CONTACTO CULTURAL CON LOS AFRICAN@S


CONTACTO CULTURAL CON LOS AFRICAN@S

Estaba al Norte de Bangui, en la Republica Centroafricana, pais que en su época tuvo un Presidente que soñando con Napoleón hizo a un pais pobre en un Imperio, marchaba a un poblado forestal, mitad del recorrido hacia la explotación el camino está muy bien trazado y la carretera es asfaltada, porque pasa por el Palacio que el Emperador se hizo construir, después vienen unos caminos que recorren las primitivas sendas que algunos animales fueron abriendo en su deambular, ahora lo atraviesan camiones y se ha convertido en un carril. La impenetrable selva va siendo perforada para que lleguen los tractores a los árboles marcados para talar bajo control estatal,  yo permanezco allí para adquirir los troncos que según mi criterio sean adecuados para mis clientes, por su tamaño y perfección.

Me han alojado en las cabañas de los transeúntes en la explotación maderera, Maurice es el encargado de mantener limpias las casas y de hacer la comida. Afiloba es la esposa de Maurice y como tengo interés en conocer la vida de los pueblos y su cultura, le pregunto a ella, si en las reuniones que hacen las mujeres bajo el árbol sagrado, podría asistir para conocer sus trabajos y ocupaciones fuera de la actividad de arreglar la casa.

La mujer de mediana edad me mira y sonríe, y comienza a hablar con rapidez sin dejarme intervenir: “Hace muy el señor en buscar compañía de las mujeres, parece muy triste, lo he comentado  con Maurice de que debe encontrar una mujer, no es bueno estar solo, la mujer es una buena medicina para los hombres. Cuando la mujer, se detiene a respirar y coger aire, le respondí  gracias, gracias, gracias, y le explique que  lo que quería era conocer que actividades realizaban bajo el árbol sagrado. La mujer miro sin comprender y cuando lo volví a decir, me miro en silencio y encogiéndose de hombros, dijo si…, siempre que se comporten con respeto al lugar sagrado.

El árbol, una Ceiba enorme con ramas grandiosas, daba una magnifica sombra que hacia de aquel lugar un sitio apacible  donde la brisa traía el perfume de la selva. Había unas veinte mujeres sentadas en taburetes y al lado en un tronco dos hombres ancianos fumaban en unas grandes pipas de bronce, hice una reverencia al grupo de mujeres saludando, que respondieron con risitas, a los hombres le di la mano que estrecharon con vigorosas sacudidas y tome asiento junto a ellos.

Las mujeres hacían los complicados peinados a las muchachas y niñas, con esas mechas trenzadas tan laboriosas de realizar, otras trabajaban en trabajo comunal con fibras de baobab para preparar faldas de mujer, bolsos  y sombreros. Las mocitas cosían a mano como parte de formación a las tareas domesticas, al tiempo todos vigilaban los niños y sus juegos, cualquier adulto puede reprender a un niño desobediente,  que respetara a los  ancianos. Cuando fijaba la mirada en lo que hacia alguna mujer del grupo, y ella lo advertía quitaba la mirada, como corresponde a la virtud con extraños. Después hablaron entre ellas de a quienes de las mujeres les correspondía recoger cebollas del huerto comunal.

Las mujeres que teñían a la cera ocupaban una gran superficie, y mantenían diversos recipientes con agua y anilinas. “El Batik”  Es utilizado para colorear tejidos y consiste en aplicar capas de cera sobre las regiones que no se desean teñir fijándose las anilinas en aquellas zonas no reservadas. Este proceso se puede repetir tantas veces como se desee, lo que permite sobreponer colores, logrando con ello una muy rica variedad de matices. La cera al resquebrajarse una vez endurecida, ofrece líneas quebradas “craquelado” constituye el sello diferenciador de esta técnica de teñido de otras similares como el shibori, por ejemplo, que no se trabaja con cera y sus líneas las debe a amarres o finos pliegues en la tela, son tan hábiles que logran temas africanos con motivos de la vida cotidiana y costumbres nativas. Esta técnica Africana es similar a la que se realiza de forma muy similar en  Indonesia.

De pronto a través de la lejanía llega un rumor de cantos, algo más tarde se oye el tamtan, es un aviso de que vuelven los cazadores, y vienen con caza porque su canto los delata, de no haber carne vendrían silenciosos, todos salen corriendo las mujeres a su cabaña para recibir al esposo y los niños por curiosidad de ver lo cazado y quien ha sido el cazador más destacado.

Solo se quedan los viejos, les pregunto si van a volver todos dicen que si, volverán más tarde a charlas y contar historias. La curiosidad me hace estar pendiente, serian las ocho de la tarde, me acerco al tronco tumbado donde estaban lo viejos, aquellos se han marchado y ahora hay tres ancianos, son los narradores de la noche. Alguien ha encendido una hoguera y a su alrededor en un arco frente al tronco se van sentado las gentes que llegan, la mayor parte en el suelo.

Hay un montón de niños y adultos, las historias hablan de un valiente cazador que consiguió varias cabelleras de leones, y para  cada león cazado, había una historia de caza diferente, el otro anciano narro la historia del rey de los cocodrilos amigo de un joven guerrero, que luchaba a favor de la tribu para detener a los enemigos, que cuando intentaban atravesar el río para atacar eran mordidos por el furioso y gigante cocodrilo, una joven recito un poema de Shengor, todos prestaban atención y en las historias reían con sana alegría, yo aplaudí con tanto entusiasmo que todos me miraron y uno de los ancianos me pidió que como habían contado historias y narrado bellas palabras, ahora el blanco debía corresponder y podia cantar o danzar.

Cogido por sorpresa cante dedicado a los niños “la vaca lechera”  y como no sabia decir “ leche merengada” en francés ”  dije “con azúcar ”, los niños me hacían coro con el tolón tolón, acabado el repertorio alguien me ofreció en un bote de conserva vino de palma de agradable sabor, era Afiloba  que aprovecho para presentarme a su sobrina Elizabeth, que había recitado el poema, era una bella muchacha de la que alabe su belleza sin advertir que estaba cayendo en una trampa, Afiloba explicó que la muchacha a una buena ama de casa y buena cocinera.

La noche estaba avanzada, hacia algo fresco por eso todos se acercaban al fuego humeante que tenia además el poder de rechazar a los mosquitos.  Hubo comentarios y poco a poco se fueron levantando y  despidiéndose con atenta amabilidad. La noche africana hacia desaparecer en la oscuridad a las familias que marchaban a sus cabañas de tierra para dormir.  El grito de un ave nocturna al capturar una presa rompió el silenció de la misteriosa selva africana.

Al día siguientes si me encontraba algún niño me saludaba con: Bonjour monsieur  le blanc, tolón tolón.

Los fines de semana son aburridos, aquel sábado noche, no me hizo la cena Maurice sino Afiloba y para ayudarla trajo vino acompañada de su sobrina Elisabeth que debía tener dieciocho años, Afiloba intervino como componedora de amores, diciendo que como ambos estábamos solos y que hacíamos buena pareja, podíamos iniciar un noviazgo, e impetuosa empezó a alabar las virtudes  de la muchacha, entre otras que estaba intacta, después dirigiéndose a ella empezó a hablar de mi y de mis ojos azules a través de los cuales se advierte en interior de mis buenos pensamientos.  La muchacha, permanecía sentada luciendo su vaporoso vestido blanco, con la mirada fina en el suelo sin intervenir como si fuera asunto ajeno.

Le dije era casado, pero su cultura admite la poligamia por tanto no le hizo efecto, añadí que mi religión no me lo permitía, lo cual hizo dudar de las posibilidades, enfadada se digió a mi encolerizada diciendo que la rechazaba porque era racista.

Estaba yo sin  saber reaccionar, para no herir la sensibilidad de las mujeres, cuando alguien golpeo la puerta que estaba abierta y entró dando las buenas noches, era el director de la explotación que venia para buscarme para que le acompañara a su casa donde había invitado a varios empleados de la empresa.   Me agarré como al cable y dije a las mujeres continuaremos otro día. Gracias.

Bueno es pequeño

M. Herbert había oído desde su terraza justo al lado, parte de la conversación. En su casa preguntó y me sincere porque nada tenia que ocultar, la señora dijo que eran muy liberales, ni mejor ni peor que los europeos, solo con diferentes conceptos culturales.

Afiloba, no volvió a la cabaña, tampoco vi a Elisabeth, cuando me marche dije a Maurice que le transmitiera mis deseos de que tuviera mucha suerte en la vida.

De regreso en el avión a casa, pensaba que podría haber sido muy feliz en aquel paraíso lleno de tranquilidad, donde las personas en hermosa relación comunitaria viven en permanente  contacto social. O quizás no, podemos en algún caso tener conocimientos profundos los hombres occidentales más somos inútiles en la selva, poco iban a comer mis familia con lo que yo cazara y es que cada cultura educa a sus jóvenes de manera funcional, para que puedan obtener el máximo rendimiento en el medio que les rodea.

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