TEOTIHUACÁN, LA RIQUEZA ARQUEOLOGICA RECORRE EUROPA.


MOCTEZUMA. Último Emperador Azteca, que logro un esplendor inaudito al  Imperio Azteca que se extendía desde el Pacifico hasta el golfo de México, vivió entre el 1502 y el 1520, su vida protagoniza  un mito del Siglo XVI. Moctezuma heredó un imperio, lo engrandeció, afirmó e hizo construir una ciudad con avanzada organización y técnica urbanística en su capital Tenochtitlán,  que llegó a tener 250.000 habitantes, un colosal centro de afirmación de poder y superioridad. De esta ciudad surgió la étnia Mexica, familia de los aztecas.

Quinientos años tras su muerte, la historia de este soberano continua fascinando por la majestuosidad, que alcanzo el imperio en sus dominios y con el extraordinario desarrollo cultural que alcanzo el imperio, y sus ceremoniales y ritos grandiosos, sus  construcciones siguen impresionando, en la época de su imperio impulso a la sofisticada cultura azteca llena de ritos y complicadas ceremonias.

Sus súbditos lo consideraban con poderes divinos semidivino, por ello le adoraban adjudicándole poderes o servir de intermediario de los grandes dioses, era gobernante supremo “huey tlatoani”.  Sus guerreros, vencedores de campañas militares expansionistas pertenecían a los caballeros jaguar y águila,  sus artesanos trabajaban el oro, la pedrería con turquesas, estatuas de cerámica y piedra,

La llegada de los españoles colonizadores, supuso la disolución de aquel imperio, y de tan elevada civilización mediante un choque de culturas, ambiciones y egoísmos que origino violencias y traiciones y que terminó con la vida del emperador. Hay unanimidad en que los invasores guiados por Hernán Cortes, fueron acogidos con cortesía y alojados en el palacio imperial y que es extraño el comportamiento sumiso de Moctezuma con los españoles conquistadores.   Se rumoreaba de traiciones.

La ciudad fue saqueada por los invasores, los nativos escondieron parte de los enormes tesoros aztecas, hoy aquellas riquezas arqueológicas, se encuentran en el Museo de Antropología e Historia de México donde se exhiben muy valiosas joyas de aquella cultura. Otras están repartidas por los museos de Estados Unidos, Inglaterra y España.

París exhibió las joyas de Teotihuacán, la misteriosa ‘Ciudad de los Dioses’

PARÍS (AFP) – Máscaras, esculturas de jaguares, frescos murales, ollas y joyas de Teotihuacán, la misteriosa “Ciudad de los Dioses”, viajaron al museo parisino del Quai de Branly provenientes de México, que las ha cedido para la primera gran exposición en Francia dedicada a Mesoamérica, abierta al público este Octubre de 2009.

Alrededor de 450 piezas – algunas de ellas recién encontradas en excavaciones efectuadas en la Pirámide de la Luna – son testimonio de la magnificencia de esta metrópoli precolombina, que irradió su influencia a toda Mesoamérica entre los siglos II y VII.

Redescubierta en el siglo XIX bajo una intensa vegetación, Teotihuacán, que en su momento de esplendor era mucho más grande que cualquier capital europea, sigue rodeada de misterio, revela la exposición que, atrajo a decenas de miles de visitantes.

“Teotihuacán, que tenía en el siglo V unos 250.000 habitantes, era sólo superada por las grandes ciudades en la India o China”, dijo a la AFP Miguel Baez Pérez, director del proyecto en el Instituto Nacional de Antropología (INAH). “Pero sigue siendo una gran incógnita”, subrayó el arqueológo mexicano.

El Museo del Quai Branly, consagrado a las artes y civilizaciones de Asia, América, África y Oceanía, destacó que el artífice de la muestra, titulada “Teotihuacán, la Ciudad de los Dioses”, fue el director del Museo Nacional de Antropología de México, Felipe Solís, quien falleció en abril pasado.

“Cuando el Quai Branly contactó a México hace más de dos años para proponerles una gran exposición sobre Mesoamérica, Solís nos dijo: ‘Tiene que ser sobre Teotihuacán'”, afirmó Stéphane Martin, presidente del museo, durante la presentación el lunes a la prensa de la muestra.

Báez Pérez hizo hincapié que Solís estimaba que era “imprescindible” organizar una gran exposición sobre Teotihuacán, la ciudad más imponente de la cultura precolombina mesoamericana, “por una sencilla razón: jamás se había hecho”.

Además, Teotihuacán – una inmensa y compleja zona arqueológica a unos 50 Km. de la capital mexicana, donde apenas se ha excavado hasta el momento un 10% del asentamiento – genera “más preguntas que realidades”, recalcó. “Desconocemos quiénes fueron sus pobladores originales, cuál era su sistema de gobierno, y qué pasó al final, por qué desaparecieron”, señaló Báez Pérez, indicando que hay varias hipótesis.

“Incluyen desde una rebelión interna hasta una invasión. Otros piensan que debieron emigrar a causa de la deforestación que ellos mismos provocaron en la zona. Se sabe que hubo un gran incendio, por el año 550 después de Cristo, pero no se sabe qué fue lo que lo provocó”.

“Casi todo sigue siendo un gran enigma, empezando por su nombre”, insistió, recordando que Teotihuacán – que se extiende sobre 22 km2 – no es su nombre original, sino que fue bautizada así más de ocho siglos después de su caída.

Los aztecas, deslumbrados por la magnificencia de sus pirámides y edificaciones, la nombraron Teotihuacán, que significa en lengua náhuatl “el lugar donde los hombres se hacen dioses”, explicó. “Era una ciudad espléndida, cosmopolita, multicultural, porque atraía gente de muchas regiones: de la costa y occidente de México, de Oaxaca, del área maya, en Guatemala”, dijo.

“Las excavaciones revelan que diferentes etnias vivieron mezcladas en completa armonía durante muchos siglos. Eso era muy raro, porque los grupos étnicos solían usar la fuerza para darle identidad a las ciudades”, señaló. Resaltó que casi todo está aún por descubrir en Teotihuacán, que fue consagrada Patrimonio de la Humanidad por UNESCO.

“Por ejemplo, todos los 450 objetos en la exposición provinieron de unos 15 conjuntos habitacionales. Nos quedan alrededor de unos 2.000 otros por trabajar”, explicó, señalando que algunas de las piezas presentadas en París no han salido nunca de México. Un hermoso mural multicolor exhibido en el museo parisino no ha sido visto nunca, ni siquiera en México, se ufanó una responsable del quai Branly.

La escenografía de la exposición, a cargo de Brendan Macfarlane y Dominique Jakob, es otra de las hazañas de esta muestra, porque toma en cuenta la magnificencia del sitio, el rigor de su diseño arquitectónico de la ciudad, la luz blanca que la rodeaba, las nubes, las montañas aledañas.

El coordinador del proyecto, Diego Sapiens, indicó que la exhibición – que antes de viajar a París se presentó en Monterrey y en México DF. – se exhibirá también en Zurich, Suiza, y en Berlín. “Viajará también a Roma, pero allí será más pequeña, sólo unas 200 piezas”, concluyó.

LOS AFORTUNADOS ENCUENTROS ARQUEOLOGICOS EN MÉXICO.

El monolito con la imagen de la diosa Tlaltecuhtli, fue desenterrado en México, en las excavaciones del Templo Mayor de la Ciudad de México tiene unas colosales medidas con 4,00 metros de alto y 3,57 mts de ancho y 38 cms de espesor (13`x12’x1,5”).  Se encuentra en restauración y que se encuentra actualmente en proceso de salvamento y restauración, antes de encontró en el mismo lugar la Piedra del Sol, también de enormes dimensiones.

Tlaltecuhtli era una deidad  entre los aztecas de la Mesoamérica antigua cuyas esculturas se han encontrado como correspondientes al periodo post-clásico “1200 – 1519 Tlaltecuhtli es conocido gracias a los manuscritos coloniales mexicanos en los que quedaron registrados las creencias y ceremoniales de los pueblos de México prehispánico y que se relatan en la historia de la cultura mexicana.

En los mitos de creación azteca, Tlaltecuhtli se describe como un monstruo marino que habitaba en los mares después del fin del Cuarto Sol, en la  personificación del caos previo a la creación del mundo.  A pesar de que su nombre es un pronombre masculino en el idioma náhuatl, las representaciones de  la muestran con características femeninas, y dibujada en acto de parto.

El descubrimiento tuvo lugar justo frente a las ruinas del Templo Mayor, cuando el equipo del arqueólogo Álvaro Barrera exploraba el predio que ocupó la Casa de las Ajaracas, los integrantes del Programa de Arqueología Urbana de la ciudad de México, detectaron un gran monolito, una impresionante lápida cuadrangular. La cara superior de este monumento, está esculpida en relieve, estucada parcialmente y policromada con rojo, ocre, blanco, azul y negro. Tras semanas de excavación, quedó expuesta la imagen de una divinidad méxica.

Al considerar los cánones propios de la plástica mexica, dedujeron los arqueólogos, que la escultura la representación de una divinidad, y con sus conocimientos dedujeron que se trataba de la figura de una diosa telúrica y nocturna. Creyendo se trataría de Tlaltecuhtli (“Señor/Señora de la Tierra”) que dio origen al cielo y al inframundo.


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