CREENCIAS Y RITUALES DE LOS ESQUIMALES


Los esquimales (nombre que viene probablemente de la palabra de los indios “comedor de carne cruda”) se designan a sí mismos con el nombre de inuit, “hombres”, “propietarios” (de un lugar), en singular inuk, en Alaska yuit, en las islas Aleutianas unangan. Habitan hoy una región que se extiende sobre diez mil kilómetros, desde el extremo oriente de Siberia y desde las islas Aleutianas en el oeste hasta Groelandia oriental en el este.

 El número total de esquimales es hoy setenta mil, de los cuales treinta y dos mil viven en Groelandia, doce mil aproximadamente en Canadá, de veintidós a veitinueve mil en Alaska (de los cuales de cuatro a seis mil son aleutes) y alrededor de mil en Siberia.

 Desde el punto de vista racial, constituyen un tipo antropológico autónomo con característica mongoloides, que se designan también con el nombre de protoamericanas.

 La lengua esquimal se encuentra confinada a esas aéreas y se divide en dos grandes dialectos: el inupik, que es el dialecto de la zona oriental de Groelandia, hablado hasta el estrecho de Norton, en Alaska, y el yupik, que engloba los dialectos más diversos del sur de Alaska y Siberia.

 Lo que caracteriza hoy desde el punto de vista ecológico a la mayoría de los grupos esquimales, es, además de la caza de mamíferos marinos, una civilización esencialmente costera, que presenta variantes locales. Desde el punto de vista histórico-cultural, esta forma de civilización  parece proceder de las antiguas formas de civilización de los cazadores continentales, de los cuales subsisten aún algunos especímenes (los nunamiut del norte de Alaska y los esquimales caribúes), y de una cultura cuya infraestructura económica se basa, según las estaciones, en la caza de los renos o en la caza de mamíferos marinos.

Pero lo que caracteriza en conjunto a la civilización de los esquimales es su adaptación a un medio marítimo e invernal ártico de carácter extremo: las condiciones del medio local y la situación regional, en el extremo o en el medio norte, han sido determinantes para modelar la civilización de los diversos grupos de esquimales. Los esquimales creen en multitud de espíritus o fuerzas, que residen en las personas, los animales o lugares y los objetos inanimados. Se distinguían tres clases de fuerzas humanas: -El espíritu inmortal, -El aliento y el calor del cuerpo. -El alma

Las personas ancianas y enfermas, a veces cambiaban sus nombres con la esperanza de que, con un nombre nuevo mejorara su salud. Se creía que la enfermedad podía estar causada por la intromisión de un espíritu maligno.

Las fuerzas espirituales más poderosas son: Sedna una diosa que controla los mamíferos marítimos y también la reproducción humana; Sila otra diosa que es el espíritu del aire controla el tiempo y merced a ello la abundancia o la escasez de caza.

Los esquimales de la región central envuelven a los muertos en pieles, en las islas aleutalianas se embalsamaba a los cadáveres. El esquimal no teme a la muerte, pero si a los muertos es por eso que toman precauciones al enterrarlos.

 
En la religión de los esquimales. tiene una gran importancia el sanador y mediador entre el mundo terrenal y el sobrenatural, es el chaman  que se arroga poderes sobrenaturales, no sólo a la hora de invocar a los dioses, como Sila, para obtener buen tiempo, sino también para calmar la tempestad, mediante ritos complejos que implican la asistencia de espíritus auxiliares o la evocación de los muertos, e incluso un duelo con otro chaman en el curso del cual es muchas veces «muerto» y resucitado.

 

Su capacidad permitirá al chaman emprender cualquier viaje en espíritu a determinada región cósmica, cuando los animales de caza tardan en presentarse, no dudando en bajar al fondo de los mares para inducir a la diosa Sedna a mostrarse benévola, poniendo en la senda de los hombre animales marinos para su captura. Si Sedna está irritada, los fieles habrán de ofrendarle un sacrificio. El poder de un chaman es proporcional al número de Inuas o espíritus que domina, teniendo alguno bajo su poder tan gran número, que no les importa traspasarlos o venderlos a un chaman bisoño cuando éste no se resigna a esperar la muerte de un chaman viejo para heredarle en su dominio espiritual.

 

Es corriente creer que tras la muerte de un hombre, su alma puede reencarnarse en uno de sus descendientes, frecuentemente un nieto; mora, pues, en el niño hasta que el alma de éste se fortalece y la abandona acto seguido, para ir después al País de los muertos, que se encuentra ya en el cielo, ya en una zona subcortical de la tierra, ya en las profundidades. 

 

Fuente

Idées religieuses et traditions des Kaniagmioutes, «Rev. d’Anthropologie» II, París 1873; K. RASMÚSSEN, Intellectual culture of the Iglulik Eskimos, en Reports of the Fifth Thule Expedition, vol. VI

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