BALTASAR GRACIAN RELIGIOSO HUMANISTA EN EL SIGLO DE ORO ESPAÑOL


Durante el siglo XVI y parte del XVII España conoció su máximo esplendor con los imperios de Carlos I y Felipe II cuyos dominios se habían extendido por todas las partes del mundo y convertida en potencia respetada y temida. La ruina del imperio comenzó con Carlos II el Hechizado el último de los Austrias,  y España dejó de ser temida y respetada. El siglo XVIII amaneció con sombrías perspectivas a partir de la batalla de Rocroy donde los temidos tercios españoles fueron vencidos por Francia y a consecuencia de este hecho los permanentes  enemigos en Europa Francia e Inglaterra impedirían  el posterior resurgimiento  económico. En los mares, los buques ingleses, franceses y holandeses, ponían en fuga a los de España por primera vez en muchos lustros.

Esta decadencia política manifiesta con dificultades sociales y económicas graves, coincidió con una altísima expresión cultural como nunca se ha vuelto a manifestar en España, una época donde todas las ciencias y las artes cobraron un impulso extraordinario. Surgieron nombres ilustres en las letras, en el arte y en el pensamiento que se conjuntaron para aportar conceptos y formas originales de un movimiento ascensional en el campo del pensamiento que no cesó hasta el siglo XVIII.

Baltasar Gracián y Morales Nació en Belmonte (Calatayud) en 1601, un religioso y escritor  que cultivó la prosa didáctica y filosófica. Entre sus obras destaca El Criticón, una alegoría de la vida humana, constituye una de las novelas más importantes de la literatura española, comparable por su calidad al Quijote o La Celestina.

Baltasar con 18 años, ingresó en el noviciado de jesuitas en Tarragona y en Calatayud estudio Filosofía, donde le surgió el interés por la ética, que influyó en su producción literaria. Estudio más tarde Teología en Zaragoza, fue ordenado sacerdote y  destinado a Calatayud para impartir humanidades. Trasladado a Valencia, tuvo enfrentamientos con su orden, por lo que pidió cambio  a Gandia, para enseñar filosofía en el colegio jesuita, allí estuvo tres años discrepando con sus compañeros jesuitas.  En 1636 volvió a Huesca e hizo labor de predicador y confesor.

En Huesca hizo amistad con el  mecenas Vincencio Juan de Lastanosa que poseía una biblioteca con siete mil volúmenes, y una gran casa donde mantenía una tertulia con la intelectualidad aragonesa a la que fue invitado Gracian donde contacto con Manuel Salinas (poeta) con Juan Francisco Andrés de Uztarroz (historiador). Vincencio financió a Gracián para que publicase su primer libro: El Héroe (1637).

El virrey de Aragón le nombra confesor en 1639, con quien viaja a Madrid, donde predicó.  Su estancia en la Corte fue desalentadora respecto a sus ideas literarias, allí publicó su segunda obra, El Político (1640) y preparo su trabajo sobre estética literaria barroca, titulado Arte de ingenio, Tratado de la agudeza (1642). Ejerció de vicerrector en el Colegio de Tarragona, donde auxilió espiritualmente a los soldados en la Sublevación de Cataluña (1640). Cayó enfermo, y fue enviado a Valencia para reponerse, con la ayuda de la biblioteca del hospital escribió una nueva obra, El Discreto (1646) publicada en Huesca,  donde regreso para impartir clases de Teología Moral hasta 1650.  Es en esta época es cuando más activamente pudo dedicarse a la literatura. Escribió Oráculo manual y arte de prudencia (1647) y la segunda versión  de Agudeza y arte de ingenio (1648).

Fue destinado a Zaragoza en 1650 con el cargo de Maestro de Escritura, y al año siguiente publica la primera parte de su obra cumbre: El Criticón. Gracián publicó sus obras sin el preceptivo permiso de la Compañía, lo que provocó protestas, algunos jesuitas interpretaron en uno de sus pasajes una ofensa a ellos, impropias de un jesuita profeso, ya que, tratando en ellas la Filosofía Moral, la abordaba  desde una óptica profana. Sin atender las denuncias, publico la tercera parte de El Criticón lo que origino que el Provincial de Aragón, recriminara públicamente a Gracián en el refectorio,  y le impuso como penitencia ayuno a pan y agua, prohibiéndole disponer de tinta, pluma y papel, le privó de su cátedra de Escritura  y lo  envío al pirineo oscense. Gracián cayó enfermo y pidió  al General de la Compañía ser ingresado en otra orden religiosa. Su demanda no fue atendida, más se le atenuó la pena y lo envió a cargos menores  en Tarazona, donde  falleció a los pocos meses, era 1658.

Su producción se adscribe a la corriente literaria del conceptismo caracterizado por  la concentración de un máximo de significado en un mínimo de formas, en ellas juega constantemente con las palabras y cada frase se convierte en un acertijo por obra de los mecanismos de la retórica. Forjó un estilo construido a partir de sentencias breves muy personal, concentrado en el que domina el juego de palabras y las asociaciones ingeniosas.

El pensamiento de Gracián es pesimista, el mundo es espacio hostil y engañoso, donde prevalecen las apariencias frente a la virtud.  El hombre es un ser débil, interesado y malicioso. Buena parte de sus obras se ocupan de informar al lector de habilidades y recursos que le permitan desenvolverse ante las trampas de la vida. Para ello debe  ser prudente y  utilizar la  experiencia, incluso disimulando para adaptarse a la ocasión. Su pensamiento es inseparable de la conciencia de una España  en decadencia, como se advierte en su máxima: «floreció en el siglo de oro la llaneza, en este de yerro la malicia».

Las tres partes del Criticón, (1651 -1653 -1657)  constituyen la obra maestra de su autor. Bajo la forma de una extensa novela alegórica de carácter filosófico, esta novela reúne en forma de ficción toda la trayectoria literaria de su autor. El Criticón conjuga la prosa didáctica y moral con la fabulación metafórica, y con ello, cada capítulo, alberga una doble lectura en los planos real y filosófico que se unen invención, didactismo, erudición, desengaño y sátira social.

La obra constituye una extensa alegoría de la vida del hombre, representado en sus dos facetas de impulsivo e inexperto (Andrenio) y el prudente experimentado (Critilo). Estos dos personajes simbólicos, persiguen la Felicidad (Felisinda, madre para Critilio y esposa para Andrenio), acaban recorriendo todo el mundo conocido persiguiendo el aprendizaje de la virtud que pese al engaño que ofrece comúnmente el mundo, les lleva a ganar la Inmortalidad por sus hechos al llegar la muerte al final de la novela.

La obra podría verse como una gran epopeya moral. Se ha relacionado con la novela bizantina por la multitud de peripecias y aventuras que sufren los personajes y con la novela picaresca por la visión satírica de la sociedad que se muestra en el peregrinaje de sus protagonistas. Tiene también el modo de la novela itinerante picaresca. Tras sus desengaños, el objetivo de los protagonistas es alcanzar la virtud y la sabiduría,  dando cauce a la reflexión filosófica partiendo de una óptica satírica del mundo.

El Criticón apareció en tres entregas. En la Primera parte, subtitulada «En la primavera de la niñez y en el estío de la juventud», los protagonistas se encuentran en la isla de Santa Elena, se cuentan las peripecias vitales que les han llevado allí y emprenden el viaje a España, comenzando por la Corte. La Segunda parte, que aparece con el epígrafe de «Juiciosa cortesana filosofía en el otoño de la varonil edad», transcurre por tierras de Aragón y Francia. En la Tercera Parte, titulada «En el invierno de la vejez», entran por tierras de Alemania y acaban Roma meca del peregrino cristiano, para ser anunciados a la muerte y llegar a la inmortalidad.  La novela refleja,  una visión pesimista de la sociedad, amarga y desolada, aunque alberga una esperanza en los dos virtuosos protagonistas, que consiguen escapar a la mediocridad alcanzando la fama eterna.

Este periodo donde los hombres y sus obras fueron de magnifico esplendor, se denomino el “Siglo de Oro”, aunque el periodo de este auténtico renacimiento español se acerco a casi los doscientos años. La influencia que este movimiento tuvo en el resto de Europa fue considerable. Nosotros somos los herederos de tan magnifico legado.

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