Fe en lo humano

Ando estos días muy ocupado con la revista (UNIVERSIEDAD), la maquetación es muy laboriosa cuando se empieza de cero, pero sigo leyendo a mi amigo John.

botes-en-el-mar-1835-40-joseph-mallord-william-turner

Hoy que el sol brilla primaveral a orillas de este Mediterráneo, que no nos merecemos,  me acerco a su diario y encuentro esta entrada que es toda una llamada al optimismo, al progreso del que tanto nos habló ayer Amparo en Estética. Es curioso que esa fe en el progreso moral del ser humano proviene casi siempre de los que adoptan posturas más cercanas al mundo real. Es como si la utopia en un mundo mejor suplantase la creencia en el más allá.

14 de abril de 1854

La desgracia de haber nacido y de estar condenado a morir casi en la infancia del progreso humano moral, intelectual e incluso físico, sólo puede aminorarse estando en comunión con aquellos que ya son todo lo que los seres humanos bien constituidos serán algún día, y teniendo conciencia de estar haciendo algo no totalmente privado de valor, en pro del lento pero gradualmente acelerado progreso hacia esa última consumación.

La dignidad y el bien común

Ahora que se habla tanto sobre la dignidad de los creyentes, de los políticos, incluso en filosofía moral se nos dice que los caminos para conseguir la felicidad no deben estar reñidos con la dignidad, creo que estos apuntes de  Stuart Mill explican  la idea de dignidad relacionada con los otros, con el bien común. 

Cuando uno contempla tantas obras mastodónticas que ofenden por innecesarias, el uso de la tortura, la manipulación de la verdad, piensa que estos atentados a la dignidad de muchas personas no se ve reflejada en los parlamentos ni en los medios de comunicación ni en las obras de arte porque, tal vez, ya nos han acostumbrado a vivir sin ella y no sabemos cómo defenderla.

10 de abril de 1854

Todos los sistemas de moral coinciden en prescribir que hemos de hacer aquello, y sólo aquello que esté de acuerdo con nuestra dignidad. La diferencia entre una persona y otra estriba principalmente en aquello con lo que se asocia la dignidad personal. En algunos, se asocia con el éxito mundano o egoísta. En otros, con el supuesto favor de los poderes celestiales. En otros, con un complacerse en la propia obstinación. En otros, con la vanidad de sí mismos. En los mejores, con la simpatía de aquellos a quienes respetan y un justo interés en el bien de todos.

Sexo meramente privado

pjaros

Meses atrás, la discusión  sobre el matrimonio homosexual recayó, por parte de lo más reaccionario de nuestro país, sobre el aspecto de lo natural en la procreación hombre-mujer, como si no pudieran adoptar hijos dos personas del mismo sexo. Los matices homofóbicos se transformaron en razonamientos “naturistas” por aquellos que hace unos pocos decenios consideraban normal que fueran delicitivos los placeres homosexuales. Una mascarada más, todo menos reconocer algo que nuestro filósofo utilitarista pensaba y explicaba hace ciento cuarenta y cinco años:

25 de marzo de 1854

Como probablemente no tenga oportunidad de escribir por extenso mis ideas sobe éste y otros asuntos, me urge dejar por escrito, siquierea sea en este lugar, mi meditada opinión de que no debe esperarse una gran mejora en el género humano mientras el instinto animal del sexo ocupe el absurdamente desproporcinado lugar que ahora ocupa; y para corregir este ma se requieren do cosas, ambas también deseable por otras razones:

  1. la primera, que las mujeres dejen de ser discrimadnas en lo que a esta función se refiere, y sean admitidas en todos los demás deberes y ocupaciones en un régimen de igualadad con los hombres
  2. la segunda, que lo que las personas hagan libremente con sus realciones sexuales sea considerado un asunto sin importancia y meramente privado, que a nadie debe interesar excepto a ellas.

Si hay niños como resultado [de estas relaciones], entonces sí comienza, ciertamente, un conjunto de importantes deberes para con los niños, que la sociedad debiera obligar a los padres a cumplir mucho más rigurosamente de lo que lo hace ahora. Pero, aparte de esta consecuencia, hacer que un ser humano sea responsable ante otra gente y ante el mundo por el acto [sexual] mismo, se pensará algún día que es una de las supersticiones y barbarismo propios de la infancia del género humano.

En 1873, casi veinte años después de escribir esto, murió J.S. Mill a la edad de setenta y siete años. Hoy, ciento cuarenta y cinco años después, parece que la infancia del género humano no termina porque en muchas naciones y sociedades humanas el sexo no es considerado como algo meramente privado.

Nada alivia más los males menores

malesmenores

Sigo con el pequeño diario del filósofo y parlamentario inglés JohnStuart Mill, ahora que la primavera por fín se decide a lucir a orillas de nuestro Mediterráneo.

En esta reflexión sobre la condolencia mutua en los momentos malos de la vida ,se expresa de un modo indirecto la realidad de nuestra vida en sociedad, comunidad que diría nuestro profesor Lison, como necesidad del ser humano. El sentimiento de amar y sentirse amado es el ingrediente más importante que nadie puede obviar para poder hablar de algo parecido a la felicidad como seres sociales que somos.

21 de marzo de 1854

Nada alivia más los males menores de la vida, y casi los convierte en bienes, que el compadecimiento de quienes nos aman y a quienes nosotros amamos de todo corazón. El caso es muy contrario cuando el mal es grande: su parte más amarga es el sufrimiento que produce en aquellos cuya vida y felicidad están ligadas a las nuestras.

Los peligros del fanatismo

Parece como si nuestro amigo Stuart Mill desde su retiro cerca de Aviñón hubiera leido los comentarios de la entrada de ayer sobre el presidente Obiang para escribir su pensamiento que publicamos hoy.

17 de marzo de 1854

Cuando vemos y sentimos que los seres humanos pueden tener el más profundo interés en lo que pueda acontecerle a su país o a la especie humana mucho después de que ellos hayan muerto, y en lo que pueden hacer mientras estén vivos para influir en  ese futuro que ellos no verán jamás, no podemos dudar que si éste y otros sentimientos similares fueran cultivados del mismo modo y en la misma medida que la religión, llegarían a constituirse en una religión

Después de leer algunos comentarios uno presiente el peligro del fanatismo, cargado de ideas no justificadas, que puede caer en manos de esos usureros de los servicios secretos de muchos paises. Usureros que guardan todas las injusticias, crímenes, violaciones, para luego puestas en otras manos seguir manipulando la política de esos paises.

Nada nuevo bajo el sol, pero…ahora hay más medios para saber distinguir las razones de unos y las sinrazones de otros, las verdades de los oprimidos, de los torturados y las mentiras de los que se amparan en los dorados doseles del poder. De eso en este país nuestro aprendimos algo en años no tan lejanos.

Este blog, humildemente, puede ayudar a  no caer postrados y cegados por el fanatismo irracional.

Nipple & shame

Viene en la prensa de estos días el disgusto del Presidente Obama por las primas cobradas por los ejecutivos de una financiera americana reflotada con fondos públicos. El país que se escandaliza porque se vea el pezón de una cantante pop en la televisión apenas se  queda impresionado al ver las vergüenzas más miserables de los capitanes de las empresas más grandes del planeta.

Ya en el siglo XIX nuestro Stuar Mill escribía cómo se regula la moralidad y la avidez de ganancias a toda costa, la primera con reglamentos pero la última con leyes que las protegen.

4 de marzo de 1854

Lo que en estos tiempos se llama moralidad es un sensualidad reglamentada, exactamente de igual modo que el amor a la ganancia está reglamentado por el establecimiento de una ley de propiedad.

De creencias y avatares

general-elio

Seguimos con el diario de J.S. Mill, con una reflexión muy actual sobre la relatividad de las creencias y cómo el ser humano va aferrándose a ellas y , al mismo tiempo, abandonando su práctica. Todos podemos encontrar en nuestras biografías esta evolución.

25 de febrero 1854

Dos de las cosa más notables en la historia de la humanidad son, en primer lugar, la crasamente inmoral norma de moralidad que los hombres han establecido para sí en la persona de sus Dioses, ya hayan sido éstos de naturaleza o de revelación; y en segundo lugar, los esfuerzos que han hecho los hombres en cuanto empezaron a mejorar, por dar explicaciones para evitar las conclusiones que se derivan de sus premisas, y por extraer de esta raíz venenosa una moralidad más tolerable. Porque los seres humanos siempre mejoran más que su religión y van dejando atrás, una por una, las partes más perversas de ésta, deteniéndose más y más en aquellas otras que son mejores o que, por lo menos, admiten una mejor interpretación. Pero este aferrarse en teoría a una norma que va abandonándose cada vez más en la práctica, es una de las causas principales por las que el intelecto humano no ha mejorado de ningún modo parecido a como lo han hecho los sentimientos.

A propósito de la puñetera manía de los humanos de alzar y derribar estatuas que analizábamos en nuestra entrada del pasado día 3 “Desprecio ilimitado”, hoy aparece en la el diario LEVANTE de nuestra ciudad una información sobre la conveniencia de quitar la calle al General Elio a raíz de las ivestigaciones de las profesoras de la Universitat de Valencia Encarna y Carmen García Monerris.

Un personaje que en un tiempo encarnó unos valores, apoyó unas creencias, está enterrado en la Catedral  y que el tiempo histórico ahora coloca en su sitio. Es muy clarificador el comentario de un responsable eclesiástico: «La Catedral no es un sitio destinado para meter y sacar como si fuera un mercado. No se está a merced de los avatares», de como las creencias van por un camino y su práctica por otro.