ETNOCENTRISMO, XENOFOBIA, RACISMO, INTEGRACION MULTICULTURAL Y MESTIZAJE.


Hermanada entre razas.

El etnocentrismo, se compone, de una valoración de la persona que idealiza a su grupo y admira las realizaciones de éste, y por otra parte, tiene una referencia contrapuesta frente a los grupos exteriores. Las teorías psicoanalíticas, determinan que se busca la mejora de la imagen de sí mismo. Las creencias y pensamiento del grupo y de la propia superioridad, califica a los grupos externos: «lo nuestro es mejor que lo vuestro».

Si al etnocentrismo le añadimos un comportamiento excluyente y de preservación de la propia identidad e intereses, buscando la conservación de un espacio o territorio, sin la presencia de individuos provenientes de otros pueblos o culturas, se produce xenofobia que incorpora la exclusión de todo individuo del espacio social reservado a los miembros nativos. La xenofobia, es un prejuicio,  con recelo, y odios que rechaza los grupos étnicos diferentes, que se manifiesta agresivamente. Así, el etnocentrismo y la xenofobia son actitudes culturales que favorecen la aparición del racismo en una sociedad concreta, pero si bien son condiciones necesarias, no son suficientes,  seria preciso un vínculo ideológico de legitimación de la dominación en base a los caracteres propios y permanentes del otro.

Para Lewis Strauss, el racismo es una ideología precisa en la que se cree que hay una correlación entre el patrimonio genético y las capacidades intelectuales o disposiciones morales y que todos los miembros de una raza poseen esas cualidades; que hay razas superiores e inferiores,  y que aquéllas más privilegiadas se consideran «autorizadas» a dominar, explotar a las «inferiores».

Juan Aranzadi en su articulo “Racismo y Piedad” insiste en que «el racísmo es una doctrina, una teoria, un sentimiento o una conducta. Aunque estos últimos sean de distancia, desprecio, exclusión e incluso rechazo, sólo merecen el calificativo de racistas, cuando van acompañados y se racionalizan, justifican y fundamentan en una ideologia racista individualmente aceptada y formulada como tal, y/o colectivamente sancionada por la ley, norma o costumbre grupal». Aranzadi hace una diferenciación entre el racismo popular y el científico. El racismo popular basado en la sensibilidad y percepción empírica coge las características físicas palpables y las eleva a su definición de raza., este racismo conserva su sensibilidad y no está lejos de la piedad que nos define como humanos. El racismo científico se basa en el patrimonio genético que está oculto y es imperceptible a los sentidos, hace ver a los semejantes como otros diferentes para romper el sentimiento de empatía, hospitalidad, piedad, curiosidad o amor que sentimos por los otros.

El racismo, tal como lo percibimos en las sociedades occidentales, es la más acabada y desarrollada ideología de dominación. El fenómeno del racismo no ha nacido en la actualidad, los orígenes de esta mentalidad racista se remontan a la base de nuestra propia cultura. En los orígenes de la cultura grecolatina se delimita al bárbaro y se legitima el esclavismo, así como la exclusión total de la mujer en el rol activo de la sociedad. Estas son las primeras formas de mentalidad racista. A partir de ahora, racismo y sexismo irán de la mano.

En la Edad Media, la mentalidad racista encontrará su apoyo fundamental en la religión. La pertenencia a la cristiandad será un indicativo de estar en la religión «verdadera» y de ser el pueblo «elegido». Aparecerá el concepto de pagano y el de infiel El cristianismo legitimará la necesidad de sumisión y conversión de los otros pueblos paganos y otras religiones infieles. Habrá cruzadas e inquisiciones. El musulmán será el Infiel; la mujer el cuerpo del pecado, la concubina del diablo que hay que exorcizar o controlar.


En el Renacimiento, con la expansión del mundo occidental y el descubrimiento del Nuevo Mundo quedará firmemente sellada la mentalidad occidental racista. El encuentro con el denominado salvaje será crucial para afirmar la «superioridad» ética y tecnológica del hombre blanco y hacer una labor «civilizadora» y la misión «salvadora de almas». “Tal es nuestra misión”. A un nivel sociocultural existen las diferencias entre los humanos porque son evidentes en el color de la piel, en el cabello, en la constitución física, en los gestos y en las formas. Más el racismo, tal como lo percibimos en las sociedades occidentales, es la más acabada y desarrollada ideología de dominación.

Con el colonialismo y el neocolonialismo se importó y se impuso al Tercer Mundo un modelo de desarrollo propio de la cultura occidental, un modelo de expropiación, de sobreproducción intensiva. Y como resultado estos países entraron en el subdesarrollo, en la regresión económica, en la pobreza sociedad y también en guerras intestinas.

Ahora que Europa y Norteamérica esta bajo una crisis económica, con un elevado porcentaje de población en paro y con una fuerte oleada de inmigración de otros países, se acentúan los brotes racistas y en los partidos de derechas que acogen estas ideologías xenófobas, porque sufren una presión inmigratoria de millones de personas que huyen de sus países y buscan en el «paraíso» europeo un bienestar y un posible desarrollo económico: Europa reacciona rechazandolos y se instala en el miedo. Así el inmigrante es acusado de quedarse con el trabajo que «pertenece» al autóctono sobre todo cuando hay una percepción de la crisis económica. Miedo, cuando las estadísticas plantean alarmadas que el índice de natalidad es bajo y se vaya substituyendo por población inmigrada. Miedo a que cambien las formas sociales y tradicionales. Ante esto, las sociedades se vuelven impermeables.


Alain Touraine indica que nuestras sociedades carecen de objetivos y de capacidad de integración, lo cual supone que cada uno mira sólo por si mismo, que se preocupa únicamente de su identidad de sus diferencias con respecto a los demás. Se agigantan las barreras y las reacciones de rechazo», el extranjero se convierte en responsable de los propios conflictos nacionales. Es preciso decir en voz alta que el otro y su diferencia, lejos de ponernos en peligro, nos puede llevar a un mundo de mayor riqueza, llena de matices y nuevas formas de ser.


Ya se advierte que el eje de dinamismo y progreso nuevo se desplaza a otros países orientales o americanos. Esperemos, no obstante, que el mundo sea un espacio multicultural y multirracial, donde cada pueblo tenga su espacio de crecimiento y entre todos un espacio de encuentro. Nos encontramos con un Occidente en crisis, conservador y en decadencia, donde parece que el mestizaje es un proceso natural imparable, al igual que la presión que ejercerá el Tercer Mundo sobre el reducto de los países desarrollados. Mientras no se tomen medidas para que no exista desigualdad entre los países no habrá un equilibrio estable.
Todos esperamos que el racismo desaparezca, porque es la negación de toda humanidad.


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