LA CRUZADA CONTRA LOS CATAROS


El catarismo, fue un movimiento religioso que se propagó por Europa Occidental a mediados del  Siglo X y que llego al sur de Francia en el siglo XIII, donde fue protegida por los señores feudales de la Corona de Aragón. Los cataros eran propulsores de un nuevo orden social y la Iglesia Católica consideró sus doctrinas como heréticas, decidió combatirlas con acciones misioneras, sin erradicarlas, la Iglesia pidió al rey de Francia ayuda para luchar contra tan gran peligro para la Iglesia.

El nombre «cataro» viene probablemente del griego καθαρός (kazarós): puros’. Así  ellos se llamaban, otro origen sugerido es el término latino cattus: ‘gato’, “adoradores del diablo en forma de gato”. Otra denominación empleada para referirse a los cataros es “la secta de los tejedores” Los cataros fueron denominados también Albigenses, nombre que utilizó el cronista  Geoffroy du Breuil en el 1181, haciendo referencia a la ciudad de  Albi, aunque se considera que era Toulouse el centro de difusión de la cultura y creencias cataras,

Los cataros,‘puros‘ o ‘perfectos’ y en Francia, «hombres buenos» o «buenos creyentes», fueron pocos en número y practicantes de la pureza, los  creyentes participaban de la comunidad mediante una ceremonia llamada conveniencia y a través de la recepción del consolamentum, recibian al  Espíritu Santo antes de la muerte era la ceremonia de eliminación de los pecados, después de recibirlo, el creyente era alentado para dejar de comer a fin de acelerar la muerte y evitar la “contaminación” del mundo. El consolamentum era el único sacramento de la fe cátara, la fe en el Dios del Amor.

Los cataros difundieron su enseñanza, los primeros aparecieron en Lemosín sobre el 1015. Algunos fueron descubiertos y ejecutados en Toulouse en1022. La creciente comunidad fue condenada por la Iglesia católica y se enviaron predicadores para combatir el avance cátara a principios del siglo XII. Sin embargo, los cataros ganaron influencia debido a la protección dispensada por gran parte de la nobleza.

Los cataros se caracterizaba por una teología  basada en la creencia de que el universo estaba compuesto por dos mundos en conflicto, uno espiritual creado por Dios y el otro material forjado por Satán. Según los cataros, los hombres son una realidad transitoria, una “vestidura” de la simiente angélica. Afirman que el pecado se produjo en el cielo y que se ha perpetuado en la carne. El cátaro aspira a restituir transitoriamente la vida angelical en el mundo para hacerse, como individuo iluminado, merecedor de una existencia superior. El catarismo supone un cuestionamiento abierto de toda la revelación cristiana, así como de sus ejes filosóficos centrales.

Los cataros también creían que las almas se reencarnarían hasta que fuesen capaces del conocimiento que las llevaría a la visión de la divinidad y así poder escapar del mundo material y elevarse al paraíso inmaterial. Aquellos que siguiesen estas normas eran conocidos como “Perfectos” se les consideraba herederos de los apóstoles y tenían el poder de borrar los pecados y conexiones con el mundo material de las personas. Los cataros tenían creencias que eran contrarias a la doctrina católica y  negaban la veracidad del antiguo testamento.

No tenían ningún rito matrimonial, y presentaban una fuerte oposición a este, comprendían la virginidad como la abstención de todo lo que es capaz de alterar el compuesto espiritual. Entendían el arrepentimiento, no como penitencia para la redención de los pecados, sino que era la aspiración hacía la perfección. La sed de elevarse al nivel espiritual más elevado, venciendo la naturaleza caída en sí mismos. Consideraban que no sólo era posible, sino necesario liberarse del pecado antes, y no después, del Juicio Universal; es decir, en el transcurso de la vida.

Una de las ideas que resultaron más heréticas en la Europa feudal fue la creencia de que jurar  era un pecado, puesto que ligaban a las personas con el mundo  material y como en la época, en una sociedad en la que el analfabetismo era norma común, casi todas las transacciones comerciales y compromisos de fidelidad se basaban en juramentos. De ahí que fueran considerados un peligro para el estado. Cuando Inocencio III, llegó al poder en 1198, decidió suprimir el movimiento cátaro, el papa probó con la conversión pacífica, enviando legados a las zonas afectadas poderes para excomulgar e incluso destituir a los prelados locales tolerantes.

El monje la Orden del Cister Pedro de Castelnau, fue un legado papal que excomulgó al conde de Tolosa y a los nobles que protegían a los cataros.  El legado fue asesinado cerca de la abadía de Saint Gilles, por un escudero de Raimundo de Tolosa. El escudero afirmó que no actuaba por orden de su señor, pero este hecho fue la causa del inicio de la guerra contra los cataros.

Pedro el Católico, acudió a Roma, donde Inocencio III le coronó solemnemente y, de esta manera, el rey de Aragón, se convertía en vasallo de la Santa Sede, con la cual se comprometía a pagar un tributo. Con este gesto, Pedro el Católico pretendía proteger sus dominios del ataque de una posible cruzada. Por su parte, el Santo Padre, receloso de la actitud del rey aragonés por tolerar la herejía (e incluso de practicarla), no quiso delegar nunca la dirección de la cruzada a Pedro el Católico.

En 1207 Inocencio III renovaba las llamadas a la cruzada contra los herejes. Ante lo inútil de los esfuerzos diplomáticos el Papa decretó que toda la tierra poseída por los cataros podía ser confiscada y que todo aquel que combatiera durante cuarenta días contra los “herejes”, sería liberado de sus pecados. La cruzada logró la adhesión de prácticamente toda la nobleza del norte de Francia que ante la oferta de tierras  fueron al sur a luchar. Inocencio encomendó la dirección de la cruzada al rey Felipe II Augusto de Francia, el cual declina participar, aunque permite a sus vasallos unirse a la expedición.

Según cronistas de la época la batalla de Béziers obedeció a un plan preconcebido de los cruzados de “exterminar” a los habitantes de las bastidas o villas que se les resistieran, lo que indujo al resto de las ciudades a rendirse sin combatir, excepto Carcasona, que asediada, se rindió por falta de agua. En Carcasona muere Ramón Roger Trencavel y sus dominios son otorgados por el legado papal al francés Simón de Montfort, el cual entre 1210 y 1211 conquista los bastiones cátaros de Bram, Minerva, Termes, Cabaret, en el asedió a  Lavaur se añaden las tropas del obispo Folquet de Tolosa. A partir de entonces se comienza condenar a los cataros a morir en la hoguera.

La batalla de Beziers y el expolio de Simón de Montfort van a avivar un sentimiento de rechazo hacia la cruzada. Así, en 1209, poco después de la caída de Carcasona, Raimundo VI y los cónsules de Tolosa se niegan a entregar los cataros refugiados en la ciudad. El conde de Tolosa rechaza la reconciliación cuando el legado Arnaldo Amalric le pide condiciones tales como la expulsión y partida a Tierra Santa de los caballeros de la ciudad.

A principios de 1212, el Papa Inocencio III, recibió la queja de Pedro el Católico contra Simón de Montfort ya que este rechaza la conciliación a pesar de la actitud de Raimundo VI favorable a aceptar las condiciones de la Santa Sede. El papa Inocencio III se pone de parte de Simón de Montfort, llegándose así a una confrontación armada, resuelta en la batalla de Muret el 12 de septiembre del 1213. Simón de Montfort entra vencedor en Tolosa acompañado del nuevo legado papal, Pedro de Benevento, y de Luis, hijo de Felipe II Augusto de Francia. Simón de Montfort se proclama como conde de Tolosa, desposeyendo a Raimundo VI exiliado en Cataluña después de la batalla de Muret.

Cataros_expulsados

EXPULSIÓN DE LOS CATAROS

El 1216, Simón de Montfort presta homenaje al rey Felipe II de Francia como señor de los territorios conquistados. Fue una guerra muy rentable para Simón más tan injusta, que a los escasos meses, estalla una revuelta que culmina en la muerte de Simón. La guerra terminó definitivamente con el tratado de París (1229), por el que el rey de Francia expropio a su favor a la Casa de Tolosa y a la de Beziers de todos los bienes.

La Inquisición se estableció en 1229 para extirpar totalmente la herejía cátara, operando durante todo el siglo XIII y gran parte del XIV. El hecho más cruel ocurrió en Montsegur, desde mayo de 1243 hasta marzo de 1244, aquella ciudadela cátara fue asediada y conquistada por las tropas de Carcasona y del arzobispo de Narbona.

El  16 de marzo de 1244 tuvo lugar un horrible acto, donde los líderes cataros y más de de doscientos seguidores, fueron arrojados a una enorme hoguera en el Prat deis cremats (prado de los quemados) junto al pie del castillo.

Perseguidos por la Inquisición y abandonados por los nobles, los cataros  se escondieron  en los bosques, con intentos de liberarse del yugo francés y de la Inquisición, más la secta estaba exhausta y no encontró nuevos adeptos. El movimiento cataro no fue único, se inserta en una serie de alternativas religiosas de la época, las cuales fueron regladas por la iglesia católica o aniquiladas la fuerza de las armas.

Comentario final:

Simon de Monfort, por orden del emviado papal debia masacrar a todos lo cataros, pregunto Simone al religioso ¿Como los distingo ?. Aquel respondió sacrifica a todos que dios sabrá elegir. LOS INOCENTES MURIERON POR LA CODICIA CATÓLICA Y LA PARANOIA DOGMÁTICA.

Otro de los episodios mas crueles de la cruzada se dio en la ciudad de Bram, donde tras vencer, Montfort mando dejar ciegos a todos sus habitantes menos a uno, que dejo tuerto, para que pudiera guiar a los demás.

Simon de Monfort, fue a Paris para rendir pleitesía al rey y se acerco a la Catedral de Notre Dâme, e imploró perdón por los asesinatos que había cometido contra los  cataros, sin duda su afán de conquista de tierras, le llevó a realizar actos lejos de lo honesto.

Dejo al lector exprese sus propios comentarios sobre los actores en este drama humano.

Bueno es pequeño

Un comentario en “LA CRUZADA CONTRA LOS CATAROS

  1. Muy interesante tu aportación. ¡Cuanto nos queda por saber! Es curioso como la Iglesia cortaba por lo sano las herejías, ante la duda pues todos a la hoguera que Dios ya se encargaría de elegir a los buenos y castigar a los malos.

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