Modelo de mujer para el hombre y del hombre para la mujer en África.


Foto de Bill Trumbul, tomada de Internet.

ELLA Y EL, EN LA CULTURA AFRICANA TRADICIONAL

ÁFRICA conserva tradiciones que permanecen a pesar de la globalización intercultural, las etnias recuerdan sus ceremonias, tienen sus costumbres que cuidan. A los occidentales nos resultan curiosas, complejas y cuyo conocimiento nos acerca en respeto a estos pueblos extraordinarios.

Las mujeres africanas son muy bellas y las yongamas ó djongamas, son en Senegal la representación del más elevado canon de belleza en la tradición del país. La hermosura de una mujer yongama se refleja en sus caderas que deben  ser muy anchas, y debe ser gruesa de carnes abundantes, lo que refleja status y que no ha sufrido privaciones, debe andar lenta y pausada  sin realizar movimientos bruscos. (Estos movimientos se atribuyen también a las operaciones iniciaticas en que se mutila a la mujer). Debe hablar con rico vocabulario tradicional mostrando la educación recibida de su pueblo. Un detalle que aprecian los yongamas es la tez clara, para ello las mujeres africanas las mujeres africanas utilizan cremas que aclaran su piel con Kheisal, (al igual que las mujeres blancas se dan cremas para aparecer morenas).

Muchos hombres y mujeres senegaleses y de otros países africanos, consideran que una piel demasiado negra es símbolo de baja alcurnia social o simplemente antiestético. Por ello, en determinadas clases sociales, las mujeres se aplican por todo el cuerpo lociones y cremas que despigmentan la piel a fin de hacerla más clara y según la moda: más atractivas.

El kheisal constituye un enfrentado debate en las sociedades africanas, entre los que lo defienden como una simple moda estética y los que consideran que se trata de un complejo racial y un deshonor hacia la negritud.       Otras etnias africanas, prefieren las mujeres con la piel muy oscura como ejemplo de su africanidad, aunque también tienen preferencia por lo exótico, les encantan las mujeres blancas, rubias de ojos azules.

El boubou (BUBU), es la vestimenta tradicional de las mujeres, que son muy más variados de forma y color, puede ser de varias piezas y los más completos comportan varios pareos, y un foulard en la cabeza. El tejido puede variar desde simple algodón hasta el cotizado Thioub; el precio de un gran boubou en thiuob bordado puede llegar a sobrepasar los 600 euros aunque los más sencillos podrán adquirirse a partir de 10 euros.


El ideal de belleza masculino para la mujer africana, es el hombre: alto, robusto, musculoso, nariz aplastada, educados, gentil y amable. UN THIOF, La costumbre ha introducido en el vocabulario de las mujeres jóvenes, esta palabra con la que se designa a los hombres apuestos y atractivos, hoy en día, “thiof “es el mejor piropo que  pueden denominar a un hombre, equivale a “guaperas,” “tío bueno”. Lo curios es que un thiof  (se pronuncia chof) es un pescado parecido al mero muy apreciado en la preparación del plato nacional senegalés, el chiebudien.

La mujer africana desprecia al hombre Gorgulu, son aquellos de escasos recursos que se ve obligado a utilizar toda su astucia e instintos, a veces no honestos, para sacar adelante su difícil situación económica. Un “buscavidas” cuya mayor preocupación es asegurar la DQ -depense quotidien. /comida diaria/

Hoy se considera toubab a todos los blancos, independientemente de cual sea su origen. Los hombres Toubabs (blancos), son apreciados por las mujeres africanas como esposos en cuanto representan un nivel económico alto, existen muchos matrimonios mixtos, que funcionan si son capaces de admitir las diferencias culturales.

Las mujeres y hombres que se acercan en relación llevan amuletos contra el mal de amores, independiente de la etnia, la religión o la región en la que vivan, estos amuletos los confeccionan los brujos y chamanes por encargo, los hay de protección y de agresión para dominar voluntades, se suelen llevar en la cintura, el pecho o en el antebrazo, en lo posible lo más en contacto con la piel, se suele reforzar el efecto colocando escondido en la puerta o ventana de la vivienda de la amada/amado, poniendo su nombre ya que el efecto podría inducir a alguna persona ajena a los deseos del que demanda.

Para los científicos el efecto mágico no existe, más al menos se reconoce que desencadena un proceso de creencias sobre las personas que impulsa su voluntad y predetermina conseguir el objetivo que estiman interesante para sus objetivos de conseguir la atención de la persona amada.

Se van olvidando los crueles acuerdos de bodas concertadas por los padres, sin consentimiento de las mujeres, aunque se pierden las costumbres de venta de las niñas, se continúa pagando a los padres una dote por la mujer que se concede en matrimonio y que le compensa de la perdida de la persona querida.  La dote es importante, pero no es decisiva ya que los factores de familia, salud y trabajo del pretendiente son valores de peso importante en la decisión.

Antes de la boda o después de la ceremonia si la unión no es fértil puede deshacerse por el importante hecho de no tener descendencia.


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