LA PRINCESA DE EBOLI. Mujer de Estado y gran amante.



Ana de Mendoza y la Cerda (1540-1592), era hija única de Diego de Mendoza, Príncipe de Mélito y nieto del Gran Cardenal Mendoza, y de Catalina de Silva, hermana de Conde de Cifuentes. Ana nació en Cifuentes y murió en Pastrana, por lo que puede considerarse propiamente como alcarreña. Una aristócrata española de las familias castellanas más poderosas de la época


Por su educación tuvo un carácter dominante y altivo. Pero también voluble, rebelde, apasionado,  y altivo como los antiguos Mendozas. Se la estimaba como una de las damas más hermosas de la corte española. Entre las teorías que se barajan sobre la pérdida de su ojo derecho, la más respaldada es la que asegura que la princesa fue dañada por la punta de un florete durante su infancia. En cualquier caso, su defecto no restaba belleza a su rostro; su carácter altivo y su amor por el lujo se convirtieron en su mejor etiqueta de presentación, y ejerció una gran influencia en la corte. Ciertamente alabaron su belleza, a pesar del parche que la adornaba. El caso es que cuando su boda se la describe como que la novia era “bonita aunque chiquita”. Su educación fue muy influida por la separación de sus padres, debidas al carácter mujeriego de Diego. Ana tomaría partido por su madre.


Fue casada muy joven en 1552 con Rui Gómes de Silva (1516-1573), noble portugués mucho mayor que ella. Rui había venido a Castilla acompañando a Isabel, futura esposa de Carlos V, y entró al servicio del futuro Felipe II ganándose su amistad, por lo que fue favorecido económica y políticamente siendo, Secretario y hombre de confianza de Felipe II. Al servicio de Rui entraría el aragonés Antonio Pérez.
Como la novia era muy joven, y la familia Mendoza muy poderosa, la novia permanecería unos años en casa de sus padres hasta la consumación del matrimonio. Desde la boda, el padre de Ana les cedió el título Condes de Mélito.  El matrimonio no se consumó hasta 1557. Ana y Rui vivieron una vida  estable y no se le conocen andanzas ni problemas.

Ana acompaña a su madre en 1557 a la Corte que en Valladolid tiene la princesa Regente Juana, y allí se producen escándalos entre su madre y su padre, el cual tuvo una hija ilegítima (que llamó María de Mendoza) y otra nueva amante después. Esto ocurría en el primer embarazo de Ana, que pasaba los días llorando no hacía más que padecer y llorar, aunque se dijo de ella “que tiene más seso que todos ellos”.

Tuvieron seis hijos vivos en los trece años de matrimonio. Rui, había logrado entretanto que su suegro fuera nombrado miembro y Presidente del Consejo de Italia en 1558 y virrey. Los puestos parece que se eligieron principalmente con el objetivo de alejar lo más posible a Diego de su hija, Rui compró a su suegro Éboli en el reino de Nápoles y  Felipe II le nombró Príncipe de Éboli en 1559. Luego compró las villas de Estremera y Valdeacerete, siendo nombrado Duque de Estremera, y para finalizar compró la villa de Pastrana (1569) siendo nombrado en 1572 por Felipe II Duque de Pastrana con Grandeza de España. Por tanto Ana fue la primera Princesa de Éboli y la primera Duquesa de Pastrana. Rui gastó en las compras el equivalente a cuatro años de la renta anual del Duque del Infantado.


En los cuatro años que restaron desde la compra de Pastrana hasta su muerte, mejoró y amplió los cultivos en Pastrana, trajo a moriscos que iniciaron allí una floreciente industria, logró una feria anual con privilegios especiales y fundó, con su esposa, la Iglesia Colegial de Pastrana y favoreció la fundación por Santa Teresa de Jesús de dos conventos Carmelitas en Pastrana en 1569.  Entorpeció los trabajos porque quería que se construyesen según sus dictados, provocando así numerosos conflictos con monjas, frailes, y sobre todo con  de las Carmelitas Descalzas.

Rui trato a Ana más como padre  que como marido, dando estabilidad a esta parte de su vida hasta su repentina muerte en 1573, se instaló la desconsolada Princesa en el convento que había fundado Santa Teresa en Pastrana tras llamarla para ello la propia princesa (“la princesa monja, la casa doy por deshecha!”, dijo la abadesa) logrando que las carmelitas huyeran de allí trasladándose el convento a Segovia en 1574. Ana mantuvo en el convento una vida rodeada de sirvientas que atendían sus gustos, poco acorde pues con el carácter riguroso que había impuesto Santa Teresa. . Allí tendría armarios para guardar sus lujosos vestidos y sus joyas, además de tener comunicación directa con la calle, pudiendo salir a voluntad. Cuando las monjas se marcharon y quedar sola, Ésta volvió de nuevo a su palacio de Madrid, no sin antes publicar una autobiografía tergiversada de Teresa, lo que produjo el alzamiento de escándalo de la Inquisición prohibió durante diez años.

Diego su padre viudo, se casó enseguida con Magdalena de Aragón, hija del Duque de Segorbe. Murió en 1578 dejando a su mujer embarazada, para susto de su hija Ana quien no perdió la herencia pues Magdalena tuvo una hija que murió a poco de nacer.

Volvió a la Corte madrileña por ello e intentó ascender rápido intentando preservar su herencia paterna e intereses. Tuvo gran habilidad en la intriga, heredada de su madre y de los Mendoza. La leyenda dice que fue la supuesta amante de Felipe II y de su Secretario Antonio Pérez a la vez. De Antonio parece ser que sí lo fuera. Antonio era seis años mayor que ella y no se sabe realmente si lo suyo fue simplemente una cuestión de amor, de política o de búsqueda de un apoyo que le faltaba desde que muriera su marido.


La leyenda de sus amores con Felipe II ha sido muy usada en la literatura. Cierto fue que Felipe II conoció  manejos políticos de Antonio  Pérez, con el rey de Portugal por medio de Escobedo, que fue muerto y atribuida su muerte a Antonio, el rey impulsó su caída. Ana fue arrestada con Antonio en 1579, desterrada por Felipe II a Pinto, Santorcaz y luego a Pastrana en 1581, donde morirá atendida por su hija menor Ana de Silva y tres criadas. En 1582 Felipe II despoja a Ana de la custodia de sus hijos y de la administración de sus bienes, y nombró un administrador de sus bienes y más adelante llevaría las cuentas su hijo Fray Pedro ante la ausencia de sus hermanos. Antonio Pérez se fugo a Aragón en 1590.

Felipe II mandó poner rejas en puestas y ventanas del palacio Ducal de Pastrana. La Princesa de asomaba una hora al día por la reja que daba a la Plaza, que se llama desde entonces Plaza de la Hora. No está tampoco muy claro el porqué de la mencionada actitud cruel de Felipe II para con Ana, quien en sus cartas llamaba “primo” al monarca y le pidiera en uno de ellos “que le protegiera como caballero”.

Ana favoreció en la herencia a su segundo hijo Diego frente al primogénito Rodrigo. La leyenda negra decía que el segundo Duque de Pastrana, era hijo de Felipe II. La Princesa de Éboli ha logrado captar el interés de españoles y extranjeros, hay novelas,  leyendas y artículos históricos sobre la misma, aunque faltan biografías, (la de Gaspar Muro data del siglo XIX.) Ana falleció en Pastrana en 1592,  allí esta enterrada con Rui en la Colegiata.

Comentarios;

La princesa de Ebolí,  fue una mujer valiente en el contexto de su época, acostumbrada a desenvolverse en el poder, influir en decisiones de estado y disfrutar su vida intima.  Ana de Mendoza era una feminista que disfrutó del sexo y era  requerida por los nobles de su tiempo. Felipe II,  se refería a ella como la hembra, su amante. La prisión fue una forma de hacerle purgar sus errores y ambiciones que consolidaron el mito, y la convirtieron en heroína.

Sus diferencias con Santa Teresa de Jesús, surgen que la ética cristiana posee una barrera moral y de censura imponiendo normas en las vidas y en la conciencia colectiva, ajenas que Ana no aceptó.  Se la considera una mujer femicentrista, que interpretó el mundo y las relaciones sociales centradas en el punto de vista femenino.

  1. 1. Mediante la valoración y posterior erradicación de las discriminaciones específicas femeninas, al tiempo que se ignoran las masculinas.
  2. 2. La potenciación de una la capacidad y  calidad de vida de la mujer en relación a la del hombre.
  3. 3. Favoreciendo la solución de cualquier conflicto de intereses entre los dos sexos, mediante posicionamientos habitualmente favorables a la parte femenina.

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