LOS NIVELES DE INTELIGENCIA HUMANA INFLUENCIADA POR SUS CIRCUNSTANCIAS.


El viajero explorador KOLBEN, en el relato de sus viajes, aclaro al mundo que los hotentotes entienden mejor la pesca que los más hábiles occidentales, su habilidad es excepcional con la red, los anzuelos, la lanza o flechas lo mismo en el mar como en los ríos, y con gran habilidad cogen los pescados con la mano.  

Dice el mismo autor que tienen una habilidad extraordinaria para la caza, y la velocidad de su carrera es superior a su imaginación. Tienen  la mirada tan rápida y tan certera la mano que los europeos no pueden competir con ellos; A cien pasos hacen blanco con una piedra en una moneda de cinco céntimos, y cosa sorprendente si se advierte que en lugar de fijar la vista en el objeto, hacen continuos movimientos y contorsiones. Parece que la piedra va llevada por una mano invisible. 

El Padre Du Tertre dice de los salvajes de las Antillas elogia en ellos su habilidad para herir pájaros en vuelo tirando  flechas, y en pescar a nado sin artilugios de pesca, los nativos de la América Septentrional, no son menos hábiles por su fuerza y habilidad en cualquier actividad.

Gautier en su primer tomo de las Observaciones sobre la Historia Natural, cita que un indio argentino, en Cádiz en el año 1746, preso en galeras, obtuvo su libertad, cuando en una fiesta pública, ataco a un toro bravo, derribándolo y sustentando sus patas con una cuerda,  después se enfrento con otro y estuvo subido en el, mas tarde se encerró con dos toros a la vez, a los que mato a estoque. Solo sin ayuda de nadie.

Estas observaciones de gentes que realizó viajes, fue confirmada por el autor de este reportaje, que habiendo estado en el continente africano por negocios, pude comprobar, que su cultura es inferior a la Europea por falta de formación,  y   que hoy debe diferenciarse entre las grandes zonas urbanas  donde existen escuelas con la misma organización similar a la occidental aunque no tan completa, la que existe en poblados atendidos en gran parte por misioneros de diferentes confesiones religiosas y la de poblados aisladas de pocos habitantes, donde se encuentra la misma cultura y sistema de vida que en pasados tiempos aislados de la influencia de civilizaciones externas, quizás los más separados pobladores en las selvas africanas sean los pigmeos, que viven en pequeñas comunidades familiares en residencias nómadas, impulsados sus movimientos tras la busca de caza o pesca

Este grupo humano de pigmeos, aman la libertad  aunque algunos trabajan durante cortos periodos para proporcionarse algunos utensilios.  Uno de ellos lo conoci en Cameroun, al que llamaban  Piter, de unos cuarenta años, que no sabia cuando había nacido  ni recordaba en nombre de sus antepasados.  Fue contratado como guía en una explotación maderera y allí recibió el encargo de dirigir un grupo para realizar una  prospección de especies forestales, me uní voluntario al pequeño grupo y nos adentramos cinco días en la espesura de la selva,  todos llevábamos unas mochilas donde incluíamos con preferencia comida enlatada.  Nuestro guía, solo llevaba un arco y unas veinte flechas que el mismo había preparado aplicando sobre la punta de las flechas un producto paralizante extraído de las nueces de un árbol llamado Beté.  Cuando los blancos íbamos pendientes de donde pisábamos y el portador de la brújula nos orientaba el camino, nuestro guía, se adelantaba, se desviaba, lo veíamos agazaparse y nos enviaba señales de silencio, inútil mensaje porque en la selva cualquier susurro se engrandece.  Alguien comento que nuestro compañero africano quería cazar, nos paramos en un claro sentados sobre unos árboles caídos y empezamos a poner sobre el pan de molde unas sardinas en aceite, al poco apareció Francoise con un mono pequeño y un gran pájaro ensartados en sus flechas.  Cada  disparo era una pieza cazada.

Cuando teníamos sed, el guía indicaba las lianas que cortadas a tramos de un metro ofrecían el contenido de su interior como un vaso de agua pura y limpia.  Recogía plantas, a la noche explicaba para que males o enfermedades estaban destinadas. Dormía en cuclillas.  Recolectaba frutos para nosotros desconocidos y comía todo animal que se cruzaba en su camino, subía con agilidad a las palmeras para cortar cocos o tomar miel de una colmena, se orientaba  aunque hiciéramos el camino en zig-zag, y era capaz con su olfato de detectar que algo había ante su camino y distinguía si era hombre o animal;  aprendía con facilidad palabras en frances y de español, que quizás nunca había escuchado. En las noches sentado junto a la hoguera  tallaba trozos de madera para conseguir figuras de gran belleza.

Allí puede percibirse que su cultura estaba diseñada para la supervivencia y que en este medio hostil era capaz de vivir, mientras que los “civilizados” blancos, éramos torpes, inexpertos, desconocíamos las virtudes o peligros de la selva, y sin asistencia nuestra vida corría el riesgo de no superar la estancia en aquel medio.

El orgullo etnocentrista nos hace ver las situaciones bajo el filtro de nuestra critica, tomemos un claro ejemplo, el Arte Africano  que fue poco considerado por ser obras de salvajes que hacían extrañas figuras llenas de contenidos simbólicos.  Hasta que un gran pintor llamado Picasso inicio el cubismo inspirado en las figuras africanas, estilo que fue reconocido por la critica occidental como  grandes creaciones del arte.  Hoy los africanos  y sus hermanos afroamericanos destacan por su capacidad de crear música.

Relatos como los del Inca Garcilaso de la Vega en sus crónicas, cita la grandeza cultual y artística precolombina de los pueblos Incas y Aztecas, de la grandeza de sus hombres, mientras que sus invasores conquistadores soldados mercenarios  eran diestros en matar, maquinas irracionales  de robo, destrucción y muerte.

Los seres humanos toman  las forma su cultura,  de su entorno, la instrucción que reciben, las  diferencias entre las razas y los pueblos, en cuanto a estructura mental no existe. Muchos de los genios de la pintura, literatura y pensamiento fueron formados por sus familiares o profesores, si estos individuos hubieran nacido en una tribu africana su cultura seria la de aquel medio.   Respetemos a todos los hombres que son producto de sus circunstancias.  (Según decía el filosofo Ortega y Gasset).

Florián  

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