Amparo Iturbi, pianista valenciana.



Esta magnifica pianista que interpreto las obras de Granados, Albeniz y Falla, era procedente de una familia de pianistas artistas, con cuatro hermanos todos relacionados  con la música por la habilidad del padre para afinar pianos, una actividad extra con la que redondeaba su escueto sueldo de cobrador de gas. Las noticias sobre la muerte de Amparo Iturbi llegaron desde Beverly Hills en 1969, víctima de un tumor cerebral, había nacido en 1895.

Amparo logró igualar la pureza y claridad de sonido que dio fama internacional a los Iturbi, el éxito la acompaño en el París de 1925. Allí es aclamada por la interpretación de Goyescas, por Granados, obra con la que triunfa también en las mejores salas europeas, a la vez que empieza a dar con su hermano  José los legendarios conciertos de piano a cuatro manos y los dúos con que ilusiona al público europeo de entreguerras.

De rasgos morenos, alta, fumadora empedernida, políglota y elegante, se convirtió en la gran dama del piano de su tiempo. Tras casarse con un comerciante y exportador de frutas, del que se separó poco después y tuvo en 1931, tuvo a su única hija. Nunca se divorció formalmente ni se volvió a enamorar, al menos públicamente.

En 1937 llega a Estados Unidos y debuta con extraordinario éxito en el Carnegie Hall de Nueva York. Da clases, conciertos, graba docenas de discos y redobla su popularidad al participar en programas de radio y, finalmente, en cinco famosas películas de la Metro Goldwyn Mayer, tocando a cuatro manos o a dúo con José. Bien sabía Pasternak, el melómano productor de la Metro que les contrató, que el apellido Iturbi era sinónimo de triunfo en aquel Hollywood dorado del musical.

Se Instaló con su hija y nieto en Beverly Hills, conservo siempre su amor a su tierra, cocinaba paella y hablaba valenciano con los suyos. Hoy es muy difícil encontrar sus discos en España, una calle valenciana lleva su nombre, se recuerda su  faceta de pianista universal y su condición de «hermana de José Iturbi»

El Holliwood que acoge en los años cuarenta a Amparo Iturbi era un mundo prvilegiado, porque España habia terminado la cruel guerra civil, y malvivia su población con una durísima posguerra y Europa desafortunada se enfrentaba a una terrible II Guerra Mundial que dejo sesenta millones de muertos.

Estados Unidos había superado la Gran Depresión de Wall Street en 1929, y encontró la necesidad de evasión en el cine que con sus canciones, y alegres colores proporcionaba una catarsis liberadora. La Metro Goldwyn Mayer, que disputaba a la Warner Bros en el dominio del género musical coincidiendo con la sustitución del blanco y negro por el technicolor.

Música y cine habían estado vinculados desde el principio del séptimo arte,

con ocho años José tocaba el piano para las películas mudas de los primeros cinematógrafos valencianos, inicialmente a cambio de helados  y luego cobraba una peseta por sesión.

La música, el lujo, el color  y ritmo de los musicales les haría triunfar de

Inmediato y  seria una fórmula necesaria de calmar las dificultades de las gentes. Hollywood, supo salir con prontitud del crac económico, y la inteligencia de captar a cientos de expertos talentos europeos llegados a Estados Unidos huyendo de la brutalidad de Hitler en la Guerra Mundial.

Entre aquellos que llegaron fue el productor húngaro Joe Pasternak, que tras pasar por otros estudios fue fichado por la Metro en 1941. Este hombre culto y melómano, apostó por democratizar la música clásica adaptándola a ritmos populares, incluyendo en sus películas temas de Chopin, Falla, Debussy o Rachmaninoff.

Aunque los musicólogos criticaron estas adaptaciones, hoy todos aceptan los deliciosos momentos en que Judy Garland cantanba swing sobre El barbero de Sevilla y el boogi-woogie de Iturbi al piano en Miles de aplausos.  Establecía mezclas entre la música culta y la popular, en duelos musicales con  diferentes estilos, como el que protagonizaron los valencianos Iturbi con el catalán Xavier Cugat.

Los dos españoles usarían su enorme popularidad para entretener y levantar

la moral de los soldados aliados, bien a través de programas de radio, el otro gran medio de comunicación de masas de los cuarenta, o participando con actuaciones, conciertos o charlas en alguno de los tres mil clubs de la United Service Organization, la USO, igual que hicieron durante toda la guerra otras grandes estrellas como Marlene Dietrich, los hermanos Marx, Doris Day, Andrés Segovia o Amparo Iturbi, que incluso se desplazó al Norte de África. Entre las colaboraciones de Pasternak, los Iturbi y Cugat, la película Festival en México tiene hoy un valor documental añadido. Rodada en 1946, aparecen José y Amparo haciendo de ellos mismos y tocando a cuatro manos en una escena familiar a la que se suman Tonia y Teresa Hero, huérfanas de la malograda hija del pianista, pidiendo a su abuelo que toque algo para ellas.


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