Cosmogonía indoeuropea

Rigveda

El Rig Vedá escrito hacia el final de la Edad de Bronce (1700 a 1100 a.C.), es una colección de himnos para alabar a los dioses. En un principio los himnos se aprendían de memoria y se transmitían oralmente a la generación posterior. Es el texto más antiguo con una visión mítica del principio del universo.  El conocimiento de estos versos no era conocimiento objerivo, sino que se consideraba como una posesión divina. La cosmogonía védica es la expresión de querer explicar todo lo conocido en palabras incluso de lo incompresible:

Entonces aún la nada no era, ni la existencia. No había aire, ni los cielos más allá de él.

¿Qué lo cubría? ¿Dónde estaba? ¿Quién lo cuidaba? ¿Había entonces aguas cósmicas, en las profundidades inmensurables?

Entonces no existían ni la muerte ni la inmortalidad, ni la antorcha de la noche y del día.

El Uno respiraba sin viento y sosteniéndose-a-si-mismo. Estaba ese Uno y no había otro.

En el principio había sólo oscuridad envuelta en oscuridad. Todo esto era sólo agua no-iluminada.

Ese Uno que cobró existencia, circundado de nada, surgió al fin, nacido del poder del calor.

En el comienzo el deseo descendió sobre eso ésa era la semilla primordial, nacida de la mente.

Los sabios que han buscado en su corazón con sabiduría saben lo que es, es vinculo con lo que no es.

Y han extendido su cuerda a través del vacío, y saben lo que está arriba, y lo que está abajo.

El poder seminal hizo fértiles a fuerzas poderosas. Abajo estaba el poder y sobre él el impulso.

Pero, después de todo, quién sabe, quién puede decir, ¿cuándo todo comenzó y cómo ocurrió la creación?

Los dioses mismos son posteriores a la creación, así que, ¿quién sabe en verdad cuándo todo surgió?

Cuando la creación tuvo su origen, él, ya sea que la haya creado o no, él, que controla todo desde el alto cielo, él sabe, o quizá ni aun él lo sepa.

(Del «Rig Veda», X, 129. Traducido por A. L. Basham, en «The Wonder that was India» Londrcs, 1954, págs. 247-8)

En aquellos años el Mediterráneo oriental estaba sumido en una época oscura, el reino micénico se había desintegrado, los hititas hundidos, Egipto en decadencia. Hasta el siglo IX se sabe muy poco de Grecia y menos de Israel.

Cuatro mil años después todavía nos preguntamos: quién sabe en verdad cuándo todo surgió.

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