VIVIR FELIZ EN TRANQUILOS RINCONES TROPICALES


Viviendas de nativos en los pantanos.

VIVIR  FELIZ EN TRANQUILOS RINCONES AFRICANOS.

En algunas regiones de los espacios tropicales africanas no existen tal como imaginamos un pueblo o una aldea, sino que son grupos aislados de cabañas sino que son construcciones separadas en unos cuatrocientos metros, pertenecen a los varones  polígamos que ha formado una familia y que en cada cabaña tiene una esposa con sus hijos pequeños., una nueva esposa significara una cabaña nueva, y varias esposas, síntoma de prosperidad y riqueza, de la que alardean.

Hay una cabaña mucho más grande, que es la sala, que sirve para reunir a la numerosa familia, y donde se recibe a las escasas visitas, en sentido occidental seria un salón comedor Yo fui invitado a comer por una familia una de estas construcciones, tenia el techo de chapa ondulada sin aislamiento, así que con el calor de África la temperatura a muy elevada, estaba solo en aquella sala con mi anfitrión y las puerta y ventanas estaban abiertas que tenían unas cortinas de tiras de fibras vegetales, al venir la luz del exterior veías perfectamente que las mujeres del conjunto de casas, las esposas de mi proveedor  y sus e hijas, se asomaban por aquellos huecos para ver al invitado un blanco extraño que usaba cubiertos con destreza.

La cocina esta en el exterior, calentando en hoguera, el menú era una pasta de manioca y arroz cocido para acompañar una carne gacela recién cazada, fibrosa de mucho sabor dura, muy dura para la calificación de un occidental, y un pescado secado al sol, acompañado de una cerveza muy caliente, que tenias que beber porque la carne estaba muy picante y que solo era comestible mezclando con el arroz.

De día la vida transcurre al aire libre debajo de un árbol frondoso de mucha sombra y al atardecer sacan unas tumbonas de fibra y se reúnen para comentar las actividades del día en torno a una hoguera, para lograr luz y evitar los mosquitos, mientras que cuentas historias de  caza, de antepasados y de héroes.

Cada familia dispone de su propio huerto y algún animal con lo que son autosuficientes, aparte de lo que cacen  o pesquen, recogen frutos del bosque y comen todo lo que se mueve, sean anima, ave o insecto son fuentes de proteínas, en el trópico las gentes que pueblan esta zona de África no pasan hambre, pero hay carencias y por ello la nutrición no es satisfactoria, sufren diversas enfermedades que solo atienden con la medicina tradicional o medicamentos si son atendidos por ONGs. La mayor parte no alcanza los cincuenta años de edad, son gente feliz, que bailan, cantan, y esperan en desesperanza el sueño de vivir una vida como europea que no es posible ni real.

Después de tomar dos cafés ligeros y muy exquisitos, se escucho el ruido de un motor, algo inédito por aquellos andurriales que no llevaba a ninguna parte. Eran dos vendedores ambulantes con un coche viejo lleno de paquetes y sacos. Saludaron en francés y pidieron permiso para enseñar sus mercancías, enseguida a su alrededor toda la familia se congrego para ver que ofrecía y si era de interés. Mientras que abrían los paquetes entre ellos hablaban en español y yo que había estado callado me presente e intercambiamos unas palabras, eran vendedores de ropa íntima de señora que compraban a peso aquellas prendas porque tenían taras y defectos para comercializarlas. En las mañanas acudían a los mercadillos y a las tardes visitaban los alrededores de la ciudad en que estaban instalados. En broma les dije que sujetadores venderían pocos, porque la mayoría de las mujeres africanas no los utilizan, y aquellos muy optimistas dijeron: precisamente aquí vendemos muchos porque no tienen y quieren seguir la moda de las blancas y aquí tienen la oportunidad, como tienen poco dinero cobramos en café o cacao.

En efecto las mujeres y adolescentes, miraron aquello con sumo interés y en plena naturaleza se probaban los modelos ante la mirada picara de aquellos comerciantes, que disfrutaban ayudando a ponerlos y comprobando mediante el tacto si la copa era adecuada al tamaño de los pechos.  De verdad que era un espectáculo increíble cuando aquellas mujeres desnudas de cintura arriba se miraban a un espejo y rompían a reír entre ellas divertidas, las que encontraron su modelo se lo dejaban puesto y allí mismo los estrenaron.

Una de las mujeres, metida en carnes abundantes, se probo uno grandísimo porque lo precisaba, era de color blanco con grandes puntos rojos, que resaltaba sobre su piel oscura, se miraba al gran espejo que llevaban los vendedores y cuando advirtió que yo  sonreía entendió que estaba encantado de verla tan bella y elegante, y me pregunto que si le gustaba,  le respondí oh, si muchísimo su esposo quedara sorprendida al verla.

Los vendedores nos ofrecieron zapatos de caballero, y cuando mi anfitrión se los probaba advertí que eran todos del pié izquierdo, y aquellos decían, si vale pero se arregla con otro numero mayor para el otro pie, yo no los compre,  no me imaginaba con un 7, en el pie izquierdo y un 8,5 en el derecho y caminando como payaso de circo.

Fue un día feliz para aquellas mujeres y para aquellos mercaderes pillos, yo tuve una experiencia diferente entre aquellas gentes, y de sus motivaciones al igual que las mujeres de cualquier rincón del mundo con aspiraciones a estar en las modas y tendencias occidentales, que para nada son las mejores ni más elegantes, pero ellas sí se lo imaginan.

Me divertí, cuando aquellos truhanes me decían llevara algún modelo de sujetador para mi esposa, imaginándome que cara hubiera puesto, si le hubiera llevado un modelo como aquel con círculos rojos. Así que cuando volví a Douala, compre en el mercado de artesanía unas figuras de malaquita.

Bueno es pequeño

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