Escuela de Salamanca, (Universidad de Economistas)


Uno de los aspectos que ha hecho famosa esta Escuela lo fue por sus investigaciones sobre la economía de aquel entonces. El gran reconocimiento de sus avanzados teorias, le llego a la denominada Escuela de Economistas en Salamanca, para elevarla a lo más alto del reconocimiento mundial le llego cuando sus conclusiones fueron difundidas con la publicación de Historia del análisis económico (1954), de Joseph Schumpeter  que estudió la doctrina escolástica en general y la española en particular, allí se elogió el alto nivel de la ciencia económica en la España del siglo XVI. Según él gran pensador: esta escuela fue el grupo que más se merece el título de fundador de la ciencia económica.

La Escuela de Salamanca no llegó a elaborar una doctrina económica completa, pero estableció las primeras teorías modernas para afrontar los nuevos problemas económicos que habían surgido. Desgraciadamente, no hubo continuación desde finales del siglo XVII, y muchas de sus aportaciones acabaron olvidadas para ser redescubiertas décadas después.

En 1517 Francisco de Vitoria, Catedrático de Salamanca, cuando fue  profesor en la Sorbona, recibió en  consulta a comerciantes españoles residentes en Amberes sobre la legitimidad moral de comerciar para incrementar la riqueza personal. Desde entonces y en años posteriores, Vitoria y otros teólogos estudiaron los asuntos económicos, renunciando a posiciones obsoletas e influyeron por renovarlas con los principios extraídos de la ley natural.

El orden natural se basa en la libre circulación de personas, bienes e ideas, de manera que los hombres pueden conocerse entre sí e incrementar sus sentimientos de hermandad. Esto implicaba que los comerciantes no sólo no eran moralmente reprobables, sino que llevaban a cabo un servicio importante para el bienestar general.

Con el florecimiento de las órdenes mendicantes en el siglo XIII comenzó un movimiento que, cada vez con más fuerza, insistía en la pobreza y la hermandad de los hombres, deplorando la acumulación de riquezas en la Iglesia. Las órdenes mendicantes consideraban la posesión de bienes y la propiedad privada como, al menos, moralmente objetables. Frente a ellos los dominicos (Orden mendicante), y Tomás de Aquino con gran pasión, defendían que la propiedad privada es, en sí, una institución humana moralmente neutra.  La teoría medieval del valor predominante basado en que el coste de producción marcaba el precio justo. Creencia que rectificado por Diego de Covarrubias y Luis de Molina, que desarrollaron una teoría subjetiva del valor y del precio: puesto que la utilidad de un bien varía de persona a persona, su precio justo será el que se alcance de mutuo acuerdo en un comercio libre. Los integrantes de la escuela defendieron el libre mercado, donde el precio justo venía dado por la oferta y la demanda.

El préstamo con interés siempre había sido muy mal vista por la Iglesia y en el 1307, el Concilio de Viena prohibió explícitamente la usura y calificó de herética cualquier legislación que la tolerase; los primeros escolásticos reprobaban el cobro de interés. En la economía medieval los préstamos eran consecuencia de la necesidad (mala cosecha, incendios, enfermedades, excesiva prole) y, en dichas condiciones, no podía menos que ser moralmente reprobable el cobrar un interés por ello. En aquellas condiciones, sin beneficios y con riesgo de perder lo prestado eran escasos las cantidades destinadas por las personas adineradas a este fin, que preferian invertirlo en tierras, para así tener mayores rentas, algunos prestamos se concedian a base de contrapestaciones de trabajo o servicios, algunos denigrantes.

En el Renacimiento la mayor movilidad de las gentes propició un aumento del comercio y la aparición de condiciones apropiadas para que los emprendedores iniciasen negocios nuevos y lucrativos. El préstamo ya no era para el autoconsumo sino para la producción, no podía contemplarse bajo el mismo prisma. La Escuela de Salamanca encontraba diversas razones que justificaban el cobro de un interés. La persona que recibía el préstamo obtenía un beneficio a costa del dinero obtenido. Por otro lado el interés se podía considerar como una prima por el riesgo del prestatario a perder su dinero. También estaba la cuestión del lucro cesante, ya que el prestatario perdía la posibilidad de utilizar el dinero en otra cosa. Por último, y una de las aportaciones más originales, estaba la consideración del dinero como una mercancía por la cual se puede recibir un beneficio llamado el interés.

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