Germana de Foix, última reina de Aragón y Virreina de Valencia


Reina Germana

(Alcázar de Mezières, Francia, 1488-Llíria, Valencia, 1536)

Fernando II de Aragón, tenia 53 años, era viudo de la gran reina Isabel la Católica, todavía le atraían las mujeres  bellas y sus apetencias las cubria con compañía en su lecho, no era el interés carnal lo que le empujaba a un nuevo matrimonio, reunió a los nobles de su reino para comunicarles que por razón de estado y por la seguridad del reino, estaba en negociaciones  con el rey Luis XII de Francia, quien le ha habia propuesto un acuerdo de paz tan necesario entre reinos vecinos. En el pacto  el rey de Francia ofrece en matrimonio a su sobrina Germana de Foix, hija del conde de Etampes y vizconde de Narbona y de Maria de Orleáns, hermana del rey de Francia, la cual aportaria como cesión los derechos dinásticos del reino de Nápoles, y el título de reina de Jerusalén, derechos que retornarían a Francia en caso de que el matrimonio no tuviese descendencia. A cambio de lo cual yo el Rey Católico me comprometo a matrimonio con la sobrina del Rey francés y  a nombrar heredero al posible hijo del matrimonio.

Algunos desagradecidos de mis nobles, están molestos por creer que es una maniobra para que el Reino de Aragón no pase a manos de Felipe el Hermoso y de mi desafortunada hija Juana a quien el pueblo la llama loca.

Los nobles accedieron tras mi cesión de algunas propiedades del reino. El tratado se firmo en Blois. Germana tuvo que aceptar la imposición de su tio  el rey de Francia Luis XII, a pesar de su resistencia a contraer matrimonio con un viejo de casi sesenta años, cuando ella contaba solo 18 años y habia  tenido algunos intensos romances con jóvenes nobles.  Así que resignada en 1505, se caso por poderes en la localidad palentina de Dueñas con Fernando II de Aragón, ni siquiera disfrutó de su noche de bodas, porque su esposo estaba ausente. En 1509  nació su hijo Juan de Aragón y Foix  en Valladolid, lo que suponía la separación de los reinos de Castilla y Aragón, pero murió a las pocas horas de nacer.

Maria la curandera, a la que las gentes la acusaron de bruja, y de envenenar al rey Fernando. Todo empezó hace unas semanas antes cuando caballero importante por su porte y apariencia, vino a su cabaña acompañada de  gente armada, para hacerle un encargo para persona impotente incapaz de complacer a su joven esposa, teniendo premura en el encargo porque era preciso la potencia y capacidad de preñar, porque el embarazo era un asunto de importancia según dedujo, el Señor que portaba el encargo entrego dos hermosas monedas de oro y ella con sus conocimientos de las hierbas preparo una mezcla, puso porción de  albahaca y cilantro, varias dosis de azafrán que van muy bien como excitante interno, añadíó tres medidas de valeriana y seis de muerdago, para tomar en tisanas en ayunas por la mañana, el rey debió tomar en exceso las dosis indicadas, tuvo una colitis terrible que le hizo perder las fuerzas y murió. Posiblemente fue el muerdago lo que le hizo mal, esta planta  que crece pegada  a robles  sagrados se sabe de su toxicidad, más ante la premura e insistencia del encargo la curandera decidió a añadirlo a la formula. El caso es que tras el rey muerto la Inquisición acusó  de provocarla, cosa que no pudieron probar porque el caballero intermediario nada dijo y el fallecido no podrá presentarse de testigo.

Sor Josefina, cuidadaba de la salud del rey Fernando de Aragón el Católico, fue enviada por designación del Señor Obispo, su majestad tenia molestias y problemas de salud hace más de dos años, problemas de ansiedad porque queriendo tener sucesión no tenia fuerzas, era hombre bueno pero no cuidaba su salud ni admitía que le controlasen, sin yo saberlo y después de fallecido encontré unos saquitos de hierbas malolientes que deduzco tomaba a escondidas cuando en la mañana le portaba agua caliente para tomar infusiones de te de río, y que  se deduce las utilizaba para en infusiones con hierbas que lograba por algún mal servidor. En la corte se comenta tomaba aquellas hierbas del demonio con la esperanza de lograr sucesión de la reina Germana.

Fernando dejó en testamento a Germana unas rentas anuales de más de 50.000 florines, con usufructo de viudedad que quedaría anulado en caso de contraer matrimonio. En la última carta a su nieto Carlos, Fernando el Católico, encomienda que no abandone a su viuda, «pues no le queda, después de Dios, otro remedio sino sólo vos…» y le encarece que le sean satisfechas las rentas que le habían sido asignadas. Al enviudar, Germana se traslada a Castilla.

El emperador Carlos I a su llegada a España en  1517  tenia 17 años,  y conoció a su abuelastra, Germana de Foix, de 29 años, una mujer hermosa discreta y afectuosa. En la primera entrevista mantenida con la viuda en Valladolid ella se mostró muy afable y asequible, Carlos comenzó a organizar torneos y banquetes en su honor. Pronto surgió entre los dos una apasionada relación amorosa, esa no era en modo alguno la protección que el rey Fernando pedía a su nieto Carlos, el caso es que de aquel romance, nació una  niña, su hija Isabel, aunque nunca fue reconocida oficialmente, Germana de Foix se refiere a ella en su testamento como la «infanta Isabel» —título que no le podía corresponder— y a su padre como «el emperador». La niña residió y fue educada en la Corte de Castilla.

Doña Leonor hermana del emperador. En  1519, acompañó a Carlos I y a su amante Doña Germana a  Zaragoza y Barcelona para celebrar Cortes y ser jurado como rey. Allí indujo al emperador era necesario destruir aquella relación, para evitar criticas de los rumores que surgían en la opinión de los vasallos, y que era necesario poner fin a los amores con su abuelastra. Se acordó el casamiento de Germana de Foix con Fernando, Marqués de Brandeburgo, del séquito del emperador. Para compensarla y acallarla la nombró virreina y lugarteniente general de Valencia y al Marqués, capitán general del reino.

Germana quedó otra vez viuda y quiso volver a las andadas con el emperador, este para alejarla le organizó ordenó un nuevo matrimonio con el Duque de Calabria, hijo primogénito del rey de Nápoles Federico I, que recibió una esmerada educación, propia de un príncipe italiano que encanto a Germana.

Carlos I nombró al matrimonio virreyes y lugartenientes generales de Valencia, desde donde ejercieron un gobierno autoritario y represor. Hubieron de hacer frente al bandolerismo y las luchas internas, a la piratería ejercida desde el norte de África, al endeudamiento de los nobles y a la rebelión de los moriscos. Durante su mandato ocurrió

una feroz persecución contra los agermanados. Este movimiento fue una revuelta social contra  la nobleza que había huido de la ciudad ante una epidemia de peste. El pueblo tenía permiso real para utilizar armas con las que enfrentarse a las incursiones de los piratas berberiscos. Tras la huida de la nobleza, las clases medias y gremiales de la ciudad se hicieron cargo para regir la capital valenciana.

El duque con la ayuda de los nobles y el ejercito, recuperaron el poder desecharon las reivindicaciones antinobiliarias y los bienes de aquellos “rebeldes” fueron incautados y entegrados a los nobles

Germana de mediana edad joven hermosa y agraciada se convirtió en mujer gruesa y enorme, murió en  Liria a los 49 años. El testamento lo hizo conjuntamente con su esposo, y en él se dejaban los bienes uno a otro en vida, pero a la muerte de ambos debían pasar a la Orden de los Jerónimos.  Para cumplir la voluntad de su viuda, el Duque de Calabria promovió la construcción del  Monasterio de San Miguel de los Reyes en Valencia, cuyas obras comenzaron en 1548 y se prolongaron durante los siglos XVII y XVIII.

En una masía del término municipal de Liria denominada «el Espinar», y que fue propiedad de los Jerónimos, se conserva la reproducción exacta de la lápida original que recoge el fallecimiento y el traslado de los restos mortales de Germana de Foix, en ella reza: «En este histórico monasterio a la sazón de los monjes Jerónimos falleció 15 de octubre de 1536 siendo Reina Gobernadora de Valencia Germana de Foix esposa que fue del rey D. Fernando el Católico Marquesa de Brandemburgo y Duquesa de Calabria. Cien clérigos con antorchas acompañaron sus restos mortales hasta Valencia, donde reposan en el Monasterio de S. Miguel de los Reyes. In memoria scripsit (Crónica del Reino de Valencia) (Viciana)».

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