Una tragedia humana desconocida, en el primer mundo “las jóvenes con fistulas obstétricas que no tienen futuro”



La Dra. Catherine Hamlin es una ginecóloga australiana que vive en Addis Abeba, tiene 83 años y ha entregado su vida a luchar contra un mal que afecta a millones de mujeres y niñas africanas.  La doctora, al descubrir la enorme soledad y sufrimiento de las victimas, decidió fundar  el único hospital de mundo dedicado en exclusiva a la fístula obstétrica, lleva más de 40 años operando y salvando a madres cuyas vidas han quedado con un cuerpo destrozado tras un parto imposible. Dicha obstrucción puede deberse a que la pelvis de la mujer sea demasiado pequeña, o a que el bebé no esté en la posición debida, o que tenga la cabeza demasiado grande. Las causas subyacentes del problema son embarazos a edades demasiado jóvenes, la pobreza, la malnutrición y la falta de conocimientos, de atención obstétrica de emergencia y personal capacitado durante el parto, que no reciben una cesárea cuando la necesita. Las victimas de estas heridas, acaban solas en una cabaña, condenadas a la marginación y creyendo que la fístula es un castigo de un Dios.

Hasta el inicio de este siglo, la lesión de fístula se temía en todo el mundo. Y se curaron miles de mujeres. Pero a medida que la medicina fue progresando en el campo del parto, este problema desapareció de los países ricos del mundo. Nadie sabe cuántas víctimas de fístula hay en las zonas de África, Asia y Sudamérica que sufren en silencio. Sólo en Nigeria las victimas de este problema superan el millón de mujeres y en el total del continente africano se estima que existen más de dos millones.

Wobete Falaga,  de una aldea al norte de Amhara, en Etiopía, tenía 13 años cuando quedó embarazada. Se había casado a los 11 años, antes de tener su primera menstruación, y su cuerpo pequeño y poco desarrollado no estaba listo para las exigencias del parto. El niño nació muerto después de cinco días agotadores de parto en su cabaña. Como resultado, Wobete sufrió desgarros, tenía un orificio, o fístula entre la vejiga de la orina y la vagina, y otro entre la vagina y el recto, por lo que no podía controlar sus funciones excretoras normales y las heces y la orina le resbalaban continuamente por las piernas. Su marido sin contemplaciones la echo de la casa.

Wobete, tuvo suerte de que su madre no la rechazara y la llevó a la clínica del gobierno, donde le aconsejaron llevarla a Addis Abeba, lo más rápidamente posible, porque sin tratamiento podía morir de infección y deficiencia renal. La familia vendió una vaca para pagar el viaje y llegó al Hospital de Fístulas de Addis Abeba. “Todas las mujeres que llegan al hospital sienten que se les ha arruinado la vida”, dice la doctora Hamlin. “Han perdido su autoestima; se han vuelto parias en su comunidad a una edad muy joven, sin haber hecho nada para merecerlo, y han sufrido este daño sin necesidad, por no disponer de suficiente atención obstétrica.

Todos los años en Addis Abeba, el Hospital de Hamlin trata alrededor de 1.200 mujeres con fístulas obstétricas. La mayoría de las pacientes proceden de la región de Amhara que tiene el mayor número de matrimonios a edades tempranas de todo el país. La Encuesta realizada en 1997, señala que las niñas de Amhara son prometidas como esposas en su infancia, cuando apenas tienen 4 ó 5 años de edad.

Afortunadamente la mayoría de las fístulas pueden cerrarse quirúrgicamente incluso varios años después del desgarre. Si bien la operación, que cuesta $450 dólares, es demasiado cara para la mayoría de las pacientes, el Hospital de Fístulas de Addis Abeba la realiza gratuitamente. “El porcentaje de éxito de la operación es alto”, dice Hamlin. “En alrededor del 92% de los casos, podemos cerrar el orificio en la vejiga de la orina o en el recto”, pero alrededor del 10% de las pacientes que han sido operadas vuelven para ser de nuevo intervenidas por un trastorno denominado incontinencia por estrés muscular. “Una vez que se cierra la fístula, si bien la orina ya no se escapa por el orificio, sigue filtrándose sin control por su cauce normal, debido a que los músculos han sido dañados por el estrés muscular sufrido en el parto, y la mujer se orina cuando tose o ríe”, dice Hamlin.

Otra categoría de mujeres son las “inoperables”, un pequeño porcentaje que no puede someterse a cirugía porque sus vejigas han desaparecido o se han reducido drásticamente. “Durante el parto prolongado puede cortarse el suministro sanguíneo a la vejiga de la orina, y hacer que dicho tejido muera, por lo que no puede repararse una vejiga que no existe, o que se ha reducido al tamaño de un dedal”, explica Hamlin. En dichos casos los cirujanos tienen que realizar otra operación en el conducto ilíaco, que implica el utilizar una parte del intestino para crear una vejiga. La paciente acaba con una urostomía (desviación urinaria)  que precisa empapadora de por vida.

Cuando están totalmente curadas y listas para volver a sus aldeas, las trabajadoras de salud del hospital las acompañan en el viaje de vuelta a sus hogares, para asegurarse de que no sean rechazadas por sus familias o maltratadas por sus esposos. Hamlin admite que es difícil alterar las prácticas tradicionales de las aldeas, a no ser que la gente misma sea quien inicie el cambio. Algunas culturas ponen una presión tremenda sobre la mujer embarazada para que dé a luz en su casa, las que van al hospital son, consideradas débiles y anormales, el hombre tienen dominadas a las mujeres que no pueden opinar al respecto, por consiguiente, prefieren soportar el parto en su casa. La circuncisión femenina, practicada en su forma más severa conocida como infibulación, puede dejar cicatrices terribles las cuales pueden causar un parto obstruido.

Algunas pacientes de esta afección, también han tenido complicaciones a causa del parto prolongado, como lesiones a los nervios que causan dificultades para caminar, infertilidad debido al daño del útero y  no poder tener relaciones sexuales debido al daño y las cicatrices de la vagina. Es alarmante que algunas mujeres que han sido tratadas siguen volviendo con las mismas lesiones después de dar otra vez a luz a niños muertos. El hospital recibe por lo menos 10 casos reincidentes todos los años.

En el hospital especializado en fístula de Addis Abeba capacitan a ginecólogos de la facultad de medicina de la localidad y a médicos de todo el mundo para realizar la operación de la fístula para que tengan la capacitación y los recursos para poder tratar con esta gran tragedia humana. En este momento hay hospitales especializados en: Etiopía, Sudán, y Nigeria. Las mujeres son pobres y no pueden pagar la cuenta del hospital. Esto significa que los hospitales necesitan estar constantemente buscando asistencia del gobierno y de donantes privados para poder tratar a sus pacientes y jamás podrán ser autosuficientes.

Las mujeres no tratadas, lo pierden todo hasta la estima familiar, viven aisladas, mendigando con poco éxito porque las gentes, se separan de su camino como si de apestadas se trataran.

Si tienes intención y posibilidad de cooperar aquí hay una labor humanitaria de gran valor.


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2 comentarios en “Una tragedia humana desconocida, en el primer mundo “las jóvenes con fistulas obstétricas que no tienen futuro”

  1. Existe un error en la mente humana que no corregimos, pues nos creemos y enseñamos que en los tiempos últimos o contemporáneos estamos más adelantados que en los anteriores, que somos más racionales que en los tiempos anteriores, que muchos de los tiempos anteriores fueron bárbaros comparados con estos. Y esto no es así; y quien se lo cree está equivocado. Y quien no quiere ver el error se engaña a si mismo. Pues en todos los tiempos se tienen conductas racionales y conductas irracionales.

    Partiendo de lo que en último conocemos, sí es verdad que hemos adelantado en la tecnología, y los medios con los que nos auxiliamos son más perfectos que los anteriores. Pero no por ello somos más racionales que en los tiempos anteriores. Tiempos en los cuales nada podemos afirmar o negar pues de ellos retrocedidos varios miles de años nada sabemos, y todo lo que decimos saber son suposiciones. Y por no saber, no acertamos a saber con que tecnología se construyeron las pirámides, y tan sólo tienen 5000 años.

    Lo cierto es que la labor de la Dra. Catherine Hamlin, como la de otras muchas personas que se esfuerzan por que el mundo abandone sus atrasos, sólo ve su eficiencia allí donde estas personas están.

    Pero al mismo tiempo que ellas hacen su labor positiva por el bien de la humanidad, en el mismo tiempo e incluso en la misma ciudad, otras muchas personas que en creencia están convencidas de que viven en la verdad fuerzan con sus enseñanzas a que sea todo lo contrario. Cosa que pasa por ejemplo en el mundo islámico, y ellos son muchos millones de personas todas convencidas de que no están equivocadas. Incluso convencidas de que deben de convencer a todas las que no creen en lo que ellas creen.

    Y esa es la realidad actual, en la cual vemos que toda la labor de las personas positivas aparentando que si queda, se difumina en el todo del negativismo de la humanidad, pues aunque nos creamos que avanzamos, tal cosa sólo ocurre allí donde por suerte las personas son racionales. Siendo esto por lo que se ve una cosa rara.

    El raciocinio, así la revolución Francesa dijera que todos somos iguales, lo tiene quien lo tiene. Y quien no lo tiene no lo tiene. Medio mundo o más, no lo tiene.

    Allí donde existen Catherines Hamlin, si lo tienen.

    So. Andrés Castellano Martí. Gracias.

  2. Conocía el trabajo de esta mujer por un reportaje en televisión. Me dejó impresionado. Personas así son las que dan esperanza para un mundo mejor: trabajando se tenga la edad que se tenga.

    Muy interesante amigo Florián.

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