Literatura en “Pliego de cordel”


Se denomina pliego de cordel a los impresos en pliegos sueltos que distribuían los ciegos desde el surgimiento de la imprenta, por ciudades villas y poblados, ciegos cantores que durante el siglo XV al XVIII, recorrían los caminos en una labor cultural iniciando a las gentes en la lectura. Se le llamaba pliego de cordel porque las hojas de papel estaban atadas a un cordel o caña, formando un cuadernillo de pocas hojas destinado a propagar textos presuntamente “literarios”.

Como existían obras populares dedicadas a los gustos de los lectores, se creó un género literario para este proyecto que en concordancia con su destino, se denomino “Literatura de cordel”. El pliego, que prácticamente nació con la imprenta, sirvió de vehículo para la propagación de textos literarios admitidos, hoy en día, como prestigiosos y respetables y conservadores de un teatro nacional oscurecido por el neoclasicismo del siglo XVIII

Incluían temas  mayoritarios “literarios” romances de cautivos, novelescos, canciones amorosas, milagros,  lírica y otro, los “históricos” crímenes de carácter político, religiosos y temas  diversos de  interés mayoritario para el público lector. Una primera clasificación elemental nos lleva a valorar el carácter imaginativo o no del contenido, que reproducían modelos literarios anteriores o de nueva creación.  Los impresores determinaban sus obras con calificaciones adaptándose a la necesidad de sus lectores:  Nuevo romance”, en contraposición a viejo, tradicional o ya conocido; “dulce tratado”; “canción nueva”; “breve relación”; “sátira compuesta”; “canción lírica”, etc.

Su extensión variaba en función del tema propuesto; Antonio Rodríguez Moñino, quizá el mayor experto en la materia, consideraba que su extensión iba de una a las treinta y dos planas (cuadernillos de ocho, dieciséis o treinta y dos páginas), a fin de que no fuese confundido con el llamado folleto. María Cruz García de Enterría, por el contrario, estimaba que debía contar entre una y dieciséis hojas. En todo caso su precio era barato por su corta extensión, comparada con, por ejemplo, los gigantescos libros de caballerías, y por eso llegaba a un abanico de público lector mucho más amplio y variado que el resto de la producción impresa, de carácter más voluminoso. Se solía divulgar en las ferias y algunos los coleccionaban, para luego encuadernar sus colecciones formando los llamados Cancioneros.

Volviendo a las constantes que se pueden observar en los romances de ciego (“vulgares” los llamaba el insigne recolector Durán), Marco señala, después de analizar la estructura del enunciado, unas notas comunes presentes por lo general en la introducción del tema como son:

  • su acusado esquematismo, de claras raíces medievales.
  • su carácter oral, a pesar de la cita al “lector curioso”, ya que el pliego suele llegar a través de la audición de un intermediario: el ciego.
  • frecuentes invocaciones a la Virgen o a la Fama.
  • razones morales para justificar la composición-
  • poner de relieve lo desmesurado de la historia para preparar el ánimo del espectador o atraer su atención.
  • preocupación por la verosimilitud (a veces se utilizan fórmulas como: “hechos ocurridos en el presente año”)

Respecto a los finales, las notas comunes suelen ser:

  • mayor brevedad en el desenlace.
  • identificación del autor.
  • petición de perdón por las faltas cometidas.
  • alusión directa al auditorio.
  • presencia de actitudes antifeministas (de amplia documentación en la historia de la literatura}.

Como género literario su calidad estética era en ocasiones escaso, presentaba las características formales y temáticas propias de la literatura popular de consumo masivo y fungible, aunque a veces se guardaban y encuadernaban, presentando amplias ilustraciones grabadas y abundante sensacionalismo.

Su valor sociológico era evidente, y tuvo importancia como medios más frecuentes de difusión de la lírica cancioneril y del Romancero del Prerrenacimiento, así como de la lírica y las narraciones de aventuras. Los estudios bibliográficos realizados por Rodríguez Moñino, le han llevado a afirmar: “…creemos frente a lo hasta aquí establecido, que las dos grandes fuentes de difusión del romancero español entre la masa popular han sido los pliegos sueltos poéticos. Otro aspecto relevante en la literatura de cordel, es la creciente importancia de los pliegos como transmisores de la poesía. Durante los siglos XVIII y XIX se van abandonando las publicaciones de textos del romancero “viejo”, salvo algunos como “El Conde Alarcos”, (“Gerineldo”, etc., como hemos visto, conservados, tal vez, por sus valores melódicos). Así, como Cervantes no acabó por entero con el espíritu de las novelas de caballería, la mentalidad de los ilustrados tampoco pudo impedir la difusión de los pliegos hasta entrado el siglo XX. El público, ante el descrédito general le la novela desde el siglo XVII, pero principalmente durante el XVIII, favoreció lo imaginativo del romance frente a la inverosimilitud le algunas narraciones en boga. El mundo del pliego de cordel, nos a pesar de ser una estética estereotipada, ofrece una continuidad de sorpresas, debida en parte, al desarrollo de las imprentas y a sus constantes conexiones con la literatura “culta”. Los autores populares, debido a su limitación de posibilidades de invención creativa, se ajustan a la estética establecida del género que viene reflejada por las constantes apuntadas más arriba.

Otra de las relaciones más interesantes, son las constituidas entre los pliegos y el teatro. Son reconocidas las conexiones de los pliegos con los dramas románticos del XIX. Resúmenes más o menos logrados, alcanzaron grandes tiradas, como “Don Juan Tenorio”, “Los amantes de Teruel”,”Catalina Howard”, “La molinera y el corregidor”, “El Trovador”. Importante ha sido la contribución de la literatura de cordel respecto al teatro, que lleva a sostener a Manuel Alvar: “…los pliegos de cordel habían perpetuado un teatro nacional en los momentos de mayor afrancesamiento del país…”; “…el teatro suprimido se: transformó en pliegos de cordel; se perdió la comunicación a través de las representaciones, pero siguieron los versos sonoros, las peripecias de los argumentos, el eco de algo que estaba vigilado”

La literatura de cordel tiene una manifiesta relación con el teatro, sino que también la tiene con la Historia, los pliegos supusieron un excelente instrumento de información y un eficaz sistema de propaganda política hasta el definitivo triunfo del periodismo en el siglo XIX, lo que disminuyó la eficacia del pliego.

Las interacciones entre el pliego y la novela, se observan en las prosificaciones y resúmenes de las novelas de caballerías e incluso, en prosificaciones de romances históricos “Infantes de Lara”, “Fernán González”, acompañados de gran aparato escenográfico y que alcanzaron gran difusión hacia la mitad del siglo XIX.

Comentario:

La literatura de cordel ofrece se la ha etiquetado como infraliteratura, la consideración despectiva por parte de la Literatura culta, presta muy escasa atención a este género literario, bajo la opinión de clases acostumbradas a regirse por una preceptiva del excelso, que solo admiten una literatura destinada a un lector culto, que consideran este género como prototipo del “mal gusto”, donde se parangona lo vulgar con el gusto popular y como inductora de bajas pasiones y de promover la superstición en sus asiduos consumidores. Esta cruel descripción olvida el desconocimiento de un pueblo desafortunado de escasa cultura que en muchos casos era analfabeto.

Este pueblo español, en el siglo de Oro, tenia en las zonas rurales una media del 65 % de analfabetos, que no era culpa de ellos sino era responsabilidad de un sistema inútil de escolarización, donde lo importante era enseñar rezos y bordados de bolillos. Estas personas tuvieron este medio de acercarse a la cultura, que admitiendo no tuviera la calidad alta deseada por los críticos, sirvió para desarrollar el interés por la lectura y este fin social, tenia más valor que una obra de teatro en “la capital“,  donde el hombres modesto de la ciudad, y menos aún los pueblos, ni tenia medios de desplazarse si bienes económicos para pagar el coste de billete para entrar. En aquel entonces la alternativa eran los libros de caballería, relatos fantásticos que tampoco se podían ejemplo de obras maestras, (con alguna excepción).

Esos censores desclasificadores de algo que beneficiaba y entretenía al pueblo, desde su pedestal de privilegiados, que pretenden desmerecer un medio de satisfacción al pueblo llano, es propio de presumidos que no tienen consideración con lo que pertenece a la cultura tradicional del  débil. EN INADMISIBLE ACTITUD SOCIAL.

Fuentes. “Literatura Popular en España en los siglos XVIII y XIX” (Una aproximación a los pliegos de cordel). Joaquín Marco. 2 Vols. Edit. Taurus 1977


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Un comentario en “Literatura en “Pliego de cordel”

  1. Es excelente el grueso del texto, aunque puedo observar ciertas impresiciones sintácticas, que hacen pensar en una traducción defectuosa. Por lo demás, es un texto enteramente imprescindible para introducirse a la comprensión amplia de la tradición popular.
    El argumento del final me resulta accesorio.

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