Razon para vivir (cuento corto)


Convaleciente.

Convaleciente.

RAZÓN PARA VIVIR.

Isidoro.– Empezare hablando de mi juventud, cuyos recuerdos están vivos y a los que me gusta recurrir para disfrutar con los felices tiempos pasados. Peris y Valero, donde ahora estamos, se encontraba sin asfaltar, los carros transitaban por unos carriles para evitar que las ruedas se hincaran en la tierra, el ferrocarril de vía estrecha pasaba por la parte posterior limitando con la huerta.

La casa tenia dos bajos comerciales, uno ocupado por mis padres en su establecimiento de panadería y de comidas “Casa Reme”,  y otro era del Señor Manolo con su taller de mecánica, en la parte superior vivíamos cuatro vecinos en dos plantas, la casas son grandes.

Éramos tres niños en la finca, jugábamos y estudiábamos juntos, Carmen era más pequeña y flacucha, Aurora de mi edad  era muy “desarrollada”, ambas muy guapas, Hacíamos los deberes juntos, yo soportaba tener que ser siempre quien ayudaba e ellas.

Estuve saliendo al cine los domingos con Aurora y después que conoció a Roberto  que tenia veinte años, me dejo plantado diciendo que yo era un crío y ahora salía con un hombre. Ayer cumplió Aurora dieciséis años, nos invito a los amigos a merendar,  al salir de la fiesta Roberto quiso “tocar” a Carmen y yo la defendí, los amigos dicen que la pelea, fue por celos.

Carmen: Isidoro estaba enfurruñado y tenso, Aurora lo ha apartado porque tiene otro novio,   siguen siendo amigos, más la situación ha cambiado. Ayer cuando salimos del cumple; Roberto (actual novio de Aurora) me tiro de las coletas, y cuando proteste, me toco el trasero, yo empecé a gritar, acudió Isidoro y se interpuso frente a  mi atacante, comenzaron a darse tortas, Isidoro es fuerte porque esta acostumbrado a mover sacos de harina, más el otro chico con sus brazos largos evitaba los golpes, hasta que Isidoro le dio un empujón al otro que le hizo caer, lo que aprovecho mi defensor para dar un puñetazo en el ojo del contrario que de inmediato se le puso morado. Isidoro quedo ganador, mi héroe protector cual caballero medieval había luchado en defensa de una dama, y esa dama era yo, el sangraba por la nariz, más como valiente no se quejó de sus heridas, lo lleve a mi casa y le curamos con agua oxigenada y le limpie la ropa, conté a mis padres su heroicidad, y se lo agradecieron ofreciendo como compensación repararle la bicicleta gratis en nuestro taller. Cuando se despidió, yo salí al rellano y lo bese como había visto hacer en las películas de amor. Desde entonces es mi acompañante, siento una atracción muy grande por el, estoy enamorada y creo que el también de mi. Aurora, ingrata desde entonces no nos habla.

Isidoro. A los veintiún años, termine mis estudios de Magisterio, no tengo vocación de enseñante, curse la carrera, para tener conocimientos y este es centro que daba cursos nocturnos  lo tenia cerca de casa, mientras trabajaba en la panadería horno de mi madre viuda.

Mis relaciones con Carmen, no funcionan como yo quisiera, la amo, la considero y respeto, pero advierto está muy fría conmigo desde que asiste a la Clínica de la Salud para hacer practicas.

Carmen.– Voy bien en mis estudios de enfermería y voy a especializarme en dietética. La influencia de las Hermanas de la Caridad, me han decidido a considerar dedicar mi vida a los demás y este verano he decidido entrar como novicia durante un periodo de seis meses que me servirán de prueba para decidir mi continuidad.  Hoy lo he comunicado a Isidoro, se ha puesto muy serio y me ha dicho lo pensara bien antes de entrar. Es muy bueno lo quiero mucho y me siento culpable de hacerle sufrir, me duele porque es muy vulnerable, entiende que yo sea humanitaria, el es sensible con el mal ajeno, agnóstico y respeta a todos, ha participado en ONGs, pero nunca desde la perspectiva religiosa. Le he dicho que quedaba libre de nuestro compromiso, y él con triste sonrisa ha dicho: ¡Nunca me has dicho que si! Lo he visto partir abatido. Se  despidió diciendo: Te quiero, yo le conteste: Y yo a ti.

Isidoro.– Como el negocio crecía, mi madre había cogido una joven, treinta-añera, para ayudarle en la casa y en el horno. Petra era una mujer fuerte y hermosa, que tomo la costumbre de pasar a media noche a mi dormitorio donde hablábamos, sobre todo de música a la que ella era muy aficionada, una noche mi madre escucho que hablaba con alguien en mi habitación y pidió abriera la puerta, al rato la abrí, diciendo  perdona estaba muy dormido, miro la habitación buscando algo, hasta que advirtió que una pie asomaba por debajo la cama, mi madre muy desconfiada no creyó que manteníamos exclusivamente conversaciones sobre música. Dijo la despediría acusada de atentar contra mi inocencia, yo argumente era una decisión injusta y sin fundamento pero no me escucho; hasta me llamo vicioso, respondí que escuchar música era una afición y no un vicio, pego un bufido y me tiro una de mis botas a la cabeza. La esquive y quede callado.

He asistido a cursos de idiomas y de cocina para aumentar con estas experiencias la variedad del establecimiento Casa Reme, en los platos que hicimos en las practicas de clase, mi paella fue considerada como premiada, lo debo a las habilidades que mi madre me enseño, he aprendido sobre los asados castellanos, los pescados mediterráneos y pastelillos árabes.

Para vender en San Valentín, prepare con mazapán “tetas de monja” que aprendí de un compañero de Chinchón (un pueblo de Madrid), cuando mi madre vio las formas me mando parar y hacer figuras adecuadas a la festividad “cupidos”, lo hice de mala gana, reconocí tenia rencor a los felices enamorados, ya que me habían quitado la ilusión,  tenia muy reciente el último desengaño, que no era el único, también Aurora me dejo abandonado hacia tiempo. No es fácil olvidar.

Mi única evasión era trabajar y estudiar. Sentía atracción por las chicas, pero nunca me atreví a dar un paso de acercamiento, tenía destrozada mi autoestima y creía que el amor era una falacia.

Carmen.– He acabado mi noviciado, es un gran servicio a los demás, que considero también puedo hacerlo como seglar, así se lo he comunicado a la Madre Superiora, la cual muy comprensiva me dijo que por la Gracia del Señor había sido llamada pero no elegida, que era muy dispuesta, pendiente de los demás y una buena cristiana. La próxima semana vuelvo a casa, les daré a mis padres una sorpresa, estoy deseando verlos.

Isidoro.- Teníamos a tres empleados ya trabajando en el horno,  a las dos de la mañana  bajaba las escaleras y se apagó la luz, tropecé y caí sobre quien en ese momento subía, me golpee con ella, con una maleta y paquetes, alguien empezó a quejarse, conocí la voz y pregunte ¿Eres Carmen, que te he hecho?, ¿De donde vienes?.  Ella que también me conoció respondió: Vengo de Zaragoza y mi tren ha llegado con retraso,  me duele la pierna y el pecho, le pasé la mano y me la rechazo, no es en el muslo, es en el pie  y no tengo nada roto, tosía mucho y le puse mi mano dulcemente en su parte afectada, me dio un manotazo. A mi me dolía la cabeza y la espalda, pero no me queje. Moviéndome con dificultad me gire hasta ponerme sentado a su lado, entonces la bese muy fuerte en los labios, se desmayo y no tuve que sujetarla, ya lo estaba. La subí en brazos y a oscuras a mi casa. Carmen al depositarla en la cama se recupero diciendo Isidoro amor mío y me abrazo. Mi madre se despertó y acudió asustada y cuando nos vio a la luz de una vela, nada dijo y cerró la puerta. Al rato llamo y pregunto si estábamos bien, (Estábamos en una nube de felicidad), Carmen se auto-examino el pie y dijo no es necesario, no tengo nada roto, y dirigiéndose a mi me pidió recogiera la maleta y los paquetes que estaban en la escalera, allí tengo un botiquín. Volvió la luz a alumbrar con claridad, Carmen tenia una bella sonrisa, estaba pálida y maravillosamente hermosa, su madre avisada bajo al instante, al llegar a la habitación gritó con ira. ¡Mi hija que le estas haciendo granula!, no la vimos llegar y no pudimos  contestar a su pregunta, teníamos los labios del uno pegados al otro, el padre furioso exclamo: ¡Quiero explicaciones, de porque esta aquí sin nosotros saberlo, y con la blusa desabrochada! Mi Madre intervino, dejad a los chicos, no veis que se quieren y entre dientes, ¡hay madre!, que la Petra me lo ha “maleao”.

Carmen.- Cuando encontré a Isidoro en la escalera, sentí tal emoción y satisfacción, que anuló mis resistencia, me beso como nunca me había besado, en mi ausencia había ganado en pasión, note perdía mis fuerzas, ahora recuperada me afirmó en mi decisión ya pensada quiero se mujer casada y un día madre. Estoy muy enamorada de el, lo explique a mis sorprendidos padres, que habían dado una hija al servicio de Dios, y me encuentran besándome con un hombre en su cama.  Mi madre decía: Estamos satisfechos de tenerte……/ No terminó su frase, porque entró Isidoro y poniéndose de rodillas me hizo entrega de un anillo que supe había sido de su abuela diciendo:”te pido en matrimonio, para que por siempre seas mi esposa, te prometo seré un buen marido”. Esta vez se mareo mi madre, a la que atendí, aguantando el dolor de mi pie maltrecho.

Isidoro.- Manolo, se jubilaba y nos dijo que como teníamos la intención de ampliar el negocio, nos dejaba el local para que lo utilizásemos, ya que ahora tendríamos que pensar en boda y mantener una familia, podíamos poner un restaurante.

Carmen.- Visite con mi novio a la Superiora de mi convento, se lo había prometido, las religiosas perdiendo su natural recato dijeron que Isidoro era muy guapo.

Isidoro.– Estas monjas de La Caridad, que están en contacto con la realidad del mundo a través de  la enfermedad y el dolor, considero son más sociales, humanas  y útiles a los demás que aquellas encerradas dentro de su clausura.

La Superiora  me ofreció al saber que íbamos a abrir un restaurante, a buen precio unas mesas y sillas sobrantes que no utilizaban. Eran piezas magnificas muy bien terminadas, macizas de maderas de ciprés, estilo rustico, “conventuales de tipo medieval”. Llegamos a un acuerdo y yo me hice propietario y deudor de aquel material. Decidí comprarlas porque al entrar al sótano donde estaban guardadas, emitían un ligero perfume, el mismo que percibí en el cuerpo de Carmen el día que tropezamos en la escalera, olor de convento.

Carmen,- Nos casamos, tuvimos una hija preciosa, que fue las alegrías de las abuelas, yo me dedique a colaborar en el restaurante, por la tarde asistía a enfermos y ancianos, he sido muy feliz con mi vida,  y mi esposo me ha dado mucho cariño.

Isidoro.- Cuando mi hija termino su carrera, invito a nuestro restaurante un grupo de amigos y compañeros filósofos y antropólogos, ella explico que el mobiliario era de madera de ciprés considerada en el simbolismo universal y primitivo de árbol sagrado, por su resina incorruptible que evocan la vida eterna, se plantaba en los claustros de iglesias, catedrales y monasterios católicos. Un Padre de la Iglesia llamado Orígenes, destacado por su erudición, vio en el ciprés un símbolo de las virtudes espirituales, pues “el ciprés desprende muy buen olor”, el de la santidad que había proporcionado un ambiente especial al local que sugestiono a los clientes, y proporciono felicidad y paz a sus padres.

Me encantan estos jóvenes inteligentes, llenos de conocimientos y sabiduría, con ideas libres de dogmas, que han viajado y saben de mundos, disfrutan con lo suyo y también se preocupan de los demás. Me dan envidia.

Carmen. Comprobé mirando el reloj que los compradores se retrasaban, pensé que no tardarían y prepare una infusión porque veía muy nervioso a mi esposo.

Isidoro.– Llamaron al timbre, era el Notario y los clientes, un interprete comenzó diciendo: “Les plesento al honolable Lin Chin Tum, Plesidente de Aloces Olientales”. Quede aterrado: Son chinos. No, no lo podré resistir, los “olientales” haciendo arroz tres delicias,  pescado congelado y preparando platos sin aceite de oliva, en mi restaurante ¡Terrible!! Empezamos a firmar, en ese momento sentí un dolor intenso en el pecho, presión en el brazo izquierdo, náuseas, angustia, me faltaba aire, transpiraba y…., había sufrido un infarto de miocardio, cuando me desperté estaba en un Sanatorio conectado a aparatos, Carmen me vigilaba, al rato entró mi hija y un medico, explicaron que “mi enfermera” me había atendido a tiempo, que no tenía lesión  grave, y que me podría ir a casa en unos días. Respondí ya estoy mejor y me voy, intente levantarme sin  conseguirlo, grite: ¿Dónde hay un bastón? Nadie atendió, exigí ¡quiero  preparar mi testamento vital!, yo no quiero vivir atado a unas maquinas, y no me importa nada,  porque enfermo, derrotado por los chinos y sin actividad, mi vida ya está sin objeto.

Mi esposa tomo mi mano y la puso en el vientre de nuestra hija; SI, hay una razón ¿La sientes?, vaya parece que soy el último en saberlo, y es que los jóvenes hoy viven ajenos a los padres, indignado exclame “hija, tu y yo tenemos que hablar”.

Cuando mi esposa me dio las pastillas, le pedí un beso que yo hice largo, ella comentó: ¡vaya!, ya estas mejor  abuelo besucón. Tome las medicinas sin rechistar, SI, ahora tenemos una nueva e importante razón para vivir; espero que sea un niño.

No quise saber nada de la venta del restaurante y de si había terminado de firmar cuando tuve mi accidente cardíaco, ya me lo dirán cuando esté recuperado.

Verano del 2009Bueno es pequeño

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