LOS MOSSI DE Burkina Fasso



Los dos millones doscientos mil Mossi representan un tercio de la población del Alto Volta, denominado en 1983 Burkina Fasso o “tierra de los hombres rectos y honestos”. Partiendo del norte, encontramos una región de estepa saheliana desértica y seguidamente una zona de sabana arbolada que al sur da lugar al bosque. La mayor parte de la población vive de la agricultura y la ganadería. El algodón, impulsado por los franceses durante la ocupación, se cultiva en grandes extensiones de tierra.


En el Siglo XV, los mossi se instalaron en el área central formada por la cuenca del Volta Blanco. Un grupo de guerreros llegados del norte del actual Ghana sometió a las sociedades rurales del lugar y creó el primer reino mossi de Tenkodogo, cuyo jefe fue Uedraogo. Sus descendientes fundaron el reino de Fada N´Gurma y otros dos más importantes, el de Yatenga y el de Ouadadougou, que ejerció una supremacía religiosa y política sobre los demás reinos. A finales del siglo XIX coexistían diecisiete reinos. El sistema político de los mossi es centralista y jerarquizada y a la cabeza está el
Mogho Naba.


Las poblaciones autóctonas y los invasores se mezclaron entre sí, aunque los jefes políticos siempre se escogieron entre los linajes de Nakomse, descendientes de los caballeros aristócratas, islamizados en el siglo XVII. El jefe religioso se elegía entre los descendientes de los autóctonos. La sociedad mossi es realmente heterogénea ya que los autóctonos asimilados incluían dogones al norte, gurmantches al este y nunumas y kurumas al suroeste, agrupados bajo el apelativo
tengabibisi o “hijos de la tierra”. Ante la cercanía de la caballería nakomse, una parte de los Dogón huyó hacia los acantilados de Bandiagara.

Algunas máscaras Mossi y Dogón son de un estilo muy similar. La unidad doméstica de los mossi es el buudu o clan. Varios buudu forman un sakse o barrio sometido a la autoridad del kasma o decano del linaje, o a la de un jefe naaba, también él sometido directa o indirectamente al rey. Las viviendas están muy dispersas. Desde principios de siglo, se advierte que la familia esta desmembrada debido a la costumbre de que el primogénito partiera a vivir independientemente del padre tan pronto como tuviera lugar la circuncisión. Asimismo, la joven esposa no poseía ningún status hasta el nacimiento de su primer hijo, que le otorgaba el derecho de ir a visitar a sus padres. Ella no criaba a sus hijos, que eran confiados a las esposas de más edad. Como compensación, a la muerte del padre, el hijo recuperaba sus esposas y sus campos. Cada casa poseía un segre, parte del antepasado reencarnado en el jefe de familia y a quien se le debían ofrendas y sacrificios.

Los herreros-escultores formaban una casta aparte, vivían en barrios separados y sólo se casaban con miembros de su casta o con alfareras. Sus vecinos les temían y participaban de forma activa en el ritual. Realizaban joyas, esculturas de metal o madera, estatuas o máscaras.

Los agricultores, “hijos de la tierra”, todavía utilizan grandes máscaras pertenecientes a la familia o al clan. Anteriormente esas máscaras eran el domicilio del espíritu de los antepasados y sus “ojos”, pero también podían representar a espíritu totémico del clan. Cada familia tenía un mito propio que explicase el origen de la máscara. Por lo general, una catástrofe inducía a un animal sagrado, o incluso a un dios, a donar una máscara a un antepasado cuyo poder permitía restaurar el orden en el clan. También a su muerte, la máscara se convertía en el receptáculo material de su alma. Los mossi pensaban que los animales sagrados del clan mantenían una estrecha relación con las almas de los muertos y todo lo que les sucedía anunciaba los acontecimientos venideros. Dichas máscaras reaparecían en varias ocasiones a lo largo del año: escoltaban al muerto ayudándole de este modo a llegar al mundo del más allá. Unos meses más tarde estaban presentes en los funerales para velar por el correcto cumplimiento del ritual. También presidían los sacrificios de inicio de la temporada de las lluvias destinados a asegurar a la comunidad una buena recolección de mijo y una buena cosecha de frutos silvestres. Antes de la primera cosecha vigilaban que se guardara respeto a los granos plantados correspondientes al período de hambre. Entre estas diferentes “salidas”, las máscaras permanecían en el altar familiar, donde recibían los ruegos y sacrificios de los miembros de la familia que lo necesitaban y así permitían la comunicación con los antepasados.


C. Roy (1987) descubre en el norte las máscaras realizadas a través de grandes tablas estrechas semejantes a las obras de los dogón. En el este, las máscaras tienen espejos en lugar de ojos y están cubiertas de granos rojos. Representan a los espíritus del bosque y pertenecen a familias individuales. En el suroeste, los mossi de origen nunuma o winiama esculpen máscaras de animales que decoran con motivos geométricos en rojo, blanco y negro. Algunas figuras esculpidas de pequeño tamaño formaban parte de las grandes máscaras y a las que servían de remate, viéndose luego recortadas y aisladas. En efecto, la estatuaria mossi es escasa.


Los agricultores mantuvieron las tradiciones utilizando la magia e invocando a las fuerzas de los espíritus contra el poder conquistador de los caballeros. La sociedad
wango oficiaba con una gran máscara recta que derivaba del sirige de los dogón, una tabla frontal decorada con agujeros que portaba una cara ovalada. La aristocracia también utilizaba estatuas, aunque se conviertiera al Islam a partir del siglo XVII. Mayoritariamente femeninas, estas estatuas ligadas al poder de los jefes conmemoraban a los antepasados y se conservaban en el interior de la cabaña de la esposa de más edad.


Sólo salían en los funerales del soberano y del sacrificio anual en que se ofrendaban las primicias de la cosecha. En la época de los reinados, un escultor trabajaba exclusivamente para uno o dos jefes.
Además de dichas estatuas, los herreros esculpían las denominadas biiga, habitualmente recubiertas de cuero y adornadas con conchas y perlas. El arte de los mossi tiende a un cierto esquematismo que no se halla en sus vecinos.


2 comentarios en “LOS MOSSI DE Burkina Fasso

  1. Hola, descubrí por casualidad su web, y les felicito por todo lo comentado sobre los Mossi, Tuve la oportunidad de visitar en las Navidades del 1999 al 2000, todo el Pais Dogón, y parte del norte de Burquina, me impresionó mucho la seriedad del trato y respeto de las personas de los lugares que visité.
    Gracias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s