La Unión Europea percibe exceso peligroso de dioxinas en los alimentos que producen efectos nocivos en la salud humana.


Las dioxinas son contaminantes ambientales incluidos en productos químicos peligrosos que forman parte de los llamados contaminantes orgánicos persistentes (COP), y que contienen un elevado potencial tóxico. La experimentación clínica demuestra que afectan a órganos y sistemas humanos y que una vez que han penetrado en el organismo, persisten fijadas durante mucho tiempo por su estabilidad y su fijación al tejido graso donde quedan almacenadas entre 7 y 11 años. En el medio ambiente, tienden a acumularse en la cadena alimentaría.

El término «dioxinas» se utiliza a menudo para referirse a una familia de compuestos relacionados entre sí desde el punto de vista estructural y químico, constituida por  policlorados, Se han identificado unos 419 tipos de compuestos relacionados con la dioxina, pero se considera que sólo aproximadamente 30 de ellos poseen una toxicidad importante, siendo tetraclorodibenzo TCDD la más tóxica.

Las dioxinas son subproductos no deseados de numerosos procesos de fabricación tales como la fundición, el blanqueo de la pasta de papel con cloro o la fabricación de algunos herbicidas y plaguicidas. Con respecto a la liberación de dioxinas al medio ambiente, los grandes emisores suelen ser los incineradores de basuras (residuos sólidos y hospitalarios), debido a la combustión incompleta, y los procesos naturales como las erupciones volcánicas y los incendios forestales.

Aunque la formación de dioxinas es local, su distribución ambiental se encuentran en todo el mundo y en todos los medios, sus concentraciones son muy bajas en las plantas, el agua y el aire; las mayores niveles se encuentran en  los  productos lácteos, carnes, pescados y mariscos, en algunos suelos y sedimentos. Existen en todo el mundo grandes depósitos de aceites industriales de desecho, el almacenaje y la eliminación inadecuada de este material libera dioxinas hacia el medio ambiente y contaminar los alimentos humanos y animales. Estos residuos no se pueden eliminar sin que contaminen el medio ambiente y la población humana y animal. Esos materiales tienen que ser tratados como residuos peligrosos y destruirlos mediante incineración a altas temperaturas.(entre 850 a 1000 ºC.)

En muchos países se analiza el contenido de dioxinas en los alimentos. Esto ha permitido una detección rápida de la contaminación que ha permitido reducir su impacto. En 2004 y 2006, en los Países Bajos se detectó leche con concentraciones elevadas de dioxinas, cuyo origen estaba en los piensos por los aditivos de grasa contaminada y tierra. Algunos incidentes de contaminación por dioxinas han sido más importantes y han tenido consecuencias más amplias en muchos países. En 2007, la Comisión Europea envió a los Estados Miembros una advertencia sanitaria relacionada con la presencia de altas concentraciones de dioxinas en la goma guar, un aditivo alimentario utilizado en pequeñas cantidades como espesante en las carnes, productos lácteos, postres y platos pre-cocinados. La fuente era procedente de la India que estaba contaminada con pentaclorofenol, un plaguicida que ya no se utiliza.

Posteriormente se detectaron en otros países alimentos de origen animal (aves de corral, huevos, cerdo), contaminados con dioxinas, cuyo origen se encontraba en piensos contaminados por aceite industrial eliminado de forma ilegal. Aunque puede verse afectado cualquier país, la mayoría de los casos se han notificado en países industrializados que disponen de medios adecuados de vigilancia de la contaminación alimentaría, donde hay más conciencia del peligro y en los que hay mejores mecanismos de control para detectar problemas relacionados con las dioxinas.

La exposición breve del ser humano a altas concentraciones de dioxinas puede causar lesiones cutáneas, tales como acné clórico y manchas oscuras, así como alteraciones funcionales hepáticas. La exposición prolongada se ha relacionado con alteraciones inmunitarias, del sistema nervioso en desarrollo, del sistema endocrino y de la función reproductora. La exposición crónica de los animales a las dioxinas ha causado varios tipos de cáncer. El Centro Internacional OMS de Investigaciones sobre el Cáncer ha clasificado la TCDD como «carcinógeno humano». Todos tenemos una exposición de fondo y una cierta concentración de dioxinas en el organismo: la llamada carga corporal, no se supone que la exposición de fondo normal actual tenga efectos en la salud humana. No obstante, debido al gran potencial tóxico de esta clase de compuestos, son necesarias medidas para reducir la exposición actual.

Las personas que están expuestas a mayores concentraciones de dioxinas debido a sus dietas, como los grandes consumidores de pescado en algunas zonas del mundo o por su trabajo profesional, como los trabajadores de la industria de la pasta de papel, o de plantas de incineración y vertederos de desechos peligrosos.  La prevención o reducción de la exposición humana se hace mejor con medidas dirigidas a las fuentes, es decir, un control estricto de los procesos industriales para reducir al máximo la formación de dioxinas. Más del 90% de la exposición humana a las dioxinas procede de los alimentos, y fundamentalmente de la carne, los productos lácteos, el pescado y el marisco. Por consiguiente, la protección de los alimentos es crucial.

Una estrategia consiste en medidas aplicables en el origen para reducir la emisión de dioxinas, es necesario evitar la contaminación secundaria de los alimentos a lo largo de la cadena alimentaría. Para la producción de alimentos inocuos es esencial que haya buenos controles y prácticas durante la producción primaria, el procesamiento, la distribución y la venta. La vigilancia de la inocuidad de los alimentos y la adopción de medidas de protección de la salud pública es competencia de los gobiernos nacionales. Cuando se sospeche un incidente de contaminación, los países deben disponer de planes de contingencia para identificar, detener y eliminar los alimentos y piensos contaminados.

Los consumidores deben saber que una dieta equilibrada, con cantidades adecuadas de fruta, verduras y cereales, contribuye a evitar una protección. Esta es una estrategia a largo plazo para reducir la carga corporal, y probablemente sea más importante en las niñas y las mujeres jóvenes, con el fin de proteger la exposición del feto y a los lactantes.

La reducción de la exposición a las dioxinas es un objetivo importante desde el punto de vista tanto de la salud pública, para reducir la carga de morbilidad, como del desarrollo sostenible. Desde 1976, la OMS es la encargada del Programa de Vigilancia y Evaluación de la Contaminación de los Alimentos del Sistema Mundial de Vigilancia del Medio Ambiente (SIMUVIMA/Alimentos), que, a través de su red de laboratorios en más de 70 países de todo el mundo, proporciona información sobre las concentraciones de contaminantes en los alimentos y sus tendencias. Desde 1987, la OMS ha llevado a cabo estudios periódicos sobre las concentraciones de dioxinas en la leche humana, sobre todo en países europeos. Estos estudios permiten evaluar la exposición humana a las dioxinas procedentes de todas las fuentes.

De algo si podemos estar seguros:

  • Según la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaría (AESA), con sede en Italia. “La exposición a largo plazo a niveles altos de dioxinas demostró ser la causa de una serie de consecuencias, como el cáncer”
  • La alimentación vegetariana en un buen método preventivo.

Datos recientes sobre la exposición indican que las medidas introducidas en varios países para controlar la liberación de dioxinas han producido una reducción considerable de la exposición a estos compuestos a lo largo de los dos últimos decenios.

Fuente OMS


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Un comentario en “La Unión Europea percibe exceso peligroso de dioxinas en los alimentos que producen efectos nocivos en la salud humana.

  1. Hola, yo vivía en Bruselas cuando se prohibió la comercialización de carnes de aves y de otras especies(finales de los años noventa); había dos fábricasque elaboraban piensos con materiales contaminados. Es más, asesinaron a dos inspectores de Salud Pública que habían reunido pruebas sobre esa y otras barbariddes en la fabricación de piensos.
    En aquella época tuvieron éxito las carnes de canguro, entre otras tanto o más exóticas, y varios millones de residentes en Centroeuropa comprobamos que los controles alimentarios –al igual ahora ha ocurrido con los financieros– era tan precarios que, entre otras cosas, entendimos como fue posible que la encefalopatía espongiforme bovina (EEB) se extendiera por medio mundo, epizootia que se inició en la “civilizada” Gran Bretaña, cuyas autoridades veterinario-sanitarias permitieron alimentar vacas con piensos fabricados con restos de animales contaminados.
    La OMS no es, ¡noi de lejos!, ejemplo de nada. Padecí personalmente exceso de dioxinas y la OMS, pese a que éramos decenas de miles los afectados, NO MOVIÓ NI UN PAPEL. Ignoro los motivos por los que de vez en cuando se le ocurre difundir infromes “epatantes”, justificadores, pero hay pruebas hasta la saciedad de que la OMS es ineficiente. Muy ineficiente Basta recordar también la gripe A, la lista de absurdos y de “avisos” con años de retraso es larga, larga, larga)

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