INTEGRIDAD, HONESTIDAD Y MORAL


De: profeblog.es ,

INTEGRIDAD, HONESTIDAD Y MORAL en la conducta de los hombres son elementos esenciales de un buen dirigente. Esta filosofía se aplica especialmente en el sector civil en lo referente al uso de drogas, promiscuidad sexual, falsedad y engaño.  La falta de honestidad es severamente castigada en la actividad comercial de las compras y las licitaciones. La conducta ética de los funcionarios gubernamentales ha sido siempre cuidadosamente escudriñada, circulan normas éticas que algunos de los más poderosos no cumplen. Conflictos de interés, dádivas, compra y venta de influencia, invitaciones y privilegios están incluidos.

Cuando las convicciones personales no incluyen honestidad, cuando el miedo está superado porque en el puesto se consideran invulnerables, únicamente podemos asegurar el comportamiento ético mediante el cumplimiento de las leyes o reglamentaciones que  fijan las pautas del comportamiento aceptable o prohibido. En vista de que no podemos prever cada circunstancia plausible, tales regulaciones tienen limitaciones. La ley es el último recurso cuando la moralidad privada no predomina.

El profesor Edwin Epstein promueve el concepto de la responsabilidad social corporativa ya que  “la conducta ética es acatar la Ley”. De igual forma, Andrew Stark ve la motivación externa para la observación de una conducta ética, “exclusivamente como herramientas gerenciales tales como la autoridad, el poder, incentivos y liderazgo”. La dependencia de tales herramientas de motivación, es una mundana forma de coerción, y por lo tanto, moralmente incorrecta.” Las leyes y las reglamentaciones son limitadas y relativamente débiles. Distan mucho de ser la solución al comportamiento ético.

El miedo es un incentivo poderoso. Los gobiernos represivos hacen de él su herramienta principal de coerción y sumisión. En realidad, también afecta en gran medida nuestra cultura. El miedo al fracaso en la vida profesional, al repudio público, a la cortes, a la pérdida de la seguridad de un empleo, son motivadores importantes que obligan a nuestro yo a ajustarse a determinadas reglas morales de conducta. Tanto el miedo como la ley llevan a la gente a vivir en los límites de estas fronteras preestablecidas, llegando algunas veces a violarlas, o a ser muy escrupulosos en su cumplimiento, no porque estén convencidos de que sea lo correcto o incorrecto, sino por un sentimiento de auto-preservación. El miedo y la ley tienen efectividad solamente dentro de ciertos confines.

Las convicciones personales conforman la base más sólida para la conducta moral y ética. El sueño de cada responsable de la autoridad es tener gente que instintivamente haga aquello que es correcto, ya sea que esté definido por los reglamentos o no. Lamentablemente, las convicciones personales cambian al ritmo de nuestra sociedad. El relativismo que no diferencia lo correcto de lo incorrecto, especialmente en lo que a conducta sexual se refiere, ha cautivado a la mayoría de la comunidad intelectual y educativa.

El código de honor de cualquier organización civil o política, debe contener que no se debe mentir, no hurtar, no engañar, no realizar actos injustos que afecten a los intereses de la empresa, partido, o de los ciudadanos. Ni tolerar que entre nosotros haya alquien que lo haga, siendo obligación el de denunciarlo si lo hubiera y nunca ampararle ni protegerle, debe ser rechazado por la sociedad, separarlo de sus cargos sin ninguna consideración  y exigirle reparar los daños causados. Exquisito debe ser el político porque en su cargo de elegido como honorable lleva implícito en su cargo una impecable actuación ética profesional y privada.

En la Universidad de Boston, y de acuerdo con Stephen F. Davis, un profesor de psicología: “No existe el remordimiento para personas cuya forma de vida es la falsedad.

Ryan agrega que los niños carecen de una brújula moral, a no ser el propio interés personal; exige al sistema educativo la restauración de su papel tradicional, que es: proveer una guía moral a los estudiantes.

De forma similar, Jay Mulkey del Instituto para la Educación del Carácter en San Antonio, observa que “los estudiantes que hacen trampa en los exámenes muy probablemente engañarán a sus patronos y serán infieles en sus relaciones maritales. Cuando el país no valora la honestidad y piensa que el carácter no es importante, ¿qué clase de sociedad se está forjando?

Debemos reconocer, en términos generales que quienes llegan en la actualidad a los puestos de empresas, policia, ejército, administración, políticos no se les ha enseñado ética y moralidad. Ellos reflejan la norma nacional aceptada de mentir y engañar. El simple hecho de publicar nuevas reglas acompañadas de advertencias y castigo no los cambiará.

Como no podemos presumir que todos los que ocupan cargos poseen una sólida base de integridad, moralidad y ética. Debemos exigir la necesidad de inculcar una conducta moral tanto en la vida pública como privada. Debemos pedirlo una y otra vez, de manera constante, quienes nos sentimos preocupados cuando observamos la corrupción de un sector de la clase política y el énfasis que ponen en defenderlo sus compañeros, intentando con ello una impunidad de quien solo debe ser repudiado y escarnecido. De lo cual es responsable quien realizó un acto inadecuado, sino también del líder que creyendo es un medio de sustentar el partido, quiere encubrir el fallo de su grupo creando un sistema de tolerancia política, enfrentándose a la realidad que exige un gobierno democrático. Acción que solo conduce al repudio social.

Para ser un líder, un hombre debe tener seguidores. Y para tener seguidores, un hombre debe ganarse su confianza. De allí que la suprema cualidad de un dirigente sea, sin duda alguna, la integridad. Sin ella, el verdadero éxito no es posible, ya sea que se trate de una pandilla, de un equipo en un estadio de fútbol, en un ejército o en una oficina, o de un grupo político. La primera gran necesidad, es por lo tanto, integridad y elevados ideales. General Dwight Eisenhower

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