El Derecho divino de los reyes y caudillos.


Es una imposición del absolutismo político que impone creencias coordinadas con la religión y que tienen como fin la de justificar la autoridad totalitaria de los reyes ó caudillos y su legitimidad ya que deriva su derecho a gobernar y a los súbditos a sor gobernados por la voluntad de un dios o ser superior  que está por encima de cualquier estamento o autoridad humana, por tanto todo cuanto haga solo es responsable ante ese dios en el que basa el dogma que determina tal supuesto derecho.  

Bajo este falso y absurdo derecho, los súbditos solo les cabe sometimiento frente a la autoridad real, no podrán atentar contra el, ni deponerlo, ni mermar o intentar reducir sus prerrogativas ya que esos actos son contrarios a la voluntad del dios.  La creencias son unas ideas, propagadas por el cruel monarca o caudillo y apoyadas por los clérigos del correspondiente rey que apoyando al dictador obtenían  prebendas  y beneficios.  Permitiendo así el gobierno con un totalitarismo incontestable.

El concepto de Derecho divino incorpora, el antiguo concepto cristiano de “derechos dados al rey por Dios”, que sostiene que “el derecho a gobernar es ungido por Dios”, idea que se encuentra en muchas  culturas, como las tradiciones del Antiguo Egipto con sus faraones.

En la mayoría de las religiones al rey se le consideraba descendiente de una divinidad que no puede ser desafiado por muy cruel y déspota que fuera. En el cristianismo medieval, doctrinas como la de filosazos religiosos, llevaron a la constitución de los poderes imperiales unidos al pontificado, lo que pretendía llevar a un equilibrio en el estado ,más solo acrecentó el poder de ambos apoyándose entre ellos para afianzar sus intereses. Hasta que el Papa arrogándose sus derechos celestes, aceptaba que ningún rey podría ser depuesto por sus súbditos, esta era una prerrogativa de la Santa Iglesia y del Vicario de Cristo en la Tierra.

Las bases bíblicas del derecho divino de los reyes provienen en parte de la Epístolas a los Romanos (13, 1–2), donde se dice:

Sométase toda persona a las autoridades superiores; porque no hay autoridad sino de parte de Dios, y las que hay, por Dios han sido establecidas. De modo que quien se opone a la autoridad, a lo establecido por Dios resiste; y los que resisten, acarrean condenación para sí mismos.

 

Así pues el poder de la Iglesia era la garantía de los reyes y estos en correspondencia seguían las doctrinas de la Iglesia cumplía los rituales e imponían a sus súbditos las leyes de dios y su justicia.  Un apoyo reciproco que duro siglos,  incluso cundo no había reyes eran los caudillos quienes ocupaban el puesto de colaboración del poder con lo religioso. Eran entendimientos de los poderes, frente a los derechos de libertad de los ciudadanos.  

Florián 

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