PARA ADORNAR LAS CASAS REALES DE LOS INCAS DEL PERÚ, RECUBRIAN DE ORO Y PLATA LAS PAREDES.


En todas las casas reales tenían hechos jardines y huertos donde el Inca se recreaba. Plantaban en ellos todos los árboles hermosos y vistosos, posturas de flores y plantas olorosas y hermosas que en el reino había; a cuya semejanza contrahacían de oro y plata muchos árboles y otras matas menores al natural, con sus hojas, flores y frutas; unas que empezaban a brotar, otras a medio sazonar, otras del todo perfeccionadas en su tamaño.

 

Entre éstas y otras grandezas hacían maizales contrahechos al natural, con sus hojas, mazorca y caña, con sus raíces y flor, y los cabellos que hecha la mazorca eran de oro, y todo lo demás de plata, soldado lo uno con lo otro. Y la misma diferencia hacían en las demás plantas, que la flor o cualquiera otra cosa que amarilleaba la contrahacían de oro, y lo demás de plata.

 

También había animales chicos y grandes contrahechos y vaciados de oro y plata, como eran conejos, ratones, lagartijas, culebras, mariposas, zorras, gatos monteses, que domésticos no los tuvieron. Había pájaros de todas suertes, unos puestos por los árboles, como que cantaban; otros como que estaban volando y chupando la miel de las flores. Había venados y gamos, leones y tigres, y todos los demás animales y aves que en la tierra se criaban, cada cosa puesta en su lugar como mejor contrahiciese a lo natural.

 

En muchas casas o en todas tenían baños con grandes tinajones de oro y plata, en que se lavaban, y caños de plata y oro, por los cuales venía el agua a los tinajones. Y donde había fuentes de agua caliente natural, también tenían baños hechos de gran majestad y riqueza. Entre otras grandezas tenían montones y rimeros de rajas de leña, contrahechos al natural de oro y plata, como que estuvieron de depósitos para gastar en el servicio de las casas.

 

Luego que los indios vieron los españoles deseosos de oro y plata;  ocultaron la mayor parte de estas riquezas, y de tal manera la escondieron, que nunca más ha aparecido, ni se espera que aparezca, porque se entiende que los indios que hoy viven no saben los sitios do quedaron aquellos tesoros, ya que sus padres y abuelos no quisieron dejarles noticias de ellos porque las cosas que habían sido dedicadas para el servicio de sus reyes no querían que sirviesen a otros.

Fuente: Inca Garcilaso de la Vega, Crónicas de un Reino.

 

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