ANTROPOLOGIA MÈDICOSANITARIA.


LA ANTROPOLOGIA SANITARIA

El primer escrito que se conoce sobre disciplina antropológica sobre el hombre  corresponde al círculo hipocrático, atribuido a Pólibo, en la histórica  cultura griega, que comienza mostrando su voluntad de referirse al hombre precisamente desde la perspectiva médica.

Señalan Enrique Perdiguero y Joseph Mª Comelles, la antropología médica sigue siendo un área marginal dentro de la antropología y dentro de la salud, en ambos campos el reconocimiento de las aportaciones de la antropología sigue siendo bajo. Se  investiga poco en la Antropología Médica en España, las relaciones tanto en la formación como en la investigación y práctica sanitaria son más fluidas en Latinoamérica y EEUU,  y la antropología médica forma parte interdisciplinar básico para la salud.

La antropología médica  investiga las estructuras y  relaciones, en que se constituyen situaciones concretas de salud/enfermedad y las respuestas sociales, que sobrepasan las simples micro-relaciones en las que se concretan los procesos internos de las prácticas de la salud en la medicina occidental entre médico/paciente, desvelando las relaciones de dependencia, que vinculan la salud con las lógicas del sistemas social, en las alternativas que se derivan del propio uso social como algo más que una simple práctica de la medicina.

Admitiendo la inevitable diversidad en los procedimientos de investigación, la acción debe transcurrir con enfoque metodológico en su examen e interpretación. El más simple contacto entre el médico y su paciente contiene elementos significativos que reenvían a la articulación de la sociedad y a los poderes que operan en ella. Las técnicas de entrevista permiten detectar los obstáculos y facilitan resolver con medios operativos  concretos sometiendo a juicio los determinantes que encierra la situación correspondiente al examen científico en las situaciones específicas aparentemente “técnicas”, que permiten descubrir elementos estructurales y  su funcionamiento en el conjunto de nuestra sociedad, entablando debate y  examinando las opciones entre sus protagonistas.

El sector médico pretende establecer limites en las prácticas de automedicación que realizan los individuos, enfrentando de una parte las atenciones  médicas que  se producen en la diaria atención  de mantener la salud y curar  con los conocimientos técnicos en continua expansión, contra las propias experiencias de los grupos sociales, en un sistema donde las partes se prestan escasa atención, por lo que los procesos estancados de comunicación entre la biomedicina con los sujetos  y colectivos deben activarse a través de la creación de mutuos estímulos que  pueden lograrse a través de los accesos a la información que permitan cambiar la categoría de medico/cliente para convertirlas en diferentes de medico-hombre/enfermo-ser-humano, donde ambos precisan ayuda mutua.

Un conjunto de creencias, normas, y conductas de los grupos sociales desfavorecidos, son origen de las desigualdades en el estado de salud de los mismos, se la designa también como “cultura de la pobreza” los pobres tienen preferencia por conductas no saludables y estilos de vida insanos. Desde las ciencias de la conducta se ha considerado que el comportamiento individual y los estilos de vida elegidos libremente constituyen una de las principales determinantes de la salud  que no pueden obviarse a la hora de tomar decisiones sobre la población.  Si se cuestiona la idea del poder de libre elección y que éste sea el origen de desigualdades destaca la importancia de factores relacionados con la exposición no voluntaria a un entorno social deficiente y arriesgado para la salud.  La  percepción del paciente sobre su salud debe tenerse en cuenta como componente subjetivo,  en las investigaciones se demuestra como el estilo de vida de una persona influye en aceptar los riesgos por fumar, beber alcohol, o tomar drogas y que siendo admitidas como conductas directamente relacionadas con graves consecuencias  en las personas,  hay individuos que insisten en estas drogas hasta perder la salud, hasta inmolarse y morir.

.                                                                                                             Las culturas tradicionales, contienen más creencias en lo mágico y en las supersticiones, mientras que las culturas modernas son científicas y por tanto basadas en el conocimiento, irreconciliables desde tan opuestas y diferentes creencias. La configuración de la sociedad rural gallega y la asturiana de los pastores de altura, tienen algo en común y lo es el aislamiento en caseríos agrícolas y de montaña, con lo que antiguas culturas se han conservado más aisladas de los desarrollos de conocimiento que proporciona la ciencia, de ello que se conserven creencias, que se hubieran perdido en caso por las influencias culturales modernas.

F.S. profesor de la Universidad, quien padeció durante años migrañas, atribuidas a situaciones de tensión o estrés, atendidas por la medicina occidental era tratada con analgésicos, productos químicos que aliviaban el dolor momentáneamente, pero no curaban, trasladado a tierras gallegas, se sorprendían de las creencias en la magia y brujería que ellos no admitían. Por ello cuando para solución a su malestar permanente de jaquecas, le sugirieron la ayuda de un curandero, que rechazó. La Señora que hace en su casa la limpieza, empujada por afecto humanitario,  obtuvo un remedio de una bruja curandera, un ajo sobre el que se habían vertido ensalmos, un talismán para algunas determinadas culturas, y para surtir efecto curativo debía llevarse en el bolsillo, para no desairar a aquella bien intencionada mujer, lo guardo en el pantalón  y aquel día no tuvo  malestar, ni al siguiente ni al otro, hasta tal extremo que lo llevo durante meses teniendo mucho cuidado al cambiarse se ropa de meter el ajo en el nuevo bolsillo, porque sino lo llevaba recaía.  Influencia cultural de creencias, que hizo efecto por la  influencia de aquello a lo que se atribuye poderes “especiales” sobre una mente con deseos de recibir remedio. Para las enfermedades crónicas, que contienen un gran componente emocional, la farmacopea soluciona poco, en este caso que cito, presuntamente cualquier procedimiento de sanador  que desbloqueara el proceso mental respondería mejor a la sanación que un calmante. Una medicina, cualquiera que sea, si cura “es valida” aunque no sea posible racionalizar la acción del remedio en el organismo. Durante siglos, los médicos percibían sangrías  y aplicaban sanguijuelas cuando solo podían debilitar al enfermo o producirle una infección. … y curaban.

En la experimentación farmacológica, se proporciona a enfermos medicamentos, en el cual a determinados individuos  se les suministra “placebos” que con el mismo aspecto y presentación que el verdadero medicamento, que contiene productos inocuos sin valor terapéutico, pues bien: algunos enfermos CURAN, lo que significa de manera muy clara que la enfermedad es algo más que fisiológico, consecuencia de “influencia mental”.

Al enorme complejo burocratizado de la Seguridad Social,  parece le faltan muchos  años para que estos sistemas de medicinas alternativas se consideren o impongan. Solo se conocen ensayos  por las progresistas comunidades de Madrid y Cataluña. En el mundo occidental, tímidos ensayos ofrecen la esperanza de una medicina menos agresiva y más humana a través de la medicina alternativa, tal es el caso del Reino Unido que incorpora este sistema, que aplican a enfermos en el servicio de Oncológica del Colegio Universitario Hospitalario en Londres, dirigido por Angie Buxton (*) su medio es la imposición de manos sobre la cabeza del paciente, para canalizar  energía capaz de lograr el equilibrio y  repercutir de forma positiva en  relajación y alivio físico. El tratamiento es terapia tibetana de sesiones de unos treinta minutos que convencen a los más escépticos, incluidos  médicos y enfermeras.

(*) Angie Buxton, su libro la Sanadora de la Seguridad Social,  Edit Palmyra, 2007. Más información en su www.cancertherapies.org.uk , (corresponde a una ONG).

Bueno es pequeño

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