a no ser que estén muy cerca, fijan intensamente los ojos en los de su interlocutor, y parpadean señalando que están prestando atención.
  • En Israel la gente mira fijamente de arriba abajo y no consideraban extraño mirar fijo a una persona en la calle.
  • En Francia se admite que un hombre mire abiertamente a una mujer por la calle. Más aun, las mujeres francesas suelen quejarse de que se sienten incómodas en las calles de Norteamérica, como si repentinamente se hubieran tornado invisibles.
  • Las personas que no se conocen piensan que mirar fijo en público es una intromisión en la intimidad, y ser sorprendido en esta actitud es embarazoso. La mayoría de las personas se enfrenta con el problema de no saber hacia dónde mirar cuando comparten con otra un espacio pequeño como el ascensor.

Un día mientras estás sentado en un jardin, levantamos la vista, y te encuentras con la mirada fija de un desconocido/a que te observa inexpresivamente, y que no se altera cuando le devolvemos la mirada. Con seguridad, mirará rápidamente hacia otro lado y luego de unos segundos se volverá hacia él para ver si todavía le sigue observando. Si continúa haciéndolo, lo miraras varias veces y a medida que lo hagas, si la persona persiste en su actitud, entraremos en alarma.

La forma de mirar fijo, es un medio de amenaza para muchos animales como así también para el hombre. Un naturalista que estudió el comportamiento de los gorilas montañeses en la selva, registró esta especie de “combate de miradas fijas” entre los machos. Los monos son sensibles a la mirada hasta un límite increíble. En otro experimento se expuso a varios monos Rhesus a las miradas de un hombre que estaba oculto. Inmediatamente comenzaron a parecer deprimidos y al controlar sus ondas cerebrales, se descubrió que cada vez que el hombre los miraba directamente se notaban alteraciones en el esquema de las ondas. Resultaba difícil entender cómo sabían cuándo se los miraba directamente y cuándo no, puesto que no podían ver al hombre que lo hacía; pero este comportamiento parece ligado a una experiencia humana muy común. Casi todos hemos sentido en alguna oportunidad la incómoda sensación de ser vigilados y luego confirmar nuestra sospecha al darnos vuelta. Consideramos que un sonido apenas audible o un movimiento ínfimo, captado en la visión periférica, nos ha brindado esa sensación.

Cuando dos personas se miran mutuamente a los ojos, comparten una sensación de placer o de enojo. Podemos leer el rostro de otra persona sin mirar sus ojos, pero cuando los ojos se encuentran no solamente sabremos cómo se siente el otro, sino que él sabrá que nosotros conocemos su estado de ánimo. El contacto ocular nos hace sentir abiertos, expuestos y vulnerables. Jean Paul Sartre sugirió una vez que el contacto visual es lo que nos hace real y directamente conscientes de la presencia de otra persona como ser humano, que tiene conciencia e intenciones propias. Cuando los ojos se encuentran se nota una clase especiar de entendimiento de ser humano a ser humano.

Las reglas de la etiqueta establecen una gran diferencia entre no saludar a una persona simulando no verla, o no hacerlo luego de mirarla y negarse a reconocerla. Esto último representa una ofensa mucho mayor. Los movimientos de los ojos, por supuesto, determinan qué es lo que ve una persona. Los estudios sobre la comunicación han demostrado el hecho inesperado de que estos movimientos también regulan la conversación. Durante el cotidiano intercambio de palabras, mientras la gente presta atención a lo que se dice, los movimientos de los ojos producen un sistema de señales que indican al interlocutor su turno para hablar.

Las señales visuales cambian de significado de acuerdo al contexto. Existe una gran diferencia entre:

  • Recibir una prolongada mirada cuando uno está hablando (en este caso puede ser halagador)  o percibir la misma mirada en alguien que nos habla.
  • Un individuo puede expresar muchas cosas mediante su comportamiento visual, tan solo exagerando levemente los patrones habituales. Si mira hacia otro lado mientras escucha al otro, le indica que no coincide con lo que el otro le dice. Si mientras habla vuelve los ojos hacia otro lado más tiempo del habitual, denota que no está seguro de lo que dice o que desea modificarlo.
  • Si mira o la otra persona mientras la escucha, le indica que está de acuerdo con ella, o simplemente que le presta atención. Si mientras habla mira fijamente a la otra persona, demuestra que le interesa saber cómo reacciona su interlocutor ante sus afirmaciones, y que además está muy seguro de lo que dice.
  • Mientras una persona habla, puede en realidad tratar de controlar el comportamiento del que escucha mediante movimientos oculares. Puede impedir una interrupción evitando mirar a la otra persona, o puede animarla a responder mirándola con frecuencia.
  • Cuando a una persona le agrada otra, es probable que la mire más frecuentemente que lo habitual y que sus miradas sean también más prolongadas. La otra persona interpretará esto como un signo de cortesía de que su amigo no está simplemente absorto en el tema de la conversación, sino que también se siente interesado por ella como persona.
  • También cuentan las expresiones faciales, la proximidad, el contacto físico si existe y lo que se dicen entre sí. Pero a la mayoría de nosotros, sin embargo, nos resulta más fácil decir “me gustas” con el cuerpo y especialmente con una mirada, que con palabras.
  • Los que son más afectuosos, suelen mirar mucho, como los individuos que, según los psicólogos, tienen más necesidad de afecto. Denominada también “motivo de amor”, la necesidad de afecto es el deseo de formar una relación cálida, afectiva e íntima con otras personas, necesidad que todos sentimos en mayor o menor grado.
  • La persona que se encuentra turbada o a disgusto, y que trata de evitar la mirada de las otras.
  • La persona que mira menos cuando hace una pregunta personal, que cuando formula otra más general. Algunos individuos suelen desviar la mirada notoriamente cuando están faltando a la verdad.

El comportamiento visual está determinado por el género. Parece ser que las mujeres, por lo menos en el laboratorio, miran más que los hombres, y lo mantienen por más tiempo. También existen otras diferencias más sutiles. Tanto los hombres como las mujeres miran más cuando alguien les resulta agradable, pero los hombres intensifican el tiempo de la mirada cuando escuchan el final de una conversación, mientras que las mujeres lo hacen cuando son ellas las que hablan. Una explicación de estas diferencias reside en el hecho de que les enseñamos a las niñas y a los varones a demostrar sus emociones de manera diferente.

Entre los hombres, como así también entre los animales, la manera de mirar frecuentemente refleja el status. El ejecutivo se considera con derecho de mirar desafiantemente a su secretaria; la secretaria lo hace con la aspirante, los tres sentirían que algo no funciona bien si se alterara dicho esquema.

En la reacción emocional. El tamaño de las pupilas se ve afectado no solamente por la visión, sino también por el gusto y el sonido. Cuando se les dio a las personas distintos líquidos para gustar, sus pupilas se dilataban ante cada uno de estos, tanto los agradables como los desagradables, pero se agrandaban más ante un sabor preferido. Las pupilas también se expanden ante el sonido de la música, pero un amante del folklore reaccionará más ante el sonido de una guitarra que ante los primeros acordes de la Novena Sinfonía de Beethoven.

Se dice que los vendedores chinos de jade examinan las pupilas de sus presuntos clientes para poder descubrir cuándo una pieza les interesa especialmente y pedir entonces un alto precio por ella, los vendedores chinos de jade deben poseer una habilidad muy especial, porque existe la posibilidad de que el vendedor que se aproxime al cliente para lograr una buena visión de las pupilas, lo alarme de tal manera que lo haga huir despavorido.

Las aplicaciones prácticas de la “pupilometría” son obvias. En la Edad Media, las mujeres solían emplear belladona para dilatarse las pupilas y parecer más atrayentes. Sin embargo, dudo que la observación de la pupila pueda ser de uso práctico para el ciudadano común que mira a simple vista.

Probablemente el no experto piensa que existe demasiada información respecto al comportamiento visual. En la mayoría de las situaciones, la intuición sumará muchos pequeños mensajes no-verbales que permitirán obtener una conclusión o por lo menos un indicio sobre lo que piensa nuestro interlocutor. Si esto se, consigue es probable que la clave que más haya influido después de la expresión facial sea el comportamiento visual. La afirmación de que “miramos para ver” es una verdad sólo parcialmente cierta con respecto a los encuentros cara a cara.