LA REPRESIÓN SEXUAL y LA IGLESIA.


En 1532, el emperador Carlos V bajo el amparo de la Iglesia clerical, promulga el primer código penal del Santo Imperio Romano-Germánico, en el artículo 116 estipula que todos aquellos que “caen en la lujuria”: humano con animal, hombre con hombre, mujer con mujer, debían ser quemados, mientras en los Países-Bajos los protestantes también condenan la sodomía con la pena capital. Calvino, en Ginebra, los “actos contra-natura” son severamente reprimidos: en 1555 y en 1670, en Roma se censan ejecuciones de hombres y mujeres por este motivo, mediante decapitación, ahorcamiento o ahogamiento.

En Europa las guerras de religión destruyen vidas humanas, y las ciudades quedan destruidas, las cosechas perdidas, hay hambrunas y desesperación. Enrique III, rey de Francia (1551-1589), intenta durante un tiempo conciliar católicos y protestantes mediante una política de tolerancia, pero sin éxito. Esto no le impedirá al mismo llevar, sin restricciones, una vida privada harto escandalosa y de hacer pública su homofilia de manera abierta. Las relaciones sexuales entre jóvenes, aprendices, monjes y criados, eran frecuentes y posibles gracias a una certera promiscuidad, marcada por la dificultad de acceder a las mujeres antes del matrimonio

En la aristocracia europea decadente, las relaciones homosexuales eran toleradas en el marco de una sexualidad en la cual el dominante escogía a su compañero, con exigencia de que este último se pareciera al sexo débil y que fuera dominado tanto social como físicamente. Así: prostitutos, pajes, lacayos y ayudas de cámara eran a menudo objeto del deseo y placer, de los señores miembros del clero que tuviera la bolsa llena y los gastase con generosidad, en un comportamiento ético en desacuerdo a su exigida dignidad.

Las tendencias sexuales, son confinadas al secreto y nunca deben ser mencionadas, a riesgo de exponerse a sanciones. La sociedad cristiana y patriarcal vive en la hipocresía, intenta mantener los valores sobre los cuales descansa, mientras que de forma oculta son participes de aquello que castigan. La caza a los sodomitas prosigue incansablemente su curso: a lo largo del siglo XVI y del XVII, se censan algunas condenas a la hoguera por toda Europa, de Francia a Italia, pasando por Alemania, España, Inglaterra e Irlanda.

El siglo XVIII ve aparecer una nueva figura del homosexual: el libertino elegante y afeminado. Gradualmente, la sodomía es percibida más como un “gusto” que un “vicio”, aunque siga siendo objeto de múltiples bromas y burlas, y constituye aún como una amenaza para la célula familiar fomentada por la nueva moral burguesa. Todavía se realizan ejecuciones de sodomitas en la Plaza de Grève, en París, su número irá en descenso a lo largo de los años del siglo XVIII. Las últimas vieron perecer a Jean Diot y Bruno Lenoir, en 1750.

La filosofía del Siglo de las Luces gana terreno en perjuicio de la Iglesia. Voltaire (1694-1778), en su artículo sobre el amor socrático de su diccionario filosófico de 1764, encuentra excusas para la pederastia, pero afirma sin embargo que es “una ley que aniquilaría al género humano si era aplicada al pie de la letra”.

Jean-Jacques Rousseau (1712-1778),  narra por dos veces en sus “Confesiones”, su horror ante las proposiciones de un joven. Una actitud que, al lado de su veneración por la familia cristiana, marca la actitud y el orden burgués naciente.
Denis Diderot (1713-1784), confiesa en un texto póstumo que “todo no puede ser contra-natura ni fuera de la Naturaleza”.

El “vicio” tiende entonces a desacralizarse en provecho de una nueva moral burguesa social y científica en la que los filósofos del Siglo de las Luces son los principales promotores, estando Rousseau en cabeza. Una nueva ética que, sin embargo, no irá a conceder a los hombres enamorados de otros hombres, una libertad mayor en materia sexual, estando la represión moral muy presente.

Entre los siglos XVI y XVII, Martín Lutero impulso la Reforma Protestante, y acusó al clero católico de estar en la sodomía. La sospecha de homosexualidad es empleada por la Iglesia para desacreditar la imagen de sus oponentes, como ya ocurrió con los Cataros que terminaron  en la hoguera común ante la aceptación del enviado del Papa, ocurrió también con los Templarios, que fueron objetos de semejantes acusaciones. Mientras los protestantes ingleses desacreditaban a los papistas en referencia al celibato de los religiosos y su falta de respeto a tal promesa.

En la Revolución Francesa que pondrá en pie un movimiento pionero en Europa, despenalizando los actos sexuales entre personas del mismo sexo.

Comentarios:

La liberad de elección de los seres humanos, esta en relación con sus tendencias influenciadas por las hormonas, y en esa libertad son dueños de su cuerpo.

Someter a alguien de forma forzada por prepotencia de dominio jerarquico, es un  indigno abuso de quien lo realiza y precisa de un duro castigo. Si aquellos de los que se abusa son menores, o indefensos la crueldad del que lo realiza es despreciable.

Si quien haciendo votos de castidad, no puede dominar sus instintos, y realiza actos contra su promesa, hará bien en renunciar a su estado para vivir dignamente con pareja fuera de su orden o estamento religioso a que pertenece. Porque si está dentro de Iglesia para alcanzar el favor de dios, eligió mal su camino, sepa que también puede alcanzarse desde la vida seglar.

Las relaciones humanas amorosas, entendidas como maritales, desempeñan un papel esencial en la conformación de un orden social. Las relaciones amorosas no están aisladas del ámbito político en su perspectiva sexual. Los sistemas sociales patriarcales incitan a la violencia de género, es por ello que el humanismo busca la equidad para reducir/eliminar la violencia de genero, a nivel íntimo y social.

Todas las anomalías, injusticias y opresiones, radican en haberse alterado las leyes naturales, en perjuicio de muchos para beneficio de pocos. La ley humana, la propiedad y la autoridad crean un medio social artificial e inarmónico, corrompiendo al ser humano desnaturalizando su conducta. La moral burguesa, a través del matrimonio, se enfrenta contra los instintos naturales, legislando, codificando y organizando el amor de forma egoísta, donde el varón sacia el amor, y se separa luego, siguiendo su vida sin que ninguna moral, religión o ley los regule.

Dogmatizar el cómo deben ser las relaciones es también individual, por lo que imponer una fórmula del amor es también un error, lo natural es que las personas tomen la manera de relacionarse como mejor le parezca y dentro las posibilidades, se hace necesario la abolición de toda manifestación de poder, de autoritarismo y de coacción, con respeto, ética y altísima moral. de todas las aberraciones sexuales las que se hacen a la infancia son las mas horribles y repugnantes.  Haga quien la haga y sirve de poco pedir perdón.

MISTERIOS Y MAGIAS EN EL ANTIGUO ARTE DE CURAR.

BOTICA DEL MONASTERIO DE SANTO DOMINGO DE SILOS

La Medicina y la Farmacia tuvieron desde la más remota antigüedad connotaciones encerradas en misterios y mágias. El uso de las plantas y drogas curativas fue un aprendizaje largo y cuyo origen se nos presenta, por parte de la Mitología, como un conocimiento sobrenatural  especializado que, en un determinado momento, una deidad concede graciosamente a un elegido.

Diversos mitos de todas las culturas así lo confirman:

  • En Mesopotamia el dios médico era SIN, y en el famoso Código de I-fanimurahi se representa a SHAMA dando al rey una compilación de leyes, y entre ellas están las que regulan el ejercicio de la Medicina.
  • En Egipto el dios encargado de la transmisión de los secretos farmacológicos fue TI-lOT, divinidad intelectual y escriba de los dioses.
  • En China, el hombre sobre el que recayó el privilegio era un rey,  porque los nombres de médicos más antiguos que se conocen corresponden a emperadores.
  • En India donde, según la tradición, BRAHMA, compadecido de los mortales recopiló los conocimientos médicos y los entregó a otros dioses para que, a su vez, los hiciesen llegar a los hombres, recayendo la elección en un rey y un médico.
  • En Grecia HÉCATE es la diosa que conoce el secreto de las plantas, pero el héroe médico por excelencía es ASKLEPIOS, hijo de Apolo y de la mortal Corónide, cuyo culto se estableció en Epidauros. En su templo se desarrolló una verdadera escuela de medicina dirigida por los asklepíades (sacerdotes de Asklepios) que practicaban una auténtica magia, aunque hoy se admite que su actuación preparó el advenimiento de una medicina más científica. El más célebre de sus seguidores fue Hipócrates, con el que entramos en la historia de la Medicina Occidental

Desde el origen en el arte de curar, existe una relación entre la supuesta divinidad y los hombres que curan (aún no se concretan diferencias entre médicos y farmacéuticos) y cómo se va perfilando un lugar en los que se ejerce esta actividad: los templos de Asklepios.

De igual modo, puede vislumbrarse una relación de causa-efecto entre la ingestión de brebajes (infusión o cocimiento de plantas medicinales) o la aplicación de apósitos, acciones que se acompañaban de inútiles letanías, para lograr la curación de los enfermos.

Todo fue creando una tradición secular muy difícil de erradicar, aun cuando la medicína adquiere cada vez con mayor nitidez los perfiles de una ciencia empírica y sus seguidores dejaron de ser sacerdotes para convenirse en profesionales independientes, ya con la modalidad de itinerantes o ya la de establecidos en una ciudad.

A pesar de ello, los enfermos siguieron viendo en el templo una mayor aproximación a los sacerdotes, hipoteticos intermediarios más directos con lo sobrenatural, mediante la formula de solicitar curaciones, solicitadas  aquélla con repetitivos rezos durante la atención al enfermo.

Mas, sea como fuere el ejercicio de la medicina, en el templo o fuera de él, los curadores debían proveerse de ciertas materias / hojas, raíces, semillas, ciertos minerales, aceites/ para cuyo almacenaje y transporte se hacían necesarios recipientes adecuados, como cajas, botes, bolsas, que, aunque elementales y escasos en número al principio, con el tiempo llegaron a constituir notables colecciones, especialmente cuando las profesiones de farmacia y medicina se independizan.

El boticario civil o religioso, se convierte en un profesional establecido con oficina abierta al público en el que se ordena sobre estantes de armarios, anaqueles y vitrinas, todo un ajuar de botes de vidrio, de cerámica, y cajas de madera, en los que guardar los productos simples, necesarios para su trabajo, o los ya elaborados, dispuestos para ser dispensados.

EL TIGRE DEL MAESTRAZGO, un querrero arrepentido.

En el Maestrazgo, de la primera revuelta salió un líder carismático que imprimió en la causa tintes épicos y enorme arraigo popular: el general Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrat.

Cabrera había nacido en el barrio de pescadores de Tortosa (Tarragona) en

1806, hijo de un marino mercante y de una mujer de gran religiosidad que

le encaminó al sacerdocio. Apasionado, vehemente, católico tramontano e

intrépido, dejaría el seminario para unirse al levantamiento de Morella del barón de Hervés y secundar el nombramiento del pretendiente carlista como rey Carlos V. Desde la capital de Els Ports llegó a organizar un territorio autónomo carlista con más de cuarenta pueblos, con prensa, recaudación e instituciones propias, a la vez que ganaba el apelativo de Tigre por su ferocidad en la batalla y habilidad para burlar el cerco enemigo. Pese al fracaso de esta I Guerra Carlista, se convirtió en general, conde de Morella y héroe romántico popular que inspiró a escritores como Galdós, Baroja o el inglés George Borrow, que extendió su leyenda al extranjero. Fracasada también la II Guerra Carlista (1846-49), acabó exiliándose en Londres y allí permaneció hasta su muerte, treinta años después. Casado con una rica heredera inglesa, convertido en un exquisito gentleman, Cabrera siempre fue un referente para las bases populares, pero se distanció de la cúpula tradicionalista al asumir el liderazgo Carlos VII, nieto del primer pretendiente carlista.

El veterano general discrepó de declarar la III Guerra Carlista, convencido

de que estaba abocada al fracaso y de la necesidad de buscar una vía de reconciliación: «Yo soy el que hace cuarenta años acaudillaba […] las huestes defensoras de la tradición […] que llegó a ser amado y temido. El mismo y con el mismo anhelo de servir a mi patria, y con la misma fe […] yo que por destino de Dios y mi desgracia he venido a personificar […] los sentimientos propios de la guerra civil, españoles, creedme, solo el nombrar esta calamidad me aflige, porque la conozco bien y la detesto […]. Españoles, piedad de la nación, que también es nuestra madre».

El tiempo acabaría dándole la razón y, como antes Francisca Guarch y tantos otros carlistas, el infante Alfonso, María de las Nieves y Carlos VII tuvieron que cruzar la frontera ante la evidencia del fracaso bélico en 1876 frente a las tropas de Alfonso XII. Las palabras del pretendiente carlista al cruzar los Pirineos, «Volveré, para salvar España», fueron su último error estratégico en la contienda.

«Manifiesto a la nación», Ramón Cabrera, en Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, el carlismo-

antiguo Régimen y la Restauración, Javier Urcelay Alonso, Barcelona 2006.

Leonor de Aquitania,Duquesa de Aquitania y Guyena, Condesa de Gascuña, Reina consorte de Francia e Inglaterra y madre de la reina consorte de Alfonso VIII de Castilla,

Leonor de Aquitania (Aliénor d’AquitaineÉléonore de Guyenne (1122 -1204).

Nació en la ciudad de Poitiers, siendo la  mayor de tres hijos entre Guillermo de Aquitania y Leonor de Châtellerault, cuando falleció su único hermano se convirtió en heredera de sus padres, y tomo posesión del ducado al fallecer su padre cuando viajaba en peregrinación a Santiago de Compostela.  El ducado de Aquitania, que se extendía desde el Loira hasta los Pirineos y era mayor que los dominios directos del rey de Francia.

El 4 de julio de 1137 contrajo matrimonio a los 15 años de edad en Burdeos, con Luis VII de Francia. Ocho años más tarde,  nace su primera hija, María, futura condesa de Champaña.

La reina apoya el matrimonio ilegítimo de su hermana Petronila con el conde Raul I de Vermandois, considerado bígamo. Su comportamiento emancipado y liberal fue duramente criticado por la curia eclesiástica, más el rey francés no escuchaba, porque estaba locamente enamorado de su esposa.

En 1147, la pareja real marchó a la Segunda Cruzada, Leonor en su calidad de duquesa de Aquitania, y por tanto la mayor feudataria de Francia, insiste en partir como los demás señores feudales.

Durante su estancia en Antioquia, la relación de la reina con su tío Raimundo de Poitiers, príncipe de la ciudad, dio lugar a murmuraciones, que provocaron el distanciamiento entre el rey y la reina. Luis obliga a su mujer a volver con él a la fuerza. En su camino a Francia, se detienen en Roma donde el Papa trata de reconciliar a la pareja real, nació al poco su segunda hija, más la pareja estaba en tensión y con acuerdo mutuo decidieron la separación conservando Leonor todas sus posesiones. Consiguieron la anulación basándose el parentesco de ambos.

En 1152 Leonor contrae su segundo matrimonio, en Burdeos con el heredero al trono de Inglaterra Enrique II, y al unir los dominios  de Leonor mediante esa boda con las que poseía  ingles, Anjou, Maine y Normandía, se formo el llamado Imperio Angevino, en el cual las posesiones de territorios eran muy superiores a las que dominaba Luis VII.

Con este esposo tuvo numerosa descendencia  cinco varones y tres mujeres. En su corte, establecida principalmente en Poitiers, tuvo gran auge la lírica caballeresca, siendo mecenas de numerosos trovadores.

La infidelidad de Enrique II con una amante, provocó el enfrentamiento de Leonor y promovió la rebelión de tres  de sus hijos contra su padre el rey. Tras reprimir la rebelión, el rey encarceló a Leonor, primero en Chinon y luego en Salisbury, donde permaneció bajo arresto hasta la muerte del rey Enrique.

Recuperada la libertad, Leonor se convirtió en regente de los dominios angevinos durante las ausencias de su hijo Ricardo. Tras la vuelta de este rey de la Tercera Cruzada,

Leonor se retiró a la Abadía de Fontevrault. La muerte de Ricardo hizo que Leonor abandonara de nuevo su retiro hasta conseguir la coronación Juan otro de sus hijos.

En 1200, y contando con casi 80 años, con fuerte decisión, se traslada a Burgos, cruzando los Pirineos, visitar a su hija Leonor casada con el rey Alfonso VIII de Castilla, para estudiar a sus nietas las infantas castellanas, y escoger a la apropiada para convertirla en esposa del futuro rey francés Luis VIII, Eligió a Blanca, una acertada elección pues fue una reina de Francia modelo de virtudes, célebre por su habilidad política y regente del reino en tres ocasiones.

Leonor Murió en1204 a los 82 años de edad, siendo sepultada en la Abadía de Fontevrault, junto a su esposo Enrique y su hijo Ricardo.

Comentario:

Una enérgica mujer, alejada de la sumisión resignada al libertinaje de los varones celosos o infieles, manteniendo su dignidad aunque le costase el divorcio o el destierro, exigiendo la igualdad de derechos y obligaciones. Una precursora de la igualdad de genero, lo que hoy llamaríamos feminista defensora de los derechos de la mujer.


La primera alcaldesa de España

Matilde Pérez Mollá (1858-1934), había nacido en el seno de una familia muy acomodada, de agricultores y ganaderos con grandes posesiones de tierra,  se caso muy joven con un joven alcoyano, notario de profesión, que fue destinado a Cartagena entonces rica ciudad minera y militar, ella la recién casada le acompaño, trasladándose en carreta por destartaladas carreteras sin asfaltar,  ilusionada por su matrimonio reciente y dichosa por conocer el mar y allí vivió muy feliz.

Cuando el infortunio la convirtió en viuda, volvió a su ciudad natal, Quatretondeta, convertida en una mujer de mundo, había conocido a personajes de diferentes posiciones sociales, vivido en un ambiente elevado y culto, viajado esporádicamente a países extranjeros que la impregno de conocimientos y formas culturales diversas.

Ya en su  localidad, se dedica a administrar sus fincas y patrimonio, colabora con la prensa redactando artículos, organiza actividades lúdicas haciendo intervenir a los ciudadanos en grupo de teatro, y dando clases de música. Colabora con la cercana leprosería de Fontilles,  y para recabar fondos  recorría la comarca a caballo.

Su vida activa la recogió su sobrino Rafael en una novela titulada “la señora”. La  mujer se convirtió en personaje histórico a los sesenta y seis años, cuando era llamada por sus paisanos «la senyora vella», (señora vieja)   una  mujer que hacia treinta años era viuda y colaboraba forma altruista en ayuda a su pueblo que tenia en aquella época una población cercana a quinientos habitantes.

Un telegrama con erratas notificaban a la Presidencia del Gobierno español de 1924, el nombramiento en la primera alcaldesa de la historia de España. Era Matilde Pérez Mollá y se trataba del municipio alicantino  de Quatretondeta. Fue casualidad que se la nombrara  el 8 de marzo, fecha entonces poco señalada y recién elegido como Día Internacional de la Mujer en la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas, que se había celebrado en Copenhague en 1910.

La oportunidad de Matilde y del puñado de contemporáneas suyas de participar en las instituciones públicas por primera vez en España fue consecuencia de la obsesión personal de un dictador, por convencer a los súbditos españoles de las bondades del régimen militar surgido de su golpe de estado en septiembre de 1923. Gobernaba en España la dictadura del General Primo de Rivera, y para intentar ganar apoyo social, concede el derecho restringido al voto de las mujeres españolas, ella cumple los requisitos para ser elegida: mayor de veinticinco años, no sujeta a autoridad marital y con «casa abierta» en un municipio.

El general golpista, tras eliminar el sistema parlamentario y sustituir el gobierno por un Directorio Militar, desde su primera proclama buscó subterfugios para legitimarse aduciendo que «Nuestro propósito es constituir un breve paréntesis en la marcha constitucional de España para restablecerla […] de los vicios que a las organizaciones políticas imputamos…», devolviéndole al rey Alfonso XIII una patria renovada «para que restablezca pronto la normalidad». Eran proclamas destinadas a la necesidad de aceptación popular de un régimen ilegal.

En algún aspecto particular la dictadura proporcionó algún escaso beneficio para el país, como la mejora de la enseñanza primaria con la construcción de mil nuevas escuelas y la concesión del voto administrativo a las mujeres al aprobar el Estatuto Municipal el 8 de marzo de 1924. Escasas ventajas que no impidieron que el general golpista, acabaría arrastrando a la monarquía española al desastre, el incapaz salvapatrias fue muy cuestionado por los intelectuales (Ente ellos el escritor valenciano Blasco Ibáñez).

En seis años de alcaldesa logró unir Quatretondeta al mundo con su primera carretera, de cinco kilómetros que llegaban y llegan a Gorga, otro logro fue el de hacer llegar la luz eléctrica a las casas y calles del pueblo. Desempeño el cargo durante cuatro años, en los que se gano el respeto de sus convecinos.

La reivindicación del voto femenino y los derechos cívicos de las mujeres cobró un fuerte impulso en España durante el reinado de Alfonso XIII gracias a agrupaciones femeninas como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas de Madrid, integrada por Clara Campoamor, María de Maeztu o Victoria Kent, o la Liga para el Progreso de la Mujer y la Sociedad Concepción Arenal, ambas en Valencia. Su labor generalizó la percepción de que podían concederse ciertos derechos sin desestabilización social y las reivindicaciones calaron también en algunos sectores partidarios del feminismo.

El Estatuto Municipal de Primo de Rivera permitía votar a las mujeres mayores de veintitrés años «no sujetas a patria potestad, autoridad marital ni tutela y sean vecinas con casa abierta en algún término municipal», y además les permitía ser elegidas si eran mayores de veinticinco años, ejercían de cabeza de familia y sabían leer y escribir. Era un derecho restringido por el estado civil y la condición social, pues el 71% de la población femenina española era analfabeta. Las mujeres casadas quedaban excluidas para evitar conflictos en el matrimonio.

Matilde y las demás mujeres que se beneficiaron de esta medida fueron nombradas, no elegidas por sufragio universal, pues el Estatuto no se sometió al escrutinio popular. Tras ella fueron designadas como alcaldesas Concepción Pérez Iglesias en Portas (Pontevedra), Petra Montoso Moreno en Soriehuela del Guadalamir (Jaén), Benita Mendalio en Bolaños de Campos (Valladolid) y Dolores Codina en El Talladell (Lleida). Se nombraron también mujeres concejales en numerosos pueblos, como Segorbe, y ciudades, como Alicante, Bilbao, Toledo, San Sebastián, Barcelona, Vigo, Segovia y Madrid.

La labor de estas pioneras en las instituciones municipales no generó rechazo aunque muchos varones dudaban de su capacidad para participar en el gobierno nacional pensaban que sí eran adecuadas para el municipal, «sobre la base de que era una mera prolongación de los deberes domésticos». Consideraban que mantener una ciudad arreglada podría hacerlo una mujer, pues era como un trabajo doméstico a gran escala y que la administración municipal podría ser «esencialmente femenina».

El voto de las mujeres en igualdad de condiciones que los hombres hubo de recorrer un largísimo camino lleno continuas barreras de dificultades para hacerse realidad Nueva Zelanda lo consiguió en 1893, Australia en 1901 y Finlandia en 1906 fueron los tres primeros países en conseguirlo, en la mayoría de países occidentales, lo lograron ya bien entrado el siglo XX. Noruega, Dinamarca, Islandia, Rusia, Inglaterra, Alemania y Suecia lo aprobaron entre 1913 y 1919; Estados Unidos en 1920 e Irlanda en 1922.

España fue el primer país latino en aprobar el sufragio universal femenino y lo hizo el 1 de octubre de 1931, durante la II República española, en una sesión histórica con un  profundo  y vehemente debate entre dos mujeres brillantes y feministas, Victoria Kent y Clara Campoamor. La primera no creía oportuno conceder el voto a las mujeres por miedo a que fueran manipuladas por los sectores conservadores y peligrara la joven República. Por el contrario, Clara Campoamor defendió en su famoso alegato que «la mujer se manifieste como es, para conocerla y juzgarla», anteponiendo su derecho a la oportunidad política del momento.

La aprobación fue seguida de aplausos, protestas, gritos y alboroto incontrolable durante casi media hora, el acuerdo estuvo a punto de anularse  con una enmienda que, finalmente, fue rechazada por cuatro votos de diferencia era el 1 de diciembre de 1931. Las españolas ejercieron su nuevo derecho por primera vez en las elecciones generales de 1933, que dieron el triunfo a los conservadores de Lerroux y los católicos de la CEDA de Gil Robles.

Después de las españolas, consiguieron el derecho a voto entre 1945 y 1956, las mujeres de: Francia, Italia, Canadá, Israel, India, Japón, México y Egipto. Las suizas solo lo consiguieron en 1971, aún hoy, los derechos de la mujer están discriminados y votar es una utopía en numerosas países, y  votar en libertad, está desvirtuado en partes del mundo para millones de mujeres.

Fuente: La dictadura de Primo de Rivera. Una oportunidad para la mujer, Paloma Díaz, UNED.

Sobrevivientes En el Valle de la Muerte.

En el Suroeste de California, se encuentra la región más tórrida y árida de Estados Unidos, no parece el lugar más apropiado para la vida de los peces, más existen.

En un acuífero, los científicos luchan por conservar una especie que tiene el  mayor y extraordinario peligro de extinción de especies en la tierra, un descendiente de las antiquísimas formas de vida. En un inhabitable desierto se accede al lugar por una estrecha fisura entre rocas, y allí es el hábitat de solo unos cien peces, son supervivientes de unos lagos que se evaporaron hace más de diez mil años, son poco conocidos, se les denomina “Los Cachorritos del Agujero del Diablo”. Unas creaciones de la Naturaleza que se resisten a desaparecer y que ahora el ser humano el mayor depredador de la tierra se dispone a protegerlo.

Su existencia informa que el Valle de la Muerte fue un lugar húmedo y por lo tanto fértil, lleno de vida vegetal, con actividad animal y posiblemente humana.

Parece más una historia de ciencia ficción que una realidad terrestre.

El ARTE DE CURAR RESIDIÓ EN LOS MONASTERIOS

Tras la división del Imperio Romano, las aspiraciones para desarrollar la ciencia decaen, los investigadores que hicieron avanzar los conocimientos son olvidados, nadie se percato ni alarmo el estancamiento que produciría un alarmante retroceso cultural.

Sólo quedo la labor realizada por los monjes copistas de antiguos manuscritos en los monasterios,  que logran salvar los restos de la cultura clásica si bien difusión de tales trabajos quedaban circunscritas al ámbito del monasterio.

En las escuelas catedralicias monacales que preparaban a los alumnos para el sacerdocio y la vida clerical, aparte de los estudios correspondientes a su fin religioso, se les imponía en la teoría y práctica de la medicina ya que, en numerosas ocasiones habían de usar de ella con los enfermos del propio cenobio, o con los ingresados en los hospitales y asilos anexos a los monasterios.

La práctica de la medicina por parte de religiosos regulares tiene su antecedente en los monasterios benedictinos, ya que su Regla recomienda explícitamente, en el capítulo 36, la caridad con los enfermos. En principio, los cuidados médicos de los monjes benitos al prójimo falto de salud aparecen guiados por un sentimiento profundo de amor al prójimo; se cuida al enfermo como medio para suavizar el sufrimiento. Con el paso del tiempo, el ejercicio de la medicina por los monjes dio lugar a graves abusos, los monjes admitían dadivas de los familiares de los enfermos, más posteriormente las exigían, lo que se convertía en pago, que iba en contra de los designios de caridad al prójimo, también algunos monjes, que atendían a los enfermos en sus casas, conocían del mundo y sus vicios más de lo que correspondía a su mentalidad religiosa y caían en pecado. A estos desmanes se fueron aplicando limitaciones, hasta que en los concilios de  de Reims (1131) y de Letrán (1139), se llegó a prohibir a los monjes la practica de la medicina con animo de lucro. En el S. XIII, se les prohibió definitivamente practicar el arte de curar.

A partir de entonces, el monje-médico se convirtió en monje-enfermero y en farmacéutico conocedor de las cuestiones botánicas, consistiendo su principal labor en el cuidado del jardín del cenobio, en el que no debían faltar las plantas necesarias para el cuidado de los mortales.

La reglamentación benedictina para el cuidado de los enfermos y la legislación conciliar de la Iglesia al respecto, se extendió en la práctica a todas las Ordenes religiosas, llegando a afectar, incluso a los seguidores de San Bruno, a pesar de que, por su tipo de vida eremítica, nunca existió entre ellos el peligro de abandono del convento a cambio del lucrativo oficio de la medicina privada, pero en la Nava Cohecho de 1582 ya se puntualiza que «de haber algún monje médico en las cartujas, les estará terminantemente prohibido el ejercicio de su arte en los extraños»; y en cuanto a los medicamentos, la orden era tajante y muy clara: «han de usarse sólo en  casos verdaderamente necesarios y previa licencia del prior».

A pesar de tales prohibiciones, la supervivencia de alguna botica es conocida en nuestros días, como la de la Cartuja de Valldemossa, en Palma de Mallorca, donde los antiguos planos de complejos monacales cartujanos en los que se reseñan otras con anotaciones precisas, y el hallazgo de numerosas piezas de ajuares farmacéuticos en los que campea la heráldica particular de cada convento, vienen a sacamos de toda duda, aunque extraña de su existencia tras las ordenes y tan muy limitado uso de los elementos curativos.

Se atribuye la permanencia de tales farmacias ya que la austeridad cartujana, estaba dirigida sólo a los componentes de la Orden de San Bruno, pero no afectaba a los criados, «familiares», huéspedes, y todo aquel menesteroso que se acercara al convento en busca de ayuda para el cuerpo enfermo, ya que la caridad y la generosidad con el prójimo constituyen una de las principales normas de actuación de la orden de San Benito basándose en los Evangelios «enfermo estuve y me visitasteis» (Mat 25,36).

Según el físico Dotn Sehmitz las plantas que se cultivaban, conservaban y se prescribían en los conventos eran: la menta. el romero, el lirio blanco, la salvia, la ruda, el gladiolo, el poleo, el heno griego, la rosa, el ben-o, el rábano, el comino, el apio montano, el hinojo, la atanasia y la «sariette». Cada convento en su botica, guardaba las hierbas medicinales en tarros de cerámica, primorosamente grabados con el escudo de la orden conventual.

Comentario:

Escaso bagaje medicinal usaban los monjes medievales, porque con tan elementales medios una medicina preventiva puede realizarse para algunos males, más nunca curar enfermedades graves e infecciosas. Son las mismas hierbas que daban las curanderas europeas y muy similar la curación con hierbas que los curanderos africanos y americanos utilizaban y con sus enfermos.

Tras esta reflexión surgen dudas:

  • Si la medicina de los monjes, se atribuía al amor al prójimo orientada por la religión y que los rezos ayudaban a  la curación.
  • Y la misma forma de curar con hierbas, la hacían las curanderas, a las que se les atribuía el concepto de magia y brujería, orientadas por ensalmos a demonios.
  • Si a los chamanes se les despreciaba porque con cánticos recurrían a la invocación de espíritus, y que utilizaban la ciencia del  conocimiento herborista.

Llegamos a la conclusión que la medicina de aquella época medieval  ofrecía dos contenidos diferenciados:

Los principios activos contenidos en las plantas. Aunque los africanos y nativos americanos tenían más recursos contra el dolor.

Un factor de influencia mental, donde el efecto de esperanza de curarse accede bajo un concepto de similares características de consideración sobrenatural: dioses, magias o espíritus. La aceptación, rechazo o indeferencia, está relación con las creencias culturales de los enfermos.