Elena Ortúzar, la segunda esposa de Vicente Blasco Ibáñez

Doña eEena, pintada por Sorolla.


Elena (Chile, 1872-1963) Su bella figura la realzaba con joyas exclusivas de Cartier, visones y chinchillas lucían con naturalidad en la chilena Elena Ortúzar  y hasta en su honor un día volaron cenizas de La voluntad de vivir, la novela escrita ante su desdén y quemada en su honor por el novelista Vicente Blasco Ibáñez, su amante durante años y finalmente marido.

Elena, Chita para sus elitistas familiares y amigos, conoció a Blasco en Madrid, donde había llegado junto a su marido agregado cultural de la embajada chilena, varón de mucha más edad que ella, aunque adornado por la propiedad de una fabulosa mina de cobre en los Andes. Elena había llegado a Madrid cuando la ciudad se preparaba para la boda de Alfonso XIII con Victoria Eugenia de Battenberg, en marzo de 1906, integrándose de inmediato en la alta esfera madrileña, bien dispuesta ante la novedad de una extranjera desenvuelta y chic

Elena era rubia, alta, bellos ojos azules realzados con modelos de Cartier y Bousseron, y una exuberancia que hoy resultaría excesiva pero que entonces arrebataba, respondía al prototipo de mujer mundana que brillaba en embajadas, teatros, casinos o estudios de artistas como Sorolla, al que pagó una fortuna de diez mil pesetas de entonces, una fortuna, por retratarla vestida de noche, enjoyada y tocada con una estola de armiño. El lujo era parte de su vida, nació en Santiago de Chile en una familia de ascendencia vasca y varios presidentes de la República.

Así la conoció Blasco hacia 1905, ya convertido en celebridad por novelas como La barraca y Cañas y barro y por sus actividades políticas y periodísticas. Cercano a la cuarentena y padre de cuatro hijos, su matrimonio con María Blasco se resentía de los duros años de embargos, exilio, cárcel y escarceos amorosos del artista.

Una ruptura de los amantes provoca el despecho de Blasco, y describe en La voluntad… a una bella sudamericana casada pero insatisfecha sexualmente, imperiosa y arrogante que lleva a un hombre célebre al suicidio. Una llamada de Chita provoca la reconciliación y la quema de la edición en la Malvarrosa un día antes de publicarse, hecho tan inusual en la literatura como la personalidad del novelista.

Desde entonces, estará con él cuando es agasajado por el sultán turco, da la vuelta al mundo o llega el vértigo de la fama y el dinero a espuertas con Los cuatro jinetes del Apocalipsis, primer best seller mundial y segundo libro más leído tras la Biblia, que convirtió al autor en icono mundial al ser adaptado en Hollywood con celebridades como Greta Garbo o Valentino.

Católica devota, solo al enviudar convivió abiertamente con Blasco en la

legendaria villa Fontana Rosa de Menton (Francia), donde se casaron al enviudar también él en 1925. Chita sobrevivió al escritor treinta y cinco años y murió en Santiago de Chile, donde se conserva su imponente retrato de Sorolla.

La voluntad de vivir fue escrita en dos meses, se publicó en abril de 1907 y

marca una nueva etapa en la vida personal y artística de Blasco Ibáñez, coincidiendo con sus cuarenta años y el encuentro con Elena Ortúzar, Chita. la descubrió Blasco en el estudio de su amigo Sorolla que, como él,

había sido galardonado en diciembre de ese año con la Legión de Honor francesa. Esta condecoración fue un paso más en el reconocimiento internacional del escritor y llenó de orgullo a sus paisanos, que lo celebraron leyendo en voz alta sus novelas en los casinos, vendiendo su retrato a cinco céntimos de peseta y con un multitudinario homenaje en el Teatro Principal, que él agradeció con un telegrama divulgado en El Pueblo.

La relación entre la mujer de la alta sociedad, ferviente católica y adinerada, con el escritor anticlerical y populista debió empezar muy pronto, a juzgar por las fechas de La voluntad de vivir, que narra el amor pasional de una bella sudamericana adúltera, caprichosa y voluble con un sabio español de renombre, ex diputado, al que la dama mortifica hasta arrastrarlo al suicidio. Las coincidencias autobiográficas le parecieron a Chita tan alarmantes como para suplicar a Blasco que parara la edición, y él lo hizo al mejor estilo blasquista:

Quemó la edición entera ante su casa familiar de la Malvarrosa. Aunque se

salvaron algunos ejemplares, el gesto le valió la reconciliación y dejar atrás

los romances sucesivos al margen del matrimonio por una relación exclusiva y estable en tierras francesas a partir de enviudar Chita en 1917, que acabó de facto con el matrimonio de Blasco. El traslado a Francia coincide también con su definitiva proyección internacional.

Chita acompañariá a Blasco en todos los demás viajes reales y literarios que le esperan: París con sus salones, museos y restaurantes; Oriente y la recepción con el sultán turco; la vuelta al Mundo; Nueva York; o su transformación en personaje de la jet set internacional, asiduo del casino

de Montecarlo y vestido con monóculo y frac. El éxito catártico y multimillonario de Los cuatro jinetes del Apocalipsis, su novela contra la Primera Guerra Mundial, le colocó en unas cimas de popularidad internacional no superadas en vida por ningún otro escritor español. Considerada el primer best seller internacional, solo en Estados Unidos alcanzó el millón de ejemplares y su portada fue reproducida en jabones, camisetas, cigarrillos, juguetes…, convirtió a su autor en un hombre inmensamente rico y tal éxito solo lo ensombreció la muerte en 1919, a los veintitrés años, de su hijo Julio César.

Instalado con Chita en la fabulosa Vila Fontana Rosa de la Costa Azul, en

Menton, a partir de 1921, Blasco solo se diferencia de los demás millonarios en que escribe catorce horas diarias. Por lo demás, frecuenta el cercano casino de Montecarlo porque a Chita le encanta jugar a la ruleta y vive rodeado de personajes mundanos, como el aspirante carlista Jaime de Borbón, que se convierte en uno de sus mejores amigos. En Menton lo describe el escritor y periodista Josep Pla, paseando entre el inmenso jardín dedicado a los escritores, la casa y el pabellón separado donde tiene su despacho, como «un hombre absolutamente rodeado de gloria […], era rico, ruidoso, importante, y su nombre volaba de un continente a otro». Pla menciona la presencia del chofer personal y del automóvil «enorme y aparatoso» que les conduce a comer al mítico Gran Casino de la Costa Azul, donde Blasco se movía con familiaridad y «era tratado de acuerdo a la gloria de su obra».

Desde Francia viajó a Valencia su ciudad natal,  para asistir a una semana de homenajes y fue recibido como un auténtico héroe: una lápida con su nombre, un arco triunfal en su honor en la calle San Vicente, un desfile de cabalgatas alegóricas sobre La barraca, una carroza portando el busto gigante y laureado del novelista, sería la última visita a Valencia, y estuvo  acompañado de sus hijos.

Pocos años después, el mismo ayuntamiento retiró todas las placas y signos

públicos referentes al novelista, proscrito por escribir el manifiesto Una nación secuestrada contra la dictadura de Primo de Rivera. La policía registró su casa familiar en Valencia, secuestró sus bienes y se llevó detenido a su hijo Sigfrido.

UNA DE LAS ESPOSAS EJECUTADAS DE ENRIQUE VIII-CATALINA HOWARD-.

Catalina Howard (1522-1542): Ocupó el trono real de Inglaterra como quinta esposa de Enrique VIII. Era prima de primer grado de la reina ejecutada Ana Bolena. Su casamiento con el rey se debió quizás a una imposición familiar. Ello se deduce por dos posibles razones: por un lado, se estima que estaba enamorada de otro hombre, el joven y apuesto Culpeper, de quien se murmuraba que era su amante. De otra parte tenia resentimiento a un rey que había decapitado a su prima. En la corte las damas manifestaban abiertamente que la que se casara con el rey tendría dos cabezas: “una para conservarse viva y la otra para ser decapitada por él rey.  Enrique era un rey avejentado, obeso, enfermo, y aficionado a la bebida,  no le resultaba atractivo a Catalina, que era cinco años menor que la hija de su futuro esposo. El rey Enrique manifestaba estar enamoradísimo de la joven y bella pelirroja, a la que llamaba “su rosa sin espinas” y por esto la boda y la coronación de la nueva reina se efectuaron casi inmediatamente de la anulación de su anterior matrimonio.

El clan Howard, a muy ambicioso, la propia Catalina era más dada a las intrigas amorosas que utilizaba con proyectos de ambición política. Catalina Howard no supo obtener apoyos dentro de la Corte, ni la simpatía de su hijastra, María, hasta el punto de expresar que “Lady María no la trataba con la debida reverencia, pareciendo olvidar que ella era sólo una bastarda real”. La madrastra retribuyó la malquerencia, logrando que el rey hiciera despedir a tres de las damas de honor de la princesa María y le redujera el dinero que le era otorgado para sus gastos. La princesa decidió entonces que le era más provechoso acordar con la nueva reina y, al hacerlo, le fueron devueltas sus damas de honor y su renta.

Al poco tiempo a través de las intrigas cortesanas Catalina fue acusada de adúltera. Se dijo que Catalina era promiscua, que lo había sido antes de su matrimonio y lo siguió siendo durante éste, que seguía viéndose con su antiguo amante Culpeper y con otros, y que el único que lo ignoraba era el rey. Como elementos probatorios de la infidelidad y el comportamiento licencioso de Catalina, se ofrecieron al rey una serie de cartas “apasionadas” escritas por la reina a uno de sus amantes. La reina apenas sabía escribir su nombre, lo que demuestra la falsedad de estas supuestas pruebas. Es decir, que ni al mismo rey pudieron haber engañado. Pero éste las admitió, quizá para reforzar su orden de encarcelamiento de su esposa y su posterior condena, acusada de falta de castidad antes de su matrimonio y adulterio durante éste. Cuando por orden del rey, fue encerrada en la torre del castillo de Hampton Cauri, a orillas del Támesis.  No hubo clemencia para ella y posteriormente la condujeron en un bote por el Támesis para trasladarla a la Torre de Londres, para ser allí decapitada cuando contaba apenas veinte años. En la actualidad se dice que el fantasma de Catalina Howard deambula por la galería que conduce a la capilla del magnífico palacio de Hampton Court y que en el aniversario de su captura pueden escucharse sus estridentes gritos.

Catalina, fue la segunda de las 5 hijas de Lord Edmund Howa y Joyce Cultpepper. El padre de Catalina tenía problemas económicos. Su sobrina Ana entonces reina, le consiguió un empleo en el gobierno, trabajando para el rey en Calais. En ese momento, la joven Catalina fue enviada a vivir con su abuela, Elizabeth que regentaba una casa de huéspedes y recibía a numerosos visitantes; a los 12 años, inicio un romance con su profesor de música, Henry Mannox. El romance terminó cuando Catalina se enamoró de un joven secretario, Francis Dereham. Se convirtieron en amantes, asunto que pasó a ser del conocimiento de los huéspedes de la mansión.

A finales de q539, Catalina consiguió el empleo de dama de compañía de la nueva esposa de Enrique VIII, la reina Ana de Cleves. Al ser una adolescente atractiva, Catalina captó la atención del rey Enrique que anuló su matrimonio con Ana, y se casó con Catalina -que había sido su amante durante meses.  Enrique, llenó a su joven esposa de joyas y otros regalos extremadamente caros. El rey desconocía el pasado de Catalina a la que consideraba una reina joven y virtuosa.

A pesar de todas estas riquezas, Catalina encontró que su matrimonio no le satisfacía. Le desagradaba el cuerpo de su esposo y buscaba entretenimientos amorosos en cualquier parte. Inició un romance con uno de los cortesanos favoritos del rey, Thomas Culpeper, antiguos huéspedes de la casa de su abuela contactaron con Catalina para pedirles favores a cambio de su silencio. Sus antiguos amantes Henry Mannox y Francis Dereham estaban entre ellos.

Aumentaron los rumores sobre la conducta de la reina. Uno de los antiguos compañeros de Catalina reveló las relaciones que la reina había mantenido. En un principio, el rey no quiso creerlo hasta que las evidencias fueron demasiado claras para negar el hecho. Catalina fue puesta bajo vigilancia en sus aposentos, acompañada tan sólo de una de sus damas de compañía. Fue interrogada por los consejeros del rey en numerosas ocasiones.

Fue acusada de adulterio que, en el caso de la reina, significaba traición y condenada fue llevada a la Torre de Londres en  1542. La noche anterior a su ejecución, Catalina pasó horas practicando como colocar su cabeza sobre el cadalso. Fue ejecutada y llegó al cadalso con dignidad, aunque se la veía pálida y aterrorizada. Antes de morir, pidió perdón y rezó por la salvación de su alma. Su muerte fue rápida. Catalina fue enterrada en la capilla de San Pedro-ad-Vincula.

Comentario:

Está historia que incluye ambiciones y deseos sexuales exacerbados, fue una historia que fue divulgada mediante las publicaciones de caña y cordel que recorría España, con los ciegos cantores.

Fuente: Vida y Pasión de Grandes Mujeres – Las Reinas – Elsa Felder

MUJERES CIENTÍFICAS DEL SIGLO XVII y XVIII

Durante los s.XVII y XVIII, las mujeres de la aristocracia tenían cierto poder y prestigio social, pero los historiadores de la ciencia solo les conceden un papel pasivo, siendo obligadas a ocupar posiciones periféricas.

A partir del s.XVII, las mujeres de las clases acomodadas recibían educación en casa. Algunas mujeres de las clases intermedias asistían a colegios femeninos en conventos. Las campesinas eran analfabetas.  Se tienen datos de damas que durante el s.XVII estudiaron filosofía, gramática, latín, griego…. y eran calificadas de sabihondas, respondonas, etc… En Inglaterra, la filosofía natural fue para algunas mujeres una alternativa al estudio de los clásicos.

Dos factores influyeron de manera decisiva en el acceso de las mujeres a la actividad científica durante el s.XVII y parte del XVIII: El entorno familiar, y la categoría no profesional de la ciencia.  En esta época. Cada vez son más las científicas que, en la época del positivismo, y a pesar de la desconfianza y la hostilidad típica de los ambientes masculinos, cerrados y elitistas, empiezan a entrar en la comunidad científica, suceso que tendrá gran importancia para toda la sociedad en un momento en el que surgen los primeros movimientos de liberación de las mujeres.

La construcción de la ciencia moderna se establece a lo largo de los s.XVII y XVIII, que constituyen un periodo de especial desarrollo del conocimiento científico y la contribución de las mujeres ha dicho conocimiento. Es durante la revolución científica del s. XVII cuando se asientan las verdaderas bases para el ingreso de las mujeres en el mundo científico.  Lo más destacable de este período es que la actividad de las científicas no se desarrolla sólo en el campo de la medicina, como había ocurrido en el pasado; las mujeres ya están presentes en todos los terrenos del saber: química, botánica, ciencias naturales, biología, geología, astronomía y matemáticas.

Durante el s.XVII se desbordó el interés por los hechos científicos. Se extendió la afición al naturalismo y, especialmente en Paris, las mujeres de las clases altas coleccionaban toda clase de objetos: conchas, estalactitas, insectos, etc…      Podemos citar a varias mujeres que durante esta época trabajaron en algunas actividades científicas. Se encuentran entre ellas filosofas, astrónomas, alquimistas, entomólogas, botánicas, expertas en medicina, doctoras en filosofía La filosofía natural en la Europa del s.XVII era una nueva empresa que luchaba por su reconocimiento  por parte de las jerarquías. La filosofía natural estaba intentando liberarse de la Universidad medieval y necesitaba otro tipo de instituciones.

En física las obras del newtonianismo ingles y el cartesianismo francés fueron traducidas a diversos idiomas, y esta labor corrió a cargo de mujeres, por ejemplo Claudine Picardet, que trabajó en un laboratorio, aprendió sueco y alemán para traducir los volúmenes de las “Memorias de Química” de Scheele y probablemente ayudó a su marido Morveau en la traducción y comentarios de los dos volúmenes de Bergman. Esta labor de traducción realizada por mujeres, fundamental para el desarrollo de la ciencia, no goza hoy de reconocimiento desde la perspectiva de la ciencia moderna. Las mujeres que estudiaban se las llamo “damas de la ciencia” y alcanzaron niveles de competencia inimaginables para sus antecesoras, lo que constituyó un mayor motivo de orgullo para ellas.

Citemos de esta época a: María de Zayas, María Andrea Casamayor y de la Coma, Emile du Chatelet, Mary Anning, Margaret Cavendish, Anne Finch, Maria Sybilla,  Merian, Mary Pierrepoint, Maria Gaetana Agnesi, Caroline Herschel, Marianne North, Marie Sophie Germain.

Comentario:

La absurda posición del varón en aquella época discriminada durante siglos, era injusta e inhumana ante la mujer.

El acercamiento a las artes y las ciencias en la sociedad del Renacimiento, permitió facilitar las circunstancias para que se abriera el campo de participación en el saber e iluminar el conocimiento humano sin diferencia de género. Afortunada circunstancia que inicio el camino de la igualdad.

Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana

Olympe de Gouges redacto en 1791 la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana (Déclaration des Droits de la Femme et de la Citoyenne), es un importante documento en similitud a la Declaración de Derechos del Hombre y del Ciudadano, de 1789 (que sirvió de ideología para llevar a cabo la revolución francesa).  Es uno de los primeros documentos históricos que propone la emancipación femenina,  constituye por sí misma un alegato brillante y radical en favor de las reivindicaciones femeninas y una proclama auténtica de la universalización de los derechos humanos. Su autora denunciaba que la revolución olvidaba a las mujeres en su proyecto de igualdad y libertad. Defendía que la mujer nace libre y debe permanecer igual al hombre en derechos y que la Ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y los Ciudadanos deben contribuir, personalmente o por medio de sus representantes, a su formación.

Reclamaba un trato igualitario hacia las mujeres en todos los ámbitos de la vida tanto públicos como privados: derecho al voto y a la propiedad privada, poder participar en la educación y en el ejército, y ejercer cargos públicos llegando incluso a pedir la igualdad de poder en la familia y en la Iglesia.

Parece que Olympe de Gouges no creía que mujeres y hombres fueran iguales. Al contrario que la mayoría de las teóricas de la igualdad, pensaba que había dos naturalezas distintas para hombres y para mujeres, y que la de las mujeres era superior. Esa convicción de las dos naturalezas es palpable en el texto que precede a la declaración.

El planteamiento feminista no era compartido por los varones que dirigían la revolución, ni siquiera los más radicales. Olympe de Gouges fue acusada de traición a la revolución por oponerse a la pena de muerte contra el rey Luis XVI.

DECLARACIÓN DE LOS DERECHOS DE LA MUJER Y DE LA CIUDADANA

(Redactada para ser decretada por la Asamblea Nacional Francesa)

PREÁMBULO

Las madres, hijas, hermanas, representantes de la nación, piden que se las constituya en asamblea nacional. Por considerar que la ignorancia, el olvido o el desprecio de los derechos de la mujer son las únicas causas de los males públicos y de la corrupción de 105 gobiernos, han resuelto exponer en una declaración solemne, los derechos naturales, inalienables y sagrados de la mujer a fin de que esta declaración, constantemente presente para todos los miembros del cuerpo social les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes, a fin de que los actos del poder de las mujeres y los del poder de los hombres puedan ser, en todo instante, comparados con el objetivo de toda institución política y sean más respetados por ella, a fin de que las reclamaciones de las ciudadanas, fundadas a partir de ahora en principios simples e indiscutibles, se dirijan siempre al mantenimiento de la constitución, de las buenas costumbres y de la felicidad de todos.

En consecuencia, el sexo superior tanto en belleza como en coraje, en los sufrimientos

maternos, reconoce y declara, en presencia y bajo 105 auspicios del Ser supremo, los

Derechos siguientes de la Mujer y de la Ciudadana.

ARTÍCULO PRIMERO

La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos, Las distinciones sociales

sólo pueden estar fundadas en la utilidad común.

ARTÍCULO SEGUNDO

El objetivo de toda asociación política es la conservación de los derechos naturales e imprescriptibles de la Mujer y del Hombre; estos derechos son la libertad, la propiedad,

la seguridad y, sobre todo, la resistencia a la opresión.

ARTÍCULO TERCERO

El principio de toda soberanía reside esencialmente en la Nación que no es más que la

reunión de la Mujer y el Hombre: ningún cuerpo, ningún individuo, puede ejercer  autoridad que no emane de ellos.

ARTÍCULO CUARTO

La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece a los otros; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer sólo tiene por límites la tiranía perpetua que el hombre le opone; estos límites deben ser corregidos por las leyes de la naturaleza y de la razón.

ARTÍCULO QUINTO

Las leyes de la naturaleza y de la razón prohíben todas las acciones perjudiciales para la

Sociedad: todo lo que no esté prohibido por estas leyes, prudentes y divinas, no puede

Ser impedido y nadie puede ser obligado a hacer lo que ellas no ordenan.

ARTÍCULO SEXTO

La ley debe ser la expresión de la voluntad general; todas las Ciudadanas y Ciudadanos

deben participar en su formación personalmente o por medio de sus representantes.

Debe ser la misma para todos; todas las ciudadanas y todos los ciudadanos, por ser iguales a sus ojos, deben ser igualmente admisibles a todas las dignidades, puestos  empleos públicos, según sus capacidades y sin más distinción que la de sus virtudes y sus talentos.

ARTÍCULO SÉPTIMO

Ninguna mujer se halla eximida de ser acusada, detenida y encarcelada en los casos  determinados por la Ley. Las mujeres obedecen como los hombres a esta Ley rigurosa.

ARTÍCULO OCTAVO

La Ley sólo debe establecer penas estricta y evidentemente necesarias y nadie puede ser

castigado más que en virtud de una Ley establecida y promulgada anteriormente al delito y legalmente aplicada a las mujeres.

ARTÍCULO NOVENO

Sobre toda mujer que haya sido declarada culpable caerá todo el rigor de la Ley.

ARTÍCULO DÉCIMO

Nadie debe ser molestado por sus opiniones incluso fundamentales; la mujer tiene el derecho de subir al cadalso; debe tener también igualmente el de subir a la Tribuna con tal que sus manifestaciones no alteren el orden público establecido por la Ley.

ARTÍCULO DECIMOPRIMERO

La libre comunicación de los pensamientos y de las opiniones es uno de los derechos más preciosos de la mujer, puesto que esta libertad asegura la legitimidad de los padres con relación a los hijos. Toda ciudadana puede, pues, decir libremente, soy madre de un hijo que os pertenece sin que un prejuicio bárbaro la fuerce a disimular la verdad; con la salvedad de responder por el abuso de esta libertad en los casos determinados por la Ley.

ARTÍCULO DECIMOSEGUNDO

La garantía de los derechos de la mujer y de la ciudadana implica una utilidad mayor; esta garantía debe ser instituida para ventaja de todos y no para utilidad particular de aquellas a quienes es confiada.

ARTÍCULO DECIMOTERCERO

Para el mantenimiento de la fuerza pública y para los gastos de administración, las contribuciones de la mujer y del hombre son las mismas; ella participa en todas las prestaciones personales, en todas las tareas penosas, por lo tanto, debe participar en la distribución de los puestos, empleos, cargos, dignidades y otras actividades.

ARTÍCULO DECIMOCUARTO

Las Ciudadanas y Ciudadanos tienen el derecho de comprobar, por sí mismos o por medio de sus representantes, la necesidad de la contribución pública. Las Ciudadanas únicamente pueden aprobarla si se admite un reparto igual, no sólo en la fortuna sino también en la administración pública, y si determinan la cuota, la base tributaria, la recaudación y la duración del impuesto.

ARTÍCULO DECIMOQUINTO

La masa de las mujeres, agrupada con la de los hombres para la contribución, tiene el derecho de pedir cuentas de su administración a todo agente público.

ARTÍCULO DECIMOSEXTO

Toda sociedad en la que la garantía de los derechos no esté asegurada, ni la separación de los poderes determinada, no tiene constitución; la constitución es nula si la mayoría de los individuos que componen la Nación no ha cooperado en su redacción.

ARTÍCULO DECIMOSÉPTIMO

Las propiedades pertenecen a todos los sexos reunidos o separados; son, para cada uno, un derecho inviolable y sagrado; nadie puede ser privado de ella como verdadero patrimonio de la naturaleza a no ser que la necesidad pública, legalmente constatada, lo exija de manera evidente y bajo la condición de una justa y previa indemnización.

EPÍLOGO

Mujer, despierta; el rebato de la razón se hace oír en todo el universo; reconoce tus derechos. El potente imperio de la naturaleza ha dejado de estar rodeado de prejuicios, fanatismo, superstición y mentiras. La antorcha de la verdad ha disipado todas las nubes de la necedad y la usurpación. El hombre esclavo ha redoblado sus fuerzas y ha necesitado apelar a las tuyas para romper sus cadenas. Pero una vez en libertad, ha sido injusto con su compañera. ¡OH, mujeres! ¡Mujeres! ¿Cuando dejaréis de estar ciegas? ¿Qué ventajas habéis obtenido de la revolución? Un desprecio más marcado, un desdén más visible. […] Cualesquiera sean los obstáculos que os opongan, podéis superarlos; os basta con desearlo.

CIENTIFICA ITALIANA PERSEGUIDAS POR EL FASCISMO


Eugenia Sacerdote de Lustig (1910) Química y bióloga.

Estudio en la cátedra de histología de la Universidad de Turín (Italia), era uno de los centros de investigación médica más avanzados de Europa.  El profesor Giuseppe Levi,  titular de la cátedra, distinguió a sus cuatro mejores discípulos como ayudantes internos,  Eran: Rita Levi Montalcini, Renatto Dulbecco, Salvador Luria que con el tiempo obtuvieron respectivos premios Nóbel en Medicina, Eugenia Sacerdote con idéntica calidad intelectual y profesional, más sin los suficientes medios para desarrollar al máximo su capacidad creadora no ganó el Premio Nóbel, pero se convirtió en una verdadera pionera de la ciencia en el país. Todos huyeron de la dictadura del fascismo italiano por las leyes antisemitas. De esta forma perdió Italia el privilegio de ser una de las potencias en investigación cayendo en el marasmo.

Se caso a los 29 años con Mauricio Lustig,  nació y estudió en  Italia,  más fue la Argentina donde realizó las más productiva e interesantes realizaciones en investigación. Cuando llegó a Argentina 1939, Eugenia Sacerdote era una gran especialista en el cultivo de los tejidos en vitro, técnica para aquel país desconocida en aquella época.

Su primer empleo lo obtuvo en la cátedra de Histología de la Facultad de Medicina. Allí, con la tenacidad suficiente  para vencer las adversidades que la situación imponía a los inmigrantes, Eugenia Sacerdote, logró una ubicación en el plano científico nacional, aun cuando a veces su sueldo no existía o solo consistía en el sobrante de las partidas destinadas para la compra de material de tubos de ensayo para el laboratorio.

La doctora Eugenia, pasó al Instituto de Bacteriología Malbrán, donde en 1956, siendo jefa del Departamento de Virología, el gobierno  de Argentina, la envió a Estados Unidos para compenetrarse con la técnica de vacunación antipoliomielítica del doctor Jonas Salk.

Eran tiempos de la terrible epidemia en la Argentina y Eugenia era la única persona que podía realizar los análisis de laboratorio. A su regreso de los Estados Unidos, se convirtió en la primera en probar la vacuna en el país.

En el Instituto de Oncología, más tarde, unió la histología con la lucha contra el cáncer, realizando investigaciones que tuvieron resonancia internacional. Fue también docente y miembro de la cátedra de Biología de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales.

Ganadora del Premio Hipócrates en 1992/el galardón más importante de la medicina argentina/. Eugenia Sacerdote fue uno de los referentes de la investigación científica en el país: ha publicado más de 180 trabajos en revistas científicas nacionales y extranjeras y formado decenas de discípulos de idéntica calidad profesional que su maestra.

A los 85 años es investigadora superior del CONICET, presidenta del Instituto de Investigaciones Médicas Albert Einstein y directora de Investigaciones del Instituto Angel Roffo. Allí desarrolla trabajos sobre el mal de Alzheimer, genética y oncología experimental.

Rita Levi-Montalcini Italiana,

Nació en Turín, en el seno de una familia judía de clase media. En 1930 comenzó sus estudios en la universidad junto a 300 alumnos más, de los que solamente siete eran mujeres. Cuando tenia 20 años, manifesto: “No siento ninguna vocación para la vida matrimonial ni para la maternal y quiero reanudar mis estudios. Estoy convencida de que la profesión idónea para mí es la medicina”.

El antisemitismo fascista italiano hicieron que junto a su familia, emigrara al sur de Italia con documentos falsos para ocultar su identidad judía, trasladando también allí su pequeño e improvisado laboratorio, donde prosiguió con sus investigaciones sobre “Función y estructura del sistema nervioso en embriones”, en un improvisado laboratorio instalado en su propia habitación, donde trabajó hasta que al finalizar la guerra fue destinada a un hospital de refugiados de guerra entre los que se propagó una epidemia de tifus abdominal. Murieron cientos de personas, esta terrible experiencia influyó poderosamente en su decisión de no ejercer la profesión médica y dedicarse a la investigación.

En 1947 fue invitada por la Universidad de Sant Louis para, durante seis meses, explicar sus trabajos sobre neuro-embriología. Permaneció en los Estados Unidos durante 13 años investigando sobre las neuronas que permitirá resolver el enigma del fenómeno de la conciencia humana. En 1960 vuelve a Italia donde crea el Labotatorio de Biología Celular. En 1986 Rita recibe el Premio Nobel de Medicina por su descubrimiento del “Factor de crecimiento nervioso”.

Comentario:

Que triste situación la de las personas perseguidas por su raza o creencias, que absurda la teorías de discriminación, que horribles dogmas que separan a quienes no son o piensan como ellos, que perdida humana de alto valor tuvieron por ideologías políticas los países fascistas y dictatoriales de todo tipo. Esperemos que estas humillaciones a los demás desaparezcan de los dogmas y los pueblos convivan con entendimiento humano.


Francisca Guarch, marcho voluntaria a la guerra carlista disfrazada de hombre


(Castellfort, Castellón, 1857-Ulldecona?, Tarragona, 1903)

Hacía falta valor en la España de 1872 para recorrer solo y andando casi cuatrocientos kilómetros en un país recién salido de la Revolución del 68 y sacudido por la III Guerra Carlista, máxime siendo una mujer de quince años, pero el arrojo fue consustancial a la voluntaria carlista Francisca Guarch, castellonense de Castellfort, nacida en 1857. Es necesaria haber estado sometida a un acondicionamiento como para creer que la doctrina que exigía la vuelta a la Inquisición merecía el sacrificio humano. Francisca de modesta familia de tejedores y deslumbrada por los relatos de su padre, una tarde cuando salió de la Iglesia tras rezar el Rosario y marchó hacia Benasal sin avisar a nadie, con lo puesto y decidida a imitar a su hermano mayor sumándose a alguna de las partidas voluntarias que defendían la causa carlista.

Temiendo ser reconocida en el Maestrazgo, marcha a Cataluña y alterna las jornadas agotadoras con ocasionales trabajos a cambio de comida hasta encontrarse con un matrimonio, también tradicionalista, que le cambia sus sayas femeninas por pantalón de pana, blusón y gorra. Un corte de pelo y Francisca se transformó en Francisco, un imberbe pero «fornido y bien dispuesto muchacho» que llegó a Gerona y logró el fusil y la ansiada boina encarnada que harían de ella una heroína.

Estampido de cañones, noches al raso, olor a sangre y pólvora llegaron a la vida del «bizarro Francisco», capaz de cargar kilómetros con un camarada herido, ejecutar a un traidor o granjearse la admiración de voluntarios y jefes de partida por su valor: «este muchacho es un león», diría su capitán mientras el infante Alfonso le otorgaba la cruz del mérito militar que muestra hoy la foto exhibida en los museos del Ejército de Madrid y Valencia.

Las agallas de «lo valensianet» luchando admiraban tanto como su gracejo con las jóvenes allí donde recalaba la partida. Así vivió un delirante enredo fingiendo ser el marido de una recién casada y llegó a prometerse con una pubilla llamada Carmen, a quien colmaba de requiebros y por quien tuvo una disputa «entre hombres» que llevó a Francisco/a varios días a la cárcel.

La aventura acaba cuando su padre, que la busca sin tregua en una larga odisea, la encuentra finalmente en Mieras. La noticia de una mujer disfrazada de hombre entre las filas carlistas se convierte en leyenda y, tras vivir un tiempo en Francia por seguridad, trabajando de criada en una familia carlista, al volver a Castellfort es ya una heroína. Aún protagonizaría otras hazañas vitales esta atípica mujer que acabó sus días convertida en fervorosa monja de la Caridad hasta su muerte en 1903-

La gesta y obligada retirada de Francisca a Francia fue recordada años después en sus memorias por María de las Nieves de Braganza de Borbón, otra carlista singular que interrumpió su luna de miel para incorporarse al frente, tras casarse en un castillo de Baviera con el infante Alfonso, hermano del pretendiente carlista al trono, Carlos VII. Hija del rey portugués en el exilio, María de las Nieves acompañó voluntariamente a su marido mientras éste dirigió la campaña catalana de la III Guerra Carlista y cuenta cómo tomaron por loco al padre de Francisca cuando se presentó reclamándola, así como la reacción de su hija: «Estaba desconsolada porque ahora, ¡adiós filas! ¡Adiós batirse por la Religión!, único motivo por el que dejó su casa… Tenía una fuerza extraordinaria para su edad. […] ¡Qué dolor el abandonar su uniforme! El quedar en España era demasiado expuesto […], así que la mandamos a Francia».76. Esta es la versión de su biógrafo, Jorge de Pinares, pero el morellano Francisco Medina conserva algunas páginas de una vieja revista carlista de su bisabuelo, Pelayo Beltrán, donde figura que Francisca murió «pobre, sola y casi abandonada en el humilde rincón de su casita de Castellfort». Al cierre de esta edición no he podido confirmar cuál es la versión fidedigna.

El paso a suelo francés llegó a ser práctica habitual a medida que avanzaba y se perdía la guerra, y algunos historiadores cifran en veinte mil los refugiados carlistas al otro lado de los Pirineos. Muchos aceptaron los indultos que ofrecieron sucesivamente el rey Amadeo de Saboya y la I República, pero en el ideario carlista estaba mal visto y Francisca lo rechazó varias veces.

La simpatía de las comarcas castellonenses del Maestrazgo y otras del interiorpor la causa ultra-conservadora y antiliberal del carlismo se remonta a su propio origen, en 1833, cuando la muerte de Fernando VII divide a los partidarios de que herede el trono su hija, Isabel II, y a quienes defienden la coronación del hermano del rey, el infante Carlos María Isidro, que dará nombre al movimiento. Con el lema de «Dios, Patria y Rey», el carlismo abanderaba la vuelta a la monarquía absoluta del Antiguo Régimen, la restauración de la Inquisición y la promesa de restituir los fueros tradicionales abolidos por los decretos de Nueva Planta, lo que sin duda incidió en la adhesión al movimiento de valencianos, catalanes y vascos. Además, en el caso del Maestrazgo, de la primera revuelta salió un líder carismático que imprimió en la causa tintes épicos y enorme arraigo popular: el general Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrat.

Cabrera había nacido en el barrio de pescadores de Tortosa (Tarragona) en 1806, hijo de un marino mercante y de una mujer de gran religiosidad que le encaminó al sacerdocio. Apasionado, vehemente, católico tramontano e intrépido, dejaría el seminario para unirse al levantamiento de Morella del barón de Hervés y secundar el nombramiento del pretendiente carlista como rey Carlos V. Desde la capital de Els Ports llegó a organizar un territorio autónomo carlista con más de cuarenta pueblos, con prensa, recaudación e instituciones

propias, a la vez que ganaba el apelativo de Tigre por su ferocidad en la batalla y habilidad para burlar el cerco enemigo. Pese al fracaso de esta I Guerra Carlista, se convirtió en general, conde de Morella y héroe romántico popular que inspiró a escritores como Galdós, Baroja o el inglés George Borrow, que extendió su leyenda al extranjero. Fracasada también la II Guerra Carlista (1846-49), acabó exiliándose en Londres y allí permaneció hasta su muerte, treinta años después. Casado con una rica heredera inglesa, convertido en un exquisito gentleman, Cabrera siempre fue un referente para las bases populares, pero se distanció de la cúpula tradicionalista al asumir el liderazgo Carlos VII, nieto del primer pretendiente carlista.

El veterano general discrepó de declarar la III Guerra Carlista, convencido de que estaba abocada al fracaso y de la necesidad de buscar una vía de reconciliación: «Yo soy el que hace cuarenta años acaudillaba […] las huestes defensoras de la tradición […] que llegó a ser amado y temido. El mismo y con el mismo anhelo de servir a mi patria, y con la misma fe […] yo que pordestino de Dios y mi desgracia he venido a personificar […] los sentimientos propios de la guerra civil, españoles, creedme, solo el nombrar esta calamidad me aflige, porque la conozco bien y la detesto […]. Españoles, piedad de la nación, que también es nuestra madre».8

El tiempo acabaría dándole la razón y, como antes Francisca Guarch y tantos otros carlistas, el infante Alfonso, María de las Nieves y Carlos VII tuvieron que cruzar la frontera ante la evidencia del fracaso bélico en 1876 frente a las tropas de Alfonso XII. Las palabras del pretendiente carlista al cruzar los Pirineos, «Volveré, para salvar España», fueron su último error estratégico en la contienda.

FUENTES :

«Manifiesto a la nación», Ramón Cabrera, en Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, el carlismo entre elantiguo Régimen y la Restauración, Javier Urcelay Alonso, Barcelona 2006.

Mis memorias sobre nuestra campaña en Cataluña en 1872 y 1873 y en el centro en 1874, María de las Nieves de Braganza de Borbón, Madrid 1934-38.


Mencía de Mendoza, HUMANISTA Y POLÍTICA

Mencía de Mendoza 1508 – 1554), fue una política española, discípula del humanista Luis Vives.  Era hija del segundo matrimonio de Rodrigo, primer Marqués de Cenete, con María de Fonseca y Toledo. Nació en Jadraque pero pronto marcharía a  Granada y, más tarde, a Ayora (Valencia). Educada en un ambiente humanista y culto ampliaría la biblioteca heredada de su padre.

A los catorce años se convertiría por herencia en la segunda Marquesa de Cenete y Condesa de Cid. Heredera apetecible, se casó en 1524 en Burgos (tras una larga negociación) con Hendrik (Enrique) III de Nassau-Dillemburg. El matrimonio fue preparado por el emperador Carlos V. Los Mendoza hubieron de acatarlo, no sin que Mencía lograra buenas claúsulas para caso de viudedad y sobre la primacía del apellido Mendoza sobre el Nassau en caso de tener hijos. Hendrik era uno de los hombres de más confianza de Carlos V, aunque prefería la milicia y por ello fue jefe de diversos ejércitos imperiales. Vuelve a Flandes en 1535 y allí fue mecenas de pintores y artistas como Gossaert o van Orley, quienes le retrataron. Muerto su marido regresa a Valencia.

Se opuso al segundo casamiento que Carlos V le aconsejó con un hijo del marqués de Mondejar,  porque este “no deseaba ver la espalda de ninguna dama castellana”. Acabó casada con el Duque de Calabria Fernando de Aragón, Virrey de Valencia y viudo a su vez de Germana de Foix. Antes de ello, obliga a que Fernando expulsara de Valencia a su amante. Con su marido reside en Valencia y Jadraque, enviudando en 1550. La corte local de la virreina en valencia fue un importante centro cultural, vigilado a distancia por la Inquisición por las ideas que allí imperaban.

En sus últimos años sufrió de una hiperobesidad (que le impedía respirar) y calvicie, triste fin de quien había deslumbrado a sus contemporáneos por su belleza, riqueza y saber. Fue enterrada junto a sus padres en convento de Santo Domingo de Valencia. Su hermana María la heredo, la cual estaba casada con el Conde de Saldaña.

Su cultivo de las humanidades le haría relacionarse con algunos erasmistas españoles. Contribuyó a introducir el arte español en los Países Bajos y el arte flamenco en España. Contó con el apoyo de algunos sectores liberales de la Corte y del propio Emperador, sus ideas humanistas fueron una controversia continua para aquellos círculos de poder atados al feudalismo más absoluto. En cuanto a su función política, Mencía de Mendoza fue un contacto muy importante en las relaciones culturales de los Países Bajos con España.

Mencía de Mendoza merece nuestro homenaje, respeto y agradecimiento, porque trabajó toda su vida por la dignidad de la mujer y la transformación de la sociedad a través de la educación.

Nota: En 2007 editorial Nausicaa ha publicado “La Dama y el Humanista” del profesor Simón A. Vosters, estudioso de doña Mencía y autor de varias publicaciones sobre ella. La biografía más moderna de un auto español consta de dos tomos de Noelia García Pérez, “Arte, poder y género” y “Entre España y Flandes” (corpus documental), ambos de editorial Nausicaa, 2004.