TRAS LA HUELLA DE LOS ANTONINOS DE CUENCA


LOS ANTONINOS DE CUENCA Y LA VIRGEN NEGRA.

«El convento de San Antonio Abad —escribe Mateo López— era de hospitalidad, donde se curaban enfermedades de “fuego sacro” de San Antón y otras semejantes». / / / en referenci a la lepra/. Con ese propósito, «está situado extramuros de esta ciudad, a la parte de Occidente, pasado el río Júcar». (Creían aquellas buenas gentes que eran enfermos contagiosos los que tenían esta enfermedad del llamado “fuego sacro”, cuando solo eran envenenados por comer pan elaborado con harina de centeno contaminada con cornezuelo, un hongo parásito que crece en las espigas/ Ver en este mismo blog /Los errores médicos de la Edad Media, “buscar en Salud”).

Buscando la huella de los Antóninos, llegue a visitar la Iglesia de San Antón de Cuenca, junto a un puente donde se juntan los ríos Júcar y Húecar. se encuentra situada en el Barrio de San Antón, un barrio popular y modesto de casitas desprovistas de lujo, con calles estrechas y empinadas sobre una montaña, donde la buena gente  vive cercana aunque sin compartir, la Iglesia de la Virgen de la Luz o de San Antón que fue alzada en el SXVI  y modificada en el SXVIII por Martín de Aldehuela, la iglesia es actualmente propiedad municipal, donde destacan las dos portadas una de ellas plateresca y la decoración interior de carácter rococó, con estucos y pintura de gran calidad y una cúpula elíptica de estilo italiano, sobre el baldaquín del altar mayor situado en el centro se encuentra situada la patrona de la ciudad, Nuestra Señora la Virgen de la Luz. Al lado de la Iglesia un pequeño edificio en ocasiones dedicado a escuela y en otras a destinos municipales, se supone era el lugar dedicado a el pequeño monasterio y donde se atendían los enfermos.

Frustrada mi investigación sobre el pequeño monasterio, que no ha sido conservado como tal, visito la Iglesia de San Antón donde el altar mayor esta dedicado a la Virgen de la Luz, patrona de la ciudad, la imagen es una Virgen Negra, de tradición medieval, que no coincide exactamente con la perfecta definición de una Virgen Negra, ya que estás son talladas en madera y esta es de de piedra caliza, lo que la remontaría a época anterior  al Siglo XII en que fue hallada, se deduce pudo ser traída por los templarios en la conquista de Cuenca, o de algún poblado romano que existieron  como los de la cercana Valeria,  Ercávica o Segrobiga.

Sin desestimar fuera una piedra caída al río y que la erosión sobre el cauce la fuera tallando hasta ofrecer el aspecto en que fue encontrada. No es imagen bella ni agraciada, que se ve empobrecida por el aspecto estrábico de su mirada. Tiene la belleza espiritual que concede a su imagen en cuanto de sobrenatural  contiene  para los creyentes.  Luz, significa naturaleza, simboliza  energía, y creación de nueva vida,  fertilidad. La figura presenta una marca en el arco superciliar derecho procedente de corte o golpe, esta desprovista de brazos, y son bloques de piedra  deforme a la que se han añadido, rellenos modelados engarzados con hierros oxidados.

Cuenta la leyenda que de una cueva en la ribera del río Júcar bajo un puente medieval, (hoy llamado de San Antón) surgía una luz misteriosa, sin que se percibiera personas ni actividad. Explicado el hecho al rey Alfonso VIII que asediaba en aquella época la ciudad de Cuenca en poder de los árabes en el año 1177, Sorprendido el Rey por tan misteriosa noticia, descendió este con unos guerreros por si fuera que contuviera alguna expedición o grupo contra sus tropas, al lugar de donde surgía aquella señal  y encontró la cueva y dentro la Virgen que sostenía en un brazo al Niño mientras que en la otra mano mantenía una candileja encendida.

Así se cita en las crónicas: «Se dice que durante el cerco veían desde las murallas de Cuenca una misteriosa luz, y acercándose, encontraron a Nuestra Señora de la Luz, con un candil en las manos» (Cuenca, Publicaciones Españolas, 1959).

Existen otras narrativas, respecto a su aparición que la atribuyen  Martín Alhaja, el pastor que ayudo a Alfonso VIII, (Benito Castejón)  y otra descripción …se descubrió en un viejo arcón enterrado, y que al abrirse, la intensa luz procedente del candil, que portaba deslumbro a los presentes   y vestía de tisú verde. (Clementito Sanz) /Citados por José Mª Sánchez en Nuestra Sra. De la Luz 50ª Aniversario de la Coronación/

Encontrado el hecho como milagroso y relacionado como augurio de su  triunfo en la lucha contra los sarracenos como así ocurrió, y atribuido a la intervención de la Virgen, se dono la imagen al pequeño convento hospitalario de los Antoninos y mando que  muy cerca del lugar en que fue encontrada se construyera una ermita donde se la venerara, es el hermoso edificio de la Iglesia de la Luz o de San Antón. Como dijo el poeta Federico Muelas en su poema fuego,  que considera a esta templo, distinto a todos los demás monumentos y le concede una elevada distinción, pues: «al borde mismo del Júcar cobija a la Virgen Morena del Candilico de Plata, la Virgen de la Luz, madre en espera siempre».

Lastima que sus parroquianos la tengan un poco olvidada.

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3 comentarios en “TRAS LA HUELLA DE LOS ANTONINOS DE CUENCA

  1. El tema de las Vírgenes María es fantástico, por las expresiones multitudinarias cuasi paganas que fomenta su adoración, y sobre todo el hecho de sus apariciones.
    Yo creo que no hay pueblo de España en el que no se haya presentado de forma celestial. Lo que intriga es su “modo” de aparecer…su época…y su testigos…

    ¡ LA VIRGEN lNUNCA SE APARECE A LOS OBISPOS, NI A LOS PAPAS, NI A LOS POLÍTICOS, NI A LOS EMPLEADOS DE BANCA!

  2. “Lástima que sus parroquianos la tengan un poco olvidada”
    OLVIDADA???? LA VIRGEN DE LA LUZ??? Pero por Dios si es la Señora más visitada por los conquenses…

  3. Estimada lectora Maria:

    Yo soy conquense Maria, aunque vivo en Valencia, la frase “Lastima que sus parroquianos la tengan un poco olvidada, no son mias, sino del parroco de esa Iglesia. Que se quejaba que de sus “parroquianos” del barrio de San Antón solo recibia visitas de las viejas beatas, hombres del barrio poquisimos y jovenes: Casi ninguno.

    Quizás Maria sea cuestión de apreciación los que a ti te parecen muchos al sacerdote le parecen pocos.

    Yo la visito, varias veces al año por interés artístico, y en horas fuera de misa encuentras cinco o seis personas, algunas de 8 a 10 entre visitantes, curiosos y los que realizan plegarias.

    Queda insertado tu amable comentario. Siento discrepar, entiendo que el parroco tiene más valor que nuestro criterio. Pregunta a el su opinión. No recuerdo como se llamaba, es o era era también, sacerdote que atiende a los enfermos en el Sanatorio de la Luz. en aspectos de la Iglesia.

    Gracias por leerme, Afectuosos saludos.

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