LA RELACIÓN HUMANA, DISTANCIA Y LUGAR


EL HOMBRE EN SU BURBUJA

El sentido del yo individual está limitado por su piel; el cuerpo se desplaza dentro de una especie de burbuja invisible, que representa la cantidad de espacio aéreo que siente que debe haber entre él y los otros. Esto se puede comprobar fácilmente acercándose de forma gradual a otra persona. En algún momento, este sin percibirlo empieza a retroceder cuando percibe que se invade su burbuja. Edward Hall, profesor de antropología de la Northwestern Universtity, investigó este sentido del espacio personal que llamo proxémico (proxemics), definido como “el estudio de cómo, el hombre estructura inconscientemente el microespacio”.

La conclusión de Hall es que surgen conflictos las personas de diferentes culturas que mantienen sus microespacios en formas distintas. Para los norteamericanos adultos, la distancia cómoda para conversar son setenta centímetros. A los sudamericanos les gusta colocarse mucho más cerca, lo que crea un conflicto de espacio cuando un norteamericano y un sudamericano conversan, el sudamericano se desplaza a su distancia para hablar  que  por el norteamericano considera agresivo. El encuentro se realizara en una serie continuada de pasos hacia atrás del norteamericano e igual ritmo de pasos hacia adelante de su interlocutor.

A los árabes les satisface la proximidad, los mediterráneos pertenecen a una cultura de contacto y en su conversación literalmente rodean a la otra persona. Le toman la mano, la miran a los ojos y la envuelven en su aliento. Lo que produce un efecto denominado “shock cultural”. Equiparamos el contacto físico con sexo, en situaciones en que nos vemos forzados a estar demasiado cerca de otras personas, como en el metro o en los ascensores tratamos de compensar ese desequilibrio, miramos hacia otro lado, nos movemos y si se realiza un contacto físico real, nos pondremos tensos, la mayoría consideramos que es una manera correcta de proceder.

Los animales también reaccionan frente al problema del espacio en forma que es predecible para cada especie, poseen una distancia de fuga y una distancia crítica, si se sienten amenazados huirá, si el animal se ve acorralado, dentro de la distancia crítica, atacará.

La burbuja del espacio personal de un ser humano representa al mismo tiempo su margen de seguridad. El grado de proximidad puede transmitir mensajes sutiles. Hall confecciono una escala hipotética de distancias, consideradas apropiadas en Norteamérica para cada tipo de relación:

–          El contacto de hasta cuarenta y cinco a setenta centímetros es la distancia apropiada para reñir, galantear o conversar íntimamente, a esta distancia las personas se comunican con palabras con el tacto, el olor, la temperatura del cuerpo; cada uno está consciente del ritmo respiratorio del otro, de las variaciones en el color de la piel. La mujer puede permanecer cómodamente dentro de la burbuja de su marido pero no se sentirá así si otro hombre lo hace.

–          La distancia personal, en la fase alejada —setenta y cinco centímetros a un metro veinte— está limitada por la extensión del brazo, es el límite del dominio físico y  distancia apropiada para discutir asuntos personales.

–          La distancia social correcta es de un metro veinte a dos metros, en las oficinas se  adopta esta distancia para conversar.

–          Cuando un hombre se coloca de pie a una distancia que oscila entre dos y tres metros frente a una persona sentada tendrá un efecto dominador.

–          La distancia social más alejada, entre tres y cuatro metros, corresponde a conversaciones formales. Los escritorios de personas importantes suelen ser muy anchos para mantener distancia con sus visitantes.

–          Más allá de cuatro metros se considera una distancia para el público, adecuada para pronunciar discursos.  algunas formas muy rígidas y formales de conversación. Elegir las distancias adecuadas puede llegar a ser crucial. Una joven que conozco, al recibir una declaración de amor de parte de un hombre a quien ella creía amar, lo rechazó de inmediato. Lo que la decidió a tal actitud fue el hecho de que él le declaró su amor sentado en una silla a una distancia de dos metros.

El ser humano tiene un sentimiento muy arraigado en cuanto al espacio que necesita, y posee una necesidad real y biológica de él. Su falta, el hacinamiento produce un fenómeno llamado “derrumbe del comportamiento”. En un mundo enfrentado con la superpoblación, las implicaciones de este fenómeno son alarmantes, la superpoblación tiene influencia definitiva sobre el comportamiento y esta influencia es diferente para el hombre y para la mujer. Los hombres, encerrados en una habitación pequeña, se tornan desconfiados y combativos. Las mujeres, en una situación semejante, se hacen más amigas e íntimas entre sí. Suelen encontrar la experiencia agradable y gustar más una de otra que si estuvieran en un ambiente de mayores dimensiones.

En reuniones sociales, las personas necesariamente estarán de pie y muy juntas para poder conversar; cuando dos individuos están parados más juntos de lo que la situación o el ambiente pudiera aconsejar, puede ser porque se agraden mutuamente. Los estudios psicológicos han demostrado que los seres humanos prefieren pararse más cerca de aquellas personas que les agradan, y más lejos de las que no son de su gusto; que los amigos se paran más cerca que los simples conocidos, y los conocidos más cerca que los extraños. La evidencia también demuestra que en situaciones íntimas, los introvertidos mantienen una distancia algo mayor que los extrovertidos y que las parejas de mujeres lo hacen más cerca que las de hombres.

Los norteamericanos tienen otras reglas no-verbales acerca del espacio. Cuando dos o más personas están conversando en público, dan por sentado que el terreno sobre el que están paradas les pertenece temporalmente y que nadie osará penetrar en él, si alguien tiene que bordear un grupo, baja la cabeza al hacerlo. Si el grupo está en su camino y él debe forzosamente pasar a través de él, agregará unas palabras de disculpa al tiempo que baja la cabeza.

La posición relativa que adopta un individuo puede representar un signo de status. El líder de se dirigirá a la cabecera de una mesa rectangular, suelen ser gente de mucho status social y que toman parte activa en las discusiones.

Adam Kendon señala que cualquier grupo de personas, al estar de pie y conversar, adopta lo que él llama una configuración. Si se colocan en forma circular, es casi seguro que todo el grupo es uniforme. Los grupos que no lo son tienen tendencia a formar una “cabeza” y la persona que ocupa ese lugar será, formal o informalmente el líder. Los lugares que se asignan a los alumnos en un aula son casi siempre impuestos físicamente, y pueden afectar el comportamiento. En clase los estudiantes que están en los extremos participan menos que los que están en el medio, y que pueden tener un contacto visual más frecuente con el profesor. Cuando los alumnos se sientan en filas, los que están en el medio suelen  intervenir más que los de los costados, y aquí nuevamente la facilidad de establecer contacto visual es lo que proporciona la explicación.

Otros estudios han demostrado que cuando dos personas están preparadas para competir, generalmente se sientan enfrentándose; si piensan cooperar, lo hacen una al lado de la otra, mientras que para conversaciones comunes, lo hacen en ángulo recto. Cuando se realiza una reunión de negocios entre dos corporaciones, los equipos tomarán ubicación automáticamente enfrentándose a ambos lados de la mesa de conferencia.

El espacio comunica, cada individuo define su posición dentro del grupo por el lugar que ocupa. Al elegir la distancia, indica cuánto está dispuesto a intimar. Cuando toma ubicación en la cabeza del grupo, demuestra cuál es el rol que espera desempeñar. Cuando el grupo queda inmóvil en una configuración especial y cesa todo movimiento, es una señal inequívoca de que han cesado también las comunicaciones no-verbales.

El conocimiento de estos fenómenos, acerca a las personas a técnicas de comportamientos para lograr la empatía capaz de lograr afirmar la amistad o relaciones de negocios y relaciones sociales, donde los interesados están de acuerdo, aunque sea temporalmente, en el nivel de intimidad que debe mantenerse.

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