Las diferencias de Las Señales de GÉNERO.


A cada genero un color.

A cada genero un color.

Las diferencias de las señales de Genero.

Cuando mi vecina enseño orgullosa a sus nietos gemelos de dos meses a las amigas,  una extremista dijo algo que molestó, aquella mujer en inoportuna intervención critico a la abuela porque el niño estaba vestido de azul y la niña de rosa, por lo que desde tan pequeños se les estaba induciendo a la separación sexual y a obligarles en un futuro a un comportamiento donde chico-chica, hombre-mujer tiene roles diferentes y enfrentados.

Está exaltada feminista consideran que las diferencias son adoptadas culturalmente y que aparte de las diferencias físicas y fisiológicas las mujeres y los hombres son iguales y por ello no debe distinguirse tratamiento diferenciado a las niñas-niños.

Hay teorías contrarias, que explican que los hombres se comportan como tales, y las mujeres  por razones biológicas se comportan forma distinta a los hombres, que creen que los aspectos sexuales de la personalidad dependen  exclusivamente a las hormonas.

A través de la reflexión, estoy de acuerdo en que como dice la feminista el comportamiento de genero tiene una raíz cultural, y que los recién nacidos metido en su cuna la diferencia es solo anatómica; y a medida que los niños crecen, se comportan diferenciados como hombre y mujer, por las costumbres culturales reciben influencias y su comportamiento tendrá relación del mundo en que vive.

Cuando la familia viste a sus bebes de color diferente, de forma simbólica lanza una señal que los demás interpretan y determinan si es un niño o una niña. Las madres sostienen en sus brazos de manera diferente al niño o la niña, y desde muy tierna edad, los varones suelen estar sujetos a un trato más brusco. Halagamos a las niñas cuando realizan gestos eminentemente femeninos, y expresamos satisfacción. Cuando un niño actúa de acuerdo a nuestro concepto de masculino, lo aprobamos y reforzamos.

A nivel inconsciente los adultos podemos dar aprobación o rechazo, al observar el comportamiento advertimos que niñas son más suaves que los chicos. Los gestos y posturas de las manos que para nosotros son femeninos, o de un hombre afeminado, se consideran naturales en muchos países del Medio Oriente; donde tanto los hombres como las mujeres mueven las manos en igual forma. El pasear unos amigos adultos cogidos de la mano, tiene una interpretación diferente en África que en Europa. Los norteamericano al sentarse generalmente cruza las piernas separando levemente las rodillas o poniendo un tobillo sobre la otra rodilla; por el contrario, los latinos suelen mantener las piernas más o menos paralelas, de la misma manera que lo hacen las mujeres en Norteamérica.

Los indicios informan que la toma de conciencia de su carácter de genero se  produce entre los tres y cuatro años, variación en la que influyen las subcultura regionales. Los adolescentes deben aprender nuevos movimientos corporales que resultan interesantes por cuanto revelan la forma en que se enseña el código no-verbal. Aunque a veces la información resulta confusa y nadie aconseja con claridad, elijamos el caso de la niña que desarrolla rápidamente en la pubertad senos similares a la mujer adulta y tiene que aprender el lenguaje de su cuerpo:

  • Debe encorvarse para ocultarlos?
  • Echarlos hacia adelante en forma provocativa?
  • Debe llevar las blusas hasta la garganta o debe llevar un escote hasta mitad de los senos?

Su madre le dirá: “Mira, trata de levantar tus pechos un par de pulgadas y pon un poco más de tensión en tus hombros”.

Su abuela: “No seas demasiado provocativa, pero tampoco te ocultes del todo.”

El padre: Ponte una blusa cerrada pareces una “cualquiera”

El hermano: Ponte el sujetador con relleno, para que vuelvas locos a mis amigos.

Al final irá vestida, según sus amigas, según su grupo y según sus expectativas, porque el entorno influye y a cierta edad más que los padres.

En 1935, la antropóloga Margaret Mead señaló por primera vez en su libro Sex and Temperament in Three Primitive Societies que muchas de las premisas que damos por sentadas acerca de lo que es masculinidad o feminidad provienen de la cultura. Dentro de un perímetro de tan solo cien millas, la doctora Mead encontró tres tribus muy diferentes: en una de ellas, ambos sexos eran bravíos y agresivos; en otra, ambos eran suaves y se dedicaban a cuidar los hijos, y en una tercera, en la que los hombres tenían aspecto femenino, se enrulaban el cabello y se encargaban de hacer las compras, las mujeres eran “enérgicas, ejecutivas y desprovistas totalmente de adornos superfluos”. La doctora Mead cree que, efectivamente existen diferencias sexuales, pero que las tendencias básicas pueden ser alteradas por las costumbres. Señala, en síntesis, que “la cultura humana puede impartir patrones de conducta consecuentes o no consecuentes con el género del individuo”.

El antropólogo profesor Ray Birdwhistell, trabajó sobre las características genéricas han demostrado que los movimientos corporales masculinos y femeninos no están programados biológicamente, sino que se adquieren a través de la cultura y se aprenden en la niñez. Sus conclusiones son consecuencia de innumerables años de analizar películas realizadas en un laboratorio especialmente equipado de la ciudad de Filadelfia.

Aun nuestra forma de parpadear está encasillada culturalmente como un signo genérico. Para un occidental, un parpadeo rápido resulta masculino. Un hombre que cierra los ojos lentamente y permite que permanezcan cerrados un instante, mientras se mueven bajo los párpados, nos dará la impresión de ser afeminado o un seductor potencial.

Birdwhistell estudió las señales genéricas en siete culturas totalmente diferentes —la Kutenai, la Hopi, la clase alta francesa, la clase alta y la ‘clase trabajadora inglesa, los libaneses y la china Hokka— y en cada una de ellas ha descubierto que la gente puede señalar fácilmente algunos gestos como puramente “masculinos” o “femeninos”, pero que en base a estos gestos puede distinguirse mujeres masculinas u hombres feminoides. Es obvio que las señales genéricas se han desarrollado en éstas, y tal vez en todas las culturas, como respuesta a una necesidad básica del ser humano: la capacidad de distinguir a los hombres de las mujeres.

Los seres humanos no establecen la diferencia entre el hombre y la mujer solamente por una característica sexual visible, sino por la suma de todas ellas, los convencionalismos nos ayudan mediante la manera de vestir o el modo de usar el cabello. Sin embargo, la moda cambia rápidamente y las señales genéricas no. Hay quien piensa puede identificar a un homosexual por su manera de moverse y postura. Aunque no hay ninguna particularidad, femenina o masculina, que sea por sí misma una indicación de homosexualidad. Un homosexual si puede emitir señales que indiquen que desea ser reconocido como tal, en algunos casos, un hombre puede valerse de gestos femeninos simplemente para librarse de la compañía de las mujeres por cualquier razón. En ocasiones el hombre emite señales sexuales en situaciones inadecuadas en las que es imposible que ella le corresponda sin sentir disminuida su condición de mujer.

Comentarios:

No hay nada que indique sea maligno que un hombre se demuestre varón y una mujer femenina,  siempre que se respeten, se admitan y tengan consideración entre ambos géneros, con afecto y en igualdad. Que la mujer sea objeto de amor y no solo de deseo y que para la mujer sea el varón su compañero y no solamente quien paga las facturas.

En la vida diaria de relación entre el hombre y la mujer hay muchos aspectos genéricos, quien hace la cena y/o lava los platos; cuando van juntos cual de los dos pasa el primero en una puerta; si se va de compras a quien le corresponde acarrear los paquetes…., la respuesta correcta seria a ambos si es que los dos trabajan ya que si trabaja uno de ellos será el otro quien deberá hacer los deberes de la casa aunque parezca extraño, si bien el varón que tiene mayor estructura muscular seria el responsable de cargar y transportar pesos.

Actualmente los varones están perdiendo aquella parte de masculinidad exacerbada, de grandes barbas y mostachos, hoy son barbilampiños y se depilan los brazos, piernas y el tórax. Y la mujer se lanza a operaciones de riesgo para aumentar con prótesis sus pechos, dentro de una moda que lo que se presume que busca, es fascinar al varón.

Bueno es pequeño

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