LA PAZ ESTÁ EN EL NORTE. (Cuento)


LA PAZ ESTÁ EN EL NORTE.           (Cuento)

África se muere de sed, de hambre, de sida,

África  guerrea, llora,………. ya no canta.

He roto aguas en el avión destino  Valencia y acabo de traer al mundo una vida nueva, las contracciones me comenzaron en vuelo y con ambulancia me han traído al Sanatorio, soy primeriza y el parto ha sido fácil porque soy de caderas anchas. Ahora a mi lado está mi hija, le miro su carita, esta haciendo sus primeros gestos, yo estoy disfrutando del feliz momento. Quería ser madre, mi equilibrio emocional lo necesitaba y he sido muy dichosa con mi embarazo, agradezco a Akwaba diosa de la fertilidad mi preciosa niña producto del amor a la vida, este preciado regalo de la Naturaleza es bálsamo espiritual, calmante de sufrimientos.

Mí cuñada Teresa está a mi lado, les avisé que llegaba, más no de cómo llegaba, mi  marido acaba de entregarme un ramo de flores, el sorprendido padre desconocía mi estado ya que para evitar preocuparle no le informé de mi embarazo; se abrazó a mi emocionado, él no podía hablar… yo tampoco. Intervino Teresa pidiéndonos calma mientras secaba mis lágrimas de alegría, y tomó de la cuna la niña diciendo a Julio: ¡Mírala bien!, es tu vivo retrato,  pelirroja de ojos entre cielo y mar,…. un Sol.

Los tranquilizantes que con gotero me aplican en el antebrazo, me están haciendo efecto, estoy muy relajada y casi dormida, cierro lo ojos y empiezo a recordar los sucesos que ocurrieron:  Me llamo Afiloba, tengo el orgullo y la suerte de conocer y estar influenciada por culturas diferentes con valores y costumbres en ocasiones coincidentes o enfrentadas.  Mi padre era francés y fue Director de un Hotel en Kinshasa, mi madre era negra, profesora de idiomas y por tanto soy mulata. Estudié en Valencia, soy interprete, conocí un español que trabaja  en genética agrícola cerca de Kinshasa y me enamoré de Julio al que llaman “el che”, es inteligente y sano lo que convenía a mis intenciones de esposa-madre. Nos casamos y nuestra luna de miel ha sido de feliz estancia en Paris, terminamos nuestro permiso y regresamos.

Al descender por la escalerilla del avión que nos llevó al África, el denso aire contagiado con los perfumes de la selva era exuberante, lleno de los ricos matices de flores y plantas que inducen a respirar con profundidad esta exclusiva atmósfera tropical. Tomamos un taxi, que salió a gran velocidad, abrí mi bolso y saque la llaves de la casa que mis padres nos habían cedido, al llegar al barrio tuvimos nuestra sorpresa, del barrio y de la casa no quedaba nada, ni paredes, sin techo, ni muebles, nada, …un montón de escombros, solo teníamos la llave que nada abría. Nos dirigimos a la explotación donde trabaja Julio, cruzamos por senderos hasta entrar en la cerrada selva ocultos por los grandes árboles gigantes de hasta cien metros de altura, rodamos despacio atravesamos una valla donde un cartel anunciaba: Zone Agricole P. Müller, habíamos llegado. Fuimos directamente a la vivienda del director, estaban todos:

·         Anna, Esposa de Müller, una matrona grande e inmensa, muy afectiva.

·         Müller, Director de la explotación. Alsaciano, esa región que, perteneció a dos países.

·         Eleazar. Administradora, africana del clan bantú de los Tiko como mi madre.

·         Kambolo,  jefe de equipo camerunés, diplomado agrícola, hermano de Eleazar.

Ocupamos la casa de madera que seria nuestra residencia, Abdoulie, nuevo asistente dijo que era cocinero, y sus especialidades eran: asados de cordero, pescados, arroces… Nos llevaremos bien le dije. – Gracias patrona. – No me llames patrona, dime  Afiloba. – Si patrona Afiloba.

Se había montado un altar con velas y fetiches, era noche de luna llena, cuando llegó KIBANGO mago blanco, realizó plegarias para llegar al trance que le transfieren la facultad de impartir bendiciones sagradas. Entre música, cánticos y danzas se realizó la ceremonia de  invocación a los espíritus ancestrales para asegurar buen rendimiento agrícola. Julio realizó unas fotos, le delató el flash, Kambolo avisó: no…, que rompes el hechizo y le robas el alma, Julio guardó su cámara sorprendido de aquella reacción supeditada a lo irracional, de creencias arcaicas y supersticiones como que se arrebataban los espíritus con una maquina digital.

Los agricultores, y familias del poblado se presentaron en casa de Müller, quien explico que iba a proyectar unos documentales interesantes que había traído Julio de los cultivos valencianos, Kambolo después de verlos exclamó: Nos has abierto los ojos y enseñado cosas de las cuales nosotros jamás no hubiéramos imaginado ni preocupado. Los agricultores dijeron a Julio “gracias sabio hermano”, calificativo tiene el significado de afecto y respeto.

Propusimos una invitación al equipo que aceptaron satisfechos. Para Julio la  cena entre la exótica cocina africana y la relajada valenciana de verduras, seria un intercambio cultural, porque la gastronomía es uno de los factores más importantes de los valores en las relaciones humanas, un recurso al estímulo de la convivencia entre los pueblos y razas. Encargue a Abdoulie platos congoleses y  Julio prometió las recetas de arroz con verduras.

Llegado el día se presentaron los invitados, Anna con vestido largo y enorme collar de marfil. Eleazar  con vestido ceñido y peinado afro, Müller con pajarita, Kambolo vestía un traje típico y Julio con su conjunto de safari, yo vestía un modelo con la espalda abierta. En el porche tomamos un aperitivo y cervezas con aguardiente fuerte, al entrar al comedor Abdoulie ofreció flores de hibyscus que las señoras engarzamos en el pelo. Inició la conversación Eleazar que comentó orgullosa que su hermano tenia doce vacas, una hectárea de cultivo de café, y pronto una segunda esposa, cuyo acuerdo estaba cerrado con el padre de la novia y entregada la dote equivalente a 160 €.  Preguntó a Julio cuantas esposas, vacas y que tipo de café cultivaba, esté asombrado respondió que solo una esposa y nada más, quedaron los africanos extrañados, para ellos el prestigio social se mide por el número de bienes que tiene el varón, sean tierras, ganado y mujeres. Para su cultura éramos pobres muy pobres.

Müller comentaba con Julio, que las mujeres bantúes africanas casadas son fieles y respetan el matrimonio, si son adúlteras el marido puede castigarla y la mujer lapidada. Debatimos, siendo criterio de Anna que era costumbre a abolir por cruel, ya que los derechos humanos están contra la pena de muerte, y que en justicia y debiendo ser las mujeres ser ciudadanas de pleno derecho, no se podía castigar de forma tan cruel a la mujer y no al hombre por el mismo delito, y que en caso de infidelidad o desavenencias deberían poder negociar separación  de común acuerdo o con un proceso con respetos iguales. El arroz con verduras estaba riquísimo, Müller felicito a Abdoulie por el riquísimo filete que le había servido de cola de cocodrilo, al escucharlo Julio me murmuro que lo tomó creyendo era pescado, Kambolo comentó que lo que estaba realmente sabroso era el guisado de antílope que estaba comiendo, se sirve por separado arroz cocido, una salsa y todo se mezcla con la carne y según tu resistencia al terrible picante pili-pili.

Recibí una sorpresa, un conjunto musical del vecino poblado, vino para complacernos con melodías con instrumentos de percusión, mezcla de tambores, campanas, y xilófonos, una mezcla preciosa y Julio con bandurria acompañó y cantó como cuando me rondaba de novios con la tuna: Corre mulata junto a mi pecho/ para calmar mi gran dolor/ y si me estrechas junto a ti/ nos sufrirá más mi corazón. Me obsequiaron un lameláfono, una tabla con láminas de metal,  se sujeta en las palmas de las manos y con los pulgares se pulsan los extremos de las láminas para obtener melodías.  Bailamos todos con música de un tocadiscos antiguo, paré la música y  propuse salir al porche buscando aire fresco. Los hombres conversaban de semillas y cultivos. Anna y Eleazar dijeron  que se iban a dormir porque era muy tarde. Invite a Müller lo que  el llama su “penúltimo trago”, a esto un alsaciano no se resiste.

No me encontraba bien, y decidi visitar a Kibango el brujo, a los pacientes los trataba con medicina tradicional. Curaba y sanaba con hipnotismo, plantas y sugestión, las molestias del espíritu se curan mejor con la medicina africana que es la sabiduría y conocimientos de las virtudes de las hierbas. En cirugía y las enfermedades contagiosas la medicina de los blancos es más efectiva, son válidas ambas formas de curar, hay europeos que buscan la medicina africana y congoleses a los médicos blancos.

Me levanté temprano para visitar a Kibango al borde del valle del inmenso Río Congo junto a las cataratas, desde donde en dirección Norte se distingue lejana la cima del volcán del cual surgían fumarolas premonitorias de una erupción, el brujo estaba sentado en el suelo con las piernas cruzadas, junto a una hoguera frente a su cueva, le expuse mis síntomas, me diagnosticó iba a ser madre, aconsejó oraciones y me ofreció como amuleto protector un brazalete grabado con signos mágicos, para proteger mi fruto y ningún hechizo fuera capaz de interferir.

Mi mitad negra guarda en el inconsciente creencias que recibí por antiguas tradiciones ancestrales que atribuyen a deidades creadoras poderes omnipotentes, en razón a ello invoqué a Bumba creador del mundo y a Akwuaba diosa de la fertilidad, para que protegiera mi vientre. Conceptos que se oponían a mi mente de mujer blanca, informada y científica, que rechaza las supersticiones, mitos y leyendas. A pesar de mis reticencias, cuando finalicé las plegarias me encontré esperanzada de la eficacia del amuleto y los rezos, al regreso a la casa, plena de energía, pude disfrutar relajada las grandiosas imágenes de surgir el Sol africano a través de las montañas; interpreté que ese espectáculo era la respuesta simbólica y afirmativa a mis ruegos.

Unas semanas después a través de la emisora nos llego aviso de la prefectura de que entraban a la zona soldados rebeldes, nos pedían evacuáramos con urgencia. La alarma del tam-tam corría a través de la selva, el miedo es una realidad emocional por el proceso de encontrar a enemigos, la sensación de terror tenia lugar por las referencias de cómo operaban aquellos sanguinarios armados. Con lo indispensable tomamos los dos todo-terreno que disponíamos y partimos, huíamos aterrados. Estuvimos tres días a través de la selva y cuando se terminó el combustible continuamos andando. Julio tenía fiebre alta, nos quedamos rezagados y el grupo se deshizo, encontramos un poblado de bantúes temerosos. Al oírme hablar en lingala y explicarles mi linaje se tranquilizaron y me ayudaron a alojarlo en una cabaña, yo buscaba cortezas de  quinina, y las raíces de olkinyei para preparar infusiones y combatir el paludismo a mi esposo, lo tapaba con hojas de palmera, lo alimentaba con bayas. Julio estaba mejor pero débil.           Un atardecer escuché ruido de vehiculos, quedé acurrucada, eran soldados franceses del hospital de campaña, a los europeos y trasladaban a los africanos a campos de refugiados. A Julio lo enviaban con avión a Paris, un médico conocido me pregunto si dominaba la informática. Afirmé. – OK serás mi auxiliar.

Julio me dijo al marchar: Promete Afiloba que vendrás pronto, respondí SI y le di las gracias por su regalo que crecía dentro de mí, el más bonito que jamás me habían hecho, mi blanco no entendió porque es hombre, hable con mi vientre y dije: Se va papá porque esta malito, cuando nazcas estaremos con él. Mi fruto no debía nacer ni crecer en África, bella tierra sometida a guerras fraticidas interminables, de esto hace siete meses, hoy, con un embarazo adelantado, decidí lo que había prometido: marchar a Valencia.

Estoy recuperada y he sido dada de alta en el Sanatorio, tras realizar la ofrenda de mí placenta a la Luna Llena, hablé a Teresa de mis proyectos: He venido a este lugar buscando las raíces del linaje de mi esposo, y que la niña aquí se desarrolle en libertad intelectual con derechos y en respeto humano. Lo cual no existe en África, tú has aceptado ser la madrina de mi hija, y en base a esa responsabilidad, te pido que acojas a esta niña inocente.

Julio, amado esposo, es un gran sacrificio el abandonarte a ti y a este nuestro tesoro que acaba de nacer. Estoy convocada a las negociaciones de paz al lado de Francia y tengo el sagrado deber de intervenir ¡¡Apelo a tu moral!! Decías como Levinás: Pensad en el otro, que son los desplazados, las viudas y los huérfanos, en África son numerosos los que necesitan ayuda. Los juicios de valor que mediatizan los pensamientos deben determinar comportamientos, la fraternidad y  los sentimientos humanitarios obligan a  colaborar. Debo volver al Congo.

Teresa intervino: ¡La decisión es de vuestra ética! Cuidare con amor a mi ahijada; a las mujeres maduras sin hijos nos convienen la compañía de niños; pediré una excedencia y luego, ya veré: haced lo que os indique la razón y aplicad los valores que habéis defendido. Julio me besó dulcemente: Afiloba, estaré siempre junto a ti, iré donde tú vayas, tengo la oferta de Müller que se basa en un proverbio Kongo: Las huellas de las personas que caminaron juntas nunca se borran, me incita a regresar para terminar nuestro proyecto, esta vez en área segura.

El hechicero Kibango, tenia el encargo de adivinar el futuro del Congo, el mago tiró cuatro veces los huesos de animales, nunca informó de que vio, se murmura que  marchó al volcán lejano lanzó los huesos de adivinar y luego él se arrojo al cráter. Se presupone que algo terrible conoció, que le hizo perder la razón. Yawo, vidente de Mayombé, está convencido de que la aparición fue de soldados convertidos en Mokele-Mbembé criaturas destructoras, con cabeza de serpiente y  patas de lagarto, voraces de carne humana.

Han transcurrido tres años. Afiloba espera como cada día el mágico Sol del amanecer y bajo su influjo redacta crónicas que envía a los medios, hoy escribe: Bumba creo el mundo y dijo: “Esta maravilla de tierra Kongo, la he preparado para vosotros, disfrutadla”.. Congolesas que deseáis la libertad nunca conseguida, “habrá un hoy mejor y un mañana feliz” La  comprensión, y el perdón nos conducirán a lograr la paz buscada.

Julio se ha despertado, ha pasado muy buena noche tras la operación para restaurar los daños que en su pierna le hizo una mina antipersona que estallo a su lado. Muy animado dice sonriendo: Tengo la satisfacción de haber prestado a este pueblo una ayuda y me siento feliz de haberlo hecho. Este accidente es nada comparado con que sufre el pueblo Congoles.

A través de la ventana abierta  entra  un ligero viento y se ven  cruzar palomas en el cielo. Pedimos que alguna sea la que anuncia la Paz definitiva, y este viento con aroma de metralla que cese y  cambie para traer brisas de esperanza.

¡Triste África sin tranquilidad! Siempre expoliada de su riqueza y con el amargo sabor de  falta de libertad a tus hijos, que lo  soportan  con  resignación.

Bueno es pequeño

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