CRONICA DE UNA ESTANCIA EN ARABA SAUDI


Florián. Editor de este blog, incluye esta aportación de su sobrino: El ingeniero Pablo SAEZ,  Madrileño, residente en Galicia, tamborilero de las turbas conquenses impulsado por resoli estimulante, autor e interprete de musica moderna “tocaor” de guitarra española y aficionado a experiencias de contacto con culturas y sus representantes, trotamundos de facil amistad, nos envía sediento desde el desierto en Arabia Saudita la siguiente cronica :

Lo primero que llama la atención es el calor que hace en este sitio. De vez en cuando, se nos pasa la hora de la comida en la cantina de la fábrica, tenemos que ir al pueblo, que está a unos seis kilómetros. En el coche llevamos el aire acondicionado al máximo y a los pocos minutos estamos a gusto; pero por la luz que hay y porque no se ve nadie ni nada vivo fuera, se intuye que hace un calor asfixiante… Y efectivamente, cuando salimos del coche para recorrer los pocos metros que hay hasta el restaurante, hace tanto calor que parece que los rayos de sol tuvieran peso propio. Al principio es muy muy agobiante, pero con el tiempo te vas acostumbrando. A mí ahora los 40 grados me molestan pero no me impiden pasear o hacer actividades, aunque estoy mejor en un lugar con aire acondicionado, el estar en la calle a más de 45 º C, se hace insoportable

La ciudad más importante es la ciudad de la Meca, más no se puede visitar si no eres musulmán. Yedah está bien, hay soberbios castillos, mezquitas vistosas y un ambiente más occidental que donde estoy, en el centro geográfico del país, en pleno desierto. La ciudad más cercana que tengo (aparte del pueblo, al Kharj, que se pronuncia Al Jarch) es Riad, la capital del país, que no tiene monumentos representativos; lo más llamativo son dos torres al estilo de Dubai y la mezquita central, la más importante del mundo después de la Meca. Cuando atraviesas está ciudad conduciendo, te produce la extraña sensación de que no has llegdo a la ciudad y parece que estes en un descampado con pocas casas alrededor. En cualquier caso no hay nada que tenga más de 50 años ni una belleza espectacular o diferente Si tiene algún edificio gubernamental (como el ministerio del interior) que está bien. Me llama la atención que esta clase de edificios tiene siempre un aire muy solemne y muy marcial; como si fueran fortalezas inexpugnables cuya sola visión desanima al enemigo.  Lo mismo ocurre también con las sedes de bancos y oficinas de la Motawwa (policía religiosa).

Quizás habías pensado que los árabes rechazan lo occidental, lo yanqui. Pues en principio parece que sí, pero su estilo de vida es muy parecido, especialmente en el ocio. Si te das un paseo por la calle principal del pueblo, encontrarás muchísimos más establecimientos de comida rápida americanos de los que has visto nunca, y eso por no hablar de los cajeros automáticos especiales para acceder en coche (mucho más abundantes que los normales), o los parques de atracciones, o que la única diversión de la gente que conozco es irse el fin de semana de compras a los centros comerciales. La única diferencia es que, como el alcohol está prohibido, en vez de beber cerveza beben té. La opulencia y el libertinaje que pueda haber en los países colindantes, como los Emiratos Árabes, Qatar o Bahréin, no han cruzado la frontera ni lo más mínimo. Aunque la sociedad se está relajando, Arabia Saudí sigue siendo un país muy tradicional y muy orgulloso de ser la nación de Mahoma.

Hay algún barrio feo (la foto incluye un minarete de una mezquita, tan abundantes, como iglesias en España en los barrios antiguos)  No hay casi ninguna construcción antigua, la gran mayoría son muy viejas y descuidadas en su mantenimiento. En el país hay dinero más que de sobra para tener las calles adecentadas, sólo con decir que la calle más comercial de Riad tiene zonas donde no hay acera sino escombros, te haces una idea. Es muy desagradable estar rodeado de falta de cosas bellas; erosiona el buen ánimo igual que la arena que trae el viento erosiona todo lo que hay por aquí. Supongo que tendrá algo que ver, pero el caso es que te quita todas las ganas de interesarte por el turismo.

La vestimenta de la gente es un capítulo aparte. La gran mayoría de los saudíes viste una túnica blanca y pañuelo también blanco repleto de bordados rojos. Las únicas diferencias que he notado son en la calidad de la tela y en la forma del cuello (es como el de las camisas), que por lo general es tan alto que casi llega hasta la mandíbula. También está la variante del gorrito blanco típico para sustituir el pañuelo. Las mujeres van todas de negro, obligadas por la Sharia (ley religiosa), estamos en el país donde la Constitución es el Corán. La vestimenta de las mujeres, parece una auténtica exageración para el concepto de un occidental, puesto que todas las mujeres, jovenes y casi niñas, visten túnica negra, (presuntamente a partir de su primera regla); la mayoría, además, llevan un velo negro que les tapa la cara entera y sólo se les ven los ojos. A la mayoría sólo se les ven las manos, los pies y los ojos, pero también las hay que llevan guantes negros. Y todas lo llevan, sean de la clase social que sean y estén donde estén; ya sea pidiendo en un semáforo a 47 grados que suele hacer al mediodía o subiendo al ventanal más alto del reino, a 350 metro de altura, en la Kingdom Tower.

Me impresionaron especialmente unas mujeres que hay en la acera que rodea al cementerio de Riad, son viudas que se dedican a pedir limosna. Algunas están con sus hijos y otras solas.  Tienen las manos morenas secas, con más piel que carne que se le pega tanto al hueso que parecen esqueletos,  cubierto por una túnica con capucha, y no se les podía ver la cara.

Hoy tenemos tormenta de arena. Empezó hace cuatro días, cuando se levantó un viento bastante fuerte que llenó toda la atmósfera del polvo y arena Las palmeras se encorvaban y sus hojas arrancadas salían volando. Lo mejor era llevar las gafas de seguridad de facilita en que trabajo para que el polvo no se meta en los ojos, y no abrir la boca porque entonces empezabas a masticar arena. De todas formas, cuando sales a la calle, no puedes evitar que en la boca tengas el sabor a arcilla, por las partículas de arena que se cuelan entre los labios.

En la llanura que hay de camino al pueblo desde la factoría donde trabajo hay un par de líneas de alta tensión que, en los días despejados, se pierden en la lejanía, pero durante la tormenta no se alcanzaban a ver más de seis o siete metros. Es como si hubiera niebla pero, en vez de tener color blanco, es de color amarillo pardo. Es una experiencia digna de vivirse… pero sólo una vez, por favor. El resto de los días, hay siempre una brumilla amarilla que hace que las cosas se pierdan en la lejanía antes que en el horizonte. De hecho, aquí el sol no es dorado sino plateado, y, salvo en el mediodía, no molesta si lo miras directamente. En realidad esa bruma es un alivio, porque cuando no la hay, el sol pega de lleno y sientes cómo te aplasta contra el suelo.

Aquí va un vídeo de la llamada al rezo durante la tormenta de arena. Los creyentes  rezan cinco veces al día entre 20 y 40 minutos: con el primer rayo de sol, con el último, cuando el sol está en el cénit y entre medias de las tres. Usualmente el almúedano la recita o canta los rezos desde el miranete  o  alminar de la mezquita, el rezo consiste en que un religioso invita a la oración y todos van a la mezquita  de rodillas llegando con la cabeza al suelo. Hay algunos  sacan una alfombra, la extienden en el suelo y rezan en medio de la calle. Mientras tanto, el  religioso con  megáfono retransmite la ceremonia. de vez en cuando, se escucha un “ahhhhm”de los fieles.

¿Y qué se come aquí? Pues básicamente, pollo, arroz y grill. Si quieres comprar algo o comer diferente no puedes porque en todas partes tienen lo mismo y la comida sabe exactamente igual, vayas a donde vayas, el pollo con arroz o el grill saben exactamente igual. Bueno, lo único que si varía es el pollo, que en unos sitios está seco como la mojama, en otros está aceptable y en algunos bastante rico. Pero eso es lo que hay: pollo, arroz, humus, carne al grill (que la sirven medio picada en todas partes), pan árabe y shawarma (vi a un turco que lo escribía como “döner”). Lo que sí está riquísimo son los zumos y los batidos. Aquí tienen muchísima cultura de todas esas bebidas  y se las compran en garrafas de 5 litros. Es más, si van mal de pasta, compran Tang, que aquí se vende en botes de 2 kg!! Mi batido favorito es el de melón, que es el más fresco y está riquísimo. Creo que es lo que voy a echar de menos en este país. Puedes encontrar verveza sin alcohol.

Una cosa que llama la atención es la cantidad de extranjeros que hay en el país. Los occidentales vienen a aportar tecnologia y son bien pagados y respetados; los orientales, desde Pakistán hasta Filipinas, un abanico de nacionalidades que hablan todos en un idioma que suena como “nagatakalagalaga” y que tienen los ojos algo cerrados de tanta lluvia que les ha caído en el monzón. Vienen a trabajar en lo que los saudíes no quieren: construcción, hostelería, transporte… Si ves a alguien cavando hoyos o levantando un muro bajo un sol de cincuenta grados, ten por seguro que será uno de ellos. En la fábrica se les trata como iguales, pero  fuera de aquí, ves a los orientales con exigentes capataces de túnica blanc, mientras están en el pais se les retiene el pasaporte. Revela las malas condiciones que deben tener estos trabajadores en su pais, como para venirse voluntario a este país para trabajar en la calle con calor tan elevado.

Este país es lo más parecido al infierno para un occidental joven: hace un calor terrible, el alcohol está prohibido, las mujeres van tan tapadas que ni si quiera puedes saber si lo que hay detrás de la túnica es una joven de belleza impresionante o  mujer anciana… y por si fuera poco con ellas no se puede hablar,  el agua tiene indicios de  azufre, así que en ocasiones se percibe el olor.

Algunas cosas curiosas: las piscinas, una granja de camellos, una gasolinera por la noche iluminada de neones rosa fucsia (esta incluye la sede de la Motawwa)

En Arabia Saudí podras admirar aislados oasis de gran belleza montañas, playas y ríos. Sus ciudades, aunque carentes de vida nocturna, están repletas de cafés y restaurantes y  abundan los establecimientos comerciales de todo tipo, desde los zocos hasta los grandes centros comerciales.  El visitante siempre que respete las costumbres y los puntos de vista de sus habitantes, será tratado cordialmente. Más no te animes a visitarlo, el país no permite las visitas turísticas, solo podras llegar con un permiso de trabajo.

Pablo

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