DE DONDE SOY…? EL CONCEPTO DE IDENTIDAD EN LA COMUNIDAD


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¿DE DONDE SOY…? EL CONCEPTO DE IDENTIDAD  EN LA COMUNIDAD

El concepto de identidad en comunidad que se desprende del pensamiento social del mundo griego antiguo, aparece estrechamente vinculado a la idea de naturaleza humana, fundamento de la existencia de los individuos y de la vida en sociedad. En la base de este vínculo comunidad naturaleza subyace una teoría de la identidad del ser humano que hemos querido desvelar. Lo relevante del discurso aristotélico acerca de la identidad es haberla concebido como proceso de reencuentro simultáneo del ser humano consigo mismo y con sus semejantes. La identidad entendida como reencuentro presupone un espacio de convergencia entre vida y actividad que Aristóteles ubica en el marco de la polis.

Los discursos que orientan hoy sobre la identidad colectiva y las formas de construirla y conservarla, orientan a que se precisan espacios para la interacción, de lugares antropológicos, donde la identidad  se  actualiza con un código que preexisten al sujeto para crear alternativas, que encuentran su centro orientador mediante el respeto a los trayectos de socialización, que se incluyen en el acceso a los espacios públicos, conservando los rasgos de identidad, apoyados  en la relevancia sociológica de estos escenarios institucionales

En la obra De los medios a las mediaciones de Martín Barbero (1997); específica en los análisis sobre la “resistencia cultural de los sectores populares”, realiza su estudio  centrado en los cambios que se están produciendo en los referentes tradicionales de las identidades y en el cómo los sectores populares resignifican sus prácticas a partir de esas nuevas experiencias y no en unos supuestos procesos de resistencia, como parece desprenderse de su análisis acerca de la “enculturación” o dominación de las clases populares por la burguesía capitalista.

“Híbridos” y semejantes, usados por Martín Barbero en diversas oportunidades y en textos distintos hacen  resaltar la centralidad específica, que cada uno de esos términos tiene en las teorías  para llegar a convertirse en categorías que les permitan hacerse cargo de la heterogeneidad cultural y de los procesos de construcción de las identidades, diferenciando lo que tienen de imaginarios compartidos y diferentes y el carácter conflictivo que los actores globales y locales le imprimen a la dinámica de su construcción.

El resurgimiento étnico que viene ocurriendo a escala planetaria bajo los actuales tiempos de globalización, expresa una multiplicidad de procesos de representación ubicados en espacios concretos, estrechamente vinculados al desenvolvimiento de las prácticas sociales, políticas y culturales de actores también localizados. Se trata de un fenómeno y de una tendencia al mismo tiempo local y global, que resulta sumamente ilustrativo para una discusión sobre las dimensiones culturales de los procesos de globalización actuales. Carlos M. Caravantes.

La identidad. El concepto moderno de identidad como valor general,  tiene su origen en Hegel. Se realiza como identificación, como adscripción subjetiva a unos valores o referentes objetivos que me caracterizan. Éstos empiezan siendo meras descripciones,  pero con nuestra afiliación al grupo que definen, nos acaban configurando también vinculados a dicho grupo, pero separadamente de los individuos ajenos a él.

El sujeto se identifica objetivamente con el grupo y el individuo se identifica con él según el grado en que afirme y realice las características objetivas definitorias del grupo. La persona se diluye y evapora en elementos abstractos, postulados como valores excelsos para toda la humanidad, y no sólo para el grupo identificarte  donde el criterio de que si los demás si fueran como nosotros, todo seria perfecto.

La identidad como referencia al origen, se entiende como actualización de la referencia a mi origen, a la fuente de mí ser. Yo no me defino por mi afiliación a un grupo, sino por mi pertenencia originaria que se expresa en una tradición donde se manifiestan las fuentes de mi ser patria, lengua, familia, cultura, creencias y que yo debo enriquecer y comunicar;  en esto radica mi perfeccionamiento personal en mi diario coexistir.

El sentido moderno de la identidad como valor e identificación, se opone a la forma excluyente de la globalización, el descubrimiento de la apertura a la universalidad, aunque tosca y confusamente, comienza a realizarse en la cuenca mediterránea hace muchos siglos. Ahí comienza la apertura radical a la realidad que emplaza a la inteligencia y a la voluntad a expandir la propia identidad, a enriquecerla en la relación con los otros para realizar el pleno crecimiento humano en la coexistencia personal, la globalización se percibe como una vía eficiente para concretar y enraizar una íntima aspiración humana raramente satisfecha: el afán de universalidad, expresado hace siglos en el aforismo de Terencio: “soy humano y (por ello) nada me es ajeno (humanum sum; nihil a me alienum puto). Lo problemático de la noción de identidad es aceptar que el sujeto no es su propio creador y, por tanto, que la libertad no es fundamento de su ser ni la identidad personal, es una elaboración racional de la generalización de valores. La identidad se entiende como referencia al origen, se acepta que es recibida originariamente y que, al manifestarse como en la apertura del ser, se desarrolla en la comunicación y la coexistencia con otros.

*Jesús Martín Barbero y Ana María Ochoa Gautier, Políticas de multiculturalidad y desubicaciones de lo popular

Si la identidad se refiere al origen, es por tanto una identidad recibida. No es, por tanto, construida enteramente por el sujeto, sino que le viene dada. y no puede establecerse la identidad sólo y principalmente desde la autonomía del individuo. La identidad originaria, le corresponde por nacer como ser único, esa identidad que corresponde al hecho de haber nacido y crecido entre unas determinadas personas y en interacción con ellas, facilita que nos identifiquemos con otros, en apertura a otros seres humanos.

Las concretas interrelaciones que se establecen entre el hombre y su medio geográfico, establecen su concepto en el que la necesidad de pertenecer a una identidad,  es un instrumento que creando la ficción de un sujeto colectivo, pone en manos de quien lo utiliza toda la energía contenida dentro del grupo de actores que define “llegando a producir radicalización de conflictos basados en la identidad cultural”

Sanmartín Arce Ricardo  “Identidad y Creación”, 1993 edit Humanidades.

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