PROSTITUCIÓN Y DERECHOS HUMANOS


F. Engels, basado en las investigaciones de Lewis Morgan sobre los pueblos primitivos, expone: “El sexo era practicado indiscriminadamente por todos los miembros de la tribu” en un primitivo estado de cosas, en el seno de una tribu imperaba el trato sexual sin obstáculos, de tal suerte que cada mujer pertenecía igualmente a todos los hombres y cada hombre a todas las mujeres”. Inicialmente, el servicio sexual era hospitalario, algo de lo que podía disponer el viajero en la casa del huésped, sin que tuviera que pagar por ello.

Engels concreta: En Armenia, en Corinto, y las bailarinas religiosas en los templos de India, fueron prostitutas, que practicaban en el templo de la diosa del amor, la recaudación se ingresaba en las arcas del templo. En Babilonia se desarrolla el comercio sexual en los templos, toda mujer estaba obligada, una vez en su vida, a ir al templo de Ishtar, la diosa babilónica del amor, para entregarse en ese lugar a un extranjero. Cuando las asistentes tomaban asiento en el lugar sagrado, no podía volver a su casa sin que le hubieran  arrojado monedas en el regazo.

Los fenicios en honor de las divinidades del amor: Astarté y Baal,  celebraban fiestas con gran esplendor. Las mujeres se golpeaban el cuerpo, en señal de desesperación, para más tarde ofrecer sus cabellos a la diosa o su cuerpo a un extranjero, las mujeres que querían conservar su cabellera se dirigían a una especie de mercado y estaban obligadas a entregarse tantas veces como fueran requeridas. El  producto de aquel comercio destinaba a ofrendas a las diosas.

En Grecia,  hubo prostitución religiosa, en Corinto era usual adscribir al templo de Afrodita mujeres que servían como meretrices y que se entregaban a los sacerdotes, eran tratadas como benefactoras. Solón reglamentó la prostitución confinadas en casas (Dicterion), controladas por el Estado, las mujeres eran en su mayoría extranjeras y esclavas compradas con este propósito, los visitantes podían alquilarlas, y llevárselas a vivir consigo por períodos de una semana, un mes o un año.

La categoría más alta de las cortesanas griegas estaba formada por las heteras, (compañeras) mujeres ciudadanas, que no aceptaban la vida de reclusión de las matronas atenienses. Vivían independientes y recibían a los hombres. La época de las cortesanas comenzó en Grecia cuando Clonice enlazó las seducciones del amor con las lecciones de filosofía y Aspasia creo una escuela que siguieron cientos de jóvenes griegas. Con las que se paseaba rodeada de su femenina corte de honor.

En la civilización etrusca, muchas jóvenes formaran su dote con los fondos que recababan con su ejercicio. La prostitución en forma hospitalaria se ejercía en los bosques de laurel y mirto que rodeaban las ciudades, y la consentida en los arrabales cercanos a los puertos.

En el Imperio romano, las prostitutas eran marginadas y debían vivir en los lugares apartados de Roma . Las reglamentaciones de Marco Aurelio en 180 a.C. impuso: La prostituta debía tener licencia y  pagar impuestos. En el año 149 a.C. la Ley sancionaban a las mujeres que se prostituían, y también a los pederastas. En época del Emperador Trajano, se calculaba que en Roma había más de 30.000 prostitutas censadas y a éstas había que agregar varios millares de no controladas, que practicaban la prostitución libre.

Con el advenimiento del cristianismo, comenzó la lucha contra la prostitución, se hizo conocer el dogma del pecado, se predicaba una moral muy severa que honraba la castidad y la continencia, y la monogamia como ley sagrada. Diocleciano, Anastasio I y Justiniano trataron de contener las costumbres de la época, ayudando a la rehabilitación de las mujeres. La prostitución continuó con ocultamiento pese a tener que franquear barreras éticas y morales totalmente nuevas. En el siglo IX Carlomagno ordenó el cierre de establecimientos y dispuso el destierro de las prostitutas. Las medidas legales resultaron inútiles.

Durante las Cruzadas, algunas mujeres pagaban su viaje vendiéndose en la ruta, y en las filas mujeres vestidas de hombres creaban burdeles alrededor de la Tienda Real. Pese a la devoción religiosa se toleraba a las prostitutas por considerarlas un mal necesario: solaz de los soldados que combatían por el Señor en defensa de la moral de los hogares.

A final de la Edad Media, se aprecia una reforma en tan importante problema social por parte de los gobiernos, y moralistas de la época. La sociedad cristiana no adoptó la prohibición, sino que estableció la tolerancia desde los primeros tiempos, no faltando protestas y reacciones. Las prostitutas ejercían su comercio reconocidas, era frecuente que las visitasen grandes dignatarios que las obsequiaban con regalos y festejos. Donde más se concentro el ejercicio de la prostitución fue en las grandes villas universitarias, como Padua, Florencia, París, Heidelberg, Oxford y Salamanca. Los moralistas no cesaron de clamar contra la inmoralidad de los estudiantes.

En 1254, el Rey Luis IX, decretó el destierro de todas las prostitutas en Francia, más se comprobó que la promiscuidad clandestina reemplazaba al anterior tráfico abierto, lo que indujo a revocarlo por nuevo decreto especificando las zonas de París podían ejercer las prostitutas, en 1561 bajo el reinado de Carlos IX, se endureció la ordenanza, con el propósito de combatir los estragos de  la sífilis  entre la población.

En Inglaterra los burdeles estaban cerca del puente de Londres, a los que concedía las licencias el Obispo de Winchester. Con la Reforma, las costumbres cambiaron, y se insistió sobre la necesidad de castidad, las prostitutas comenzaron a ser juzgadas por tribunales civiles. En 1751 comenzaron a cerrarse los burdeles y desde entonces la legislación se ocupa de las ofensas contra la decencia en lugares públicos y castiga a los intermediarios de la prostitución.

En España la prostitución reglamentada tuvo una evolución análoga a la de los demás países en la época, las mujeres se agrupaban en mancebías, Alfonso el Sabio de Castilla reglamentó la prostitución con normas policial e higiénicas hasta la Edad Moderna,  considerada por los Estados como una necesidad, aunque rechazada por conceptos morales y éticos, no podía negarse su existencia real. Estos establecimientos fueron reglamentados por Felipe II, suprimidos por Felipe IV, reimplantados por Carlos II  y legalizados, definitivamente, en 1865.

Hoy se pretende eliminar tanto la reglamentación como el ejercicio de la prostitución, el sistema abolicionista persigue a aquellos agentes que inducen, mantienen, permiten y se benefician de la prostitución ajena, bajo los tipos penales de lenocinio, corrupción de mayores y menores, y tráfico de personas, y los beneficiarios son perseguidos para imponérseles sanciones, a las mujeres se las enviará a un establecimiento de re-educación, incluso contra su voluntad. Los clientes son vistos como sujetos activos del hecho antisocial, y son multados, aunque a veces son víctima de la “invitación” de la prostituta.

“El principio V de los estatutos de la Federación Abolicionista dice así: ‘Considerando que el simple hecho de la prostitución personal y privada pertenece a la conciencia y no constituye delito, la Federación declara que la intervención del Estado, debe limitarse a los siguientes puntos: represión de los atentados y de los ultrajes públicos al mismo; represión de las provocaciones públicas al libertinaje, y castigo de las proxenetas”.

El sentimiento que los ciudadanos tienen del colectivo de las trabajadoras sexuales, es que su dedicación esta inmersa en un mundo de crueldad y violencia, soportan vejaciones, riesgos físicos y contagios, sin respeto a su condición  de persona, inmersas en un mundo asociado al alcohol y drogas, empujadas a una vida irresponsable, maltratadas por los proxenetas; su vida es desesperación enfermedad y desdicha unidas a la soledad o a quien solo quiere aprovecharse de su trabajo. Situación lamentable, que no puede ser considerada delito, no teniéndose por tanto justificación considerar a la persona prostituida con desprecio, sino como a personas a quien la sociedad debe prestar ayuda, protegiéndolas para integrarlas en un trabajo digno.

Bueno es pequeño


Un comentario en “PROSTITUCIÓN Y DERECHOS HUMANOS

  1. Soy mujer liberal y amante de todo tipo de sexo.Yo escojo la pareja y hasta donde se puede llegar.No soy prostituta,si no,una mujer que le gusta el sexo,y si alguien me atrae-macho o hembra-ligo y a dar placer al cuerpo.
    No soprtaria tener que hacer sexo por obligacion,con un amo que me obligara a, ejercer, cuando,donde y con quien el le diera la gana y por encima se quedara con lo ganado con mi cuerpo.
    Debia haber lugares especificos para ejercer,bajo la tutela del estado,como trabajadora autonoma, permanente o esporadica,del sexo.Pagar impuestos y tener Seguridad Social.
    Todo tipo de sexo es muy placentero para machos y hembras,para clientes y trabajadoras,siempre y cuando sea libre su ejercicio.
    Los putos y putas,debian estar reglamentados por ley y su trabajo,tambien.

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