MIGUEL DE MOLINOS ZUXIA, CREADOR DE UNA TEORIA FISOSOFICA “EL QUIETISMO”


 

Miguel de Molinos Zuxia Muniesa, (Teruel) 1628 – Roma 1696) fue un escritor místico y teólogo, creador de una filosofia que se denomino quietismo.

A los dieciocho se estableció en Valencia, donde estudiaría en el Colegio de San Pablo de los jesuitas. Allí se doctoró en teología y se ordenó sacerdote. Recibió licencia además como confesor de monjas. Presentó su oposición a penitenciario del Colegio del Corpus Christi de la misma ciudad, que fue fundación San Juan de Ribera. Molinos debió pertenecer asimismo a la Cofradía Escuela de Cristo, que fomentaba la reflexión espiritual.  Marchó a Roma en 1655, representación de La Diputación del Reino de Valencia, que le encargó postular la beatificación de Francisco Jerónimo Simó.

Se estableció finalmente en la iglesia agustina de San Alfonso de Roma, donde obtuvo una fama extraordinaria como predicador y director espiritual y consiguió con ello el apoyo de personalidades destacadas. Se le catalogaba como un gran ascético iluminado. Fue recibido por personalidades de la talla del general de los jesuitas Paolo Oliva, por mediación de la Escuela de Cristo, con la que había tenido contacto en Valencia. Tuvo intercambio espistolar con la reina Cristina de Suecia  y desarrolló una fuerte amistad con el papa Inocencio XI.

Publicó, la llamada Guía espiritual, con el significativo subtítulo “Que desembaraza al alma y la conduce por el interior camino para alcanzar la perfecta contemplación y el rico tesoro de la interior paz” se publicó en italiano (Roma, 1675). En ella Molinos expone el mejor camino para llegar a Dios; el último objetivo es el amor de Dios, para el cual el alma no ha de hacer nada: ha de estar pura y sin pecado, aligerada de toda preocupación o meditación, quieta. Dios hará lo demás. Esto produce un vacío espiritual, una “nada”, como el camino más corto para llegar a Dios. Estas doctrinas son curiosamente muy cercanas al budismo y a su búsqueda del nirvana.

Las primeras escaramuzas con la Inquisición se producen en 1678. Las críticas venían especialmente por parte de los jesuitas Gotardo Bell’Uomo y Paolo Segneri. Fruto de ellas es la redacción por Molinos de su Defensa de la contemplación, obra redactada hacia 1679-80 pero que ya no verá la luz. Los ataques de tales jesuitas se incluyeron en el Índice de libros prohibidos de 1681. La Guía espiritual fue denunciada por el cardenal D’Estrées (embajador en Roma del rey de Francia Luis XIV)  que había sido su amigo.

Miguel de Molinos fue apresado junto con algunos de sus discípulos en 18 1685. El proceso fue lento, por la imposibilidad de conseguir pruebas de las presuntas desviaciones doctrinales del sacerdote español a través del examen de su libro. Bajo tortura, Molinos confesó cualquier cosa que le imputaban, por lo que terminó siendo acusado de actos de inmoralidad.

Algunas de las confesiones que extrajeron los inquisidores bajo tortura podrían estar enumeradas en un escrito del obispo de Téano, Giuseppe Maria Giberti, que escribió en su Ragguaglio della pessima vita di Michele Molinos

No observaba el ayuno ni viernes ni sábado ni día de vigilia ni de cuaresma, sino que siempre comía carne, y el pez era sólo para aguzarse el apetito, juntamente con la carne. Haber tenido durante dieciocho años continuos comercio con una mujer (ésta también del Santo Oficio, y que cada mañana la hacía comunicar). Que para conseguir la libido, se hacía servir en la mesa y desnudarse a más mujeres desnudas, y otra veces estaba presente para ver mujeres y hombres desnudos entrelazarse juntos y relacionarse. De haber sido más veces sodomizado (acto que él decía que no era pecado porque no estaba escrito en el Decálogo, lo mismo que decía del bestialismo).

Obispo Giberti (Nápoles), 16873

Fue condenado “por inmoralidad y heterodoxia” a estar permanentemente vestido con un hábito penitencial, a recitar diariamente un Credo y un tercio del Rosario, a confesarse cuatro veces al año y a reclusión perpetua. Su amigo el papa Inocencio XI ratificó la sentencia el 20 de noviembre de 1687 con la bula Coelestis pastor. Fue trasladado de la mazmorra a un monasterio en Roma, donde murió.

La obra de Molinos representa el crepúsculo de la tradición mística española. La contemplación designa a la vez dos vertientes: por una parte, el objetivo de la unión mística, y, por otra, el método para alcanzarla. En ese método los conceptos preferidos de Molinos son la aniquilación, el recogimiento, la muerte mística, la oración de quietud; en fin, la suspensión de la palabra, del entendimiento, esa contemplación es la que cayó bajo la sospecha teológica. Se enfrentaban dos conceptos de espiritualidad: el no discursivo y contemplativo, y el discursivo y meditativo de los jesuitas, principales detractores del quietismo. Los contenidos teológicos de la bula papal que condena a Molinos (Caelestis pastor, del 20 de noviembre de 1687), son bastante pobres. El argumento más reiterado es el de la inmoralidad y la incitación al pecado, entendiendo muy a menudo implícita o explícitamente por tal pecado la conducta sexual. La lógica de esta derivación es bastante clara: se acusa a Molinos de promover una espiritualidad que dejaría en suspenso, en virtud de la apelación a la quietud, la responsabilidad moral; de ahí, la derivación hacia la irresponsabilidad moral, que conduce al pecado de contenido sexual. En síntesis, los argumentos serían los siguientes:

  1. Molinos encarna una tendencia natural, inscrita en la naturaleza humana, a evitar los esfuerzos, en este caso el esfuerzo espiritual, la práctica de las virtudes, etc.
  2. En el difícil equilibrio entre esfuerzo y gracia divina, Molinos y el quietismo exageran el elemento de la gracia; ello parece eximirles del esfuerzo, los precipita en el abandono.
  3. El quietismo exagera la pasividad, hasta el punto de eliminar la voluntad, la responsabilidad; ello conduce de hecho a la ociosidad espiritual.
  4. El quietismo modifica el carácter de la unión mística, derivando hacia una especie de panteísmo donde toda delimitación entre la criatura y Dios queda desdibujada.

Molinos escribió además La devoción de la buena muerte (Valencia, 1662), publicada bajo el seudónimo de Juan Bautista Catalá, y Tratado de la comunión cotidiana.

Siempre añoró volver a su pueblo natal Muniesa, cosa que siempre deseó sin llegar a cumplirse.

 

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