BALTASAR GRACIAN, PENSADOR Y HUMANISTA


Baltasar Gracián, nació en Calatayud, en 1601 y murió en Tarazona en 1658. Sacerdote que impartía humanidades en un colegio de Calatayud, fue trasladado a Valencia donde se enfrento con los jesuitas, fue trasladado a Lérida, para impartir clases de de Teología Moral. Fue posteriormente a Gandia como profesor de Filosofía en el colegio jesuita de la villa, donde se renovaron las enemistades con sus antiguos correligionarios valencianos.

Algunos de sus pensamientos son: 

Si razonamos sobre el contenido de los seres humanos, percibimos que no basta tener inteligencia, la cual es la capacidad de aprender, también hay que tener carácter para disciplinarse y cultivar esa inteligencia. 
 Es más probable que una persona con carácter y regular inteligencia logre sus objetivos, a que lo haga una persona inteligente pero sin carácter.
 Una persona inteligente podrá absorber las enseñanzas, ya sean de la vida, de las personas o de los libros, pero si no tiene carácter para practicar el hábito del estudio, poco podrá lograr. Por otra parte, una persona con menor capacidad de aprender; la disciplina y la constancia pueden coronar sus esfuerzos.
 Una persona sin carácter, no podrá hacer uso de su inteligencia y, culpará a todos menos a sí mismo, de sus desventuras. Errará la vocación por falta de carácter, al no defender sus inclinaciones vocacionales; renegará de su ocupación por no tener el valor de buscar otra que se adecue a su inteligencia; estará descontento de sus vecinos pero tendrá miedo a cambiarse de casa y, hablará mal de los amigos al juzgarlos indignos de su amistad.
 Cuando el hombre combina el carácter con la inteligencia, llega a dominar el saber y; el saber y el valor contribuyen conjuntamente a la grandeza. Hacen al hombre inmortal porque ellos lo son. Tanto es uno cuanto sabe, y el sabio todo lo puede. Un hombre sin conocimientos es un mundo a oscuras. Es necesario tener ojos y manos, es decir, juicio y fortaleza. Sin valor es estéril la sabiduría.
Podemos saber hacer muchas cosas, pero puede faltarnos el valor para emprenderlas y el carácter para terminarlas.
 Cuando no estamos acostumbrados al ejercicio o a levantar cosas pesadas, corremos el riesgo de tener un desgarre, una fractura, incluso un infarto. Lo mismo pasa cuando desde la juventud no ejercitamos el Carácter y la Inteligencia, sin estos elementos difícilmente podemos llegar a la sabiduría la cual sin valor es estéril y, el valor sin prudencia, producto de la sabiduría es locura. Recordad la Seguridad de David.
 Y sus frases celebres:
El primer paso de la ignorancia es presumir de saber.

Saber y saberlo demostrar es valer dos veces.

Todo lo que realmente nos pertenece es el tiempo; incluso el que no tiene nada más, lo posee.

Hemos de proceder de tal manera que no nos sonrojemos ante nosotros mismos.

Se ha de hablar como en testamento, que a menos palabras, menos pleitos.

El más poderoso hechizo para ser amado es amar.

Todos los necios son obstinados y todos los obstinados son necios.

Por grande que sea el puesto, ha de mostrar que es mayor la persona.

Cada uno muestra lo que es, en los amigos que tiene.

El no y el sí son breves de decir pero piden pensar mucho.

Es tan difícil decir la verdad como ocultarla.

Pon un gramo de audacia en todo lo que hagas.

La muerte para los jóvenes es naufragio y para los viejos es llegar a puerto.

¿Cuál puede ser una vida que comienza entre los gritos de la madre que la da y los lloros del hijo que la recibe?

La costumbre disminuye la admiración, y una mediana novedad suele vencer a la mayor eminencia envejecida.

Donde acaba el deseo comienza el temor.

A los veinte años un hombre es un pavo real; a los treinta, un león; a los cuarenta, un camello; a los cincuenta, una serpiente; a los sesenta, un perro; a los setenta, un mono; a los ochenta, nada.

No te pongas en el lado malo de un argumento simplemente porque tu oponente se ha puesto en el lado correcto.

Es cordura provechosa ahorrarse disgustos. La prudencia evita muchos.

Lo único que realmente nos pertenece es el tiempo: incluso aquel que no tiene otra cosa cuenta con eso.

Para prevenidos no hay acasos.

Quien no tiene enemigos, tampoco suele tener amigos.

Son los ímpetus de las pasiones deslizadores de la cordura, y allí es el riesgo de perderse.

La queja trae descrédito.

Visto un león, están vistos todos, pero visto un hombre, sólo está visto uno, y además mal conocido.

Ciencia sin seso, locura doble.

Errar es humano, pero más lo es culpar de ello a otros.

Hay mucho que saber, y es poco el vivir, y no se vive si no se sabe.

La fortuna se cansa de llevar siempre a un mismo hombre sobre las espaldas.

La esperanza es un gran falsificador.

Varón prevenido de cordura no será combatido de impertinencia.

El mentiroso tiene dos males: que ni cree ni es creído.

Métense a querer dar gusto a todos, que es imposible, y vienen a disgustar a todos, que es más fácil.

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