EL TIGRE DEL MAESTRAZGO, un querrero arrepentido.


En el Maestrazgo, de la primera revuelta salió un líder carismático que imprimió en la causa tintes épicos y enorme arraigo popular: el general Ramón Cabrera, el Tigre del Maestrat.

Cabrera había nacido en el barrio de pescadores de Tortosa (Tarragona) en

1806, hijo de un marino mercante y de una mujer de gran religiosidad que

le encaminó al sacerdocio. Apasionado, vehemente, católico tramontano e

intrépido, dejaría el seminario para unirse al levantamiento de Morella del barón de Hervés y secundar el nombramiento del pretendiente carlista como rey Carlos V. Desde la capital de Els Ports llegó a organizar un territorio autónomo carlista con más de cuarenta pueblos, con prensa, recaudación e instituciones propias, a la vez que ganaba el apelativo de Tigre por su ferocidad en la batalla y habilidad para burlar el cerco enemigo. Pese al fracaso de esta I Guerra Carlista, se convirtió en general, conde de Morella y héroe romántico popular que inspiró a escritores como Galdós, Baroja o el inglés George Borrow, que extendió su leyenda al extranjero. Fracasada también la II Guerra Carlista (1846-49), acabó exiliándose en Londres y allí permaneció hasta su muerte, treinta años después. Casado con una rica heredera inglesa, convertido en un exquisito gentleman, Cabrera siempre fue un referente para las bases populares, pero se distanció de la cúpula tradicionalista al asumir el liderazgo Carlos VII, nieto del primer pretendiente carlista.

El veterano general discrepó de declarar la III Guerra Carlista, convencido

de que estaba abocada al fracaso y de la necesidad de buscar una vía de reconciliación: «Yo soy el que hace cuarenta años acaudillaba […] las huestes defensoras de la tradición […] que llegó a ser amado y temido. El mismo y con el mismo anhelo de servir a mi patria, y con la misma fe […] yo que por destino de Dios y mi desgracia he venido a personificar […] los sentimientos propios de la guerra civil, españoles, creedme, solo el nombrar esta calamidad me aflige, porque la conozco bien y la detesto […]. Españoles, piedad de la nación, que también es nuestra madre».

El tiempo acabaría dándole la razón y, como antes Francisca Guarch y tantos otros carlistas, el infante Alfonso, María de las Nieves y Carlos VII tuvieron que cruzar la frontera ante la evidencia del fracaso bélico en 1876 frente a las tropas de Alfonso XII. Las palabras del pretendiente carlista al cruzar los Pirineos, «Volveré, para salvar España», fueron su último error estratégico en la contienda.

«Manifiesto a la nación», Ramón Cabrera, en Cabrera, el Tigre del Maestrazgo, el carlismo-

antiguo Régimen y la Restauración, Javier Urcelay Alonso, Barcelona 2006.

2 comentarios en “EL TIGRE DEL MAESTRAZGO, un querrero arrepentido.

  1. Bueno, propiamente no hubo ninguna “evidencia de fracaso bélico”. Lo que sucedió realmente se supo hace poco: Martínez Campos consiguió sobornar a Dorregaray y probablemente a Savalls, dándoles una pensión vitalicia, a cambio de que sus 15 a 20.000 hombres del Ejército del Centro no hiciesen nada en el último año de guerra.

    Así también gano yo las guerras.

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