UN LIBRO “ Las Rutas del exilio” de Marc Ripoll (alhena 2007)



Bielsa, enclavada en la intersección de los ríos Cinca y Barrosa, a apenas diez kilómetros de la frontera con Francia, se encuentra justo detrás de las líneas de defensa republicanas. Allí se han refugiado muchos civiles de las poblaciones que se encuentran en plena línea de fuego, como Labuerda, Puyarruego, Laspuña, Escalona o Lafortunada. En el pueblo se instala un hospital de fortuna y se reciben algunas municiones y víveres que el Estado Mayor hace llegar desde Cataluña vía Francia. El Esquinazau,  General del ejercito que hacia la defensa sabe que no podrá mantener su posición indefinidamente, pero está decidido a plantar cara mientras pueda. Durante el mes de abril las tropas organizan la evacuación a Francia de los civiles instalados en Bielsa, y en dos semanas pasan más de seis mil personas. Los pastores de la zona organizan la ruta de escape: cada día llevan a un grupo, formado principalmente por mujeres y niños, hasta Parzán y, ayudados por cuatrocientos mulos, a lo alto del paso de Puerto Viejo. . El paso de Puerto Viejo ya había sido utilizado, antes que por los exiliados, por contrabandistas y comerciantes.

En ese punto esperan a voluntarios franceses que ayudan a los exiliados en su descenso por los caminos cubiertos de hielo y nieve hasta llegar a Aragnouet. de la retirada, las hogueras en las que se quemaba todo aquello que no podía cargarse y que se quería evitar que cayese en manos del enemigo.

 

Tras unas horas de intenso fuego de mortero, no hay respuesta alguna por parte de los republicanos, por lo que las tropas nacionales comienzan a avanzar. Un reconocimiento con avioneta indica que la zona está aparentemente despejada, aunque la densa humareda provocada por las fogatas dificulta la visibilidad. Las tropas de infantería llegan hasta Puyarruego y lo encuentran abandonado.
Llegan tropas de refresco y los nacionales avanzan rápidamente. Los republicanos, exhaustos y sin apenas municiones, están en retirada.

El 15 de junio nueve bombarderos Heinkel-51 dejan caer toneladas de bombas incendiarias sobre Bielsa, Plan y otros núcleos urbanos. Los pueblos ya han sido evacuados, y muy probablemente los mandos nacionales son conscientes de ello, pero los bombardeos no cesan hasta que no queda una sola casa intacta; más que un motivo militar los bombardeos parecen buscar una revancha contra la población civil que apoyó a la Bolsa de Bielsa.
Aquellos nueve grandes aviones de la flamanate Legión Condor  de Hitler, redujeron a escombros aquel pequeño pueblo perdido entre las montañas del Pirineo aragonés,  Sin defensa antiaerea algunos aviadores fueron condecorados por tan “heroica acción”

Bielsa

Este austero pueblo pirenaico, situado en la confluencia de los ríos Cinca y Barrosa, estuvo aislado del resto de España hasta bien entrado el siglo XX. Separado del resto de la comarca del Sobrarbe por congostos inaccesibles, como son los de Olvena y Las Devotas, y por sierras de más de dos mil metros de altura (Las Sucas, Monte Perdido, La Munia o Sierra Marqués), Bielsa ha permanecido al margen de los acontecimientos de España; de hecho, por motivos orográficos tenía más relación con los vecinos franceses del norte. La carretera que lleva a Bielsa, construida por la sociedad Hidroeléctrica Ibérica, no se finalizó hasta 1920 y era de uso particular. Todo cambió con la Guerra Civil, cuando los hechos de la Bolsa de Bielsa dieron la vuelta al mundo. El casco urbano de la población es prácticamente nuevo, pues tuvo que ser reconstruido tras la guerra. El edificio del ayuntamiento perdió el tejado, pero pudo salvarse. La iglesia, un poco apartada del núcleo urbano, fue el edificio que menos daños sufrió.

En la plaza Mayor, el mismo edificio donde se encuentra el ayuntamiento aloja también el Museo de Bielsa. La bonita fachada renacentista, del siglo XVI, fue la única parte del edificio que sobrevivió a los bombardeos. En la tercera planta hay un espacio destinado a la Bolsa de Bielsa en el que se exhiben fotografías históricas, documentos y armamento utilizado en la contienda, así como la recreación de una curiosa trinchera. También se proyecta un interesante documental sobre el tema.

El panel con el título «¡Resistir! (7 de abril al 15 de mayo de 1938)» relata cómo se inició la evacuación voluntaria de la mayor parte de la población civil de la zona: más de seis mil personas atravesaron el puerto de Bielsa en dirección a Francia.

PASÓ EN UNA GUERRA, CRUEL COMO TODAS LAS GUERRAS


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