Don Juan de Tassis y Peralta, Conde de Villamediana, escritor asesinado por presuntos celos de un rey.


Nació en Lisboa en 1582, descendiente de la familia de los Torriani e Tassi, originaria de Bérgamo (Italia), cuya nobleza remontaba hasta el siglo X.

Don Juan se casó en 1601 con Dª Ana de Mendoza y de La Cerda, sobrina del Duque de Medinaceli, que gran linaje, descendientes de los reyes de Castilla, y sexta nieta del célebre Marqués de Santillana, gran magnate y poeta. Ana le dio un hijo varón que se malograría poco después, y andando el tiempo fallecería ella sin haberle dado más hijos.

Amigo de Lope de Vega, de Luis de Góngora y Argote, capellán del Rey Felipe III, y de Argensola, el Conde de Villamediana manifestó desde muy joven una gran inclinación por las Letras.

Desterrado de la corte por sus amores escandalosos con la Condesa del Valle, estuvo en Génova dónde brilló como poeta y jugador empedernido. De nuevo en Madrid, volvió a ser desterrado por motivos parecidos, reapareciendo en la corte en 1617, haciendo en ella crueles burlas y sátiras contra personajes a los que señalaba por su corrupción, ganándose numerosos enemigos como Don Francisco de Quevedo, por citar a uno.

Villamediana fue un hombre apuesto, coleccionista de piedras preciosas, de mujeres y caballos; insolente y alegre, gran esgrimista, hábil con el puñal y la lengua, osado y temerario. Brilló en la corte y en la vida social, siempre elegante, de magnífico aspecto y famoso por ser un conocedor de pinturas, armas, piedras preciosas y caballos, llegó a ser temido por escribir sátiras políticas y atacar sucesivamente a los validos como Lerma, Uceda y Olivares. Era mujeriego, y libertino que solía acostarse con hombres.

Se gano el favor de Felipe IV al servir de intermediario para conseguir los íntimos favores de Doña Francisca de Távora, aristocrática hija de una linajuda familia portuguesa, figurando así ésta como la primera aventura extramatrimonial del monarca.

Empezó a reemplazar al valido del rey el conde duque de Olivares. Sin embargo, los rumores de su enamoramiento por la Reina Isabel, a la que bombardeó con sonetos de amor y que circularon por todo Madrid, alimentados por las malévolas intenciones de sus enemigos, despertaron la desconfianza del Rey.

Tuvo numerosas amantes, con las cuales llegó a veces a las manos públicamente, como en una ocasión durante el estreno de una comedia, y no se paró ante amoríos peligrosos como con una de las cortesanas del rey, una tal Marfisa, quizá doña Francisca de Távora, bellísima joven portuguesa, dama de la reina y amante del rey.

La leyenda afirma también que incendió premeditadamente el coliseo de Aranjuez en el que se estrenaba una obra con la asistencia de la reina, para poder acercarse a ella incendió el decorado provocando el pánico general en el cual Villamediana cogió en brazos a la Reina para llevarla sana y salva a palacio, demorándose con ella más de lo necesario, estaba enamorado de ella y solo tocarla estaba penado con la muerte.

La leyenda, se presentó a un baile con una capa cubierta de reales de oro, con lo que aludía a su suerte en el juego, y con la leyenda “Son mis amores reales”, lo que era un triple sentido con la palabra reales muy peligroso para la época.

Otra leyenda es la del origen de la expresión “Picar muy alto”, que se atribuye a las habilidades como picador del Conde, que al ser alabadas por la reina, el rey respondió: “Pica bien, pero pica muy alto” (con evidente doble sentido, debido a sus escarceos con la reina).  La Inquisición le abrió un proceso secreto por sodomía con esclavos negros y se conjetura que el rey Felipe IV,  ordenó su asesinato para evitar el escándalo, había personajes que también deseaba su muerte, además de sus criticas y sátiras, sino por problemas de faldas, (incluido el mismo monarca).

Fue asesinado por ballesteros reales que quedaron impunes a causa de la alta protección de que gozaban, se le sepultó en la bóveda de la capilla mayor del Convento de San Agustín, en Valladolid. Los promotores o autores intelectuales del crimen fueron Felipe IV a través del Conde-Duque de Olivares, el momento en que ocurrió, iba en un coche por la Calle Mayor de Madrid.

Los poetas famosos se aprestaron a escribir lamentaciones sobre su fallecimiento, empezando por su amigo  Góngora, que atribuyó al rey la orden, continuando y Quevedo que aunque enemistado escribió “que pide venganza cierta / una salvación en duda”.

El móvil fue, quizás, fue evitar el escándalo del proceso secreto que la Inquisición levantó contra él; por eso el crimen quedó impune y se guardó silencio sobre él hecho. En aquellos hechos fueron inculpadas por sodomia y pecado nefando descripciones de la Iglesia Católica que condena el amor entre personas del mismo sexo como “un comportamiento desviado que ofusca valores fundamentales”  muchas personas, desde criados y bufones de varias casas aristocráticas hasta sus amos, algunos huyeron, como el primogénito del conde de Lemos, si bien sus sirvientes pagaron con la vida la culpabilidad del amo. En 1622 fueron quemados vivos, por la Inquisición  en la plaza Mayor de Madrid cinco personas: el bufón Mendocilla, el mozo de cámara y un lacayo de Villamediana, un esclavo joven mulato y Gaspar de Terrazas, paje del  duque de Alba. Todos por delito probado de homosexualidad, “crimen pessimum” según la Santa Inquisición.

Con argumentos así aderezados con la presencia sulfúrica del demonio, la Iglesia mandó a millares de católicos y de infieles a la hoguera, en la Edad Media y contribuyó que  …el homosexual, fuera discriminado y ridiculizado y se impusiera en la sociedad el machismo, con sus degenerantes consecuencias: La postergación y humillación sistemática de la mujer. Mario Vargas Llosa.

Poema A Una Dama Que Se Quería Casar Con Un Don Fulano De Castro Impotente,  de Juan de Tasis, Conde de Villamediana

Señora, no me fastidia,

Envidia

ni mueven mi palma y labios

Agravios,
ni causan en mí desvelos
Celos;
antes alabo a los cielos
de que os sirva un impotente,
pues así el alma no siente
Envidia, Agravios ni Celos.

Diome el ciego Amor
Dolor;
ver sus deseos logrados,
Cuidados;
y que os gozasen sus ojos,
Enojos.
Supe sus aceros flojos;
y sabida su impotencia,
cesaron en mi conciencia
Dolor, Cuidados y Enojos.

Es Castro en nombre abreviado
Castrado,
castrado a quien falta el basto,
Casto,
castrado y casto varón,
Capón.

Es un brazo sin espada
Nada;
reloj con pesas sin mano,
Vano.
y un impotente en el lecho,
Sin Provecho.
Ved, señora, el pie derecho
primero que lo juzguéis,
mirad que después no halléis
Nada, Vano y Sin Provecho.

Si al potro el Híjar no bate,
Acicate;
ya la yegua que más vuela,

Mal podrá haceros buen son
aunque cascabeles toque,
quien es en toque emboque,
Espuela;
ya la mula que más rúa,
Púa;
en ser lerda se habitúa,
y lo mismo es la mujer,
si no le bate al correr
Acicate, Espuela o Púa.Fue un tiempo vuestro varón

Castrado, Casto y Capón.

Bien sé que este amante rojo
es Flojo,
su pica, taco y velorto,
Corto;
y que no tiene esta pieza
Cabeza.
No jugará con destreza
instrumento tan mellado,
porque está de puro usado
Flojo, Corto y sin Cabeza.

Fáltale a vuestro Escipión
Bastón;
y aunque a la guerra os provoque
Estoque;
y para entrar la goleta,
Jineta.
y así, en la guerra secreta,
asaltos os faltarán,
faltándole al capitán
Bastón, Estoque y Jineta.

No correrá con pujanza
Lanza,
ni con gritos o a lo sordo,
Bohordo,
ni a fuer de juego de España,
Caña.
Si el corazón no me engaña,
la boda será funesta,
pues no se enristra en la fiesta
Lanza, Bohordo ni Caña.

Si no empuña Mandricardo
Dardo,
ni dispara en vuestro Onnuz
Arcabuz,
ni enciende cuando os pertrecha

Capón,
y es el que os goza al presente,
Impotente,
Mecha,
siempre andará con sospecha,
señora, que otro os da asalto,
un hombre que ve que es falto
de Dardo, Arcabuz y Mecha

amén de otro monje añejo
Viejo.
Señora, mi mal consejo
es que corráis buen caballo
y no busquéis para gallo
Capón, Impotente o Viejo.

Vos tenéis, señora polla,
Argolla,
y en Castro contemplo solas
Bolas,
y en el capón solo y flaco,
Taco;
y de aquí, señora, saco
que uno destos solo y vos
nunca juntaréis los dos
Argollas, Bolas y Taco.

Plegue a Dios que no sea Castro
Padrastro;
de vuestro huerto y jardín,
Mastín;
y sea del hortelano
Alano.
Gozad del garbo lozano,
antes que seáis mujer
de un marido que ha de ser
Padrastro, Mastín y Alano.

Tenga otro en vuestros sollozos
Gozos,
y en vuestro burlado intento,
Contento,
y en veros quemar y arder,
Placer,
que a mí no me han de mover
riscos, bronce y pedernales
a tener de vuestros males
Gozos, Contento y Place
r.

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