VIAJES MISTICOS DEL CHAMANISMO,


El Chaman

La palabra chamán proviene de un vocablo de origen siberiano shaman que identifica hombre-dios-medicina. El vocablo tungu original shaman contiene la raíz scha, “saber”, por lo que chamán significa “alguien que sabe, sabedor, que es un sabio”.

Mircea Eliade, investigador rumano que realizó la primera recopilación sobre el chamanismo y cuyos libros son textos clásicos obligados para su estudio, define al chamanismo como la técnica del éxtasis o trance, y al chamán como el gran especialista que tiene la capacidad de realizar viajes a la región de los espíritus y desde allí puede armonizar la realidad. El éxtasis chamánico, al igual que el de ciertas tradiciones religiosas, como el samadhi budista, el fana sufí y el estado beatífico cristiano, es un estado de transporte a mundos místicos para encontrarse supuestamente con espíritus, dioses o demonios, incluye fenómenos clarividentes como voces y visiones, que facilitan la orientación o información para alguna curación, para el crecimiento espiritual ó la solidaridad en la comunidad.

El chamán a través del conocimiento que adquiere por medio del trance y otras prácticas específicas, es al mismo tiempo, el portador y hacedor de mitos, el místico extático, el guía espiritual y el médico de un grupo social. En las civilizaciones antiguas se veía la enfermedad como indicación de que algo funcionaba mal en el alma y que la condición física era síntoma de discordia y prueba de la desconexión entre el cuerpo, la mente y el espíritu. La buena salud se producía cuando el cuerpo visible y el alma invisible operaban en armonía con la mente. La curación chamánica, supone reconocer que la causa primordial del problema podría ser espiritual o mental.

En la sociedad actual los terapeutas chamánicos, tienen el objetivo de  ayudar al cliente a descubrir si su mala salud es consecuencia de un determinado modo de vida. La mejoría en el estado físico suele suceder a la voluntad de hacer cambios en el estilo de vida perjudicial.

Para su labor diagnóstica y curativa el chamán, que actúa fuera del cuerpo físico, necesita una serie de “herramientas simbólicas” que le facilitan la labor y le permiten una mejor concentración en su trabajo. Estas herramientas se han repetido sin apenas variaciones en todas las latitudes y en todas las culturas. Son:

Los tambores. Es el medio por el que el chamán utiliza para ponerse en contacto “con otros mundos” a través de la creación de un estado mental alterado y de facilitar el estado de relajación.

La sonaja o maraca. Al agitarla por encima del cuerpo del enfermo, su sonido va limpiando y clarificando el aura del paciente.

El altar. Suele ser muy sencillo: un simple paño colocado sobre el suelo o una pequeña tarima o mesa baja que sirva no sólo para colocar encima el resto de los utensilios.

El péndulo. Este elemento, permite poner en comunicación el consciente con el subconsciente y, de esa manera, localizar la zona del cuerpo donde pueda existir el desequilibrio de la enfermedad.

El fuego. Además del significado simbólico del sol, la luz y el calor del corazón, facilita también el acceso al estado de supraconciencia que ayuda  como punto de focalización para la concentración-relajación necesaria.

La máscara. No es imprescindible pero muchas culturas la han utilizado como un medio de expresión de los potenciales internos.

Comentarios.

Las creencias animistas admiten el contacto con espíritus o almas, que son reflexiones filosóficas de algunas doctrinas, para otras creencias el animismo esta basado en falsas mitos, en poderes inexistentes y por tanto imposibles. Las consideraciones de dioses o demonios, alguien los admite, otros lo rechazan y la mayoría no consideran su existencia, aunque admiten que haya gentes crédulas y respetan creencias y sus ceremonias. Conseguir el “éxtasis” es facil con técnicas elementales:

Una jaculatoria o “mantra” es una palabra o grupo de palabras que si una persona repite mentalmente de manera constante, cadenciosa y periódica, hará efecto sobre su mente, basada en que, en la repetición se interrumpe el flujo de pensamientos de forma que al cabo de un breve lapso (unos diez minutos aproximadamente) se experimenta un estado de inmaculada paz mental, en cada pronunciación mental del “mantra” se secciona el flujo de pensamientos de manera que éstos poco a poco van desapareciendo.

Haga un ensayo, siéntese cómodamente con los ojos cerrados, relájese y repita con cierta periodicidad y constantemente una palabra o frase breve como “Omnia in bonum” o su nombre o el de su gato. Entre repetición y repetición deje libre su pensamiento, centre relajadamente su atención en su frase, el “mantra”. Continúe así durante diez o quince minutos, y se irán eliminando gradualmente sus tensiones físicas, los pensamientos y preocupaciones se irán disolviendo y llegará a un estado de indescriptible silencio mental. Llegado a este punto permanezca sentado tranquilamente y con los ojos cerrados otros tres o cuatro minutos, para dar tiempo al organismo para que pase de un estado de máxima relajación al estado de actividad normal. Tras la práctica de este ejercicio el individuo podrá comprobar que su mente se muestra más receptiva.

Las acciones de la relajación consisten en la rotura de algunos circuitos cerrados que se forman en el tendido eléctrico del cerebro. La concentración del pensamiento en una palabra, sonido, plegaria o ejercicio rompe la cadena de las preocupaciones cotidianas. (Herbert Benson y Wuhan Proctor: “La relajación, una terapia imprescindible para mejorar su salud”. Grijalbo, Pág. 150.)

Esta técnica, como instrumento favorecedor del desarrollo personal, es utilizada por diversas sectas para vaciar la mente del neófito e implantar en ella una nueva programación. Así, la norma doctrinal de la secta Hare Krisna obliga al adepto a cantar un mínimo de 1.728 veces diarias el “mantra”: “Hare krsna, Hare krsna, Krsna, krsna, Mare, Hare / Hare Rama, Hare Rama, Rama, Rama, Mare, Hare” (Pepe Rodríguez, “Las sectas hoy, aquí”, Editorial Tibidabo, Pág. 106).

Así, en el budismo mahrajana “se enseñaba a recitar el sagrado nombre en un estado de absoluta concentración mil, diez mil veces al día, lo que podía hacerse con la mente y los labios o sólo con la mente y que, fuese mucha o poca la atención que había que prestar a los asuntos de cada día, facilitaría la consecución de una condición de santidad mucho más allá del pensamiento conceptual. Liberada de las paralizantes distinciones entre el pensador y el pensar, entre el pensar y el objeto del pensamiento, la consciencia se amplificaría enormemente y llegaría a alcanzar la vastedad y sublimidad de la Fuente Última, del Amitabha reconocido como Mente Pura, como el Tao, el nirvana. (John Blofeld: “Mantras. Sagradas palabras de poder”, Editorial Edaf, Pág. 43.)

De igual forma todo socio numerario de organizaciones católicas, han de cumplir la norma de repetir diariamente varios cientos de veces jaculatorias aprendidas (que son “mantras” según terminología laica) siguiendo el ejemplo de Escrivá de Balaguer: “Amigos de Dios. Homilías”, Editorial Rialp, punto 296.

Al practicar la técnica de repetición de “mantras” estará en condiciones de comprender que es muy fácil confundir el estado de quietud mental que se consigue mediante ella con un beatífico estado de unión con espíritus o divinidad. Logrado un estado de profunda calma, que induce  al misticismo, se confunde un estado neurofisiológico con el de una unión mística. Esta falta de comprensión acerca de las fronteras entre lo neurofisiológico y lo religioso se observa también en varias culturas y religiones.

El vaciado de contenidos mentales conseguido tras la repetición de una palabra u oración puede ser muy útil para implantar un nuevo ideario en el individuo, este sistema que aparenta un instrumento inocuo ó en ocasiones positivo, puede ser usado para manipular, captar y adoctrinar a sus adeptos. La mayoría de los miembros de la institución no se percatan claramente del hecho de que están siendo manipulados.

El “viaje” del chaman que facilita con hierbas, debe tenerse en cuenta, son productos alucinógenos que pueden afectar al organismo, por lo que deben rechazarse, aunque puedan parecer inofensivos, dependerá de las pócimas que haya incluido el mago en sus bebidas y en que proporción.

Bueno es pequeño

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