LA SOLIDARIDAD ENTRE SERES VIVOS AYUDA A LA EVOLUCIÓN,


En las poblaciones de América meridional los jóvenes y aún mas las mujeres tienen un talento maravilloso para encantar animales. Hay cabaña de indio rodeada de una colección de animales diversos, entre los que hay: Dantas, corzos, didelfos y hasta jaguares; se ven allí monos que saltan por las ramas, sobre la cabaña, pécaris hocicando por el suelo, tucanes, papagayos que se posan aquí y allá: Las grandes aves y los perros son defensores de toda la familia, y un extraño no lograra penetrar en la cabaña si no es introducido por los anfitriones como bienvenidos huéspedes.

Con  todos esos “familiares”  un europeo moderno proveería su cocina, pero el indio respeta la vida de los animales que cuidados por el: pertenecen a la casa, y le prestan servicios domésticos. Para la guarda o vigilancia mediante la violencia no tuvo en ellos participación: de la libre asociación nació la comunidad de vida. Por lo demás es cierto que gracias a ese compañerismo, la evolución de animales que se adhieren al hombre es mucho más rápida, del mismo modo que en la sociedad humana la inteligencia del alumno se desarrolla en proporción de las cualidades correspondientes de sus educadores.

Lo que es verdad para nuestra especie, lo es también para las otras. Se comprende difícilmente que los mismos partidarios de la teoría de la evolución hayan podido pretender después de haber visto a los animales domésticos, asociados al hombre, que la progresión intelectual de los seres, desde el estado rudimentario de los microbios, hasta el organismo complicado y a la astucia del chacal y de la zorra, a la prudencia del elefante, este marcada por una ley fatal de fijación. Es posible que la evolución de la inteligencia,  se haya hecho con mayor lentitud que la del hombre, desde que esté se proveyó de instrumentos, pero se continúa en todas las especies prósperas. Hay similitud ente entre el hombre y sus hermanos inferiores.

Los hombres tratan de adaptarse a los rasgos de la Naturaleza ambiente, de manera que forman un todo, tribu o nación con su fisonomía particular. La sociabilidad natural del hombre fue el origen vital de todas esas células distintas, en todo tiempo, hasta en las épocas en que las tribus primitivas erraban en las selvas y en las llanuras, la naciente sociedad, ensayaba la producción de esos grupos que más tarde habrían de agrandarse hasta formar ciudades. En pleno salvajismo, pues existían fuerzas creadoras obrando para el nacimiento de las aglomeraciones humanas que habían un día de constituir ciudades, metrópolis, grandes republicas. En parte alguna encontramos  poblaciones en las que el ideal sea el completo aislamiento, a menos de que vivan en un terror constante del extranjero y su existencia se convierta en un lento suicidio.

La necesidad de soledad perfecta es una aberración que pueden permitirse en un estado de cultura avanzada, unos desgraciados, locos por el delirio religioso destrozados por los delirios de la vida,  como los fakires o anacoretas, y todavía obran así porque a pesar de todo se sienten solidarios de la Naturaleza ambiente, que les trae cada día el sustento necesario a cambio de rezos y bendiciones. Si el devoto estuviera enajenado en un éxtasis perfecto, exhalaría su alma en el lugar mismo de su postramiento, y el desesperado se dejaría morir como el animal herido que se oculta en la sombra del bosque. Pero el hombre sano de las sociedad salvaje cazador, pescador o pastor, gusta de encontrarse con sus compañeros. Aunque su labor les obliga a acechar solitariamente la caza, perseguir los pescados en un estrecho esquife batido por las olas, a alejarse del albergue común para buscar mejores pastos; pero cuando se han provisto de víveres, vuelven al campamento común, punto inicial de la ciudad.

Según las interesantes investigaciones de los etnólogos americanos, en las comarcas mejicanas del Norte se encuentran las poblaciones que mejor han sabido hasta nuestros días mantenerse apartadas de los otros hombres, a causa de la cintura de desiertos que le rodea del lado de la tierra, y del estrecho que limita la Isla del Tiburón. Como viven fuera de los caminos la emigración de los pueblos, ignorados de los mercaderes, vigilando siempre para huir de todo ser viviente que no sea pieza de caza, LOS SERIS, han conservado las condiciones primitivas de la humanidad, que hace poco no habían alcanzado el periodo neolítico, no sabían retocar una piedra rota, aunque se servían de un guijarro bruto atado con una cuerda de bejucos o raíces. Estaban pues, en un estado social anterior a las “sociedades de la edades de piedra”, tenían sobre los demás hombres y todavía sobre sus contemporáneos, la ventaja de de la velocidad, puesto que no hay animal al que no cansen a la carrera, gracias a esa velocidad de marcha han podido vivir escapando de las matanzas de los invasores.

Centrados en la sola perspectiva que presenta la evolución especial del hombre y de animales que le rodean, es cierto que desde los orígenes conocidos hasta la época actual, nuestro mundo humano se ha desarrollado de manera que ha reunido sus grupos esparcidos en una sociedad general cada vez más coherente, y ha formado con la tierra que le sostiene un todo cada vez más intimo, Eso es lo que, en su concepción particular y subjetiva, llaman lo hombres el “progreso”. Los iniciadores fueron ellos mismos estimulados por la Naturaleza.

Bibliografía: Reclús Eliseo, “El hombre y la Tierra”  1903, Casa Editorial Maucci  Barcelona. Tomo I paginas 184 a 188.

Comentarios:

El ser humano tuvo su desarrollo agrícola a través de la ayuda en las tareas de animales para arar las tierras, esto cambió por los avances tecnológicos, millones de asnos, mulas, caballos y bueyes fueron sustituidos por las maquinas.

La sociabilidad humanas con animales se ha reducido al habitar la grandes ciudades, hoy los amigos de las personas son escasos, y no habitan la ciudad, quedan reservados en los hogares, gatos, perros, viven entre los humanos desde milenios, y en la calle algunas bandadas de gatos habitan alguna rincón abandonado atendidos por unas personas solitarias que encuentran en ellos la amistad que les falta en la vida diaria, y los pájaros saltarines, aunque menos afectivos acuden a los jardines o a la ventana a recoger las miguitas de pan que les arrojamos desde donde los humanos contemplamos su vuelo.  Son formas efímeras de relación donde el intercambio del espectáculo de su grata visita la premiamos con una limosna de cariño.

La Naturaleza está siendo sido vulnerada, se ha talado en exceso, se han desviado ríos, se emanan bases a la atmósfera y ha cambiado el clima, miles de especies han desaparecido y muchas están en peligro de extinción lo que anuncia el fin de todas las especies incluso la humana…, si no se reparan los daños que el hombre está causando con su codicia.


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