Errores médicos en la Edad Media, los Antoninos.


Atención a enfermos en tiempos medievales.

LOS ERRORES MÉDICOS EN LA EDAD MEDIA.

La Orden de San Antón, surgió como orden en honor de San Antonio, monje eremita nacido en Coma, en Egipto Esta hermandad se expandió por todo el mundo, llegando incluso hasta China, fue una orden militar, religiosa y hospitalaria que llegó a España en el siglo XI.

La Orden de San Antón llegó a Castrojeriz  en Burgos, (España) en el año 1146, gracias al rey Alfonso VII, que eligió esta ubicación por ser un lugar estratégico para luchar contra el Islam y para promocionar el Camino de Santiago al mismo tiempo que se protegía a sus peregrinos. Los monjes de esta orden vestían un hábito negro sobre el que llevaban una tau griega de color rojo. Por su parte, los miembros de la rama primero laica y después religiosa de esta orden, vestían también un hábito negro, pero con una tau de color azul.

La Orden de San Antón en Castrojeriz contó con dos comendadores, uno religioso y otro militar, y con un hospital en el que atendía a los peregrinos que se veían afectados por ‘el fuego de San Antón’, esta orden desapareció en el año 1787, debido a una bula del Papa Pío VI que fusionaba la hermandad con la de Malta, desintegrándose en toda Europa.

Aquellos  monjes-guerreros de hábito negro pasaron a la historia por muchos motivos, pero el más sobresaliente es sin duda las curaciones que alcanzaron de una ‘extraña’ enfermedad que asoló Europa y que fue conocida como ‘Fuego de San Antón’, ‘Fuego sagrado’ o ‘Sacro’. Los enfermos acudían a los monjes en un estado pésimo y con terribles dolores. Los síntomas de la enfermedad – hoy conocida como ergotismo, y parecida a la lepra-  eran graves; los brazos, manos, pies y piernas se gangrenaban y quedaban negros y secos, llegando a desprenderse del cuerpo sin pérdida de sangre. La curación se alcanzaba con la amputación de los miembros afectados y dando a los enfermos panes de San Antonio y un vino ‘milagroso’, donde remojaban las reliquias de San Antón Abad, a quien la Congregación debe su nombre.

San Antonio nació hacia el año 250, desde niño le encantaba leer, una afición que cambió su vida. Al leer el Evangelio de San Mateo reparó en un pasaje que le aconsejaba que vendiese sus bienes, así comenzó su vida ascética cerca de su lugar de nacimiento, más tarde, decidió trasladarse al desierto de Maymun; allí se cobijó en un castillo en ruinas -justo donde había localizado una fuente-, donde levantó un muro para aislarse más del exterior. Permaneció oculto en este lugar veinte años; su único contacto con el exterior era un amigo que le arrojaba pan por encima del muro dos veces al año y con quien ni siquiera hablaba.

Tiempo después decide recibir a todos los que se le acercaban: discípulos, enfermos y poseídos que deseaban ser sanados, admiradores que acudían atraídos por su aura de heroísmo. Cuenta su biógrafo Atanasio que murió con 106 años de edad y fue tan grande la influencia que ejerció que, después de su muerte, miles de seguidores se recluyeron en los lugares más recónditos del desierto egipcio con el objeto de imitarle. Su fama y culto se extendió por Oriente y Occidente, si bien en esta zona el respaldo definitivo se originó por unos hechos sorprendentes, según aseguran las crónicas.

La ‘extraña’ enfermedad se extendió como una plaga por Europa. Entre los miles de afectados se encontraba Girando de Valloire, hijo del noble francés Gastón de Vallorie, que al ver peligrar la vida de su hijo hizo voto a San Antonio ofreciéndole toda su hacienda. Esa misma noche Gastón tuvo un sueño en el que San Antonio le decía que su hijo se curaría y que todos sus bienes deberían ser empleados para socorrer a los afectados por el ‘Fuego Sagrado’.

A los pocos días de esta visión, Girando recuperó la salud totalmente y padre e hijo vendieron todos sus bienes, cosieron en sus oscuras vestiduras la señal de la tau e iniciaron la tarea encomendada. Nacía así en Europa la Orden de los Caballeros de San Antonio, cuya constitución fue aprobada por el Papa Urbano II en 1095. Con estas premisas se fundó una cofradía hospitalaria para atender a los enfermos del ‘Fuego Sagrado’ en Saint Antoine de Vienne, que en un primer momento fue declarada de carácter militar y hospitalario y posteriormente con impronta monástica. La Orden se extendió al igual que la plaga del ‘Fuego Sagrado’ por toda Europa en busca de enfermos que sanar, pobres que ayudar y herejes que combatir.

La Encomienda, situada en Castrojeriz, fue creada en 1146 en pleno Camino de Santiago. De esta Encomienda principal dependieron poco después todos los monasterios situados en Castilla, Andalucía, Portugal e Indias Occidentales -México-. El convento, hoy en ruinas -aunque sigue siendo albergue de peregrinos- disponía de monasterio, iglesia y hospital. Allí atendían espiritualmente a los peregrinos y ayudaban a todos los enfermos y pobres que acudían, incluidos los enfermos del ‘Fuego Sagrado’, que tenían la obligación de ir tocando una campanilla para avisar de su llegada, creyendo por errores médicos que era contagiosa esta enfermedad, muy extendida durante la Edad Media en Europa. El único remedio conocido consistía en acudir en peregrinación a Santiago de Compostela (España), los conventos de San Antón curaba a los enfermos ofreciéndoles pan candeal de trigo.

El ergotismo, denominado en el uso coloquial como “fiebre de San Antonio”, “fuego de San Antonio” o “fuego del infierno”, es una enfermedad causada por la ingesta de alimentos contaminados por toxinas producidas por hongos parásitos, o por abuso de medicamentos que contengan esta misma sustancia. Está causado fundamentalmente por el ergot o cornezuelo que contamina el centeno, y mucho menos frecuentemente, la avena y la cebada.

Las toxinas producen un envenenamiento, acumulativo cuyos efectos son alucinaciones, convulsiones y contracción arterial, que puede conducir a la necrosis de los tejidos y gangrena en las extremidades principalmente. La enfermedad empezaba con un frío intenso y repentino en todas las extremidades para convertirse en una quemazón aguda. Las víctimas que lograban sobrevivir quedaban mutiladas, podían llegar a perder todas sus extremidades. En ocasiones el enfermo sufría intensos dolores abdominales que finalizaban en una muerte súbita. En las mujeres embarazadas abortaban con está enfermedad.

La última intoxicación colectiva con ergot ocurrió en la ciudad de Pont Saint Esprit,  (Francia) el año 1951, ya que se contaminaron con el hongo las cosechas de cereales.

COMENTARIOS:

No existían en la época métodos para ayudar en el diagnostico de las enfermedades, así una enfermedad producida por envenenamiento cuya curación sin antídoto era cambiar de pan, se concibió como una enfermedad contagiosa a cuyos pacientes se aislaba, y que para entrar por las ciudades viviendo de la caridad publica, llevaban una campana que tenían que hacer sonar en todo momento advirtiendo que un contagioso circulaba.

Triste vida, horrible destino el de aquellos diagnosticados por error de enfermedad contagiosa sin serlo, disculpada decisión por las carencias de la ciencia en épocas pasadas, que tras deambular por pueblos y aldeas viviendo de la caridad, eran  acogidos en monasterios de monjes por caridad y devueltos curados aunque sin brazos o sin piernas.


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Un comentario en “Errores médicos en la Edad Media, los Antoninos.

  1. Excelente descripción de la enfermedad, mencionada junto con la orden monástica en la novela Iacobus de Matilde Asensi. Gracias por los datos históricos.

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