Un Pescador Expone Sus Pesares en la Afición.


truchas

Soy pescador puedo protestar

Pescar es un placer encantador, de los deportes el mejor,

de los ejercicios el más excelente,

de las distracciones la más inocente;

pero ahora el deporte se esta estropeando y sabéis por qué?,

Los peces disminuyen porque los pescadores se multiplican.

“Epigram” De Piscatorie, 1598.

Un Pescador Expone Sus Pesares en la Afición.

Autora: Nuria Yubero Bascuñana, (Antropóloga) de su investigación sobre la pesca.

He venido a mi rincón de el Coto de Pesca, como todas las semanas desde hace casi veinte  años, al principio de mi afición  lo hacia con más frecuencia, en verano casi diariamente  al terminar el trabajo disponía de un tiempo  para pescar. Cuando tuvimos nuestro  primer hijo, las circunstancias me decidieron  a reducir la frecuencia de mis visitas y el tiempo dedicado a la pesca, tenia la obligación y lo hacia muy satisfecho de estar con el pequeñín, en verdad que esta circunstancia me fue favorable, considero hoy que eran tan frecuentes las escapadas a pescar que sentía una obsesión,  como ludópata  con las tragaperras,  tuve que retroceder en el número de visitas, sigue siendo mi lugar de recreo, mi refugio del río, mi tranquilidad y mi constante anhelo de posesión de algo que no es solo mío, aunque lo considero y disfruto como tal.

Decimos  que los tiempos pasados fueron mejores, deberíamos decir que eran  diferentes, en el tema de la pesca,  es cierto que el río en la época era más tranquilo, tocábamos a más peces, porque éramos menos los que participábamos de los territorios de pesca,  y que ahora la mecanización permite a las personas desplazarse a lugares nuevos, buscando sosiego, disfrute y tranquilidad,  los que estábamos aquí antes añoramos aquella época, que ahora es diferente puesto que beneficia a más personas. En verano el número de visitantes, es tan elevado que llega a hacer en ocasiones poco tranquila o cómoda la estancia aquí, y si bien que nosotros añoramos tiempos pasados más tranquilos, reconocemos que también es justo de los lugares privilegiados sean para el disfrute de muchos y no de unos pocos.

Mi esposa esta a favor de mi afición, dice que “mientras que pescas no pecas” haciendo referencia a que te sientes tan obsesionado a este vicio-deporte, que te hace olvidar otras distracciones de visitas a bares o tentaciones de todo tipo, en casa cada uno tiene muy bien determinada sus funciones, la gestión de administración queda en sus manos, ayudo en casa a algunas labores y a cambio ella me permite salir a pescar. Ella viene muy poco aunque sabe pescar, sin ser una experta se defiende bien, como aceptable competidora a la que en ocasiones le dejo ganar y otras que aunque quiero no puedo,  eso si  el que  tiene la trucha más grande es agasajado por una cena que prepara el otro, Pepa, mi esposa dice en broma que algunas veces le da miedo ganar porque después tiene que comer lo que yo preparo y en este caso el premio se convierte en duro castigo, al que le gustaría renunciar pero no puede porque entonces se perdería la ilusión del perfeccionarse en la pesca, capaz de superar al otro, un varón súper-pescador presuntuoso.

A pescar no he venido nunca de noche, y desconozco lo que mis compañeros llaman la eclosión de la mosca,  solo por referencia y nunca lo he presenciado, tampoco me he atrevido porque dejar a la familia sola, para esperar este fenómeno y sin tener la seguridad, sino la posibilidad de que se produzca, da una sensación de desamparo y desatención a la familia que no me permito como acto de conciencia. Así pues me consuelo tirando la cañas aguas arriba, esperando que mi cebo sea el elegido entre los engaños que a las truchas y a otros peces se les ofrecen para capturarlos,  espero seguir siendo rápido y eficaz en maniobrar con la caña y manejando el freno del carrete, para que no se me vaya y se enroque en un refugio de piedras de donde no sea capaz de sacarla.

Lo que de verdad me haría ilusión es capturar un pez espada en aguas del Atlántico,  algunos compañeros  ya conocen las aguas  de Sur-América, reconozco que es una ilusión fuera de mi alcance,  económicamente no puedo, soy mileurista y tengo la carga de la hipoteca del  piso, mientras que los que allí viajan son millonarios que se permiten caprichos que a otros no están vedados, o mejor dicho fuera del alcance de nuestras posibilidades. De todos modos conservo la ilusión que por el momento por ello no se paga, por tanto la conservo.

Perdona…..Perdona, ¡Pepa! La sacadera, que es grande, vale por detrás que no la vea, ya la tenemos. Bien mira que guapas es la que acabo de sacar.

Este momento para el pescador es el más sublime, cuando termina una etapa de captura y sientes la alegría del vencedor, que te anima a empezar otra.

Buena pesca.

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