María Blasco del Cacho, primera ESPOSA de Vicente Blasco Ibáñez



MARIA BLASCO DEL CACHO (1870-1925)

 

Una terrible epidemia de cólera dejó más de veinte mil muertos en Valencia y su provincia el año que María Blasco del Cacho entró en la vida de Vicente Blasco Ibáñez. Era 1885 y la ciudad improvisaba barracas y hospitales para acoger a coléricos, proliferaban las rogativas y procesiones, pero ni el miedo ni las más de cien muertes diarias lograron alterar el ritmo ciudadano: «Todas las tiendas estaban abiertas, la gente circulaba por las calles, funcionaban los teatros y las calles se veían llena de elegantes coches, continuaban las sesiones del Ateneo Científico, Literario y Artístico, que era una de las primeras tribunas públicas de Blasco, y no se interrumpieron las reuniones políticas y literarias en casa de personajes  ilustres, donde se tocaba el piano y recitaban poesías en torno a una taza de chocolate. En una de ellas, el incipiente periodista y político conoció a María, una joven de la alta burguesía huérfana reciente de su padre, ella estaba alojada en casa de un tío paterno  en Valencia.

 

María Blasco del Cacho, era una jovencita que acababa de cumplir los  años, que comenzaba a mostrar la exhuberancia de su cuerpo esbelto, era bella, morena, un exquisito “bombón” que ilusiono al entonces estudiante de derecho Vicente Blasco Ibáñez, ella quedo prendada de un muchacho algo mayor que ella, culto, refinado, de gran facilidad de palabra que le dedicaba bellas frases de amor y la cautivo con sus conversación inteligente. Presa fácil para el aventurero que se apasiono de la cándida niña.

 

Maria, era hija única de una familia emparentada con la nobleza y la alta burguesía castellonenca, su padre era escritor vocacional y presidente de la Audiencia de Castellón hasta su muerte, educada en colegios religiosos, culta y buena pianista, hablaba francés y su carácter apacible, bondadoso y hogareño, reseñado por los biógrafos y confirmado por su nieta Gloria Llorca.

 

Blasco acaba Derecho para complacer a su novia, dirige el periódico federalista La Revolución, publica su primera novela (Por la Patria), es desterrado por primera vez, y a la vuelta, se casaron en la iglesia de San Valero de Valencia en 1891, ella con velo blanco y vestido negro por la muerte reciente de su madre, se instalaron en una confortable casa en Horno de San Nicolás. No debió ser muy feliz Maria en el convivir con un hombre extraordinario  y genial escritor Vicente Blasco Ibáñez, con quien estuvo casada más de treinta años, que se batía en duelos por amantes y fue herido en duelos por rivales, sufrió atentados, exilio, cárcel, se arruinó varias veces e incurrió en no pocas infidelidades.

 

La boda no altera los planes profesionales de Blasco, que participa de lleno

en el pulso periodístico, literario y político de la ciudad desde sus postulados republicanos y anticlericales, entregándose al azote de la monarquía, los jesuitas, la Iglesia, el caciquismo, Canovas, Sagasta, el carlismo, la política colonial, las desigualdades sociales… Todo ello será objeto de sus dardos en cientos de mítines (fue diputado seis veces) e incendiarios artículos, desde la prensa de los partidos republicanos.

 

María tuvo una hija que murió al nacer y luego a Mario, Libertad y Julio César. Su tranquila vida burguesa desapareció, para vivir en sobresalto continuo al fundar Blasco el diario El Pueblo y trasladarse la familia al mismo caserón destartalado, donde estaban los talleres del periódico, tuvo frecuentes denuncias,  entradas en prisión, desterrado, y al fin convertido en un político activo, periodista y escritor de éxito con sus novelas Arroz y tartana o Flor de mayo.

El Pueblo llegó a tirar diez mil ejemplares en una ciudad que rondaba los cien mil habitantes y salió adelante gracias al apoyo económico del padre del escritor y al trabajo infatigable de Blasco, que hacía de redactor principal, director y empresario. Su salida esposado de la redacción llegó a ser habitual para la familia y los espontáneos que iban sumándose en señal de apoyo a la comitiva de reo y guardias. Tras cumplir condena por sus artículos contra la Guerra de Cuba, una multitud se agolpó ante El Pueblo y Blasco les arengó desde el balcón, acabando todos juntos cantando La Marsellesa. Periódico y director se convirtieron en leyenda en apenas tres años.

 

María descubrió la inquietante vida sumida en el sobresalto constante, junto a su amado novelista, que adoraba a su familia y era un trabajador-creador incansable, podía escribir catorce horas seguidas tras dar un mitin y luego, sin desatender los escarceos amorosos, redactar artículos incendiarios.

 

Blasco protagonizo episodios épicos, como cuando huyó a Italia tras un mitin en la plaza de Toros de Valencia –allí mismo cantó Cora Raga el Himno de Valencia en 1909, recién acabada la partitura por el maestro Serrano– contra la guerra, al que siguieron disturbios, heridos y la declaración del estado de sitio. Perseguido y tras pasar varios días escondido en una barraca de Almàssera, escribió el germen de la famosa novela de igual nombre antes de embarcar, de noche y disfrazado de marinero, hacia las costas italianas.

 

A la vuelta es condenado, al final le conmutaron la cárcel por el destierro y se trasladó con su familia a Madrid en 1897, donde los niños reciben una buena educación en la Institución Libre de Enseñanza, Blasco renuncia a la política para centrarse en la literatura, vende miles de ejemplares y es admirado.

El éxito, cuatro hijos y quince años de matrimonio parecían por fin haber atemperado al agitador para potenciar al creador, que con la novela La voluntad de vivir volvería a demostrarlo.

 

Vivió el prestigio artístico y social de su marido, el sueño de lograr una residencia esplendida en la playa de Valencia y también la pena de la muerte prematura de su hijo Julio Cesar, y el exilio de Blasco a Menton (Francia) desde donde le enviaba cartas de amor, que conservaba, sin advertir que su puesto lo había ocupado Blasco con otra dama, con la que vivía en adulterio.  Maria murió en Valencia a los cincuenta y cinco años.

 

 

 

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Un comentario en “María Blasco del Cacho, primera ESPOSA de Vicente Blasco Ibáñez

  1. Curiosidades de la vida o algo mas,la primera esposa de Blaso Ibáñez se apellidaba como mi madre es decir blasco del Cacho que es mi segundo apellido y soy natural de Zaragoza y ascendencia catalana sin sentimientos catalanes porque llevo a mi tierra Aragón en mi corazón.

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