LA MEDICINA EN LOS MONASTERIOS.


Mones escritores en monasterios

Monjes escritores en monasterios

LA MEDICINA MONASTICA

La asistencia médica se inicio en los monasterios. El primero un fundarse fue el de los Benedictinos (Orden de San Benito), En el Monasterio de Montecassino en el año 529, que fue destruido en 1944.  Este monasterio tenía por regla obligatoria: “La Regla de San  Benedicti”:  “Ora y trabaja en la asistencia de enfermos antes de todo y sobre todo”,.También fundó el monasterio de Subiaco, dedicado a San Cosme y San Damián, quienes, sufrieron la persecución de Dioclesiano, y según la tradición cristiana, efectuaron el primer transplante de la historia de la medicina trasplantaron la pierna amputada de un hombre negro apenas muerto, a un hombre blanco con la pierna gangrenada, (Año 300 ), fueron los patronos protectores de médicos y boticarios.

En los siglos siguientes se fundaron monasterios en Francia, Alemania e Irlanda. España, fueron famosos los hospitales del camino de Santiago que atendían a peregrinos. Tras la gran peste que azotó a Europa en el siglo VI y la conquista de Italia por los lombardos, los monasterios aceptaron gentes cultas que buscaban refugio. Hacia el inicio de la alta Edad media cobraron importancia las escuelas catedralicias, como por ejemplo, la Escuela de Chartres. Sin embargo, el ejercicio de la medicina por parte de los monjes estaba circunscrito a su misión caritativa. En el siglo IX la biblioteca del Monasterio de San Galeno tenía seis obras de medicina y mil de teología.

Estos monasterios dedicados a la atención de enfermos surgió la noble necesidad de que los novicios y monjes tuvieran conocimientos médicos, el atender un enfermo no solo era dar de comer o beber, incluía también aliviar sus dolores, medicarlos, curar sus enfermedades internas, y como no se podia improvisar la enseñanza médica se instituye en los monasterios. Aparte de la asistencia dentro del monasterio, el monje sale a curar a las ciudades y al campo, a los enfermos graves que no se podían desplazar.

Entre los muchos méritos de aquellos monjes, está el haber guardado, conservado, copiado y traducido antiguos códigos, textos y escritos de medicina, copiaban sobre pergamino con paciencia y pericia los textos médicos, tradujeron al latín, todos los conocimientos greco – latinos.

Isidoro de Sevilla, médico, obispo y Santo, escribió sobre las artes médicas, ciencias que debía ser enseñada en las escuelas: La Dieta: modo de vida sana; La Pharmacia: doctrina de los medicamentos y La Chirugia: intervención quirúrgica con instrumentos. Isidoro destaca mucho la Tuitio o Profilaxis y la Restauratio Terapia y reclama que el médico debe conocer y cumplir tres misiones fundamentales en sus actuaciones: la Anamnesis es decir realizar el Praeterita Agnocere- estudiar el pasado del enfermo- hacer el diagnostico o conocer el presente: Praesentia Scire, y hacer el pronóstico: Futura Praevidere.

En la Edad Media se produjo claramente el divorcio entre medicina y cirugía. La separación se había insinuado en la medicina alejandrina. Después contribuyeron a ahondarla el hecho de que Galeno, llegado a Roma, abandono la práctica quirúrgica y aseguro que la cirugía sólo era una forma de tratamiento ya que la medicina lo importante era un adecuado diagnostico. Así, el cirujano quedó subordinado al médico.

Los monjes médicos son expertos en plantas medicinales muchas de las cuales se cultivaron en el propio monasterio, el primer escrito de medicina monacal es la “Farmacopea de Lorsch” (795), también en el “Hortulus” obra de Walahfid se describe la utilidad de las plantas desde Dioscorides, Peino el Viejo hasta sus propios estudios sobre el valor de los vegetales también se relatan los estudios y cuidados del monje benedictino Rabano Mauro con su obra naturista “De Universo” sobre las plantas medicinales.

Otros factores sociales- religiosas, actuaron como cuestiones decisivas de la separación y degradación de la cirugía en la Edad Media: Para el Cristianismo de entonces,  el cuerpo del hombre era una vil prisión del alma. El organismo humano no merecía mayor estudio. La medicina en la doctrina islámica, era similar en este aspecto con la ideología cristina imperante: el cuerpo de los muertos era sucio e impío y había que abstenerse de tocarlo y mancharse con su sangre.

Por ello la medicina medieval tuvo un marcado carácter especulativo, la teoría médica constituía lo importante, la labor manual era desdeñada. Así, la práctica quirúrgica fue quedando en manos de los barberos. Por último, en 1163 se formuló el famoso edicto del Concilio de Tours: Ecclesia abhorret a sanguine, con el que oficialmente se prohibía la práctica quirúrgica a los clérigos. La prohibición fue promulgada por el papa Inocencio III y se hizo vigente en 1215. El edicto estaba basado en el derecho canónico: la culpa de la muerte de un hombre anula para siempre el ejercicio sacerdotal. Pero en ese mismo siglo los cirujanos barberos empezaron a subir de status en Francia y más todavía, en el Renacimiento.

A este empobrecimiento de la medicina en el cristianismo de entonces reintrodujo un elemento religioso: la enfermedad era el castigo a pecadores o la posesión por el demonio o la consecuencia de una brujería. De ahí, la oración y la penitencia para alejar el mal. También los germanos reintrodujeron elementos mágicos, que se transmitieron a la medicina popular. La medicina monástica se extendió oficialmente hasta el Concilio de Clermont de 1130, en que se prohibió a los monjes ejercer la medicina porque perturbaba la vida religiosa.

El progreso importante de la medicina medieval, lo fue el lograr la construcción de hospitales de gran importancia, en el curso de pocos siglos había una red de hospitales en toda Europa. Estos hospitales cristianos eran destinados a amparar peregrinos y pobres, enfermos o sanos, y darles hospitalidad. A mediados del siglo XII bajo influencia árabe, una generosa fundación de hospitales, tuvo lugar en su zona de influencia, el primero lo fue en Montpellier (A sur oriental de Francia)

La mayor parte de la Edad media transcurrió entre dos grandes plagas que asolaron las poblaciones: la de Justiano en el siglo VI (al parecer también peste bubónica) y la Peste negra, que estalló en el siglo XIV. En estas épocas y precisamente en el lapso comprendido entre estas epidemias se extendió la lepra por Europa, y cuando fue declinando surgió otra terrible cuando apareció la sífilis. Esta última los monjes la atribuyan al demonio, como castigo a aquellos que por lujuria se relacionaban con mujeres prostitutas con aquella enfermedad en actos de pecado.

Bueno es pequeño

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