La Semana Trágica de Barcelona (1909) y el ensañamiento de las partes.

Se conoce con el nombre de Semana Trágica a los acontecimientos desarrollados en Barcelona y otras ciudades Catalanas, entre el  26 de Julio al 2 de Agosto de 1909. Cataluña en vanguardia industrial en España, vivía movimientos de lucha  obrera, El Partido Republicano Radical  de Alejandro Lerroux  desarrolló en la Ciudad Condal  su programa demagógico y anticlerical. Desde principios de siglo (1907) se había creado  Solidaridad Obrera, organización anarquista que nació como respuesta a la burguesa patronal  y nacionalista Solidaritat Catalana.

La Ley de Jurisdicciones de 1906 trajo un reforzamiento en la ciudad de Barcelona del anticlericalismo y antimilitarismo. La política autoritaria del gobierno de Maura encrespo los ánimos. Sin embargo, fue la guerra de Marruecos, la que determinó el estallido de la Semana Trágica, Los ataques de los habitantes del Rif contra los trabajadores españoles de una compañía minera llevó a la movilización de reservistas. Las protestas obreras aparecieron en Barcelona y Madrid. Cuando se ordena la movilización de los reservistas, medida muy mal acogida por las clases populares debido a la legislación de reclutamiento vigente que permitía quedar exento de la incorporación a filas mediante el pago de un canon de 6.000 reales,  cantidad que no estaba al alcance del pueblo (el sustento diario de un trabajador ascendía en la época aproximadamente a 10 reales). Además la mayor parte de los reservistas eran padres de familia en las que la única fuente de ingresos era el trabajo de éstos.

El domingo 18 de Julio 1909, es la  fecha del primer embarque previsto en el puerto de Barcelona, varias aristócratas barcelonesas algunas con hijos eximidos de partir a la guerra mediante el pago de los 6.000 reales, se presentan en el puerto para entregar a los soldados reservistas escapularios, medallas de vírgenes ó santos y tabaco, lo que provocó tumultos populares.

El día 26 de julio 1909 estalló la huelga general en Barcelona, convocada por Solidaridad Obrera y la UGT. Hubo tres días de protestas, quemas de conventos, enfrentamientos con el ejército. La huelga general fue seguida mayoritariamente en Barcelona,  y sus areas industriales: Sabadell, Tarrasa, Badalona. Mataró, Sitges y Granollers. Se creó un comité de huelga para su coordinación y dirección. Las autoridades ordenaron la salida del ejército a la calle, que fue acogido por la población con gritos de ¡Viva el Ejército!¡Abajo la guerra!, y salvo incidentes muy esporádicos resultó una jornada pacífica.

El 27 de Julio, llegan noticias de África, donde perecieron 200-300 reservistas, en su mayor parte del contingente que salió de Barcelona el día 18 de julio, provocó el inicio de la auténtica insurrección con el levantamiento de barricadas en las calles.

La inicial protesta antibelicista se transforma en protesta anticlerical, con el incendio de iglesias, conventos y  escuelas religiosas. Este giro anticlerical de los amotinados tiene su causa en varios motivos muy arraigados en el proletariado urbano al ser la Iglesia  Catolica que estando mas en contacto con el pueblo, estaba más unido a los goberanantes y burguesia, lo que daba lugar a fricciones continuas. Por ejemplo, la educación era impartida en escuelas controladas por la Iglesia y se inculcaba a los hijos de los obreros unos valores contrarios a la causa obrera; o los hospitales e instituciones de beneficencia estaban regentados por religiosos; y la Iglesia impulsaba los denominados sindicatos amarillos, enfrentados al sindicalismo obrero mayoritario en la ciudad.

Se proclama el “estado de guerra” en la ciudad y la proclamación de la ley marcial y el toque de queda,  y comienzan los primeros disparos, en la zona de Las Ramblas,  el ejército abandona la actitud pasiva mantenida hasta entonces y hace que se enconen aún más los ánimos.

El 28 de Julio, Barcelona amanece con numerosas columnas de humo procedentes de los edificios religiosos asaltados e incendiados. El comité de huelga se muestra incapaz de controlar a los obreros y la insurrección se desborda alcanzando esta su clímax ya que la ciudad no dispone de tropas con que hacer frente a los amotinados al negarse la guarnición y las fuerzas de seguridad a combatir a los huelguistas a quienes consideran sus compañeros.

29 de julio. La falta de una dirección efectiva hace que el motín popular inicie su declive. La única esperanza de los sublevados es que la situación se extienda al resto de la Península, lo cual no se produjo al actuar el Gobierno aislando Barcelona y difundiendo la noticia falsa de que los sucesos de la ciudad tenían carácter separatista. Este mismo día llegan a Barcelona tropas de refuerzo procedentes de  varias procedencias, que finalmente dominan entre el 30 y e1 de Julio, los últimos focos de la insurrección.

La Semana Trágica tuvo un brutal coste humano: un centenar de muertos civiles, heridos, destrucciones. El gobernador civil de Barcelona, Ángel Ossorio dimitió de su cargo por oponerse a la declaración del estado de guerra en la ciudad, siendo sustituido.

El gobierno Maura, por medio de su ministro de la Gobernación Juan de la Cierva de inmediato, inició una represión durísima y arbitraria. Se detiene a varios millares de personas, de las que 2000 fueron procesadas resultando 175 penas de destierro, 59 cadenas perpetuas y 5 condenas a muerte. Además se clausuraron los sindicatos y se ordenó el cierre de las escuelas laicas.

Los reos fueron juzgados sin garantias, y ejecutados, en el Castillo de Montjuic. Entre ellos se encontraba  Francisco Ferrer y Guardia, pedagogo anarquista y fundador de la Escuela Moderna. acusado por la carta enviada por los prelados de Barcelona. Estos fusilamientos ocasionaron una amplia repulsa hacia Maura en España y toda el mundo occidental, organizándose una gran campaña en la prensa extranjera así como manifestaciones y asaltos a diversas embajadas. El rey, alarmado por estas reacciones ante  estos crímenes de Estadotanto en el exterior como en el interior de España, cesa a Maura y le sustituye por el liberal Segismundo Moret.

La solución no dio satisfacción al pueblo, porque los fusilados no volvieron a la vida, sus familias quedarón abandonadas,… un cese de cuantos intervinierón no era sufriente debieron hacer pagar con la totalidad de su hacienda a los perjudicados.

De los arboles frutales en época precolombina

DE LAS FRUTAS DE ÁRBOLES  GRANDES

Hay otra fruta muy buena que los españoles llaman pepino, porque se le parece algo en el talle, pero no en el gusto, ni en lo saludable que son para los enfermos de calenturas, ni en la buena digestión que tienen; antes son contrarios a los de España; el nombre que los indios le dan se me ha ido de la memoria, aunque fatigándola yo en este paso muchas veces y muchos días, y reprendiéndola por la mala guarda que ha hecho y hace de muchos vocablos de nuestro lenguaje, me ofreció por disculparse este nombre cacham por pepino; no sé si me engaña, confiada de que por la distancia del lugar y ausencia de los míos, no podré averiguar tan aína el engaño; mis parientes, los indios y mestizos del Cozco, y todo el Perú, serán jueces desta mi ignorancia, y de otras muchas que hallarán en esta mi obra; perdónenmelas, pues soy suyo, y que sólo por servirles tomé un trabajo tan incomportable como esto lo es para mis pocas fuerzas (sin ninguna esperanza de galardón suyo ni ajeno); los pepinos son de tres tamaños, y los más pequeños, que tienen forma de corazón, son los mejores; nacen en matas pequeñas. Otra fruta que llaman chilli llegó al Cozco año de mil quinientos y cincuenta y siete. Es de muy buen gusto y de mucho regalo. Nace en unas plantas bajas, casi tendidas por el suelo; tienen un granujado por cima como el madroño, y es del mismo tamaño, no redonda, sino algún tanto prolongada en forma de corazón.

Otras muchas frutas hay que nacen en sus árboles altos (que las dichas más parecen legumbres); unas se dan en tierras muy calientes, como las marítimas, y en los Antis; otras se crían en tierras más templadas, como son los valles calientes del Perú; mas porque las unas y las otras se alcanzaban todas y se gozan en todas partes, no será necesario hacer división entre ellas, sino que se diga como salieron; y haciendo principio de la que los españoles llaman guayabas, y los indios savintu, decimos que son redondas, del tamaño de manzanas medianas, y, como ellas, con hollejo y sin corteza. Dentro, en la médula, tiene muchas pepitas o granillos redondos, menores que los de la uva. Unas son amarillas por de fuera, y coloradas por de dentro; éstas son de dos suertes, unas tan agrias que no se pueden comer; otras son dulces, de muy buen gusto; otras hay verdes por de fuera, y blancas por de dentro; son mejores que las coloradas con muchas ventajas, y al contrario, en muchas regiones marítimas tienen las coloradas por mejores que las blancas. Los españoles hacen conserva della y de otras frutas después que yo salí del Perú, que antes no se usaba. En Sevilla vi la del savintu, que la trajo del Nombre de Dios un pasajero amigo mío, y por ser fruta de mi tierra me convidó a ella.

Otra fruta llaman los indios pacay, y los españoles guabas; criánse en unas vainas verdes de una cuarta más y menos de largo, y dos dedos de ancho; abierta la vaina, se hallan unas vedijitas blancas, ni más ni menos que algodón, tan parecidas a él, que ha habido españoles bisoños que, no conociendo la fruta, han reñido con los indios que se la daban, entendiendo que por burlar dellos les daban a comer algodón. Son muy dulces, pasadas al sol se guardan largo tiempo; dentro, en las vedijitas o capullos, tienen una pepita negra como habas pequeñas, que no son de comer.

La fruta que los españoles llaman peras, por parecerse a las de España en el color verde y en el talle, llaman los indios palta, porque de una provincia de este nombre se comunicó a las demás. Son dos y tres veces mayores que las peras grandes de España; tiene una vaina tierna y delgada; debajo della tiene la médula, que será de un dedo en grueso; dentro della se cría un cuesco o hueso, como quieren los muy mirados; es de la misma forma de la pera, y tan grueso como una pera de las comunes de acá; no se ha experimentado que sea de provecho para cosa alguna; la fruta es muy sabrosa, muy saludable para los enfermos; comida con azúcar, es comer de una conserva muy regalada.

Hay otra fruta grosera que los indios llaman rucna, y los españoles lucma, porque no quede sin la corrupción que a todos los nombres les dan. Es fruta basta, no nada delicada ni regalada, aunque toca antes en dulce que en agro ni amargo, ni se sabe que sea dañosa para la salud, más de que es manjar bronco y grosero; son del talle y tamaño de las naranjas comunes; tienen dentro en la médula un cuesco muy semejante a la castaña en el color de la cáscara, y en el grueso della, y en el color blanco de la médula, aunque es amarga y no de comer. Tuvieron una suerte de ciruelas, que los indios llaman ussun; son coloradas y dulces; comidas hoy hacen echar otro día la orina tan colorada, que parece que tiene mezcla de sangre.

Fuente Inca Garcilaso de la Vega, Crónicas reales.

 

 

DE LOS PRODUCTOS QUE CRIABA LA TIERRA EN ÉPOCA PRECOLOMBINA

DE LOS PRODUCTOS QUE SE CRÍAN DEBAJO DE LA TIERRA

Otras muchas legumbres se crían debajo de la tierra, que los indios siembran y les sirven de mantenimiento, principalmente en las provincias estériles de zara. Tiene el primer lugar la que llaman papa, que les sirve de pan; cómenla cocida y asada, y también la echan en los guisados, pasada al hielo y al sol para que se conserve, como en otra parte dijimos; se llama chunu. Hay otra que llaman oca, es de mucho regalo, es larga y gruesa como el dedo mayor de la mano; cómenla cruda porque es dulce, y cocida y en sus guisados, y la pasan al sol para conservarla, y sin echarla miel ni azúcar parece conserva, porque tiene mucho de dulce; entonces se llama cavi. Otra hay semejante a ésta en el talle, mas no en el gusto, antes contraria, porque toca en amargo, y no se puede comer sino cocida, llamada añus. Dicen los indios que comida es contraria a la potencia generativa para que no les hiciese daño; los que se preciaban de galanes tomaban en la una mano una varilla o un palillo mientras la comían, y comida así decían que perdía su virtud y no dañaba. Yo les oí la razón, y algunas veces vi el hecho, aunque daban a entender que lo hacían más por vía de donaire que no por dar crédito a la burlería de sus mayores.

Las que los españoles llaman batatas, y los indios del Perú apichu, las hay de cuatro o cinco colores, que unas son coloradas, otras blancas, y otras amarillas, y otras moradas, pero en el gusto difieren poco unas de otras; las menos buenas son las que han traído a España. También hay las calabazas o melones, que acá llaman calabazas romanas, y en el Perú capallu; criánse como los melones, coménlas cocidas o guisadas; crudas no se pueden comer. Calabazas de que hacen vasos las hay muchas y muy buenas, llámanlas mati; de las de comer, como las de España, no las había antes de los españoles. Hay otra fruta que nace debajo de la tierra, que los indios llaman inchic y los españoles maní (todos los nombres que los españoles ponen a las frutas y legumbres del Perú son del lenguaje de las islas de Barlovento, que los han introducido ya en su lengua española, por eso damos cuenta dellos; el inchic semeja mucho en la médula y en el gusto a las almendras; si se come crudo, ofende a la cabeza, y si tostado, es sabroso y provechoso con miel; hacen dél muy buen turrón. También sacan del inchic muy lindo aceite para muchas enfermedades. Demás destas frutas nace otra de suyo debajo de tierra, que los indios llaman cuchuchu; hasta ahora no sé que los españoles le hayan dado nombre, y es porque no hay desta fruta en las islas de Barlovento, que son tierras muy calientes, sino en el Collao, que es tierra muy fría; es sabrosa y dulce, cómese cruda, y es provechosa para los estómagos de no buena digestión; son como raíces, mucho más largos que el anís. No echa hojas, sino que la haz de la tierra donde ella nace verdeguea por encima, y en esto conocen los indios que hay cuchuchu debajo; y cuando se pierde aquel verdor ven que está sazonando, y entonces lo sacan. Esta fruta y el inchil más son regalos de la gente curiosa y regalada que no mantenimiento de la gente común y pobre, aunque ellos las cogen y las presentan a los ricos y poderosos.

FUENTE : INCA GARCILASO DELA VEGA, CRONICAS DE UN REINO.

De algunas mieses, plantas y legumbres de que carecía el Perú.

Es de saber que el primero que llevó trigo a mi patria (yo llamo así a todo el imperio que fue de los Incas) fue una señora noble, llamada María de Escobar, casada con un caballero que se decía Diego de Chaves, ambos naturales de Trujillo. A ella conocí en mi pueblo, que muchos años después que fue al Perú se fue a vivir a aquella ciudad; a él no conocí porque falleció en los Reyes.

Esta señora, digna de un gran estado, llevó el trigo al Perú, a la ciudad de Rimac. Por otro tanto adoraron los gentiles a Ceres por diosa, y desta matrona no hicieron cuenta los de mi tierra; qué año fuese no lo sé; mas de que la semilla fue tan poco que la anduvieron conservando y multiplicando tres años, sin hacer pan de trigo, porque no llegó a medio almud lo que llevó, y otros lo hacen de menor cantidad; es verdad que repartían la semilla aquellos primeros tres años a veinte y a treinta granos por vecino; y aún habían de ser los más amigos, para que gozasen todos de la nueva mies.

Por este beneficio que esta valerosa mujer hizo al Perú, y por los servicios de su marido, que fue de los primeros conquistadores, le dieron en la ciudad de los Reyes un buen repartimiento de indios, que pereció con la muerte de ellos. El año de mil quinientos y cuarenta y siete aún no había pan de trigo en el Cozco (aunque ya había trigo), porque me acuerdo que el obispo de aquella ciudad, don fray Juan Solano, dominico, natural de Antequera viniendo huyendo de la batalla de Huarina, se hospedó en casa de mi padre con otros catorce o quince de sus camaradas, y mi madre los regaló con pan de maíz; y los españoles venían tan muertos de hambre, que mientras les aderezaron de cenar tomaban puñados de maíz crudo, que echaban a sus cabalgaduras, y se lo comían como si fueran almendras confitadas; la cebada no se sabe quién la llevó; créese que algún grano della fue entre el trigo, porque por mucho que aparten estas dos semillas, nunca se apartan del todo.

Inca Garcilaso e la Vega, Crónicas Reales.

MARIA MOLINER, INTELIGENTE PEDAGOGA.

María Moliner Nacida en Paniza, (Aragón) en 1900, se crió en Madrid y estudió en la Institución Libre de Enseñanza, cuyos ideales de cultura y progreso social forjaron su personalidad. Su padre abandono a la familia, por lo que ella fue trabajadora y estudiante a la vez desde muy joven. Se licencia con premio extraordinario y oposita al Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, siendo la sexta mujer en lograr plaza y la destinan al Archivo de Hacienda de Valencia.

Es culta y busca la renovación sociocultural de su patria tanto como Fernando Ramón, catedrático de Física, pianista, hijo del panadero, con quien se ha casado y tiene dos niños. La pareja con unos amigos monta la Escuela Cossío, institucionista, en las Escuelas de Artesanos. María colabora y se implica a fondo, con las Misiones Pedagógicas, destinadas a promover la lectura en el ámbito rural.

Comenzada la desafortunada guerra Civil, la nombran jefa de la Biblioteca Universitaria y con posterioridad de la Oficina de Adquisición de Libros e Intercambio Cultural. Envía libros al Frente de Guerra, publica Proyecto de bases de un plan de organización general de bibliotecas del Estado e Instrucciones para organizar pequeñas bibliotecas públicas, todavía hoy referentes del buen hacer bibliotecario e imbuidos de su filosofía vital: «probad a hablarles de cultura y veréis cómo sus ojos se abren», exhorta a los bibliotecarios rurales. En 1946 dejó Valencia y se llevaba un montón de vocablos para construir un maravilloso diccionario.

La llegada de María Moliner a Valencia coincidió con un auge sin precedentes de la lectura pública en España auspiciado por varios factores, como la reducción del analfabetismo en las zonas urbanas y el calado de las ideas pedagógicas de la Institución Libre de Enseñanza en los primeros gobiernos de la II República. Un gran paso para la lectura en nuestro país, lo daría la República con la creación del Patronato de las Misiones Pedagógicas en mayo de 1931, un mes después de proclamarse el nuevo régimen político, en un claro guiño hacia los postulados de renovación educativa y cultural de la Institución Libre de Enseñanza, fundada en 1876 por un grupo de catedráticos defensores de la libertad de cátedra, entre los que destaca su primer director, Francisco Giner de los Ríos.

Inspirada en la filosofía krausista del pensador alemán Karl Krause, la Institución introdujo en nuestro país las últimas teorías pedagógicas europeas, con prácticas tan novedosas a finales del siglo XIX como la coeducación, las colonias escolares de vacaciones, las excursiones, visitas a museos o el fútbol, un deporte colectivo entonces decididamente excéntrico. Fue un acicate indiscutible de la vida cultural española y en su Boletín colaboraron intelectuales del prestigio de Santiago Ramón y Cajal, Miguel de Unamuno, Charles Darwin, Leon Tolstoi, Rabindranath Tagore o Azorín. De la Institución dependían centros educativos como la madrileña Residencia de Estudiantes, cuna de los principales artistas de la Generación del 27 y foro por el que desfilaron también personalidades como Albert Einstein, invitado a dar una serie de conferencias en 1923.

Las Misiones Pedagógicas se proponían «llevar a las gentes, especialmente las que habitaban en localidades rurales, el aliento del progreso y los medios de participar en él… de modo que los pueblos de España, aun los apartados, participaron de las ventajas y goces reservados hoy a los centros urbanos», según su decreto de creación. El gobierno retomaba las intentonas históricas precedentes comprometiéndose con recursos y legislación en la lectura pública y, así, «hacía suya una idea que durante largo tiempo había elaborado y acariciado como una quimera nuestro apóstol de la educación, señor Cossío», en palabras de María Moliner.

Manuel Bartolomé Cossío había sido primero alumno y luego director de la Institución al morir Giner de los Ríos, y su figura inspiró la Escuela Cossío de Valencia, el centro educativo krausista abierto en 1930 por José Navarro Alcácer y un variado grupo de intelectuales valencianos. De nuevo, las Escuelas de Artesanos acogieron un proyecto cultural pionero, en el mismo edificio que todavía hoy alberga un colegio. Todos estos grandiosos proyectos  de enseñanza, eran criticados por la Iglesia al ser colegios mixtos y no tener clases de religión. Cuando el general franquista, alcanzó por las armas el poder, todos estos proyectos  quedaron suspendidos.

Maria Moliner: Fue la mujer que escribió el diccionario más divertido y completo del castellano, titulado Diccionario de uso del español. vivió en Valencia casi dos décadas, donde nacieron sus hijos y trabajó con libros y palabras en plena Guerra Civil con el optimismo y tesón que dedicó años después a su famosa publicación.

 

 

María Blasco del Cacho, primera ESPOSA de Vicente Blasco Ibáñez


MARIA BLASCO DEL CACHO (1870-1925)

 

Una terrible epidemia de cólera dejó más de veinte mil muertos en Valencia y su provincia el año que María Blasco del Cacho entró en la vida de Vicente Blasco Ibáñez. Era 1885 y la ciudad improvisaba barracas y hospitales para acoger a coléricos, proliferaban las rogativas y procesiones, pero ni el miedo ni las más de cien muertes diarias lograron alterar el ritmo ciudadano: «Todas las tiendas estaban abiertas, la gente circulaba por las calles, funcionaban los teatros y las calles se veían llena de elegantes coches, continuaban las sesiones del Ateneo Científico, Literario y Artístico, que era una de las primeras tribunas públicas de Blasco, y no se interrumpieron las reuniones políticas y literarias en casa de personajes  ilustres, donde se tocaba el piano y recitaban poesías en torno a una taza de chocolate. En una de ellas, el incipiente periodista y político conoció a María, una joven de la alta burguesía huérfana reciente de su padre, ella estaba alojada en casa de un tío paterno  en Valencia.

 

María Blasco del Cacho, era una jovencita que acababa de cumplir los  años, que comenzaba a mostrar la exhuberancia de su cuerpo esbelto, era bella, morena, un exquisito “bombón” que ilusiono al entonces estudiante de derecho Vicente Blasco Ibáñez, ella quedo prendada de un muchacho algo mayor que ella, culto, refinado, de gran facilidad de palabra que le dedicaba bellas frases de amor y la cautivo con sus conversación inteligente. Presa fácil para el aventurero que se apasiono de la cándida niña.

 

Maria, era hija única de una familia emparentada con la nobleza y la alta burguesía castellonenca, su padre era escritor vocacional y presidente de la Audiencia de Castellón hasta su muerte, educada en colegios religiosos, culta y buena pianista, hablaba francés y su carácter apacible, bondadoso y hogareño, reseñado por los biógrafos y confirmado por su nieta Gloria Llorca.

 

Blasco acaba Derecho para complacer a su novia, dirige el periódico federalista La Revolución, publica su primera novela (Por la Patria), es desterrado por primera vez, y a la vuelta, se casaron en la iglesia de San Valero de Valencia en 1891, ella con velo blanco y vestido negro por la muerte reciente de su madre, se instalaron en una confortable casa en Horno de San Nicolás. No debió ser muy feliz Maria en el convivir con un hombre extraordinario  y genial escritor Vicente Blasco Ibáñez, con quien estuvo casada más de treinta años, que se batía en duelos por amantes y fue herido en duelos por rivales, sufrió atentados, exilio, cárcel, se arruinó varias veces e incurrió en no pocas infidelidades.

 

La boda no altera los planes profesionales de Blasco, que participa de lleno

en el pulso periodístico, literario y político de la ciudad desde sus postulados republicanos y anticlericales, entregándose al azote de la monarquía, los jesuitas, la Iglesia, el caciquismo, Canovas, Sagasta, el carlismo, la política colonial, las desigualdades sociales… Todo ello será objeto de sus dardos en cientos de mítines (fue diputado seis veces) e incendiarios artículos, desde la prensa de los partidos republicanos.

 

María tuvo una hija que murió al nacer y luego a Mario, Libertad y Julio César. Su tranquila vida burguesa desapareció, para vivir en sobresalto continuo al fundar Blasco el diario El Pueblo y trasladarse la familia al mismo caserón destartalado, donde estaban los talleres del periódico, tuvo frecuentes denuncias,  entradas en prisión, desterrado, y al fin convertido en un político activo, periodista y escritor de éxito con sus novelas Arroz y tartana o Flor de mayo.

El Pueblo llegó a tirar diez mil ejemplares en una ciudad que rondaba los cien mil habitantes y salió adelante gracias al apoyo económico del padre del escritor y al trabajo infatigable de Blasco, que hacía de redactor principal, director y empresario. Su salida esposado de la redacción llegó a ser habitual para la familia y los espontáneos que iban sumándose en señal de apoyo a la comitiva de reo y guardias. Tras cumplir condena por sus artículos contra la Guerra de Cuba, una multitud se agolpó ante El Pueblo y Blasco les arengó desde el balcón, acabando todos juntos cantando La Marsellesa. Periódico y director se convirtieron en leyenda en apenas tres años.

 

María descubrió la inquietante vida sumida en el sobresalto constante, junto a su amado novelista, que adoraba a su familia y era un trabajador-creador incansable, podía escribir catorce horas seguidas tras dar un mitin y luego, sin desatender los escarceos amorosos, redactar artículos incendiarios.

 

Blasco protagonizo episodios épicos, como cuando huyó a Italia tras un mitin en la plaza de Toros de Valencia –allí mismo cantó Cora Raga el Himno de Valencia en 1909, recién acabada la partitura por el maestro Serrano– contra la guerra, al que siguieron disturbios, heridos y la declaración del estado de sitio. Perseguido y tras pasar varios días escondido en una barraca de Almàssera, escribió el germen de la famosa novela de igual nombre antes de embarcar, de noche y disfrazado de marinero, hacia las costas italianas.

 

A la vuelta es condenado, al final le conmutaron la cárcel por el destierro y se trasladó con su familia a Madrid en 1897, donde los niños reciben una buena educación en la Institución Libre de Enseñanza, Blasco renuncia a la política para centrarse en la literatura, vende miles de ejemplares y es admirado.

El éxito, cuatro hijos y quince años de matrimonio parecían por fin haber atemperado al agitador para potenciar al creador, que con la novela La voluntad de vivir volvería a demostrarlo.

 

Vivió el prestigio artístico y social de su marido, el sueño de lograr una residencia esplendida en la playa de Valencia y también la pena de la muerte prematura de su hijo Julio Cesar, y el exilio de Blasco a Menton (Francia) desde donde le enviaba cartas de amor, que conservaba, sin advertir que su puesto lo había ocupado Blasco con otra dama, con la que vivía en adulterio.  Maria murió en Valencia a los cincuenta y cinco años.

 

 

 

Manuela Solís Clarás, primera universitaria valenciana

 

Manuela (1862-1910) era valenciana, hija de un profesor de la Escuela Normal, un hombre cultivado que siempre apoyó las inquietudes intelectuales de su inteligente hija. Así pudo ella tramitar el permiso especial que necesitaban las mujeres para estudiar bachillerato. Luego pasó a la Universidad aprovechando un vacío legal: no se prohibía expresamente que las mujeres cursaran estudios superiores porque, sencillamente, era inconcebible. La primera Universidad que acepto a estudiantes mujeres fue la de de Barcelona, Valencia fue la segunda, seguida de Valladolid, Madrid, Salamanca, Sevilla y Granada,

Aunque no le dejaron asistir a clase en la Universidad de Medicina hasta el penúltimo curso, Manuela aprobó todas las asignaturas con sobresaliente y se licenció en 1889. La joven médica quería especializarse en ginecología y ejercer su profesión, otro desafío sobre el que la revista Siglo Médico concluía que «la mujer ni puede ni debe ejercer las diversas profesiones del hombre […], jamás cedamos a sus halagadores engaños de sirena […], pronto vendrían a quedarse con toda la casa».

Se fue a Madrid, al Instituto Rubio del Hospital de la Princesa, y luego a París, a trabajar en la Clínica de Partos de la Facultad de Medicina. Volvió con una formación obstétrica a prueba de prejuicios. Instalada en la capital de España, ejerció en diversas instituciones, fue profesora de Ginecología, miembro de la Sociedad Ginecológica y mantuvo consulta en Madrid. En 1905, ya célebre, es descrita en ABC por otra pionera, Carmen de Burgos, Colombine, la primera corresponsal española: como «mujer inteligente y bondadosa, de extraordinario talento y simpatía»

Mientras era reconocido su gran valor, Manuela había superado el último reto: se había casado y era madre sin renunciar a su quehacer profesional. La triple corona por la que pelean todavía tantas mujeres, se la concedio su profesor de Anatomía, Santiago Ramón y Cajal en 1907: «la triple corona de Doctora, esposa y madre» que cuando prologó un libro de su discípula sobre embarazo y lactancia, pionero en España y elogiado en el ámbito europeo.

El papel de la mujer, en la sociedad del siglo XIX quedaba limitado al ámbito familiar y doméstico tanto por el sentir social generalizado como por una desigualdad legal, educacional, laboral y política. Algunas voces de entonces reclamaban su derecho a la instrucción pública, entre las que destacan por su valentía las de las escritoras Emilia Pardo Bazán y Concepción Arenal, otros partidarios de la educación femenina la concebían diferente a la masculina, como pudo escuchar Manuela en la apertura de su segundo curso universitario en Valencia del doctor Peregrín Casanova: «Al insistir en la conveniencia de la instrucción de la mujer […] no pido […] una instrucción superior académica, parecida a la del hombre, pero sí una educación sólida que la prepare para el ejercicio […] ya como madre en la educación de sus hijos, ya como inseparable compañera del hombre». Esas frases ilustran del arduo camino que esta mujer y sus coetáneas debieron andar para acceder a los estudios, solo para el bachillerato, necesitaban una autorización administrativa especial.

Tuvo el reconocimiento público de hombres como Don Santiago Ramón y Cajal, que proclamó a la pionera valenciana Manuela Solis, como «modelo de estudiantes celosos y aplicados».