HISTORIA DE LOS BAÑOS.


BAÑOS HISTORIA

La higiene de los griegos y romanos tenía un sentido purificador, al tiempo que evocaba el placer eran baños a temperatura variable, con masajes y cremas perfumadas. Conscientes de la necesidad de cuidar el cuerpo, los ro, manos pasaban tiempo bañándose en las termas colectivas. Todo ello lo llevaban a cabo bajo los buenos auspicios de Higiea, diosa protectora de la salud, de cuyo nombre deriva la palabra actual “higiene”. En Oriente, los baños turcos se convierten en rituales de purificación religiosa, placer e higiene.

En la España romana las costumbres de cuidado personal y de higiene estaban muy extendidas,  en las villas del Imperio,  existían termas y baños públicos, el pueblo era consciente de la importancia y ventajas para el organismo de la higiene y formaban parte de la vida diaria. Con la caída del imperio romano, se perdió esta necesaria costumbre y por la falta de interés, se abandonaron los baños, se derrumbaron las mencionadas termas o fueron reconvertidas en algo diferente. En la alta edad media, para las gentes la higiene era algo secundario y en las escasas casas de baños, precarias puesto que constaban con escasa tinas en las que habitualmente se mezclaban hombres y mujeres. La falta de higiene fue origen de la transmisión de enfermedades contagiosas.

Al final de la era medieval, el aseo fue considerado como fuente se salud y placer, por ello los baños públicos comenzaron a florecer nuevamente adquiriendo una gran importancia y se reocupaban asiduamente por la higiene corporal. Los baños públicos permitían que las personas se reunieran en agradable y placentero lugar. El baño volvió a recuperar su época de esplendor y se convirtió en una práctica muy extendida, sobre todo caliente, uniendo el placer con la práctica sanitaria e higiénica.

En el siglo XVI, los baños eran lugares de moralidad dudosa que preocupaban a los inquisidores y gobernantes porque servían de escenario para citas amorosas y encuentros eróticos, los baños públicos acabaron convirtiéndose en lugares frecuentados como espacios de divertimento y relajación moral.

La sífilis, invadió Europa, y las gentes desconocedoras que las formas de contagio eran por contacto con las mucosas infectadas, creían de forma inocente que el agua penetraba en el cuerpo a través de los poros de la piel y transmitía la enfermedad, de igual modo se pensaba que una capa de suciedad garantizaría una protección contra las enfermedades, por ello el aseo corporal empieza a realizarse sin agua, sólo utilizando una toalla limpia o paño para frotar las partes visibles del cuerpo. A la cruzada se unieron los médicos de la época, convencidos de que el agua era peligrosa para la salud porque contribuía, decían, a propagar enfermedades y reblandecer el organismo

Por ello la costumbre del baño publico sufrió un fuerte retroceso, las gentes se decidieron por los baños de aguas minerales en los manantiales, a los que se atribuían virtudes medicinales, se buscaba encontrar en ellos los mismos placeres que gozaban en las casas de baños.

Tener lugares de baño en las mansiones, era un signo de riqueza que demostraba la pertenencia a una clase social elevada. En tal sentido, el baño era un elemento que realzaba fiestas y recepciones, llegándose incluso a disfrutar de la comida durante el tiempo del baño mientras un grupo de músicos amenizaba el evento. Se lograba así una mezcla de agua, música y comida, que generalmente derivaban en actos eróticos. Se bañaban juntos hombres y mujeres, como consecuencia, el baño pasó a relacionarse con los escarceos amorosos y con frecuencia se producían encuentros íntimos. Apoyándose en todo eso y con el fin de preservar la salud física y moral de sus súbditos, el muy católico de Francia, el rey Carlos IX ordenó el cierre de los baños públicos en 1561, (De forma sorprendentemente, los burdeles y tabernas nunca fueron clausurados)

En el siglo XVIII volvieron a aparecer las letrinas colectivas en las casas (que los romanos habían utilizado) y se instauró la prohibición de desechar los excrementos por la ventana (práctica bastante corriente hasta entonces).y se aconseja a los habitantes de las ciudades que arrojen la basura en los espacios asignados para ello, en 1774, el sueco Carl Wilhem Scheele descubrió el cloro y más tarde que, mezclada con agua y mezclada con una solución de sodio desinfectaba (Era la lejía)

Un objetivo esencial: vencer las enfermedades contagiosas, la peste, el cólera, la fiebre tifoidea, el tifus, la fiebre amarilla  la gripe. Los médicos mejoran la higiene y observan los comportamientos e infraestructuras. En 1847, Ignac Semmelweis comprueba que las medidas de higiene reducen la mortalidad causada por  fiebre puerperal (post parto) y el escocés Joseph Lister, basándose en los trabajos de Pasteur, utiliza la antisepsia en cirugía. Se divulga la idea de higiene como sinónimo de prevención.

Los progresos de las ciencias son considerables y dejan en el olvido las viejas creencias (entre ellas, aquella de la “generación espontánea”, refutada por los experimentos de Louis Pasteur). A medida que se descubren diferentes bacterias y su papel clave en las infecciones conocidas, se asume que es posible protegerse de ellas y se perfilan las primeras medidas de higiene: lavarse las manos y el aseo diario con agua y jabón. Estos hábitos se difunden a escala internacional a través de médicos y políticos de la época, que solían reunirse en congresos

La población asume la noción de higiene gracias, sobre todo, a su introducción en las escuelas, de este modo, se consigue que esta noción llegue a todas las clases sociales. El cambio es lento, ya que existe en algunas culturas un enfrentamiento constante con las creencias y los hábitos de higiene y limpieza. Aunque las medidas varían en función de los países, la higiene se impone en todos los lugares del mundo. No obstante, aún  quedan logros por conseguir: parece que lavarse las manos en algunos países no es una práctica frecuente cuando hoy los avances biológicos demuestran, los mecanismos de contaminación y de infección.


Por tanto, en presencia de la amenaza de la gripe que amenaza hoy al mundo, mantener y reafirmar la higiene es fundamental para reducir los riesgos de pandemias. Aseo y vacunación se convierten en acciones clave. Los comportamientos más o menos saludables adquieren diferente dimensión en función de la trascendencia social que tengan en un momento determinado. La educación para la salud es fundamental en las sociedades para “Modificar conductas no saludables, promocionar conductas saludables y provocar procesos de cambio social”

Bueno es pequeño

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