LA JUSTICIA INTERNACIONAL ES TIMIDA EN SU ACCIÓN


La denominada justicia internacional, llama la atención los diversos procesos que tiene abierto la justicia internacional en los últimos años para sentar en el banquillo de los acusados a determinadas personas, presuntos responsables de hechos que, según la susodicha justicia internacional, son motivos constitutivos de delitos. Igualmente llama la atención la pasividad con la que justicia internacional mira otros hechos igualmente constitutivos de delitos, pero que sus presuntos responsables permanecen al margen de cualquier exigencia judicial nacional o internacional, como el sátrapa de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, cuyo ex homólogo, Antonio Noriega de Panamá, está siendo juzgado en Francia por delitos idénticos y mucho más graves de los que se acusa al rey del Kuwait de África.

Llama aún más la atención que el Tribunal Superior de Estados Unidos ha dicho que podría sentar en el banquillo al jefe de Estado del Vaticano, Benedicto XVI, considerado representante de Dios en la tierra por la Iglesia Católica; una Iglesia católica que anda envuelta en mil y un escándalos de pederastia.

Que la justicia norteamericana pueda sentar en el banquillo de los acusados al representante de Dios no parece extrañar en un país donde existe un proceso pendiente contra el mismísimo Dios =El Senador de Nebraska, Ernie Chambers, presentó una demanda judicial contra Dios, a quien acusa de haber causado catástrofes naturales en el mundo que han provocado muerte y destrucción. El extravagante senador pide al juez que someta a Dios a un proceso judicial, no sin antes pedirle que le haga una petición permanente para que sus “acciones destructivas y sus amenazas terroríficas” no continúen.

Lo que parece más claro es que Benedicto XVI no debe caer tan bien a los yanquis como el difunto Juan Pablo II, representante de Dios cuando curas, obispos y demás prelado de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana se enzarzaron en escándalos de pederastia por medio mundo.

Éste y otros procesos judiciales abiertos por la jurisdicción internacional se asemejan más a obras de circo que a una acción tendente a impartir justicia, en un mundo con un panorama in crescendo de déspotas delincuentes que andan sueltos por el orbe sin que nadie les diga nada, como Teodoro Obiang, investido de impunidad perpetua por su parlamento, que dice que “no puede ser juzgado antes, durante ni después de su mandato”. Y así también lo concibe la justicia internacional.

Sospechoso de crímenes de lesa humanidad, blanqueo de dinero, tráfico internacional de droga, corrupción política y económica, terrorismo de Estado, evasión de capital, ejecuciones sumarísimas y extrajudiciales, violación sistemática de los derechos humanos, asesinatos masivos y matanzas en la etnia Bubi, el rey de Guinea Ecuatorial campa a sus anchas sin que la justicia internacional se interese por las múltiples denuncias que pesan en su contra.

Extraña empero que, hoy, esgrimiendo las mismas razones contra otros, la justicia internacional haya dictado, por ejemplo, una orden de búsqueda y captura contra Omar Hassan Al Bachir, de Sudán o haya mandado entre rejas al líder del Movimiento de Liberación del Congo y vicepresidente de la República Democrática del Congo, Jean Pierre Bemba, por un presunto delito que se escapa prácticamente de su entorno, mientras el principal responsable, el actual jefe de Estado de la República Centroafricana, François Bozizé está libre de cualquier pecado. ¿Qué justicia se administra así? Es la justicia de unos intereses contra otros, y en el que siempre triunfan los intereses más protegidos por los poderosos, que han traicionado los ideales de paz, de justicia y de libertad que rigen la Carta de las Naciones Unidas y la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

El proceso contra el ex dictador panameño en Francia, otrora mimado por la CIA y condecorado con la medalla de la Legión de Honor Francesa por el presidente Mitterrand, escenifica la hipocresía con la que actúa la justicia occidental, siempre guiada por ávidos intereses económicos que, cuando son vigentes, hasta el más peligroso delincuente del orbe, como Teodoro Obiang o el difunto Omar Bongo de Gabón, se burlan de ella y la pisotean a sus anchas.

¿Que Francia esté juzgando a un ex tirano por blanqueo de dinero y tráfico de droga? Allá la conciencia de los franceses, cuando se sabe que más de la mitad de los dirigentes de África francófona, más  Guinea Ecuatorial son sospechosos, mejor, se les ha pillado con las manos en la masa blanqueando dinero en territorio francés. Un avión del tirano guineano y en el que él mismo viajaba fue interceptado en el aeropuerto parisino de Orly lleno de droga, hacia 1997. El escándalo no transcendió más allá del palacio Elíseo. Recientemente, El Gobierno de Sarkozy ha dado carpetazo judicial al posible enjuiciamiento a déspotas africanos por bienes males adquiridos en Francia.

El caso de Jean Pierre Bemba, actualmente en prisión en la Haya por presuntos crímenes de guerra; una guerra en la que no participó directamente, nos muestra el lado más cínico y desesperante de la justicia internacional. ¿Qué delitos se le acusa a Bemba, que no ha cometido el actual hombre fuerte de Kinshasa, Kabila II o su difunto padre? ¿Qué delitos ha cometido Al Bachir y no haya cometido Robert Gabriel Mugabe de Zimbabwe, Eyadema II de Togo o la Junta militar de Guinea Konakry?

Bemba está siendo acusado de violaciones y crímenes de guerra durante el golpe de Estado de 2003 en la república centroafricana, que entronizó al poder al general François Bozizé. Éste recurrió a Bemba para derrocar al alcohólico Ánge Félix Patassé  y Bemba le proporcionó 500 de sus efectivos. Lógicamente, y tras los acuerdos, el responsable es naturalmente Bozizé, quien debe responder por cualquier escándalo que cometieran los militares a su mando. Bemba no participó en la guerra ni dio instrucciones a sus soldados más allá del contrato suscrito con Bozizé.

Como la República Democrática del Congo es un bálsamo para colonos y neocolonos occidentales que disputan sus inmensos recursos naturales, en medio de éste casos, Bemba era un gran obstáculo en su calidad de principal adversario político del régimen de Kinshasa, que ha dado vía libre a los occidentales para la explotación despiadada de los recursos naturales a cambio de su protección y mantenimiento en el poder por tiempo indefinido.

Los responsables de todo lo que se produjo en Centroafrica son Patassé por haber instalado un régimen despótico y Bozizé por haber arrebatado el poder a la fuerza. En condiciones democráticas no se hubiera registrado un golpe de Estado, ni menos cruento como el que llevó al poder a Bozizé quien, en siete años, se ha vuelto más alcohólico que su predecesor. Hay que esperar que también sea derrocado por golpe de Estado, porque ha traicionado los ideales que le llevaron al poder mediante un Golpe de Estado que fue aplaudido por todos los que ansían la democracia en África negra.

Los golpes de Estado siguen siendo hasta la fecha la forma más efectiva de acabar con las dictaduras sanguinarias que asfixian gran parte de los países negroafricanos. Lógicamente algunos han servido para pasar de dictaduras férreas a democracias estables como los casos de Malí, Ghana, y otros, cómo no, han servido de poco o nada, pero que han supuesto cierta alternancia con respecto a regimenes anteriores, teniendo en cuenta que la alternancia no se puede conseguir a través de mecanismos democráticos reflejados en las constituciones de dichos países, porque en la práctica no se respetan.

Más allá de África Central, la justicia internacional mantiene entre rejas al general Charles Taylor, ex presidente de Liberia, que a finales de los noventa declaró públicamente que “él es mas rico que el Estado y que no tiene deseo de sacar el dinero del Estado porque no existe”, que todo lo que concierne a su fortuna “celestial” le ha sido donado “por sus amigos”. Taylor, como Teodoro Obiang de Guinea Ecuatorial, no fue un simple dictador sino un criminal y reputado delincuente, minado por la corrupción y la violación sistemática de los derechos humanos.

Cuando Taylor rugía en Liberia como un león despierto todos ahorraban críticas en su contra, para seguir chupando de sus diamantes. Expulsado del poder mediante una furia nacional ya se buscan testigos por todo el orbe para declarar contra él y no encuentran a otros que se beneficiaron de sus diamantes que la pobre modelo Noemi Cambel, seguro por sus orígenes y el color de su piel. Pero Taylor siempre tuvo muy buenos amigos y mentores más allá de las fronteras liberianas o africanas, como el ex presidente norteamericano Jimmy Carter y numerosos lobbys yanquis. Más que un proceso judicial con todas las garantías, lo que más parece que busca la justicia internacional es un show mediático que continúe proporcionando más medios económicos a las adineradas cadenas de televisión occidentales, la prensa rosa y sensacionalista.

La justicia internacional jamás será tal, al menos en lo que respecta a África negra, si no reconsidera desde el principio la tendencia delictiva y cruel de muchos jefes de Estado africanos que, no contentos con la violación sistemática de los derechos humanos, de las libertades públicas y fundamentales, también practican el crimen organizado y el blanqueo de dinero, transfiriendo millares de dólares o de euros a sus cuentas bancarias personales en el extranjero, dilapidando los recursos cruciales para el crecimiento y la prosperidad así como el proceso de libertades en sus países.

Consta que la justicia internacional está fanáticamente implicada en la lucha contra el fascismo en todas sus formas. Demonizan a Hitler y el nazismo. Cuando la OTAN demonizó al presidente Milosevic para justificar los bombardeos y su persecución, como si fuera el único responsable de las consecuencias trágicas de la guerra, la justicia europea reconsideró las señales de los líderes de la OTAN y construyó en torno a Milosevic la imagen de dictador diabólico, comparándole con Hitler, Stalin, Pol Pot, etc., para ofrecer el perfil de una justicia imparcial e independiente. Pero, cuando se habla de África, las señales son diferentes porque nadie quiere molestar a los tiranos que regalan los recursos naturales a los europeos y occidentales.

PEDRO NOLASCO  7/07/2010  Editado en comunicación

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2 comentarios en “LA JUSTICIA INTERNACIONAL ES TIMIDA EN SU ACCIÓN

  1. Desde el mismo momento que nacen los Tribunales Internacionales, estos nacen tarados. Pues se crean para juzgar a los vencidos, no para juzgar a aquellos que merecen en su conducta ser juzgados. En ningún caso los tribunales internacionales han juzgado la actuación de los estados considerados potencias, potencias con poder me refiero. Siempre se juzga a estas potencias si pierden, pero nunca cuando ganan. Incluso aquellos atentados a la humanidad que en último hacen las naciones y todos vemos, no existe un solo tribunal que las juzgue, y por lo tanto la credibilidad de dichos Tribunales es nula.
    So. Andrés Castellano Martí. Gracias.

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