La primera alcaldesa de España


Matilde Pérez Mollá (1858-1934), había nacido en el seno de una familia muy acomodada, de agricultores y ganaderos con grandes posesiones de tierra,  se caso muy joven con un joven alcoyano, notario de profesión, que fue destinado a Cartagena entonces rica ciudad minera y militar, ella la recién casada le acompaño, trasladándose en carreta por destartaladas carreteras sin asfaltar,  ilusionada por su matrimonio reciente y dichosa por conocer el mar y allí vivió muy feliz.

Cuando el infortunio la convirtió en viuda, volvió a su ciudad natal, Quatretondeta, convertida en una mujer de mundo, había conocido a personajes de diferentes posiciones sociales, vivido en un ambiente elevado y culto, viajado esporádicamente a países extranjeros que la impregno de conocimientos y formas culturales diversas.

Ya en su  localidad, se dedica a administrar sus fincas y patrimonio, colabora con la prensa redactando artículos, organiza actividades lúdicas haciendo intervenir a los ciudadanos en grupo de teatro, y dando clases de música. Colabora con la cercana leprosería de Fontilles,  y para recabar fondos  recorría la comarca a caballo.

Su vida activa la recogió su sobrino Rafael en una novela titulada “la señora”. La  mujer se convirtió en personaje histórico a los sesenta y seis años, cuando era llamada por sus paisanos «la senyora vella», (señora vieja)   una  mujer que hacia treinta años era viuda y colaboraba forma altruista en ayuda a su pueblo que tenia en aquella época una población cercana a quinientos habitantes.

Un telegrama con erratas notificaban a la Presidencia del Gobierno español de 1924, el nombramiento en la primera alcaldesa de la historia de España. Era Matilde Pérez Mollá y se trataba del municipio alicantino  de Quatretondeta. Fue casualidad que se la nombrara  el 8 de marzo, fecha entonces poco señalada y recién elegido como Día Internacional de la Mujer en la Segunda Conferencia de Mujeres Socialistas, que se había celebrado en Copenhague en 1910.

La oportunidad de Matilde y del puñado de contemporáneas suyas de participar en las instituciones públicas por primera vez en España fue consecuencia de la obsesión personal de un dictador, por convencer a los súbditos españoles de las bondades del régimen militar surgido de su golpe de estado en septiembre de 1923. Gobernaba en España la dictadura del General Primo de Rivera, y para intentar ganar apoyo social, concede el derecho restringido al voto de las mujeres españolas, ella cumple los requisitos para ser elegida: mayor de veinticinco años, no sujeta a autoridad marital y con «casa abierta» en un municipio.

El general golpista, tras eliminar el sistema parlamentario y sustituir el gobierno por un Directorio Militar, desde su primera proclama buscó subterfugios para legitimarse aduciendo que «Nuestro propósito es constituir un breve paréntesis en la marcha constitucional de España para restablecerla […] de los vicios que a las organizaciones políticas imputamos…», devolviéndole al rey Alfonso XIII una patria renovada «para que restablezca pronto la normalidad». Eran proclamas destinadas a la necesidad de aceptación popular de un régimen ilegal.

En algún aspecto particular la dictadura proporcionó algún escaso beneficio para el país, como la mejora de la enseñanza primaria con la construcción de mil nuevas escuelas y la concesión del voto administrativo a las mujeres al aprobar el Estatuto Municipal el 8 de marzo de 1924. Escasas ventajas que no impidieron que el general golpista, acabaría arrastrando a la monarquía española al desastre, el incapaz salvapatrias fue muy cuestionado por los intelectuales (Ente ellos el escritor valenciano Blasco Ibáñez).

En seis años de alcaldesa logró unir Quatretondeta al mundo con su primera carretera, de cinco kilómetros que llegaban y llegan a Gorga, otro logro fue el de hacer llegar la luz eléctrica a las casas y calles del pueblo. Desempeño el cargo durante cuatro años, en los que se gano el respeto de sus convecinos.

La reivindicación del voto femenino y los derechos cívicos de las mujeres cobró un fuerte impulso en España durante el reinado de Alfonso XIII gracias a agrupaciones femeninas como la Asociación Nacional de Mujeres Españolas de Madrid, integrada por Clara Campoamor, María de Maeztu o Victoria Kent, o la Liga para el Progreso de la Mujer y la Sociedad Concepción Arenal, ambas en Valencia. Su labor generalizó la percepción de que podían concederse ciertos derechos sin desestabilización social y las reivindicaciones calaron también en algunos sectores partidarios del feminismo.

El Estatuto Municipal de Primo de Rivera permitía votar a las mujeres mayores de veintitrés años «no sujetas a patria potestad, autoridad marital ni tutela y sean vecinas con casa abierta en algún término municipal», y además les permitía ser elegidas si eran mayores de veinticinco años, ejercían de cabeza de familia y sabían leer y escribir. Era un derecho restringido por el estado civil y la condición social, pues el 71% de la población femenina española era analfabeta. Las mujeres casadas quedaban excluidas para evitar conflictos en el matrimonio.

Matilde y las demás mujeres que se beneficiaron de esta medida fueron nombradas, no elegidas por sufragio universal, pues el Estatuto no se sometió al escrutinio popular. Tras ella fueron designadas como alcaldesas Concepción Pérez Iglesias en Portas (Pontevedra), Petra Montoso Moreno en Soriehuela del Guadalamir (Jaén), Benita Mendalio en Bolaños de Campos (Valladolid) y Dolores Codina en El Talladell (Lleida). Se nombraron también mujeres concejales en numerosos pueblos, como Segorbe, y ciudades, como Alicante, Bilbao, Toledo, San Sebastián, Barcelona, Vigo, Segovia y Madrid.

La labor de estas pioneras en las instituciones municipales no generó rechazo aunque muchos varones dudaban de su capacidad para participar en el gobierno nacional pensaban que sí eran adecuadas para el municipal, «sobre la base de que era una mera prolongación de los deberes domésticos». Consideraban que mantener una ciudad arreglada podría hacerlo una mujer, pues era como un trabajo doméstico a gran escala y que la administración municipal podría ser «esencialmente femenina».

El voto de las mujeres en igualdad de condiciones que los hombres hubo de recorrer un largísimo camino lleno continuas barreras de dificultades para hacerse realidad Nueva Zelanda lo consiguió en 1893, Australia en 1901 y Finlandia en 1906 fueron los tres primeros países en conseguirlo, en la mayoría de países occidentales, lo lograron ya bien entrado el siglo XX. Noruega, Dinamarca, Islandia, Rusia, Inglaterra, Alemania y Suecia lo aprobaron entre 1913 y 1919; Estados Unidos en 1920 e Irlanda en 1922.

España fue el primer país latino en aprobar el sufragio universal femenino y lo hizo el 1 de octubre de 1931, durante la II República española, en una sesión histórica con un  profundo  y vehemente debate entre dos mujeres brillantes y feministas, Victoria Kent y Clara Campoamor. La primera no creía oportuno conceder el voto a las mujeres por miedo a que fueran manipuladas por los sectores conservadores y peligrara la joven República. Por el contrario, Clara Campoamor defendió en su famoso alegato que «la mujer se manifieste como es, para conocerla y juzgarla», anteponiendo su derecho a la oportunidad política del momento.

La aprobación fue seguida de aplausos, protestas, gritos y alboroto incontrolable durante casi media hora, el acuerdo estuvo a punto de anularse  con una enmienda que, finalmente, fue rechazada por cuatro votos de diferencia era el 1 de diciembre de 1931. Las españolas ejercieron su nuevo derecho por primera vez en las elecciones generales de 1933, que dieron el triunfo a los conservadores de Lerroux y los católicos de la CEDA de Gil Robles.

Después de las españolas, consiguieron el derecho a voto entre 1945 y 1956, las mujeres de: Francia, Italia, Canadá, Israel, India, Japón, México y Egipto. Las suizas solo lo consiguieron en 1971, aún hoy, los derechos de la mujer están discriminados y votar es una utopía en numerosas países, y  votar en libertad, está desvirtuado en partes del mundo para millones de mujeres.

Fuente: La dictadura de Primo de Rivera. Una oportunidad para la mujer, Paloma Díaz, UNED.

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2 comentarios en “La primera alcaldesa de España

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